Capítulo 3 Veneno. #3
Al terminar de ducharme, me preparo para dormir y me recuesto tranquilamente en la suavidad de mi cama, desde donde alcanzo a escuchar de nuevo el goteo de la llave de la cocina…
De hoy en adelante dejaré que gotee siempre; esa pequeña fuga me salvó la vida ayer y, aunque ya nadie pueda infiltrarse…
hombre prevenido vale por dos. La noche sigue su curso mientras intento conciliar el sueño, aunque me resulta difícil lograrlo porque no dejo de darle vueltas a todo este asunto…
Si ya descubrí a un títere, debe de haber más dentro de ese salón; también me pregunto si la muerte del profesor de ciencias tendrá relación directa con todo esto, ¿o habrá sido mera casualidad? Mañana lo averiguaré.
A la mañana siguiente, me despierta el sonido ensordecedor de la alarma de mi celular; sin embargo, no logro encontrarlo de inmediato porque, cuando llegaron los paramédicos, lo dejé caer al piso.
Me levanto a buscarlo y, tras echar un vistazo debajo del sillón, por fin doy con él.
Rápidamente me arreglo para ir a la escuela y en 15 minutos estoy listo.
El camión escolar pasa a las 7:15 de la mañana, pero apenas son las 6:24; salgo de mi departamento y tomo el primer taxi libre que veo—esta vez llegaré antes que nadie para asegurarme de que no muera ningún otro estudiante.
En apenas 15 minutos llego a la escuela; son las 6:40 de la mañana y, al parecer, soy el primer alumno en llegar.
Observo a mi alrededor: todo luce tranquilo y en orden, así que tomo asiento en una banca cercana a la entrada principal para vigilar a todo el que vaya llegando.
De pronto, un camión pequeño ingresa al plantel; por los logotipos en su carrocería noto que se trata de un transporte farmacéutico, seguramente encargado de resurtir medicamentos a la enfermería.
¿Hmm? La enfermería no queda hacia aquel lado…
¿A dónde se dirige? Me levanto de la banca para seguir al vehículo con total sigilo hasta que se detiene.
¿La cafetería? ¿Qué hace un camión farmacéutico aquí?
Observo cómo los repartidores comienzan a descargar cajas y las introducen en la cocina de la cafetería; en un costado de las cajas se alcanza a leer claramente la palabra "Benzodiacepina".
Anoto el nombre en mi libreta de bolsillo para investigar más tarde para qué sirve exactamente ese fármaco.
En ese preciso instante, una de las cocineras abre una de las cajas recién entregadas y saca varios paquetes pequeños con el medicamento; me acerco un poco más para ver qué piensa hacer con ellos: se detiene frente a una enorme cazuela donde están preparando los alimentos y comienza a vaciar las pastillas directamente dentro.
¿Están medicando a los alumnos a escondidas?
¿Qué clase de fármaco es ese y con qué propósito se lo suministran a los estudiantes?
Me retiro discretamente del lugar antes de ser descubierto y regreso a la banca donde aguardaba hace unos minutos.
Para cuando llego, los camiones escolares comienzan a arribar trayendo consigo a decenas de alumnos; tomo asiento nuevamente esperando a que aparezca Kintaro.
-Hola, Guty.
-Guty: ¿Hmm? Hola, Akasha.
-Akasha: ¿Te encuentras bien?
-Guty: Sí, ¿por qué la pregunta?
-Akasha: Es que ayer no viniste a clases y pensé que estabas enfermo.
-Guty: No te preocupes, estoy bien; solo tuve un fuerte dolor de cabeza.
-Akasha: Entiendo. Si gustas, te presto mis apuntes de ayer para que no te retrases en las materias.
-Guty: Gracias; a la hora de la salida me prestas tus libretas.
-Akasha: Claro. Oye…
-Guty: ¿Qué pasa?
-Akasha: A las 11:00 tendré un combate en el salón de artes marciales. ¿Vendrías a verme?
-Guty: Si puedo, ahí estaré; tenlo por seguro.
-Akasha: Gracias, te buscaré entre el público.
-Guty: De acuerdo.
-Akasha: Bien, vamos a clase.
-Guty: Adelántate tú, estoy esperando a alguien.
-Akasha: Bueno, está bien; nos vemos en el salón.
Nuevamente me quedo solo en la banca esperando a Kintaro.
Hasta el momento no ha aparecido; dudo que sepa que sigo con vida, así que verme aquí será toda una sorpresa para él.
Ya solo faltan 4 camiones escolares por llegar; tiene que venir en alguno de ellos.
A lo lejos alcanzo a divisar a un joven con las características físicas de Kintaro; por fin…
Permanezco sentado esperando a que se acerque un poco más.
Todavía no se ha percatado de mi presencia; camina directo hacia el portón con la mirada clavada en el suelo, una clara señal de baja autoestima.
¿Hmm? Se detuvo en seco; parece que está recibiendo una llamada en su celular.
En ese instante levanta la mirada bruscamente, como si acabara de ver a un fantasma, Kintaro…
Sin duda, quienquiera que esté al otro lado de la línea le está advirtiendo de mi presencia en la escuela, pero es inútil: a esta distancia no tiene escapatoria.
Me levanto de la banca y comienzo a caminar hacia él; luce sumamente nervioso y acaba de colgar la llamada.
Parece que está sacando algo de entre su ropa…
¿Un cuchillo? Veo que no viajas desarmado, Kintaro, pero dudo mucho que puedas matarme con un cuchillo, a menos que…
-Guty: ¡Espera!
¡Maldición, piensa quitarse la vida! Justo cuando arranco a correr hacia él, se hace un corte profundo en el cuello y, debido a su anemia, se desangrará en cuestión de pocos minutos. Mierda…, ¡tengo que evitar que muera!
-Guty: ¡Llamen a una ambulancia!