Seis #2
—Hali echó unos cuantos ingredientes en la batidora, añadió hielo y luego la encajó en la máquina antes de coger unos adornos para decorarla.
Consiguió preparar la copa en tres minutos exactos y se sentó con la morena cuando se la llevó—. Me he enterado de lo de tu amiga.
—En realidad no era mi amiga. —La mujer dio un sorbo a su copa y levantó el pulgar hacia Hali—. Está buenísimo.
—Me alegro de que te guste. —Y lo decía de verdad—. Soy Hali Waverly. Este bar es mío.
—Te recuerdo. —La mujer sonrió con pesar—. Yo soy Emily Paxton. Soy de Pensilvania.
—Nunca he estado allí. ¿Es bonito?
—Es Pensilvania.
Hali no supo qué pensar de aquello, así que se recostó en la silla y miró a la mujer con comprensión.
—¿Te sientes culpable porque Rachel Champion no te caía bien?
Emily se quedó boquiabierta.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque yo anoche no estaba borracha y me acuerdo de cómo reaccionasteis todas a las cosas que decía. Entiendo que te sientas culpable.
—No fuimos amables. —Emily parecía desolada—. Deberíamos haber sido mucho más amables.
Hali vaciló y luego abrió las manos.
—No puedes pasarte la vida preocupándote por ser más amable con gente con la que no conectas. Es verdad que no quieres convertirte en una abusona ni nada parecido, pero anoche Rachel no era precisamente fácil de aguantar.
—Eso no significa que mereciera morir.
—Desde luego que no. Jamás diría lo contrario. La cuestión es que estaba interpretando un papel. Estaba claro que se había ganado la fama de ser difícil de tratar y al final la hizo suya. Eso fue lo que alimentó toda la pataleta.
—Sí. Y aun así se fue sola hecha una furia y nadie la acompañó.
—Lo sé. —Hali entendía perfectamente cómo se sentía Emily—. Ver las cosas en retrospectiva es un milagro. Después todo se ve clarísimo.
—Es una mierda. Ni siquiera sabemos cómo murió. Aunque, con la cantidad de policías que hay dando vueltas por aquí, no fue mientras dormía ni nada de eso.
—No conozco los detalles —mintió Hali—. Pero no creo que fuera por causas naturales.
—No. —Emily volvió a dar un sorbo a su copa—. La cuestión es que, en el fondo, era buena persona. Donaba dinero y tiempo a organizaciones benéficas. Siempre hablaba maravillas de sus alumnos. Pero nada de eso parecía auténtico.
—¿Qué quieres decir?
—Solo que daba la sensación de que era un personaje que se ponía encima —respondió Emily. Miró alrededor, casi como si buscara oídos indiscretos—. No quiero hablar mal de los muertos —empezó.
—Tranquila. Di lo que sientes.
—Vale, pues me siento culpable por pensar mal de ella y, aun así, sigo pensando mal de ella. Están todos en el vestíbulo contando anécdotas suyas y diciendo que era muy buena persona, y a mí todo me suena a cuento chino porque nada de eso es real.
—¿Y qué era real entonces? —insistió Hali—. Algo tendrás que saber de ella que fuera auténtico.
—Le gustaban las películas y los libros paranormales.
—A mí también me gustan esas cosas.
—Y a mí, pero ella estaba obsesionada. O sea… era capaz de meterte en una discusión sobre Jacob y Edward y cuál de los dos le convenía más a Bella.
Hali tardó un momento en descifrar la frase.
—Era fan de Crepúsculo. —Echó la cuenta mentalmente—. ¿Cuándo salió ese libro?
—Ya era mayorcita para la fiebre de Crepúsculo —confirmó Emily—. La primera película salió hace unos catorce años. Ella tenía veintitantos cuando fue a verlas y presumía de las veces que había ido al cine con cada película.
—Bueno, no es lo peor que he oído en mi vida —dijo Hali con cautela—. Conozco fans de Star Wars que hacen exactamente lo mismo.
Por alguna razón, aquello le hizo gracia a Emily y se le escapó una risita. Pero terminó en un sollozo.
—Hablaba de sus alumnos como si fueran angelitos, hasta el punto de decir que quería a todos y cada uno de ellos.
—Imagino que eso es poco probable.
—¿Tú quieres a todos y cada uno de tus clientes?
—No, pero los niños de ocho años rara vez son borrachos.
Emily volvió a reírse.
—Eres divertida. Supongo que no te queda otra si aguantas a borrachos todo el día. Rachel nunca fue divertida… y sus alumnos la odiaban. Jamás iba a ganar el premio a la Profesora del Año, y estaba completamente desconectada de la realidad.
—¿Por lo de Crepúsculo? —Hali no acababa de seguir lo que Emily intentaba decirle.
—Lo de Crepúsculo era un problema, sin duda, pero no era ni de lejos el único.
Se apuntaba a esas aplicaciones de citas cada dos por tres y luego se quejaba de que nadie le daba match ni nada de eso.
Pero el problema nunca era ella —aunque su biografía tuviera como ocho páginas—, siempre era culpa de los demás.
No veían a la verdadera Rachel. Eso decía siempre.
—Me da la impresión de que buscas pistas en su pasado que expliquen lo de anoche, pero no las vas a encontrar —dijo Hali con suavidad—. Un acto de violencia, si es que fue eso, no se explica por mucho que te quejes de la obsesión de alguien con Crepúsculo.
—Pero es raro, ¿no? —Emily parecía desesperada por que se lo confirmara.
—No lo sé. —Hali se encogió de un hombro con pereza—. Mi hermano se pasa ocho horas al día disfrazado de trol ligando con mujeres en un bar virtual de un videojuego. He visto cosas más raras.
—Sí. —Emily se frotó la frente—. Ojalá anoche lo hubiéramos hecho de otra manera. Si hubiéramos vuelto andando al hotel con ella… o si le hubieras dejado llevarse esa estúpida botella de cristal.
—Eso sigue siendo ilegal —le recordó Hali—. Además, aquí fuera ni siquiera tengo botellas de cristal. No me siento culpable por negárselo.
—No deberías. Pero la conocíamos. Se juntaba con nosotras en varios congresos al año. Era… cordial con nosotras.
—Pero no tu amiga —concluyó Hali—. Y, por cierto, no pasa nada por que no lo fuera. A nadie le cae bien todo el mundo. No es que fueras cruel con ella a propósito justo antes de su muerte. Y tampoco causaste su muerte. A veces las cosas pasan sin más y no hay manera de explicarlas.
—¿Y qué crees que pasará ahora? —Emily se puso seria—. ¿Enviarán su cuerpo a casa? ¿Vendrá alguien a explicarnos qué pasó? ¿O no sabremos nunca cómo murió?
—Seguro que al final os darán la información. —Hali eligió bien las palabras—. Por ahora, yo iría a buscar a tus amigas. Compartid las pocas historias que tengáis y no dejes que la pena te hunda. El destino siempre consigue lo que quiere. Deberías tenerlo presente.
—Supongo.
—No puedes mirar atrás. No es así como funciona. Solo puedes seguir adelante. No creo que Rachel quisiera que te sintieras culpable.
—Ahí está la cosa. Ella querría eso con todas sus fuerzas.
Curiosamente, Hali podía imaginárselo.
—Bueno, pues yo te digo que no cargues con esa culpa. No pasa nada por estar de duelo. Pero no te culpes a ti misma. De eso cuesta mucho recuperarse.
—Gracias por el consejo.
Hali sonrió con dulzura al levantarse.
—Para eso estoy aquí. Y ahora bébete el agua junto con ese cóctel. Emborracharte no va a arreglar nada.
—Pues desde luego empeorarlo no puede.
—Te sorprenderías. Tómatelo con calma. Si no, lo lamentarás.