Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

Juan Carlos los condujo por las escaleras que bajaban al sótano.

Era una de las pocas partes de la casa que no había tenido tiempo de visitar la última vez y sentía curiosidad.

Le resultó gracioso comprobar que las escaleras de bajada crujían de la misma forma que las de subida.

Un leve sonido cuando él las pisaba, y algo más intenso cuando cedían bajo el peso de sus acompañantes.

Creyó oír un crujido más intenso bajo sus pies que la última vez, que achacó a la leve subida de peso producto del entrenamiento con Toni. Eso le animó.

El piso de abajo no le decepcionó. La planta era tan amplia como los pisos superiores.

Las escaleras daban a una pequeña antesala, iluminada por una bombilla en el techo rodeada por tres puertas cerradas.

Una de ellas, pensó Dani, llevaría seguramente a una rampa que terminaría en el garaje que se podía ver desde la fachada.

—Antes de entrar, convendría que te cambiaras de ropa —dijo Juan Carlos en cuanto los tres estuvieron abajo—. Tu hermano te ha traído ropa. Miguel, tú puedes ir entrando si quieres.

—Sí, será lo mejor. —Mike se dirigió a Dani—. Buena suerte.

Abrió una de las puertas y desapareció tras ella. Dani no llegó a atisbar qué había dentro. Juan Carlos le tendió una bolsa de deporte que contenía ropa deportiva, como la que estaba acostumbrada a utilizar durante sus entrenamientos con Toni. Su profesor se dio la vuelta para darle intimidad.

—¿Toni está aquí? —dijo Dani mientras se cambiaba

—Ha llegado hace un rato, sí —comentó distraído Juan Carlos—. En realidad, sois los últimos en llegar. En el futuro, espero más puntualidad por tu parte, Daniel.

—He venido en cuanto me he enterado, lo prometo.

—Tienes que aprender a estar preparado para salir en cualquier momento. Sea la hora que sea y estés donde estés.

Juan Carlos hizo una pausa mientras Dani acababa de vestirse

—Pero ya trabajaremos en ello. Lo primero es lo primero. ¿Estás preparado?

Preparado o no, había llegado el momento.

Juan Carlos abrió la puerta por la que había entrado Mike y le indicó con un gesto que entrara.

La nueva habitación era mucho más amplia que la anterior.

La estancia estaba completamente vacía en lo que a mobiliario se refería.

Sin embargo, se encontraba poblada de personas.

Dani reconoció algunos rostros: su hermano Toni y sus padres se encontraban juntos, acompañados por una pequeña multitud de personas de distintas edades a las que no pudo reconocer.

Todas ellas llevaban puesto una especie de hábito de colores diferentes, indicando probablemente el rango que ocupaban dentro de la orden, con una capucha que les cubría parcialmente la cara.

Por delante del torso, sostenían un cirio que representaba la única fuente de luz.

La escena resultaba algo tétrica. Dani sintió un escalofrío.

Los miembros estaban formando un círculo roto solamente por una pequeña abertura en torno a la puerta por la que ellos acababan de entrar.

Mike se encontraba en uno de los extremos de la cadena con un hábito verde oscuro, similar al que llevaba su hermano.

En el centro del círculo pudo reconocer a otra persona a la vez que su corazón le propinaba una sacudida que le dejó sin aliento.

Vanessa se encontraba con los brazos cruzados por detrás de la espalda, con la mirada fija en él.

Llevaba puesto un top deportivo negro que hacía parecer su busto algo menos generoso de lo habitual, y unas mallas del mismo color.

Su pelo castaño estaba cuidadosamente recogido en una trenza que terminaba en una punta dorada por sus mechas.

Tenía el aspecto de una asesina a punto de lanzarse contra su víctima.

La expresión de su rostro era la más seria que jamás había visto en ninguna otra persona.

A pesar de la gravedad de la situación, no pudo evitar pensar en que estaba increíblemente sexi con esa ropa.

Su corazón se aceleró a un ritmo mucho mayor que cuando descubrió el anillo en el dedo de Mike.

Dani entró en el círculo avanzando hasta quedarse a apenas dos metros de ella.

Juan Carlos dedicó unos segundos a ponerse un hábito azul oscuro sobre la ropa.

En ese momento, a Dani le pareció más una bata larga y pomposa.

Su padrino ocupó el lugar que quedaba para cerrar el círculo y este quedó completo. El momento había llegado.

—Bien —empezó a decir Juan Carlos—, nos hemos reunido aquí siguiendo la tradición para examinar y juzgar las capacidades del aspirante Daniel Carrasco.

Como dicta la prueba, primero evaluaremos las capacidades menos desarrolladas del aspirante y después aquellas en las que sobresale.

Para iniciarse en la orden se le exige superarlas todas.

Hizo una pausa

—Hermanos, sed testigos de la objetividad de la prueba. Sed testigos de su validez. Sed testigos de que se le juzga sin ningún tipo de privilegio ni discriminación por edad, sexo, raza o parientes. Sapere aude!

— Sapere aude! —corearon todos al unísono.

—Daniel, tu cometido es sencillo. En esta prueba te enfrentarás no solo a un rival, sino también a tus demonios.

Deberás abandonar esta sala por tu propio pie antes de que haya transcurrido una hora desde este preciso instante.

Si pides ayuda de cualquier tipo o alguien te la presta, quedarás automáticamente descalificado y no se te permitirá volver a realizarla. ¡Comience su examen!

Se hizo el silencio. El grupo de personas le observaba desde cada uno de sus sitios. Nadie se movió ni hizo ningún gesto. Dani se quedó paralizado unos segundos. No sabía qué hacer, ni qué se esperaba de él. «¿Salir de la habitación? ¿Así de sencillo».

De repente reaccionó. Se giró por completo sobre sus talones y se dirigió con todas sus fuerzas hacia la puerta por la que había entrado.

Su trayectoria fue interrumpida súbitamente por una patada que le propinó Juan Carlos en el pecho en cuanto estuvo a su alcance.

El golpe tuvo una fuerza descomunal que le hizo caer al suelo de espaldas.

Notó cómo todo el torso le retumbaba debido al impacto en el pecho y la caída sobre la espalda.

«Ya entiendo. Por aquí no vamos a poder salir».

Se levantó de un salto casi en el acto y se giró para enfrentarse a Vanessa. El entrenamiento de Toni no había sido inútil después de todo.

«Así que no va a ser tan fácil como pensaba.

¿No tienes que enfrentarte a una persona, sino que tienes que enfrentarte a una sala entera?

Joder con Juan Carlos. Para ser tan mayor tiene muchísima fuerza y flexibilidad.

Aunque también es verdad que no esperabas el golpe.

Si no puedes salir de este círculo, ¿qué pinta Vanessa en todo esto? ».

Pero no tardó en averiguarlo. Vanessa se dirigió hacia él con la misma rapidez con la que una serpiente se lanza a por su presa. En menos de un segundo la tenía tan cerca que pudo sentir su aliento sobre su cara.

El puño derecho de la chica se estrelló sobre su mejilla seguido por el izquierdo que lo hacía sobre el estómago.

Una llave de judo después Dani se encontraba de nuevo en el suelo, esta vez tumbado boca abajo.

Notaba cómo la bota de Vanessa se clavaba sobre su espalda mientras le sujetaba el brazo para que no se moviera.

El hombro le dolía muchísimo en esa posición.

—Lo siento, Dani —empezó a decir Vanessa—. No sabía que me iban a elegir a mí. De haberlo sabido no te habría dejado venir. Ríndete y acabemos con esto.

Dani se sintió impotente. Le costaba respirar con el pie de la chica presionando sus costillas.

Los pulmones no se llenaban de aire tanto como deberían.

El más leve movimiento le provocaba un dolor insufrible en el hombro.

Estaba en un callejón sin salida. Atrapado entre la chica que amaba y el frío suelo.

Estando en esa situación, lo único que podía hacer era pensar.

Aun a sabiendas de que esa prueba debía exprimir su punto más débil, hizo lo que mejor se le daba y puso su cerebro a trabajar.

El dolor le impedía concentrarse como hubiera querido, y la falta de oxígeno le estaba pasando factura.

Debía encontrar una salida pronto, o se desmayaría y perdería.

Tuvo una idea. Iba a jugárselo todo a una carta, pero no se le ocurría nada mejor.

Comenzó a toser lo más fuerte y continuo que pudo.

Poniendo especial énfasis en que se escuchara lo más alto posible.

El esfuerzo fue tal que empezó a ponerse rojo incluso.

Cualquiera habría pensado que estaba teniendo un ataque de asma.

De repente sintió que la presión en el brazo cedía. Vanessa había aflojado un poco para inclinarse sobre él y comprobar si estaba bien. La trampa había funcionado.

Dani aprovechó su oportunidad. Girando sobre el brazo que tenía libre, dio una voltereta sobre sí mismo liberando el brazo atrapado y saliendo de su prisión. No dejó de rotar hasta que estuvo un par de metros lejos de la chica y se levantó como pudo.

Todo le daba vueltas. Notó cómo la sangre volvía a subir a su cabeza.

La visión se le había nublado un poco a causa del esfuerzo por la tos y la presión sobre la espalda.

Tenía el brazo y las costillas doloridas, pero había conseguido salir y ponerse en pie, a tiempo para encarar de nuevo a su adversaria.