Once #2
—¿Qué? —preguntó Gray automáticamente. Se le ensombreció el gesto al ver la cara de su hermano—. Eso no va a pasar.
—Alguien tiene que dar el primer paso —insistió Rusty.
—No voy a ser yo.
—¿Qué me estoy perdiendo? —preguntó Hali, mirando a uno y a otro—. ¿A quién podría preguntarle?
—A nuestros padres —respondió Rusty—. Que yo no haya oído los rumores no significa que no sean ciertos. Intento mantenerme lo más al margen posible de la política de la manada, y puede que la noticia simplemente no me haya llegado todavía. Pero nuestra madre lo sabría.
Hali apretó los labios mientras observaba el semblante sombrío de Gray.
—Supongo que no quieres hacerlo.
Conocía los problemas de Gray con sus padres. Personalmente, no podía imaginarse elegir a la manada antes que a un hijo, pero no quería juzgar… al menos no en voz alta.
—No, no quiero.
Hali titubeó y luego se encogió de hombros.
—No quiere hacerlo. —Optó por ser práctica—. ¿Puedes preguntar por ahí y averiguar si la historia es cierta? Si hacen de gigolós solo por hacerlo, eso cambia las cosas.
—¿Gigolós? —Rusty volvió a sonreír—. No estoy seguro de entenderlo.
—Puede que me haya saltado esa parte —dijo Gray, evasivo—. Ray dijo que andaban mal de dinero después de ser repudiados y que estaban ganando dinero… eh… saliendo con mujeres en los complejos turísticos de la zona.
—¿Saliendo con ellas? —Rusty no se lo tragó ni un segundo—. Querrás decir que se acuestan con ellas.
—Creo que es más bien una cena, unas copas y luego inmersión profunda —corrigió Hali.
—Madre mía, cómo te quiero —dijo Rusty entre risas—. Eres sin duda la pareja perfecta para mi hermano. Aunque si alguna vez te aburres de él, yo soy más guapo y tengo mejor carácter.
—Ni se te ocurra —gruñó Gray.
—Solo estaba haciendo la oferta. —Rusty mantuvo la sonrisilla unos instantes y luego suspiró—. No sé qué decirte. Ray jamás reconocería ante alguien como yo que trabaja de gigoló (me encanta esa palabra, en serio). Sabe que se lo recordaría el resto de su vida.
—También sabe que tú no participarías —reflexionó Gray—. No querría presumir de eso.
—No. Es posible que todo sea verdad.
—Pero también es posible que esté mintiendo.
—Sí. Preguntaré por ahí. Aunque no sé qué decirte.
—Lo entiendo. —Gray se frotó la nuca—. Gracias por aceptar vernos.
—Uy, no me lo habría perdido por nada del mundo. Ver cómo domestican a mi hermano va a ser lo mejor de mi verano.
—Ay, ¿tienes que llevarlo todo a un terreno raro? —se quejó Gray.
Rusty asintió sin titubear.
—Es el trabajo de un hermano.
HALI ESPERÓ HASTA QUE ESTUVIERON DE VUELTA frente a la villa para sacar el único tema que le daba miedo abordar con Gray. Hablaban de casi todo a diario… excepto de sus padres.
—¿Crees que algún día te reconciliarás con ellos? —le preguntó mientras él se removía inquieto tras el volante.
—Probablemente no. —Gray no la miró a los ojos.
—Pero son tus padres.
Suspiró y dejó caer los hombros.
—Hali.
—Lo siento. —Levantó las manos de inmediato en señal de rendición—. No es asunto mío. No debería haberlo sacado.
—No quiero que te censures conmigo. Si quieres hablar de algo, no deberías tener miedo de mencionarlo.
Es solo que… mis padres no son como los tuyos.
Nunca creí que me quisieran por encima de todo.
Y desde luego tampoco creía que me dejaran de lado por la manada.
No me malinterpretes, pero no todas las familias son iguales.
Hali sintió, sin saber por qué, una enorme pena por él.
—Lo siento. No volveré a sacar el tema… al menos durante unos meses.
A Gray se le curvaron los labios, divertido.
—Y yo que pensaba que ibas a decir que no volverías a sacarlo nunca más.
—Eso no puedo hacerlo.
—¿Por qué no?
—Porque… quiero hacer lo correcto por ti. No puedo pretender entender la política de la manada. Eso se me escapa. Pero sigo queriendo lo mejor para ti, y veo tu cara cuando se habla de tus padres. Una parte de ti quiere arreglar las cosas con ellos. Lo noto.
—Hay una diferencia entre la esperanza y la realidad. Puede que yo desee una cosa, pero en la realidad sé que no puedo conseguirla.
—Bueno, no estoy segura de creérmelo. Por ahora me mantendré al margen. Dentro de unos meses, cuando las cosas estén más asentadas y te sientas más cómodo conmigo, volveremos a hablar de tus padres.
Él esbozó una sonrisa fugaz, como un relámpago.
—¿Qué te hace pensar que no me siento cómodo contigo?
—Ya sabes lo que quiero decir.
—Pues no. Nunca en la vida me he sentido tan cómodo con nadie. Contigo ya estoy del todo a gusto.
—Me alegro. Así que esta noche puedes traerte algo de ropa y un cepillo de dientes, y luego no montar un drama por dejártelos aquí, que si es demasiado pronto y tal.
—Eso puedo hacerlo sin problema.
Le hacía una ilusión enorme que ya estuvieran haciendo planes para otra noche juntos. La idea de dormir sin ella le incomodaba, y eso que solo habían pasado una noche juntos.
—¿Significa eso que quieres otra cita esta noche?
—Esta noche tengo que trabajar.
La decepción le ensombreció el rostro.
—Aunque, si te quedaras por el bar y luego me acompañaras a casa al terminar de cerrar, tampoco sería lo peor del mundo.
Se negó a mirarlo a los ojos, porque de repente se sintió ridícula bajo su mirada escrutadora.
—Me parece una idea excelente —dijo él con voz suave mientras alargaba la mano para tomar la de ella—. Me prepararé una bolsa con algunas cosas para quedarme aquí, porque algo me dice que nos va a resultar mucho más fácil pasar la noche juntos en tu casa que en la mía.
Ella hizo una mueca de pesar.
—Mi horario es un asco.
—El mío también es raro. Aun así, es más fácil. Y da la casualidad de que me gusta tener la playa cerca y lo fácil que es desayunar por aquí, así que todo bien.
Hali soltó el aire.
—En cuanto a mis padres —continuó él—, lo pensaré. Pero no puedo prometerte nada. Mis padres no son como los tuyos. Ellos no me quieren pase lo que pase.
A Hali se le encogió el corazón, pero se guardó la sarta de palabrotas soeces que le bullía en los labios.
—No pasa nada. Ya lo resolveremos.
—Sí.
Él se inclinó y le dio un beso suave.
—Hoy tengo algunas cosas que hacer. No sé muy bien qué implicará, pero pasaré por el bar unas cuantas veces y te mantendré informada si ando por la zona.
—Yo pienso seguir interrogando a los profesores —dijo ella—. Puede que alguien sepa algo.
—Vale. Me parece un buen plan.
Le pasó la mano por la nuca.
—¿Te he dicho que anoche me lo pasé muy bien?
—Pues claro. Nos acostamos.
—Me lo pasé muy bien antes del sexo.
Hali frunció el ceño.
—Eso ha sonado mal —se apresuró a añadir—. El sexo fue genial. De hecho, el sexo fue milagroso. Me encantó el sexo. Solo digo que no necesito el sexo para pasarlo bien. Me basta con estar contigo.
A Hali le avergonzaba admitir, incluso ante sí misma, que se le derretía todo por dentro.
—Bueno, a mí también me gusta pasar tiempo contigo.
—Bien, porque creo que vas a verme mucho.
—Me han hecho ofertas peores.
—Te prometo que las ofertas que te haga esta noche te van a volar la cabeza.
Lejos de emocionarse, Hali arrugó la nariz.
—¿Demasiada fanfarronería? —preguntó Gray tras una pausa.
—Solo un poquito.
—Trabajaré en ello.