CAPÍTULO DIECINUEVE
Adaira Kilduff miraba por la ventana de la habitación del séptimo piso del hotel, situado en el distrito financiero de San Francisco.
Adoraba ese hotel, donde ya se había alojado en otra ocasión.
No porque la habitación estuviera bien decorada, ni porque el servicio al cliente fuera excepcional, ni porque las comodidades fueran de primera; no, en realidad había resultado bastante mediocre en todos los aspectos.
Pero lo que había descubierto durante su última visita era una forma discreta de entrar y salir sin llamar la atención del personal de recepción.
Si entraba en la escalera desde el segundo piso y bajaba hasta la planta baja, había una puerta que daba a un pequeño pasillo que conducía a otra puerta que comunicaba con el pub de al lado.
Desde cualquier ángulo, la puerta parecía dar a un armario de limpieza cualquiera, así que las únicas personas que pasaban por el corredor eran empleados del hotel llevando pedidos del servicio de habitaciones.
Las puertas nunca estaban cerradas con llave, y el pub siempre estaba lleno de gente.
Llevaba dos días en la ciudad y estaba al tanto del intento fallido del Equipo Militante de completar la única Atracción del juego.
El tiroteo del francotirador abría todos los informativos, aunque ningún medio mencionaba el juego ni el alias utilizado por el tirador.
Eso le indicaba que no tenían ni idea o que el FBI había impuesto una orden de silencio.
De cualquier manera, le beneficiaba. El Equipo Militante simplemente parecía un miliciano chiflado empeñado en atacar al gobierno de Estados Unidos, y el juego podía continuar.
Adaira ya había averiguado dónde vivía la agente Kane, pero aún no había decidido si atacarla allí era una opción viable.
Si había un fuerte dispositivo de seguridad, sería problemático.
Adaira no era de las que derriban la puerta y disparan a diestro y siniestro.
Sus víctimas en el pasado habían sido personas que conocía, la mayoría íntimamente.
Eso le había permitido planificar cada paso, anticipar cada repercusión que podría surgir del acto.
Era la verdadera razón por la que había salido impune de sus asesinatos anteriores.
Sin embargo, este método ralentizaba su avance en el juego. Hasta el momento, había sacrificado a dos de sus cerditos pagadores para el juego. Su generosidad había ido menguando, y no creía haber perdido mucho al deshacerse de ellos.
Adaira siempre había pensado que no estaba hecha para el juego y había considerado seriamente abandonarlo por la dificultad de encontrar víctimas, por no hablar de los asesinatos temáticos que exigía el juego, pero el atractivo del premio era demasiado grande para ignorarlo.
Tenía que intentarlo. Con el último cambio en la dinámica del juego, Adaira se había llenado de esperanza.
«Un asesinato y el ganador se lo lleva todo» le daba una oportunidad real de ganar.
Se oyó el ruido del agua en el baño antes de que se abriera la puerta. Salió una mujer fornida con el pelo rapado. Llevaba un labret, un piercing en el tabique nasal y otro en el tercer ojo, y tenía los lóbulos estirados con dilatadores negros.
Llevaba una camisa blanca abotonada que se afanaba en meter por dentro de la cintura de sus vaqueros caídos.
Un par de botas de combate negras completaban el conjunto.
Las mangas estaban remangadas hasta los codos, dejando ver tatuajes tribales en los antebrazos.
Justo debajo de los nudillos de la mano derecha llevaba tatuada la palabra BORN. En la otra, BUTCH.
Adaira se dio la vuelta y sonrió. Había conocido a Alex en un club de madrugada durante su última visita a la ciudad.
Alex se había encaprichado de Adaira, y el bulldog se había convertido rápidamente en un cachorro que la seguía a todas partes durante su estancia.
Adaira se acercó a la chica butch y descubrió que tenía un pasado turbio que incluía una temporada en la Prisión de Mujeres del Centro de California por robo, venta ilegal de armas de fuego y homicidio involuntario.
«Involuntario» era la versión de Alex del incidente.
El instinto de Adaira le había dicho que se mantuviera alejada, pero era precisamente eso de Alex lo que la mantenía enganchada. Eso, y que de vez en cuando, Adaira disfrutaba que una bollera la machacara.
—Entonces, ¿cuál es el plan, nena? —Alex dio un trago a una botella abierta de Jack Daniel's antes de rodear con los brazos a la alta pelirroja y chuparle el cuello.
Adaira se apartó de inmediato.
—Nada de marcas. ¿Recuerdas?
—Tía, solo quiero darte un mordisquito.
—Puedes morder, pero ahí no.
Una sonrisa torcida se dibujó en el rostro de Alex, dejando ver sus dientes manchados de nicotina.
—Sé lo que quieres.
Sacó la lengua como una serpiente antes de dejarse caer de rodillas.
Adaira se recostó contra la ventana y giró la cabeza hacia un lado para admirar las luces de la ciudad una vez más.
La niebla era mínima esa noche. Al sur estaba el Embarcadero Center, cuyos cuatro edificios estaban perfilados con luces durante todo el año.
Al norte, en dirección al puente Golden Gate, se alzaba la joroba de camello de North Beach: Telegraph Hill.
De su cima sobresalía como una barra luminosa azul hielo la famosa Coit Tower.
Siempre estaba bellamente iluminada por la noche, con una iluminación exterior que cambiaba según los gustos de la ciudad.
La última vez que Adaira estuvo allí, la torre se había teñido de naranja para celebrar la victoria de los Gigantes de San Francisco en la Serie Mundial.
Adaira apoyó ambas manos en la cabeza de Alex y la guio con suavidad.
Aún no había ideado un asesinato temático viable para el juego, pero había reclutado a una compinche.
Adaira era muy consciente de que no tenía los medios para matar a la agente Kane de la manera que necesitaba, pero sabía que Alex sí.
Convencerla de participar había sido pan comido, y Adaira ni siquiera tuvo que mencionar el juego.
Simplemente le dijo a Alex que la agente del FBI había estado colaborando con las autoridades escocesas para que la extraditaran a Escocia, y si eso sucedía, Alex podía olvidarse de comérsela nunca más.
Eso fue todo lo que Alex necesitó oír.
—Tía, que le den a esa zorra. No se va a llevar lo que es mío.
La pregunta sobre el plan que Alex había hecho antes tenía su razón de ser; Adaira aún no había ideado ninguno. Necesitaba una idea que encajara con el tema del juego. Sabía que quería una película que representara la esencia del Equipo Kitty Kat, una que fuera tan emocionante como ser dominatrix.
La primera película que le vino a la mente fue El doctor Dolittle .
Recordaba una escena en la que Jake el Tigre contemplaba suicidarse desde la cima de la Coit Tower.
Adaira pensó en lo divertido que sería que la agente saltara o fuera empujada desde la torre.
Sin embargo, la película no cumplía exactamente con sus expectativas.
La diversión familiar no era precisamente lo que tenía en mente.
Al no ser una gran aficionada al cine, Adaira se vio obligada a buscar en internet, donde encontró un artículo que enumeraba todas las películas rodadas en la ciudad.
Fuga de Alcatraz le llamó la atención, ya que estaba segura de que sería emocionante ver a la agente Kane intentar escapar de sus garras.
Pero luego se topó con el thriller erótico Instinto básico .
Parecía casi demasiado perfecto. Era exactamente como la protagonista: inteligente, sexy, letal.
Pero al final, Adaira eligió una película que tenía una escena de conducción que parecía tan emocionante como azotar a un hombre hasta someterlo.