Come, bebe y sé bruja Dieciséis #2
85%

Dieciséis #2

—Hali, no te hagas eso —la reprendió Gray—. No lo sabíamos… e hicimos todo lo que pudimos.

—Está claro que no fue suficiente.

—No, pero han dejado el cuerpo aquí a propósito. Quien lo hizo no la trajo hasta aquí por comodidad. Es un mensaje para nosotros.

—¿Y cuál es ese mensaje?

—No estoy seguro. Podría ser una advertencia.

—¿Qué otra cosa podría ser?

—Una amenaza contra ti. —A Gray se le encogió el pecho mientras la miraba—. Puede que alguien quiera que sepas que eres la siguiente.

—No le tengo miedo a quien esté haciendo esto. Ojalá diera la cara.

—De eso hablaremos dentro de un rato. —Gray tenía el gesto sombrío mientras se sacaba el móvil del bolsillo—. Por ahora, tenemos que hacer esto con cabeza.

—¿Vas a llamar a Andrew?

Él negó con la cabeza mientras se llevaba el teléfono a la oreja y esperaba a que Cecily contestara. Contestó de mal humor.

—Espero que sea importante —gruñó ella—. Franklin estuvo despierto hasta las tres de la madrugada compadeciéndose de sí mismo y yo solo llevo unas horas en la cama.

Gray no se andó con preámbulos.

—Hay un cadáver en el patio trasero de Hali. Es la profesora desaparecida.

A Cecily se le quitó el sueño de golpe.

—¿Lo dices en serio?

—Hay un millón de cosas que preferiría estar haciendo esta mañana antes que estar aquí de broma contigo —respondió él—. Íbamos a desayunar cuando la encontramos.

—¿Cómo murió? ¿Puedes saberlo?

—Tiene marcas en el cuello. Creo que la estrangularon. Pero esta vez no hay marcas de garras.

—¿Y eso qué significa?

—No lo sé, pero tenemos que hacer esto como corresponde. —Gray se mostró firme—. Primero hay que avisar a la seguridad del hotel para que baje. Luego que ellos llamen a Andrew. Ciñámonos a las normas y los protocolos para que nadie pueda cuestionar nada.

—Llamo ahora mismo a seguridad —dijo Cecily—. Y no voy a avisar a Franklin, porque querrá «ayudar» y no estamos para que lo líe todo. ¿Dices que el cadáver está en el patio trasero de Hali?

—Sí.

—¿Y cómo lo han conseguido, si tú te quedaste a dormir allí?

—No estoy seguro. —Gray optó por la sinceridad—. Pero no me gusta nada.

—Bueno, eso ni hace falta decirlo. Estaré allí con Mike en diez minutos. No toques el cadáver.

—No soy un novato.

—Cierto. Perdona. Estoy acostumbrada a tratar con Franklin. Hay que tratarlo como a un niño.

—Me lo imagino.

GRAY HIZO PASAR A MIKE Y A CECILY AL patio diez minutos después. Hali ya se había bajado de la mesa y no se separaba de él, pero no hablaba. La cabeza le iba demasiado deprisa para que la boca le siguiera el ritmo.

—No hay sangre —observó Mike mientras contemplaba el cuerpo tendido de Emily—. ¿Crees que la mataron aquí?

—Probablemente no —respondió Gray—. Aunque es imposible saberlo.

—Pero estuviste aquí toda la noche, ¿no? —quiso saber Mike.

Gray tuvo que contener una respuesta mordaz. A Mike no le incumbía dónde pasaba él las noches. Aun así, entendía por qué le hacían esa pregunta. Tendría que responderla más de una vez, sobre todo cuando Andrew apareciera por allí.

—A las once ya estábamos en el dormitorio —respondió Gray—. Es posible que ya estuviera aquí fuera, porque entramos por la puerta principal. Ni se me ocurrió mirar el patio trasero.

—No creo que lleve tanto tiempo muerta —replicó Mike—. Creo que está… más fresca… que eso.

Gray asintió. Había llegado a la misma conclusión.

—Creo que murió hacia las cuatro, más o menos. Por ahora solo es una suposición, pero no es el primer cadáver que veo. A esa hora, nosotros estaríamos dormidos como troncos.

—Pero no oísteis nada, ¿verdad? —insistió Mike.

—El aire acondicionado hace mucho ruido —respondió Gray—. Además, ella duerme con un ventilador encendido, por el ruido de fondo. Estábamos en el extremo opuesto de la villa. Su dormitorio está más cerca de la parte delantera que de la trasera.

—Nosotros también caímos redondos en cuanto cerramos los ojos —añadió Hali—. No me moví en toda la noche. Y creo que Gray tampoco.

—No. Estaba cansado.

Gray se pasó una mano por el pelo, frustrado.

—Sé que suena a excusa, pero de verdad que estábamos dormidos.

—Te creo.

Cecily se plantó las manos en las caderas.

—Lo que no entiendo es por qué la dejaron aquí. ¿No habría tenido más sentido tirarla al mar?

—Puede —respondió Mike—. Aunque a mí esto me parece algo calculado. Creo que es una advertencia para que se mantengan al margen de la investigación, lo que significa que alguien sabe que están metidos en ella.

—O es una advertencia para Hali de que es la siguiente —replicó Gray.

A Mike se le sacudieron los hombros.

—¿Cómo dices? ¿Crees que es la siguiente?

—Creo que es una mujer atractiva que vive dentro del recinto del complejo.

Gray eligió las palabras con cuidado.

—Eso la convierte automáticamente en un objetivo, al menos para mí.

—No le tengo miedo a quienquiera que sea —espetó Hali—. Ojalá viniera a por mí. Al menos así podríamos acabar con esto.

—¿Y si no me provocas una úlcera a primera hora de la mañana, eh?

Gray intentó sonreír y no lo consiguió.

—Puede que nuestro asesino quiera incriminarnos.

—Pero ¿tú no te lo crees? —preguntó Mike.

—Hay cámaras en el aparcamiento. Puede que tengamos imágenes de nuestro hombre.

—O puede que no.

A Mike se le descompuso el gesto.

—La señal en directo de la cámara del aparcamiento se cortó anoche sobre la medianoche. Creemos que chocó un pájaro contra ella.

—Mierda.

Gray soltó un gruñido desde el fondo de la garganta.

—No fue ningún pájaro. Sería demasiada casualidad.

—Ahora me doy cuenta —dijo Mike—. Pero en aquel momento… no teníamos motivos para preocuparnos por esa cámara. Aquí hay varias villas, pero la de Hali es la única ocupada ahora mismo. Las demás están vacías. No caímos en ello.

—¿Estábais vigilando su cámara? —preguntó Gray.

—Tenemos todas las cámaras en pantalla —respondió Mike—.

Pero son muchas cámaras que cubrir. Rara vez nos sirven para frenar un problema antes de que ocurra.

Son más una herramienta de investigación para después.

Aunque, cuando una se apaga, deja un cuadro negro en el panel.

Eso siempre lo comprobamos. Anoche avisé a mantenimiento. Deberían arreglarla hoy mismo.

—Lo cual no nos ayuda en nada a averiguar quién lo ha hecho —murmuró Gray.

—Lo siento.

Mike extendió las manos.

—Ni se me pasó por la cabeza. Debería haber venido a comprobarlo yo mismo.

—No habría servido de nada —respondió Hali—. Quienquiera que fuese ya se habría ido antes de que tú llegaras. Apuesto a que trajo a Emily ya muerta, la dejó aquí y se largó de inmediato para no arriesgarse a toparse con nosotros.

—Eso mismo pensaba yo —confirmó Gray.

—¿Y qué hacemos? —preguntó Cecily.

—No podemos hacer nada más que seguir el procedimiento —respondió Gray—. Mike tiene que llamar a Andrew. A partir de ahí, ya veremos.

—¿Y si te detiene? —preguntó Mike—. Eso dejaría a Hali desprotegida.

—No me va a detener.

—Y yo sé cuidarme sola —murmuró Hali.

—Tenemos que hacerlo todo según el reglamento —insistió Gray—. Si no, quedaremos mal.

—Vale. Hago la llamada.

Mike se sacó el teléfono del bolsillo.

—Esto es un auténtico desastre.

—Ya lo creo.

Gray le puso la mano en la espalda a Hali.

—Y va a ir a peor. Ya lo verás.