Come, bebe y sé bruja Trece #2
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Trece #2

—Cenó en el restaurante italiano con Cecily y luego subieron a la séptima planta.

Cecily estuvo un rato en la habitación con él, pero después se fue y durmió en la habitación de enfrente.

Franklin no salió. Los equipos de seguridad lo vieron varias veces fumando en el balcón.

A casi cualquier otro le habríamos llamado la atención por fumar en el balcón, pero, como el sitio es suyo, lo dejamos pasar.

—Al menos él tiene las espaldas cubiertas —reflexionó Gray—. Si confirmamos que Emily es una víctima, eso juega a favor de Franklin.

—Pero a Emily no le sirve de nada —replicó Hali.

—No, no le sirve. —Gray le dio una palmadita en el hombro—. Lo averiguaremos. Empecemos por intentar hablar con algunas de las personas que estaban anoche en la playa con Emily. ¿Puedes señalárnoslas en el vestíbulo, Mike?

—Puedo, sí —respondió Mike, tenso—. ¿De verdad crees que servirán de algo?

—Ahora mismo nos vale cualquier cosa que puedan contarnos —contestó Gray—. Lo único que tenemos es una mujer desaparecida. Hay que adelantarse a esto… y no se me ocurre otra manera de hacerlo.

—Vale, pues bajemos.

MIKE LES SEÑALÓ A GRAY Y A HALI UNA de las mesas del vestíbulo en cuanto llegaron a la planta principal.

—Los cinco iban con el grupo —dijo—. A la rubia la reconozco sin duda. Anoche iba como una cuba.

—Es muy guapa —observó Gray.

—Tienes novia —se quejó Mike—. Y ella es mucho más guapa.

Gray frunció el ceño.

—Quería decir que es muy guapa para ti. Soy perfectamente consciente de que tengo novia. No seas memo.

—Ay, por el amor de Dios —protestó Hali—. ¿Hace falta que seáis tan imbéciles?

—Por lo visto, sí —respondió Gray—. Y, para que quede claro, él empezó.

—Bueno, pues lo acabo yo. —Hali fue tajante—. Te lo estás tomando como un juego, Gray, y tenemos otras cosas de las que preocuparnos. Déjalo.

—Vale. —Gray echó a andar hacia la mesa—. Veamos si sacamos algo, ¿eh?

Se acercó todo sonrisas a la mesa, donde había dos hombres y tres mujeres. Decidió de inmediato congraciarse con las mujeres.

—Hola.

Las sonrisas que le llegaron fueron dispares. Las mujeres se mostraron amables y coquetas. Los hombres, desconfiados.

—¿Podemos ayudarte? —preguntó uno de los hombres.

—Espero que sí.

Gray acercó una silla y le indicó a Hali que se sentara. Ella fingió no darse cuenta, así que él acercó otra para sí mismo y montó todo un espectáculo para acomodarse. Hali no se permitió sentarse hasta que lo hizo él, y fue un milagro que no gimiera de gusto al quitarse la presión de la cadera.

—Tenemos entendido que anoche salisteis a la playa con Emily Paxton —empezó Gray.

—No apareció en las sesiones de esta mañana —señaló uno de los hombres—. ¿La estáis buscando?

—Estamos recabando información —respondió Gray con soltura. Se negaba a dejar que la preocupación se le colara en la voz, porque el grupo lo notaría—. Anoche salisteis todos juntos a la playa. Volvisteis en grupos más pequeños. Sin embargo, no tenemos ningún vídeo de Emily regresando.

—Ay, no. —La rubia que, según Mike, iba «como una cuba» la noche anterior palideció dos tonos—. ¿La dejamos allí? Había bebido un poco. ¿Pudo quedarse dormida en la playa y seguir ahí todavía?

—Creo que ya se habría despertado, aunque estuviera borracha —respondió Gray—. Es pleno día.

—Puede que se metiera en el mar —dijo el segundo hombre—. Unos cuantos estaban dando la lata con bañarse de noche. Nosotros dijimos que no por los tiburones y esas cosas, aunque la gente insistía en que no teníamos que preocuparnos por ellos. Podría haberse metido en el golfo a nadar o algo así.

Era una posibilidad, reconoció Gray para sí. Sin embargo, con todo lo demás que estaba pasando, no la veía probable.

—¿Visteis a alguien más en la playa mientras estabais allí? Sé que era tarde.

—Vimos a unas cuantas personas paseando por la playa —respondió una morena—. Pero casi todos eran parejas. O sea… se veía que estaban allí para enrollarse y esas cosas.

—Entonces, ¿nadie más estuvo allí con vosotros? —Gray tuvo que contener la decepción.

—Había un tío —intervino el primer hombre que había hablado—. Andaba por ahí, cerca del agua. Creo que estaba fumando maría. Me acuerdo porque me pregunté si compartiría con nosotros lo que tenía. Luego me lo pensé mejor, porque nos hacen pruebas de drogas y no quiero perder el trabajo.

Ahora sí llegaban a algo. Gray se inclinó hacia delante.

—¿Puedes describirme a ese hombre?

—Claro. —El profesor asintió con la cabeza—.

No era muy alto. Yo diría un metro setenta y tres, por ahí.

Iba algo bebido, así que en eso podría equivocarme.

Estaba sin camiseta y descalzo. Está claro que se depila el cuerpo, porque estaba liso como un delfín.

Tenía el pelo largo y sucio. Además, iba con unas seis mujeres y se estaba enrollando con todas.

Y encima estaban todas tremendas. Era como una escena de película.

Gray frunció el ceño y se arriesgó a mirar de reojo a Hali. Ella parecía encontrarlo mucho más divertido que él.

—Bod —soltó Mike de la nada.

Gray asintió. Ya lo había deducido él solo.

—¿Quién es Bod? —preguntó la rubia.

—En realidad se llama Brandon —respondió Gray—. Se considera Dios, pero con B.

—Ah. —La rubia apretó los labios—. Tiene su gracia.

—Sí, es un tío muy ingenioso —dijo Gray arrastrando las palabras—. ¿Habló Emily con Bod?

—Creo que todos hablamos con él en algún momento. Era muy interesante… y quería que nos uniéramos a su círculo de oración o algo así. Creo que tenía una iglesia.

—Más bien una secta —murmuró Mike.

—Bod es un asiduo de la playa —contestó Gray—. Dudo mucho que tenga algo que ver con que Emily no se presentara a sus sesiones esta mañana, pero cosas más raras se han visto. Se le dan bien las mujeres y, con los años, ha convencido a más de una turista de que se una a su harén.

—¿De verdad crees que Emily podría estar con ellos? —La rubia lo miró con tanta esperanza que a Gray casi se le partió el corazón. Aunque no quería darle falsas esperanzas.

—Como he dicho, no creo que sea probable. Pero voy a ir ahora mismo para asegurarme. Antes de una hora os lo confirmo, sea lo que sea.

—Sin ánimo de ofenderte a ti ni a tu instinto —dijo el primer hombre que había hablado—, yo casi preferiría que anoche se pusiera ciega y se acostara sin pensarlo con el tío de la secta. Es bochornoso, pero mejor que algunos de los otros escenarios que me he estado imaginando.

Gray pensaba exactamente lo mismo.

—Ya veremos. Voy para allá ahora mismo y os aviso.

—Gracias.

—No hay de qué.