Capítulo 17 #3
—Ahora que lo dices —continuó Dani—, tuve una sensación muy rara, parecida al miedo. Sentía frío por todo mi cuerpo. Era como si la casa me diera miedo. Como si no quisiera que entrara. Recuerdo que sentí nauseas, y casi vomito.
—Ya veo… Lo que sospechaba. —Toni hizo una pausa, como si estuviera atando cabos dentro de su cabeza—. ¿Por qué no se lo dijiste a papá? ¿No te preguntó si sentiste algo?
—Sí, pero no me parecía importante. Pensaba que era el cansancio, o yo qué sé. Que era la emoción de haber conocido la noticia de su muerte y encontrarme en su casa minutos después.
—Ay, Daniel. —Su hermano se detuvo y le miró directamente a los ojos—. Te envié allí con papá precisamente por si podías sentir algo. Yo no estaba en el pueblo, y no iba a poder venir inmediatamente. Contaba contigo, y para variar me fallaste.
—¿A qué te refieres?
—Te cuento. —Toni reanudó la marcha—. La orden lleva mucho tiempo reuniendo información, como sabes.
Para poder transmitir el conocimiento, antes tenemos que obtenerlo.
A veces hay que liberarlo de su enclaustramiento, y otras hay que generarlo.
Llevamos siglos investigando una gran variedad de áreas del conocimiento.
Medicina, física, química, historia… Te sorprendería la de premios Nobel que hay en nuestras filas.
—Ninguno de este país, seguro —ironizó Dani con una mueca.
—El caso —continuó Toni haciendo oídos sordos de su comentario—, es que uno de los resultados de esas investigaciones ha sido el descubrimiento de ciertas alteraciones en el genoma humano.
No te voy a aburrir con los detalles, pero supongo que entiendes cómo funciona la evolución de las especies, ¿verdad?
—Charles Darwin… Sí, cada cierto número de genes se comete un error que causa una mutación en los embriones, y si el espécimen se adapta, la mutación sobrevive y puede acabar originando una nueva especie. Con el paso de los siglos, claro. No es algo que vaya a suceder de un día para otro.
—Si —dijo Toni dubitativo—… Grosso modo , viene a ser algo así.
Con eso me basta. Pues bien. Se ha descubierto que existe una anomalía genética en varios individuos de la población.
Aún no se saben todos los detalles, y aunque se supieran no podría contártelos.
Pero, en resumidas cuentas, parece haber personas que han desarrollado unas habilidades extraordinarias, provocadas por estas alteraciones.
—Toni —Dani cortó a su hermano. Su pulso se había acelerado—, ¿qué intentas decirme? ¿Que tengo superpoderes?
—A la mierda toda la explicación científica que acabo de darte —dijo Toni con tono irónico—. ¿Solo te has quedado con eso?
—Hombre, me hablas de personas con habilidades especiales…
—Joder con los jóvenes de hoy en día. No, Dani, no tienes superpoderes.
—El tono de su hermano denotaba que estaba empezando a perder la paciencia—.
Mira, te lo voy a decir sin más: tienes una alteración genética que hace que tu cerebro vaya mucho más deprisa de lo normal.
Tus sinapsis son capaces de enviar información el triple de rápido que una persona media.
Sin embargo, el cerebro humano no está preparado para soportar esa velocidad de transmisión de información.
En cualquier persona, esta velocidad provocaría un colapso de las funciones cerebrales.
Para que me entiendas, una especie de cortocircuito en los cables del cerebro.
—¿Y mi cerebro lo soporta porque…?
—«Nuestro cerebro», porque es un gen hereditario, está bañado por unas sustancias químicas que conducen «lo justo» las señales eléctricas y hacen posible esta velocidad de transmisión.
Nuestro cuerpo se ha ido adaptando con las generaciones.
Suponemos que en un futuro podremos aprovechar al cien por ciento nuestra alta capacidad cerebral, pero por ahora esto es lo que hay.
—¿Eso es lo que nos hace ser superdotados?
—En parte sí. Es complicado de explicar, y más a un crío. —Toni escupió las palabras sin el menor atisbo de desprecio, pena o cualquier otra emoción en su voz.
—¿Y qué tiene que ver eso con mis escalofríos? —respondió Dani haciendo caso omiso al insulto.
—Como te he dicho, el funcionamiento del circuito cerebral aún no es perfecto.
Tus nervios envían muchísima información a tu cerebro, y este solo puede procesar una cantidad (más que la gente normal, pero no toda), por lo que a veces no sabe cómo expresar lo que ve a tu psique.
Probablemente cuando estabas delante de la casa del Chaleco, viste algo u oíste algo que hizo que tu cuerpo se pusiera en alerta, pero no supiste qué era y, sin embargo, tu cerebro lo interpretó como una señal de peligro y quiso transmitírtelo.
Se manifiesta de forma diferente en distintas personas.
Nunca está del todo claro por qué o cómo.
Hay personas que tienen sensaciones o intuiciones, otras que oyen voces…
Hay incluso algunos que han llegado a desarrollar un trastorno de la personalidad, o que no han podido soportarlo y han acabado perdiendo el juicio.
Dani miró a Toni con una expresión mezcla de terror y curiosidad, mientras arqueaba una ceja.
—El caso —continuó Toni, tratando de poner un tono tranquilizador ante la expresión de Dani— es que esa sensación de frío y miedo es la forma que tiene tu subconsciente de decirte que ha visto algo que no debería estar ahí, y que supone una amenaza para ti.
Como, por ejemplo, una mancha en la camisa de alguien, un papel en el suelo, un agujero en una ventana…
—… o una moto vieja y sucia aparcada en un barrio residencial de gente adinerada —dijo Dani terminando la frase. Se quedó pálido—. Joder.
Acababa de caer en la cuenta. La misma moto que había visto en el patio del Chaleco aquella noche, ya la había visto antes.
El día que fue con su padre. No había vuelto a pensar en ello, pero ahí estaba.
Casi ni le había prestado atención. La había visto al echar un vistazo general a la calle antes de volver su atención a los mensajes de sus amigos en el móvil, pero el sentimiento le había estado carcomiendo sus entrañas todo el tiempo que había estado dentro del coche, y ahora sabía por qué.
La angustia momentánea provocada por el recuerdo se fue transformando poco a poco en alivio.
Por fin tenía respuestas. Si hay algo que un adolescente necesita y busca desesperadamente, además de satisfacción sexual, son respuestas a las preguntas que se hace en ese estado de desarrollo físico y mental.
Dani podía sentirse satisfecho, en el transcurso de menos de veinticuatro horas había conseguido lo que ninguno de sus compañeros habría soñado, y muchos tardarían años en conseguir.
Sabía que aún tendría mucho que aprender y descubrir, pero por lo pronto había resuelto varios de los misterios que le habían estado persiguiendo en los últimos tiempos.
Se sentía realizado. Ahora tenía fuerzas para enfrentarse a sus padres, y a las pruebas que le impusiera la orden.
—O sea —dijo Dani por fin, con un tono burlón—. Que tengo poderes premonitorios. Y los heredamos de mamá, ¿no? Porque de papá no los hemos heredado, eso seguro.
—¡Obviamente! —Toni no pudo evitar soltar una carcajada.
Dani estaba perplejo. Era la primera vez que veía a su hermano reír de una forma tan sincera.
Con él, nunca había tenido la necesidad de ponerse la máscara que mostraba al resto del mundo, por lo que siempre había tenido una visión muy fría e impasible de él, y podía ver cómo apretaba los dientes cada vez que se reía en público.
Pero aquella vez era diferente. En esa ocasión, su hermano se estaba riendo con él, así que lo imitó y, por primera vez, los dos rieron juntos.
En diecisiete años, nunca se había sentido unido a su hermano hasta ese momento.
Pudo saborear la emoción en su boca en los escasos segundos que duró.
—En fin, por el momento con eso basta —concluyó Toni una vez que las risas se apagaron—.
Creo que te he explicado todo lo necesario.
Ahora bien, no puedo contarte nada sobre las pruebas, ellos lo sabrían, de la misma forma que sabrán si tú hablas de esto con alguien.
Te lo digo en serio, Dani. Ni una palabra.
—Hizo una pausa para tragar saliva—. Solo puedo darte algunas pinceladas, y te diré que la primera de ellas es una especie de combate.
Si estás dispuesto a seguir con esto, en cuanto tu solicitud sea aprobada, comenzaré a entrenarte.
—¿A entrenarme? ¿Tú?
—Sí, yo. —Toni soltó un suspiro—. Me hace tan poca gracia como a ti, pero no se me ocurre nadie mejor.
Ya he hablado con tu padrino, y está de acuerdo.
Normalmente debería entrenarte él, pero está algo mayor.
Yo soy una mejor opción. Pero ya hablaremos en otro momento.
Por ahora te dejo aquí. Supongo que querrás hablar con ella.
—¿Con quién?
Pero no le hizo falta que su hermano contestara.
Había estado tan ensimismado en la conversación, que no se había dado cuenta de dónde estaba.
Simplemente había ido siguiendo a su hermano por las calles de su pueblo, hasta que finalmente habían llegado al piso de Vanessa.
La chica que le había puesto en la pista de la orden, que le había guiado hasta allí. La chica nueva.
Ahora que sabía la verdad sobre su capacidad cerebral, se preguntó si su enamoramiento repentino había sido solo un efecto de su mente tratando de decirle que Vanessa era más de lo que aparentaba, que había algo grande detrás de ella y que intentara acercarse con todas sus fuerzas.
Se preguntó si, ahora que sabía la verdad, ese sentimiento desaparecería. Solo había una forma de averiguarlo.
Su hermano le dio una palmada en el hombro y le guiñó un ojo.
No dijo nada más. Se giró sobre sus talones y emprendió la marcha de vuelta a su casa.
Dani se quedó solo frente al portal. Habían sido demasiadas emociones juntas aquel día.
Cuando pensaba que había pasado lo peor, aparecía un nuevo momento en el que debía ser valiente.
Un momento que temía y ansiaba a partes iguales.
Dani cerró los ojos, y apretó el botón del telefonillo.