Quince #2
Gray apretó los labios mientras estudiaba los ingredientes que tenía a su disposición y luego se puso a preparar una piña colada. Era una de las pocas cosas que estaba del todo seguro de saber hacer. Había visto a Hali prepararlas lo menos cien veces y sabía que era de las más fáciles de la carta.
—¿Quieres cerezas?
—Paso de las cerezas. —Vin se centró en Hali—. ¿Hay alguna razón para que estés de morros?
—Odio que me traten como a una cría —gruñó Hali—. Es horrible… y molesto… y los dos me estáis poniendo de los nervios. Tenía a esos tíos totalmente controlados.
—Nadie dice que no los tuvieras controlados —replicó Vin—. Aunque creo que el mensaje que querías transmitir ha quedado más claro mandándolo los tres.
—Ay, qué sarta de tonterías. —Hali se cruzó de brazos y sacó el labio inferior—. Estoy enfadada. No me hables.
—Se le pasará —dijo Vin, que sonrió cuando Gray le tendió la bebida. No era muy aficionado a la piña colada, pero no pensaba mencionarlo en ese momento—. Corren rumores de que se está moviendo algo en los terrenos de Paradise Lodge. Por eso me he aventurado a salir esta noche.
—¿Qué clase de rumores? —Gray le lanzó una mirada a Hali, que seguía con su gran numerito de enfado, antes de llevar la batidora al fregadero y ponerse a lavarla.
—Dicen que una mujer fue asesinada en su balcón por una criatura de origen desconocido.
—Es una forma increíblemente precisa de describirlo —reflexionó Gray—. Aunque no te falta razón.
—No, ya me parecía que no. —Vin ladeó la cabeza mientras daba un sorbo a su cóctel.
La idea de un vampiro bebiendo una piña colada habría hecho reír a alguno.
A él le daba igual lo que pensaran los demás—.
A pesar del gran numerito de enfado que te estás montando —y de cómo intentas sentarte para no cargar peso en la cadera—, pareces muy feliz.
Hali apretó la mandíbula.
—Mi cadera está bien —dijo al fin.
—Te duele —replicó Vin—. Tienes que alternar hielo y calor en esa cadera cuando la lleves a casa. Quiero decir… suponiendo que vayáis a casa juntos.
—Eso espero —confirmó Gray—. Está lo bastante enfadada como para que me preocupe que retire la invitación, pero estoy dispuesto a pelearme con ella por eso.
—He dicho que estoy enfadada y que no quiero que me hables. —El tono de Hali carecía de mordiente.
—Yo creo que sobrevivirás —dijo Vin con un guiño—. Háblame de la mujer muerta. Hace unas horas oí otro rumor: que tienes una profesora desaparecida y que lo más probable es que esté relacionado con la mujer muerta. Eso fue suficiente para que me aventurara a salir.
Gray se lo contó todo a Vin. Se tomó su tiempo y no omitió nada. Cuando terminó, Vin tenía el ceño fruncido de concentración.
—Bueno, todo eso es muy raro. —Vin ladeó la cabeza—. Pensaba que Hali exageraba con el asunto de los gigolós, pero parece que decía la verdad.
—¿Cuándo miento yo? —protestó Hali.
—No he dicho que mintieras, solo que exagerabas. Te tengo mucho cariño, querida, pero eres propensa a la exageración. No diré que es porque eres mujer, porque eso te enfadaría aún más, pero llevo mucho tiempo en este mundo y es algo muy femenino.
—Pues ahora sí que no te hablo —se quejó Hali.
Gray luchó contra el impulso de sonreír… y perdió. Era absolutamente adorable, incluso cuando hacía todo lo posible por parecer furiosa.
—Sois un poco demasiado empalagosos para mi gusto —comentó Vin mirándolos a uno y a otro—. Espero que se os pase en algún momento.
—A mí me parece bien como están las cosas —replicó Gray—. No tendrás alguna teoría sobre a qué nos enfrentamos, ¿no?
—Así, de primeras, no. —Vin se rascó el mentón—.
Un cambiaformas podría subir de un salto a esos balcones con relativa facilidad.
Un vampiro también. Pero los arañazos que has descrito no encajan en ninguno de los dos casos.
Ni siquiera un cambiaformas en celo que hubiera perdido el control haría algo así.
—Es posible que el asunto de los gigolós no tenga nada que ver con el asesinato —dijo Gray—.
Nos enteramos de las dos cosas a la vez.
Creo que por eso las tenemos mezcladas en la cabeza.
No me hace ninguna gracia que esos tipos vengan aquí a acosar a Hali —y Ray y yo vamos a tener una conversación sobre eso—, pero que hayan aparecido en nuestro terreno no significa que sean culpables.
—No —coincidió Vin.
—Por otro lado, Brandon dijo que anoche vio a varios cambiaformas en la playa —continuó Gray—. Dijo que estaba claro que se trabajaban a las mujeres con las que se cruzaban. Puede que Emily Paxton estuviera borracha y se metiera en algo que no podía manejar. Puede que no pudiera pagar o algo así.
—Eso parece poco probable —replicó Vin—. Esos cambiaformas están sin blanca. Matar a alguien que no puede pagar no les soluciona el problema.
—No, pero ¿y si ella amenazó con ir a la policía? —insistió Hali—. ¿Y si no estaba en condiciones de consentir y ellos hicieron algo de todos modos? Puede que a plena luz del día la amenazaran y la cosa se les fuera de las manos.
—Es una posibilidad —admitió Vin—. Aun así, no me cuadra. Casi diría que estamos buscando una criatura completamente distinta.
—¿Qué clase de criatura? —Gray guardó la batidora y limpió la barra antes de apoyarse en ella con los brazos cruzados—. Estoy dispuesto a mirar en la dirección que me señales, pero no puedo evitar sentir que esto me supera. Sé que algo está pasando. Lo que no sé es qué.
—Déjame preguntar por ahí. —Vin volvió a dar un sorbo a su piña colada—. Es posible que haya rumores que se me hayan pasado por alto. Por lo demás, no tengo respuesta.
—Gracias por ofrecerte. —Gray consiguió sonreír—. Y, aunque antes no te necesitaba, agradezco el respaldo. Los dos juntos bastamos para meterles un susto de muerte.
—Creo que la afición de Hali al fuego también ayudó bastante.
—Ya lo creo. Somos un grupo temible.
—Sigo enfadada —murmuró Hali—. Y esto no va a cambiar pronto.
—Seguiré trabajando en ello.
VIN SE DESPIDIÓ TREINTA MINUTOS más tarde. Gray terminó de cerrar el bar y luego se agachó delante de Hali cuando ella se levantó.
—Súbete y te llevo a caballito hasta la villa. Espero que sigas con hambre, porque me muero por una pizza con alitas.
Los ojos de Hali se habían reducido a dos rendijas de asco.
—Puedo caminar.
—A lo mejor solo quiero sentir cómo te restriegas contra mi espalda.
—Ah, eso es solo una manera muy lista de conseguir que te deje llevarme a cuestas.
Aunque estaba molesta, Hali sabía que prefería ir a caballito antes que cojear todo el camino hasta casa.
—Necesito la almohadilla eléctrica mientras esperamos a que llegue la pizza.
—De eso me encargo yo.
—También quiero un masaje, porque me parece que me lo debes por robarme el protagonismo en la pelea.
—Me encantaría darte un masaje.
Se le subió a la espalda de un salto y se agarró fuerte.
—¿Me vas a dar todo lo que te pida esta noche solo porque no quieres discutir? —preguntó, suspicaz.
—Ajá. No quiero arriesgarme a que me pongas de patitas en la calle. Supongo que algún día no me dará miedo discutir contigo. Pero no va a ser esta noche.
—Mmm. Creo que puedo vivir con eso. O sea… además de todo lo demás, me construiste una casa para flamencos en el jardín. Supongo que eso nos deja más o menos en paz.
—Lo hice con mucho gusto.
Echó a andar hacia la villa de ella.
—¿Al menos te parecí sexi y muy machote cuando aparecí de golpe para robarte el protagonismo?
—He visto cosas peores.
—Me alegro de estar a la altura de tus sueños más calenturientos.
—Por ahora, al menos.
—No pienso fallarte ahora. Tienes mi palabra.
Hali ya sabía que era verdad. Lo que no quitaba que siguiera molesta.
—Quiero una galleta enorme para acompañar la pizza y las alitas.
—Tus deseos son órdenes para mí.