Capítulo 4 Burla. #2
Su rostro ha empalidecido por completo y luce aún más nervioso que antes; sin embargo, está cooperando ampliamente conmigo a pesar de que mis sospechas recaen sobre él.
Claro que también cabe mencionar que siempre ha cooperado desde mi llegada a esta escuela, razón por la cual no sospeché de él en un principio—una táctica relativamente sencilla para mantenerse fuera de mi radar…
Aun así, hay algo que no termina de cuadrarme; todo esto se está volviendo sumamente enredado…
¿Podría el director de la escuela ser realmente el asesino?
Si lo analizamos desde la perspectiva en que el director es el culpable, varias piezas encajarían: primero, silenciar a los medios valiéndose del respaldo que tiene del gobierno japonés para seguir forjando súper emprendedores, utilizando como cortina de humo el pretexto de no manchar la reputación del plantel para continuar con sus crímenes sin que nadie lo note, manipulando al gobierno, a la escuela y a todo su entorno…
Suena bastante convincente, ¿no? Ahora bien, si ponemos sobre la mesa este nuevo hallazgo de los medicamentos—sedar a los estudiantes a escondidas para evitar que caigan en crisis de pánico o depresión ante estos actos sangrientos, además de contar con un psicólogo interno encargado de tratar a los jóvenes traumatizados y canalizar esos traumas para convertirlos en súper emprendedores…
parece un plan redondo, ¿no es así? Sin embargo, las cosas nunca son tan sencillas…
un criminal de ese calibre jamás construiría una defensa tan frágil tras haber tenido tantos años para afianzar su territorio.
Quizás el director esté detrás de la medicación en el comedor, pero dudo mucho que sea la mente maestra detrás de todas las muertes…
-Director: Ya llegamos a la cocina, Agente Guty; reuniré de inmediato a las cocineras.
-Guty: De acuerdo.
Sin perder tiempo, el director se encarga de reunir a las trabajadoras de la cocina, aunque no descarto que intente usar esta maniobra para apartarse de mi vista y encubrir a la verdadera responsable.
-Director: ¡Me han informado que están mezclando los alimentos de la cafetería con algún tipo de medicamento! ¿¡Eso es cierto!?
-Cocinera: Director… nosotras solo hacíamos lo que nos ordenó la encargada de la cocina; no sabíamos por qué se hacía, ¡solo seguíamos órdenes…!
-Guty: ¿Dónde está la oficina de la jefa de cocina?
-Director: Está por aquella puerta de la izquierda.
-Guty: Gracias.
Al llegar a la puerta, compruebo si tiene seguro…
Parece estar abierta, así que entro sin perder un segundo.
Al inspeccionar el cuarto veo que no hay nadie; sin embargo, encuentro abundante documentación sobre el fármaco, además de acuses de recibo firmados únicamente bajo el título de "Jefa de Cocina".
Vaya que fue astuta: no firmó ni uno solo de estos recibos con su verdadero nombre.
Todo indica que sabían que tarde o temprano esto saldría a la luz y tomaron sus medidas de seguridad.
Un misterio me conduce directamente a otro…
Tendré que anotar esto en mi libreta: "Nuevamente me encuentro frente a dos caminos distintos, ambos con una alta probabilidad de ser ciertos: por un lado, que el director sea el asesino de la escuela; y por el otro, que el verdadero culpable esté incriminando al director para despistarme".
-Director: Agente Guty, ¿ha encontrado algo?
-Guty: Quiero toda la información posible sobre la encargada de la cocina…
-Director: Bien, la tendré lista en un par de horas.
-Guty: Llamaré a la agencia para que limpien la cocina y retiren todo este medicamento.
-Director: Está bien…
Veinte minutos después, agentes del departamento encubierto de Japón arriban al plantel para asegurar y limpiar la cocina; permanezco ahí un rato para supervisar las labores.
Mientras observo el operativo, uno de los agentes me pregunta qué ocurrió, a lo que simplemente respondo: "Medicaban a los estudiantes sin su consentimiento".
El oficial no pudo ocultar su expresión de asombro e indignación; cuando le pregunté cuál sería la posible condena contra quien resultara responsable de algo así, me respondió: "Probablemente la horca".
En ese instante recordé que Japón aún mantiene vigente la pena capital.
Japón es un país sumamente estricto que no se tienta el corazón al juzgar a los criminales; en su momento incluso se llegó a plantear la pena capital para menores de edad, aunque tras la ratificación de la Convención sobre los Derechos del Niño y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos —que prohíben las ejecuciones por delitos cometidos por menores de 18 años—, Japón estableció la edad mínima para la pena capital en los 18 años cumplidos.
Encuentro profundamente irónico que un país con leyes tan severas como Japón esté dispuesto a sacrificar la vida de jóvenes estudiantes con tal de encubrir a un criminal que, como daño colateral de sus crímenes, genera súper emprendedores…
En fin, no quiero enredarme más con ese tema por ahora, así que lo dejaré por la paz…
Finalmente, las autoridades retiraron todas las cajas de medicamentos de la cocina y desecharon los alimentos preparados con ellos.
A pesar de todo el despliegue policial, las clases continuaron sin interrupción; me tomó cerca de tres horas concluir todo el papeleo y los informes oficiales del incidente, además de supervisar la limpieza de la cafetería.
Son casi las 12:00 del mediodía; le había prometido a Akasha que iría a ver su combate en el gimnasio de la escuela, pero ya es demasiado tarde—seguramente me lo perdí.
Más tarde me disculparé con ella. Tras concluir las diligencias y recibir el agradecimiento del departamento de policía de Japón, me dirijo de vuelta a mi salón de clases.
Sin embargo, apenas abro la puerta y doy un paso al interior, me topo con los cuerpos sin vida de dos alumnos brutalmente masacrados.
-Guty: ¿¡Pero qué…!?
No puedo evitar quedar atónito; a decir verdad, no me esperaba encontrar semejante escena al abrir la puerta.
Respiro profundamente para serenarme y me detengo a examinar el aula: noto que uno de los cuerpos sostiene un sobre, el cual tomo y guardo en mi bolsillo lo más rápido posible.
Inmediatamente después, activo la alarma contra incendios para evacuar el plantel; los profesores guían a los alumnos hacia el exterior y, en cuestión de pocos minutos, el edificio queda completamente desalojado.
Con la escuela vacía, abro el sobre con calma y leo su contenido; se trata de una pequeña nota impresa a computadora que dice:
"Agente Guty, eres más resistente de lo que pensé.
Me pregunto qué se esconde debajo de esa expresión tan tranquila tuya; me intriga saberlo.
Un sujeto al que el veneno no puede matar…
Si el veneno no basta para acabar contigo, ¿lo hará una bala?
O tal vez si te decapito mueras… Muy interesante, Guty…
muy interesante. Eres el agente que más tiempo ha durado con vida, y aunque disfruto poniendo a prueba tu inteligencia, creo que ha llegado la hora de poner fin a este juego del gato y el ratón, pues no puedo permitir que sigas avanzando en esta telaraña que tantos años me ha tomado construir.
Así que pongámosle más emoción a las cosas: te doy seis días para encontrarme o, de lo contrario, pondré a toda la escuela en tu contra.
¿Serás capaz de acabar con todos ellos? Puedo manipular a los estudiantes a mi antojo, así que tienes seis días… y contando".
-Guty: Entonces tengo seis días, ¿eh…? ¿Quieres acelerar las cosas? Bien… acelerémoslas.
Sin perder un segundo, saco mi celular y llamo a la base de la Interpol; si quiere jugar en grande, jugaremos en grande…
-Guty: Necesito que envíen equipo táctico a la universidad en Japón: quiero cámaras de seguridad, micrófonos ambientales y sensores de movimiento, ¡y lo quiero todo instalado hoy mismo!
Recorro las instalaciones para asegurarme de que no quede nadie dentro del plantel; necesito que esta operación se ejecute con máxima rapidez.
Al cabo de 2 horas arriban 4 camiones cargados con el equipo solicitado y, justo detrás de ellos, 3 camionetas llenas de personal técnico capacitado para realizar la instalación.
-Guty: Quiero cámaras cubriendo cada rincón de la escuela sin excepción alguna, incluidos los sanitarios.
-Fuerzas especiales: Sí, señor.
Las cámaras han quedado instaladas por todo el plantel; me pregunto cómo responderá el asesino ante esto…
Me intriga saber cómo se las ingeniará ahora para seguir cometiendo sus crímenes sin ser detectado.
Quizás se siente confiado porque sabe que ningún alumno se atreverá a hablar aunque presencie un homicidio, y que si alguno siquiera pensara en delatarlo, terminaría igual que Kintaro…
-Guty: Así que no te gusta dejar cabos sueltos, ¿eh…? Me pregunto cómo vas a silenciar mis cámaras. ¿Harás que se quiten la vida ellas también? Vamos, dímelo…
El aroma a equipo electrónico nuevo llega sutilmente a mi nariz. Todo el sistema se encuentra ya instalado y en funcionamiento, por lo que reviso minuciosamente cada uno de los monitores, asegurándome de que el enfoque y la nitidez de imagen sean impecables…
-Guty: A partir de hoy quiero a un equipo de la Interpol especializado en comunicaciones monitoreando las cámaras de seguridad las 24 horas del día.
-Especialista: ¿Cuántos hombres necesita?
-Guty: Necesito a 4 hombres trabajando en parejas las 24 horas, los 7 días de la semana, sin excusas.
-Especialista: Así será.
El personal permanece trabajando para darle los últimos retoques a la cabina de control, la cual ordené instalar en un edificio vecino para mantenerla a una distancia prudente del plantel.
Al salir del edificio, tomo un taxi de regreso a mi departamento mientras medito sobre lo que ocurrirá a partir de mañana…