Coit Tower (Thriller del FBI de Abby Kane 5) CAPÍTULO CINCUENTA
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CAPÍTULO CINCUENTA

Knox y Copeland se quedaron en el tong para ayudar con nuestra artimaña. Todo seguía como de costumbre, salvo que rechazaban cualquier solicitud de entrevista conmigo. La excusa que dieron fue que tenía dolor de garganta y debía evitar hablar si no era imprescindible.

De camino a casa de Kang, caí en la cuenta de que nunca había entrado. Nos habíamos visto fuera en numerosas ocasiones, pero de ahí no había pasado. Vivía en una antigua casa victoriana de dos plantas, no de tres como la mía.

Kang mantuvo abierta la puerta principal. —Pasa tú primero.

Aunque ordenada y limpia, la decoración era muy funcional y parca en colores y diseño.

Predominaban los negros, blancos y azules.

Aun así, había indicios de que la influencia de Suzi se colaba en aquel ambiente tan masculino: flores frescas en una mesa junto a la entrada y una foto publicitaria enmarcada de ella colgada en la pared eran dos ejemplos evidentes.

—Ven, te enseño la casa.

La habitación de invitados, con baño propio, estaba en la primera planta.

La influencia de Suzi continuaba con paredes lavanda y un edredón floral a juego sobre la cama.

Un gran espejo decorativo adornaba una pared junto con un collage de fotos enmarcadas y frases inspiradoras.

En una esquina había una butaca orejera verde claro, y contra otra pared descansaba una cómoda antigua con un tocador a juego al lado.

El baño olía a flores frescas y tenía los mismos tonos claros.

El suelo de baldosas blancas y una ducha a ras de suelo con azulejos oscuros en gris y negro le daban ese aire lujoso de hotel de cinco estrellas.

Incluso tenía un cabezal de lluvia. En una estantería tipo escalera de madera había varios artículos de tocador, toallas blancas mullidas y algunos jarrones decorativos.

Un lavabo ovalado blanco reposaba sobre una encimera gris claro.

Quería odiarlo todo con todas mis fuerzas, pero acabé encantada y supe que estaría muy a gusto allí. ¡Uf!

—Veo que Suzi ya ha redecorado.

—Eh, sí. Pero los accesorios fueron cosa mía. Ella solo repintó y puso flores por todas partes.

Hizo mucho más que eso.

El dormitorio y el despacho de Kang estaban en la segunda planta, junto con otra habitación pequeña de la que Suzi se había apropiado. —La usa de vestidor —comentó Kang al pasar.

—Por cierto, ¿a qué hora suele volver de la emisora? ¿Y sabe que me quedo aquí?

—Lo sabe, y esta noche se queda en casa de su madre. Pensó que era mejor no estar aquí, dado que seguramente estaríamos hablando del caso.

—¿Ah, sí?

—¿Ves? Puede ser considerada.

Cuando terminé mi larga y relajante ducha, eran las diez y media. Kang ya se había retirado a su habitación. Supongo que ambos estábamos agotados por no haber pegado ojo la noche anterior. Desde luego, aquella cama con su colchón mullido me estaba llamando a gritos.

Revisé una vez más el teléfono del Equipo Balcánico. Seguía sin haber ningún mensaje del cerebro de la operación. Empecé a pensar que mi plan no estaba funcionando tan bien. Era una apuesta arriesgada, pero había tenido esperanzas.

Acababa de lavarme los dientes cuando oí que llamaban a la puerta.

—Abby, soy Kyle. —Su voz sonaba apremiante.

Abrí la puerta y vi que llevaba vaqueros y camiseta. —¿Qué pasa?

—Es Ethel. Acabo de recibir una llamada suya.

—¿Dónde está? ¿Está bien?

—Está en casa de una amiga en East Bay, escondida. Pero no de nosotros, sino de Yee.

—Espera, ¿por qué se esconde de él?

—Resumiendo: recibió una llamada extraña de él diciéndole que dejara de hablar de él o se atuviera a las consecuencias. Dijo que su voz sonaba grave y amenazante, nada que ver con el hombre que ella conocía. Por eso salió huyendo y por eso a tus agentes les costaba tanto localizarla.

—¿Entonces la amenazó?

—No estoy seguro. Parecía muy alterada por la llamada. Quiere que vaya a buscarla. No se fía de nadie más. La traeré aquí. Tengo un sofá cama.

—Ni hablar. Yo dormiré en el sofá cama. Ella puede quedarse en la habitación de invitados. ¿Quieres que te acompañe?

—No, solo voy a recogerla y vuelvo directo. Cuarenta minutos como mucho. Te mando un mensaje si pasa algo, pero no debería.

—De acuerdo. Avisaré a Reilly de que la hemos localizado.