Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

—¿Y el cambio ha sido a mejor?

—Diría que sí, pero no quiero hablar ahora de ello. —Vanessa le guiñó un ojo—. Vamos a la cocina, anda, a ver qué te puedo dar de comer.

—¡Sí, mamá!

—No soy tan mayor, niñato —dijo Vanessa en un tono de fingida ofensa.

Dani se levantó finalmente del sofá. Había pasado el tiempo suficiente separado de ella para que la erección desapareciera.

Rezó todo lo que sabía en el tiempo que recorría el pasillo hasta la cocina para que ella no se hubiera dado cuenta, aunque no era demasiado optimista.

Su alta capacidad mental empezaba a mostrar sus ventajas.

Seguramente podría encontrarle más aplicaciones si le dedicaba tiempo a buscarlo.

Lo anotó mentalmente para estudiarlo más tarde en su cuarto.

La cocina estaba exactamente igual que la última vez que estuvo allí: limpia e impoluta, como si nadie la hubiese utilizado en ese tiempo. Esta vez, Dani eligió un menú distinto de entre todo el surtido de que Vanessa fue sacando de su nevera.

—De todas formas —dijo Dani retomando el tema anterior—. No creo que me echaran por contarle algo a Tommy. Me apadrina el gran maestre de la orden. Seguro que hacen una excepción.

—En realidad, la figura del gran maestre se ha romantizado mucho, gracias a las películas y las novelas juveniles.

La verdad es que Juan Carlos no tiene poder real sobre la orden.

Tenemos una especie de junta directiva que se encarga de tomar las decisiones importantes.

Es verdad que el gran maestre la preside, pero es un cargo representativo más que otra cosa.

—¿En serio? —Dani se esforzó por parecer decepcionado—. Vaya, yo que contaba con saltarme las pruebas con alguna excusa.

—Lo llevas claro, chaval. —Vanessa soltó una carcajada—.

De hecho, nadie quiere ser gran maestre.

Juan Carlos aceptó muy a regañadientes después de que muriera su hermano.

Es un trabajo muy estresante que da muy pocas satisfacciones.

Pero alguien tiene que hacerlo, y él era la opción más lógica después de Silvestre.

Dani abrió mucho los ojos.

—¿El Chaleco fue el anterior gran maestre?

—«El Chaleco». —Vanessa sonrió con aire nostálgico—. Sí que es un apodo que le pega bastante. No se quitaba esos dichosos chalecos nunca. Debía tener un armario solo para ellos. —Su voz se fue apagando y su rostro se tornó algo triste.

—¿Estabais muy unidos?

A Dani le daba lástima ahondar en la herida, pero era el momento perfecto para sacar información, ahora que Vanessa estaba «débil» emocionalmente. Tenía que aprovechar la situación. No sabía cuándo volvería a presentarse la oportunidad.

—Era como un padre para nosotros. Siempre tan bueno y amable. Nos cuidó mucho cuando estábamos iniciándonos. Y más a Toni, claro.

—¿Más a Toni por ser su padrino?

—¿No lo sabes? —Vanessa enarcó una ceja—. No solo fue el padrino de Toni para entrar en la orden, sino que más tarde fue su maestro. Le enseñó todo lo que sabe. Le entrenó, le llevó a sus primeras misiones… Cuidó de él como si fuera su hijo. Ellos dos sí que estaban unidos.

—Vaya —dijo Dani, impactado por lo que acababa de descubrir—. Nunca lo habría dicho. No parecía muy afectado por su muerte.

—Cuando te llamas Antonio y te apellidas Carrasco no puedes permitir que las emociones nublen tu juicio, y mucho menos que el resto del mundo se dé cuenta de cuando algo te afecta. Tu hermano es un experto en fingir que todo va bien, aunque no sea así.

—Parece que lo digas por experiencia.

—¡A comer!

Dani captó el mensaje y dejó el tema. No quería seguir metiendo el dedo en la herida.

Podría volverla en su contra, y aún tenía muchas preguntas que hacerle, y muchas más que se le ocurrirían.

Pero, por encima de la parte lógica, no quería descubrir accidentalmente que Vanessa tuvo alguna relación en el pasado con su hermano.

Se sentía tremendamente celoso de Toni por el tiempo que habrían pasado juntos los dos en su infancia.

«¿Estás celoso de tu hermano, Dani? Qué raro, si tú nunca has estado celoso de Toni.

De todas formas, eso pasó hace mucho tiempo.

¿Cuántos años tendrá Vanessa? Veamos, tenía diecisiete años cuando conoció a Toni y ha dicho que él tenía un par de años más.

Supongamos que tenía veinte y ahora tiene veinticuatro, por lo que ahora ella tendrá unos veintiún años, más o menos.

Bueno, no es mucho mayor que tú, en perspectiva.

Pero seguro que una chica como ella tiene a millones de chicos a sus pies.

No creo que quiera perder el tiempo con un chico de instituto como tú.

Dios, me encanta como le quedan esas malditas mechas al final de sus cabellos.

Y esa sudadera… Está preciosa con ella. Céntrate, Dani, intenta ser profesional por una vez con ella».

Después de comer, Dani decidió que debía volver a casa.

Ya había perdido demasiado tiempo aquel día de sus estudios.

Aunque hubiese estado con Vanessa, tenía el suficiente control sobre sus emociones como para no dejarse llevar por las hormonas, y volver a casa para terminar el trabajo que tenía pendiente.

Además, ya había discutido suficientemente con su familia aquel día como para añadir la irresponsabilidad de presentarse al día siguiente en clase con los deberes sin hacer.

Por último, también quería resolver el asunto de Tommy.

Sin duda estaría esperando un informe acerca de la conversación con Juan Carlos y, por desgracia, no podía darle nada.

No le había dicho que aquel era el día elegido, pero después de aquella conversación se lo habría imaginado.

Ni siquiera Tommy podía ser tan ingenuo.

No le había preguntado nada durante las siguientes clases, pero Dani había podido ver la duda cruzando su mente a través de sus ojos.

Había intentado mantener el tema alejado, al menos hasta saber cuánto podía contarle.

Y ahora sabía que no podría contarle nada.

Eran casi las cinco de la tarde cuando salió de casa de Vanessa.

Si se daba prisa, pillaría a Tommy antes de que empezara a hacer los deberes, y podría sacarle un poco de casa.

Su madre se fiaba mucho de él. Siempre lo había visto como una buena influencia para su hijo, y Dani no podía estar más de acuerdo.

Si su mejor amigo mencionaba su nombre no tendría ningún problema para salir de casa por la tarde con alguna excusa.

Dani sacó su móvil y comenzó a teclear. Tardaría diez minutos en estar en su casa.

Tenía el tiempo justo de inventarse alguna excusa.

Tendría que confiar en sus recién descubiertas habilidades para esa tarea

****

Estaba en la fachada del edificio, esperando a Tommy.

Su mejor amigo vivía en un bloque de viviendas muy similar al suyo.

En su pequeña localidad no había sitio para pisos mucho más grandes, y todos tenían más o menos las mismas dimensiones, a excepción de los apartamentos en los que vivía Vanessa, que eran muy nuevos.

El resto de las residencias eran casas unifamiliares como la de Cris o las mansiones de la zona residencial donde había vivido el Chaleco.

Por fin, Tommy hizo acto de presencia.

—A ver, ¿qué era eso tan importante? —dijo en cuanto salió por el portal de su casa—. Estaba muy liado estudiando inglés para el simulacro de Mike.

—Eso no te lo crees ni tú. —Dani enarcó una ceja—. No son ni las cinco y media. Estabas tirado en tu cama, probablemente pensando en Sara. Aún te quedaban varias horas para procrastinar.

—¿Seguro que quieres que te diga lo que estaba haciendo? No te va a gustar…

—No, te lo puedes ahorrar —dijo Dani extendiendo el brazo y formando una mueca de asco—. Además, te voy a contar algo que te va a poner más.

—Mira que lo dudo, pero me has convencido. ¿Damos una vuelta? Pero que sea rápida. Tarde o temprano tendré que ponerme con el inglés. Yo no tengo tu maldito cerebro.

—No sabes cuánta razón tienes —Dani se rio de su propio chiste ante la mirada confusa de Tommy—. ¿Te acuerdas de todo lo que hablamos hace un tiempo? El tema del libro, la llama, el cuento de Vanessa…

—Sí, claro, cómo no. Pensaba que ibas a lanzarte a preguntarle a Juan Carlos esta mañana.

—Sí, y lo he hecho.

Dani esperó unos segundos para que Tommy procesara la información. Su cara reflejaba una expresión bastante graciosa, con los ojos abiertos de par en par y la boca solo parcialmente. Si hubiera querido, habría podido meter un dedo dentro y tocarle la campanilla antes de que la cerrara.

—Bueno, ¿y que te ha dicho? —preguntó Tommy finalmente ante el silencio de Dani.

—Pues he hecho bastante el ridículo. Resulta que Vanessa y Juan Carlos son de un pueblecito pequeño, al otro lado de la M-30, y el cuento de Santiago es una fábula de por allí.

Villa-no-sé-qué-más se llama el sitio. Juan Carlos se ha reído bastante de mí.

Ha dicho que he visto demasiadas películas y espera que me dedique más a mis estudios en lugar de perder el tiempo con estas tonterías.

—Bueno, pero es normal, ¿no? Un secreto así, sea lo que sea… No querrá que nadie se entere.

—No, tío. Desde el principio parecía un tema bastante loco.

Tiene bastante sentido, si lo piensas. ¿Por qué si no iban a traerla sus padres a este pueblo alejado de la mano de Dios?

Le conocían desde pequeños y consiguieron que entrara en el instituto ya empezado el curso.

Todo cuadrada, y yo he hecho el idiota. Pero, bueno, no pasa nada. Alguna vez tenía que ser la primera.

—Bueno. —Tommy calló meditabundo. Tenía una expresión incrédula en la mirada. La historia no acaba de convencerle, pero Dani sabía que acabaría cediendo.

Todo adolescente está deseando que le ocurran cosas emocionantes. Sus cuerpos se están formando y están rebosantes de hormonas que les hacen experimentar todo un abanico de sensaciones y sentimiento diferentes, algunos de ellos contradictorios.

En el caso de chicos como Tommy, inseguros, con notas mediocres, sin demasiados amigos, el descubrimiento de una trama secreta que implicara a sus profesores y compañeros de clase habría sido el detonante que esperaban el torrente de sentimientos que estaban deseando salir a la superficie.

Dani sentía privarle de toda aquella emoción, pero por desgracia se jugaba demasiado como para dejar ningún cabo suelto, y eso incluía a su mejor amigo.

Sin embargo, no pensaba dejarle con las manos vacías.

Sabía que lo que iba a hacer estaba mal, y que probablemente sería como dejarle un rastro de migas de pan, pero la tentación era demasiado grande.

Ya se enfrentaría a las consecuencias más adelante.

—Por cierto —empezó a decir Dani—, mi hermano me ha dicho que quiere enseñarme boxeo. Va a empezar a entrenarme por las tardes.

—¿Ah, sí? —La expresión de Tommy viajó de la incredulidad al asombro—. ¿Y eso por qué?

—Pues ni idea. Dice que me ve demasiado flacucho y que necesito hacer algo de deporte. La verdad, no le falta razón.

—¡Eso es mentira! Con el cuerpazo que tienes, ya quisiera yo… Además, si tú entrenas en casa.

—Sí, pero solo hago un par de ejercicios que he visto por Internet —dijo Dani con una mueca de menosprecio—. Mi hermano practicó boxeo muchos años. Seguro que con él avanzo más rápido.

—Bueno, igual así tu padre deja de tenerle en un pedestal, cuando seas capaz de tumbarle a base de puñetazos.

—Sí, seguramente —dijo Dani con un tono irónico, mientras recordaba cómo su hermano le había tumbado a él con la insultante cifra de dos puñetazos.

—Lo malo es que ahora podremos vernos menos tiempo, porque si además de que sueles estar casi todas las tardes estudiando hasta tarde, ahora tendrás que entrenar…

—Oh, ¿me vas a echar mucho de menos? —Dani rodeó a su amigo con el brazo sobre el hombro—. ¿Te mando una foto mía para que me mires todas las noches?

—¡Calla, idiota! —dijo Tommy apartándose de su amigo—. Lo que ocurre es que ahora nadie me va a ayudar con mis deberes de Matemáticas.

—Vaya, es verdad. Vas a tener que aprender Matemáticas… Bueno, Tommy, hoy es el día de las primeras veces. —Dani esbozó una mueca pícara—. A ver si consigues más de una «primera vez» —dijo mientras le guiñaba un ojo.

—¿Cómo se ha tomado Cris la noticia?

—¿Cris? ¿Qué tiene que ver ella con esto?

—Bueno, que no me veas a mí hasta el finde, pase, pero a ella… ¿Vais a aguantar?

En realidad, hacía tiempo que Dani no hablaba con Cris.

No seriamente, al menos. La última vez que se habían visto salió de su casa para ir a ver a otra chica justo después de haberse acostado.

Entendía que estuviera molesta. Él había intentado hablar con ella un par de veces, pero Cris se mostraba reacia a mantener la comunicación.

Simplemente intercambiaban alguna banalidad, un par de risas a través del móvil y después cada uno volvía a lo suyo.

Ella no le había dicho directamente que estuviera enfadada, pero no habían vuelto a verse, salvo algún encontronazo casual en el instituto.

Él sabía que algo no iba bien entre los dos, podía notarlo.

Con todo el asunto del libro, la orden y Vanessa, Dani apenas había tenido tiempo o ánimos para pensar en otra cosa, ni siquiera en el increíble sexo con Cris. Algo bastante inusual en un chico de su edad. Pero, claro, ahora sabía que él no era como el resto de los chicos de su edad.

En ese momento tomó una decisión. El proceso mental fue tan rápido que apenas duró el tiempo que una hoja tarda en caer desde una rama al suelo.

En esa fracción, Dani pudo ver cómo se habían desarrollado los acontecimientos, desde la muerte del Chaleco, desde que Vanessa entró en su vida, la primera vez que besó a Cris, la sensación del contacto de sus labios con los de la chica, la primera vez que ella se quitó la camiseta…

Pudo ver todo eso y más. Y en su cabeza se dibujó el resultado de la consecución de los acontecimientos si seguían la trayectoria actual.

Tan claro como si estuviera allí en ese momento.

Tenía el poder de dejar que las cosas siguieran su curso, o de hacer un pequeño ajuste que desviara la trayectoria lo suficientemente lejos, hacia un destino totalmente desconocido.

No lo expresó en alto, y su rostro no reflejó el menor signo de ello, pero la decisión estaba tomada.