Catorce
—Puedo ir contigo —se ofreció Hali cuando llegaron de vuelta a la acera que bajaba a la playa—. Conozco a Bod. Es un pesado, pero inofensivo en general. No creo que tenga nada que ver con esto.
—Brandon y yo fuimos juntos al colegio. —La expresión de Gray se ensombreció—. Me saca de quicio, pero puedo con él.
—¿Seguro?
—Seguro.
Lo que Gray no dijo en voz alta fue que le preocupaba que la cadera de Hali no aguantara un paseo por la playa. A él no le importaba llevarla en brazos. Pero ella lo detestaría.
—Estoy de acuerdo en que Brandon es inofensivo… salvo por el tema raro del sexo ese, que me da repelús.
—Si la gente participa voluntariamente, creo que es su decisión.
—Lo que pasa es que siempre ha sido muy persuasivo. Deberías haber visto a las chicas que se tragaban sus chorradas en el instituto. Era deprimente.
—Te quitó alguna chica, ¿eh? —Los labios de Hali se curvaron—. Pobre Gray.
—No empieces. A mí nadie me quita chicas.
Se dio cuenta de lo fanfarrón que había sonado aquello justo después de decirlo.
—Quiero decir… que si una mujer quiere quedarse conmigo, se queda. Puede que no lo haya dicho bien.
—Ya lo pillo, señor Machote. —Le hizo gracia a su pesar—. De todos modos, Tanya está sola en el bar. No debería dejarla mucho tiempo.
—Me pasaré por allí después de hablar con Brandon. Supongo que no será nada, aunque puede que haya visto algo.
—Sí, si es que consigue ver algo entre la nube de humo de porro.
—Eso también. —Gray se inclinó hacia ella—. ¿Quieres darme un beso de despedida? Es lo que hacen las parejas normales cuando uno de los dos se va a trabajar.
—Madre mía, eres increíble.
A pesar de su evidente fastidio, Hali se acercó y le dio un beso rápido en la mejilla.
—Eso es todo lo que vas a sacar hasta que tengamos una pista sólida con la que trabajar.
—Supongo que eso significa que debería avanzar algo en este caso, ¿eh?
—Sería lo mejor para todos. Hasta que eso pase, no vamos a tener ese día en la cama que tanto parece apetecerte.
—Como si fuera el único con ganas.
Gray echó a andar por la acera, pero se detuvo en seco.
—Quizá debería acompañarte primero al bar.
Sabía lo que ella iba a responder, pero caminaba tan despacio que lo tenía preocupado.
—Puedo llegar al bar yo sola. Solo es un día malo.
—Por culpa del pájaro. —La mirada de Gray se endureció—. ¿Y qué le pasa a ese flamenco idiota, por cierto? ¿Por qué es tu responsabilidad?
—Técnicamente, yo debería ser su responsabilidad. Así funciona.
—No está haciendo su trabajo.
—No, y mi abuela se niega a explicarme por qué me lo asignó. Creo que me está castigando por alguna falta de la que ni soy consciente. Pero no puedo quitármelo de encima. Si lo hago, me buscaré problemas con las normas del aquelarre. Básicamente, me ha tocado cargar con él.
—Bueno, si hace falta hablaré yo con tu abuela del pájaro. Yo le caigo bien.
—Se supone que yo también le caigo bien, y eso no le ha impedido convertir a Wayne en mi problema.
—Yo voy a ser un problema para él si no se pone las pilas.
—¿A que va a ser divertido? —Hali se despidió con la mano—. El bar está literalmente a dos minutos andando. Puedo llegar. No te preocupes por mí.
Gray no lo consideraba una opción, pero asintió.
—Te digo algo en cuanto pueda. Tiene que haber algo que se nos esté escapando.
Hali pensaba exactamente lo mismo.
—Preguntaré por ahí si veo a alguno de los paranormales que conozco. Las sirenas no han aparecido por la playa últimamente, pero puede que consiga atraerlas y hacerles unas preguntas. Vale la pena intentarlo.
Gray no mencionó que odiaba a las sirenas. Bueno, a todas menos a una. Lo ponían nervioso, y estaba convencido de que lo hacían a propósito.
—Tú tómatelo con calma. Si no puedes ni andar, no vas a poder ayudar en la detención cuando llegue el momento.
—Solo es un día malo.
—Vale. —Gray se despidió con la mano—. Nos vemos pronto.
—Cuenta con ello.
BOD ESTABA EN SU SITIO DE SIEMPRE CON su harén cuando Gray lo encontró.
Había montado varias tiendas en terreno de acceso público.
Técnicamente, no debería estar allí. Como era inofensivo en general y vigilaba la playa de noche, todo el mundo hacía la vista gorda con sus payasadas.
Gray no dudaba de que eso cambiaría en cuanto alguien presentara una denuncia formal contra él. Pero aún no había ocurrido.
—¡Gray! —Bod levantó las manos al ver a su antiguo compañero de clase—. Bienvenido a mi humilde morada. ¿Qué puede hacer hoy por ti la Hermandad del Sol Poniente?
Gray frunció el ceño.
—Es el nombre más estúpido para una secta que he oído en mi vida. ¿Y qué significa, si se puede saber?
—No respondemos a la palabra que empieza por S. Lo sabes. Muéstranos el respeto que merecemos.
Gray estaba acostumbrado al numerito de Bod, así que se limitó a poner los ojos en blanco.
—Necesito información.
—Siempre necesitas información.
Bod miró por encima del hombro, hacia donde sus mujeres —en ese momento tenía ocho en el harén— ordenaban el campamento. Formaba parte de sus tareas diarias.
—Preciosas mías, voy a dar un paseo con esta alma atormentada para ver si consigo liberar su mente de las cargas que arrastra. No tardaré.
Gray no se lo creía mientras acompasaba el paso al de su viejo compañero de colegio.
—¿Por qué eres tan capullo?
Bod sonrió con picardía.
—Porque puedo permitírmelo. Mi gente me adora.
—Tu gente es un puñado de mujeres ilusas a las que les gusta fumar hierba.
—Eso no significa que no me adoren.
—Sí, eso es algo que sigo sin entender.
Se alejaron unos sesenta metros playa abajo. Las mujeres de Bod seguían a la vista, pero el batir de las olas del Golfo hacía imposible que los oyeran.
—Pareces preocupado —observó Bod—. He oído que tú y la bruja del tiki por fin habéis consumado vuestro gran amor. Pensaba que estarías de buen humor después de eso, teniendo en cuenta que llevas semanas suspirando por ella.
—Uf, no lo digas así. —Cada vez que Gray andaba cerca de Bod, la irritación se convertía en su mejor amiga—. Y, además, ¿cómo te has enterado?
—He oído esta mañana a dos de los guardias de seguridad del Paradise Lodge. —Bod abandonó su numerito de gurú del amor y se puso serio—. Al parecer, a otro de los guardias le gustaba tu bruja. Lleva de morros desde que se dio cuenta de que tú te habías llevado el premio.
—Hali no es ningún premio… y sé a qué guardia te refieres. Se llama Mike y tiene una actitud de mierda que tiene que superar.
—Ajá. —Bod se cruzó los brazos sobre el pecho—. A pesar de tu mal humor, por dentro estás radiante. Deduzco que el sexo fue bueno.
—No voy a hablar de eso.
—Siempre me pregunté si flojeabas en ese terreno —reflexionó Bod—.
Eres un tío atractivo y las chicas siempre se te lanzaban encima.
Conseguir novia nunca fue tu problema. Lo difícil era conservarlas.
Si necesitas clases, doy sesiones de sexo tántrico los jueves.
No hay plazas libres, pero puedo hacerte un hueco con el descuento de amigos y familiares.
—Está claro que quieres que te haga daño —gruñó Gray.
—¿Por qué estás tan arisco justo cuando has conseguido lo que querías? —exigió saber Bod—. Estaba convencido de que te relajarías en cuanto admitieras que la deseabas… por mucho que proclamaras lo contrario. Pero estás más tenso que de costumbre.
—Eso es porque hay un problema en el Paradise Lodge. —Gray no se guardó nada al poner a Bod al día. Se puso sombrío cuando llegó a la parte de la desaparición de Emily—. Dicen que anoche estuviste por aquí hablando con los profesores. ¿La viste?
—Los vi a todos —respondió Bod. Si le ofendía que Gray lo interrogara sobre posibles actividades ilegales, no lo demostró—.
No tenían ni pizca de sentido del humor.
La mayoría estaban borrachos y simplemente paseaban por la orilla.
Unos cuantos profesores —dos de ellos con anillo de casado— se insinuaron a algunas de las profesoras, pero no fue nada agresivo.
Era más un ambiente de «lo que pasa en St. Pete Beach se queda en St. Pete Beach» que otra cosa.
—¿Alguno acabó liándose?
—No lo sé. Si pasó, no fue en la playa.
—Y no viste que se llevaran a nadie del grupo, ¿verdad?
—No. ¿Qué es lo que te preocupa?
—Aún no estoy seguro. Pero hay una mujer muerta. Y ahora tenemos otra desaparecida.
—Y Franklin es sospechoso. Con el historial que tiene con tu familia, no pensaba que eso te importara.
—Franklin me da igual. Me importa Hali. Su acuerdo con Franklin la protege mientras él esté al mando. Pero, si lo encerraran y vendieran el resort, su situación se volvería más inestable.
—Ah, así que le haces de héroe. —La sonrisa de Bod le crispó los nervios a Gray—.
Eres una criatura muy leal. Aunque me alegro de que os hayáis encontrado.
La he tenido un poco en el radar desde que llegó.
Supe enseguida que no le interesaría unirse a mi grupo.
Es demasiado práctica. Esperaba que encontrara la manera de dejarse llevar y pasarlo bien.
Lo que no imaginaba era que tú serías lo que ella considerase divertido.
Gray estaba comprensiblemente alterado.
—Soy un tío divertido.
—Tú también eres demasiado práctico. En ese sentido, encajas muy bien con Hali. Solo tenéis que divertiros cuando podáis para equilibrar todo ese sentido práctico.
—Ese es el plan. Pero primero tenemos que resolver este misterio.
—Sí, suena a engorro. —Bod chasqueó los labios—. Los profesores no hicieron nada fuera de lo normal. Lo único de anoche que se me quedó grabado fue la llegada de los cambiaformas.
Gray se quedó helado, con la espalda tiesa como un palo.
—¿Qué cambiaformas?
—No sé cómo se llaman. Pero eran tres. Se les olía a un kilómetro de distancia. Se acercaban a las mujeres en la playa e intentaban convencerlas para que fueran al chiringuito de más abajo a tomar algo.
Gray supo sin necesidad de preguntar con quién estaban esos cambiaformas.
—¿Viste a alguien que reconocieras?
—¿A quién, por ejemplo?
—A Ray Corbin, por ejemplo.
Bod arrugó la frente.
—Ese iba al colegio con nosotros.
—Nos llevaba unos cuantos años —confirmó Gray—. Estaba en la clase de Rusty. Últimamente se deja ver mucho por ese chiringuito.
—Anoche no estaba con el grupo. No reconocí a ninguno.