Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

—Pero —empezó a decir Dani— vosotros dos no tenéis misiones ni nada por el estilo. Nunca os vais de viaje ni nada. Como mucho papá falta algunas veces por…

La voz de Dani se fue apagando. Acababa de caer en la cuenta de lo que su madre trataba de decirle.

—¡Exacto, Daniel! ¡Por fin te has dado cuenta!

—Su madre estalló en furia. Ya no podía contenerse más—.

Tu padre centra su actividad en el pueblo.

Al ser guardia civil, es mucho más útil a la orden sacando información de las bases de datos del cuerpo, y ganando contactos en los altos mandos, pero de vez en cuando tiene que hacer una misión de campo.

¿Por qué te crees que me pongo tan nerviosa cuando tiene que salir a montar un control de carreteras, o tiene que ir cómo refuerzo a Madrid?

¡Porque no hace nada de eso! Se juega la vida por la orden.

Yo ya soy mayor para hacer trabajo de campo, y tengo un rol más administrativo, pero me pasé mi juventud entregada a la causa, y no quiero que tú pases por lo mismo.

Ya tuve bastantes noches sin dormir cuando ingresó Toni, y ahora tú…

Hubo una pausa. Su madre no podía seguir hablando. El tono de voz había ido bajando, a la par que unas tenues lágrimas brotaban de sus ojos. José Luis echó un brazo por encima de los hombros de su mujer, mientras sujetaba su mano con la suya.

Dani se sintió estúpido de repente. Toda la satisfacción que había sentido horas antes al haber conseguido acceso a un grupo tan exclusivo había comenzado a desvanecerse.

Había sido tan inconsciente de introducirse en una organización sin saber a ciencia cierta cuáles eran sus actividades, o cuáles serían sus deberes y obligaciones dentro.

Se había dejado seducir por la idea de destacar sobre sus compañeros, de ganar la aprobación de Juan Carlos y de superar a su hermano, y ni siquiera se había parado a pensar en las consecuencias de sus acciones.

En su cabeza no dejaban de resonar las palabras que le había escupido su hermano durante su pelea: «Nunca piensas en las consecuencias de tus actos.

Actúas y punto». Toni ni siquiera estaba allí, y le había vuelto a ganar.

Tenía razón una vez más, y él volvía a sentirse como un niño enfadado llorando por el juguete que tiene su hermano mayor, que hace lo que sea por llamar la atención.

Si no hubiera sido tan orgulloso, probablemente habría roto a llorar en ese momento, pero debía conservar la poca dignidad que le quedaba.

Nunca permitía que nadie le viera sangrar, y su familia no iba a ser menos.

Estaba a punto de contestar a su madre cuando un sonido le interrumpió.

Unas llaves estaban girando a través de la cerradura de la puerta, y esta se abrió tras un leve chasquido.

Antonio Carrasco hizo acto de presencia en su casa.

Llevaba puesto su habitual traje debidamente planchado y cepillado.

Dani se planteó por primera vez si su hermano había elegido su trabajo para que fuera acorde con su vestimenta favorita, en lugar de hacerlo al revés.

—Veo que ya os habéis enterado —dijo Toni en cuanto entró en el salón de casa—. Menuda has armado, Daniel. Te ha faltado tiempo para meterte en la boca del lobo.

—¿Y tú cómo te has enterado tan rápido, Toni?

—Fue Dani quien lanzó la pregunta. La aparición de su hermano le dio la excusa perfecta para liberar la tensión que se acababa de generar en la sala.

Por fin pudo respirar un poco aliviado después de ese momento incómodo, aunque tenía la sensación de que el descanso duraría poco.

—Parece ser que ha sido cosa de la Raíz. —Toni se dirigió a sus padres ignorando la pregunta de Dani—. Ha convencido a mi amiga para que fuera guiando al chaval, y este ha mordido el anzuelo. —Volvió la vista hacia su hermano mientras decía esto —. Ya no se puede hacer nada.

—¿Quién es la Raíz? —Dani interrumpió a su hermano

—Es el nombre en clave de tu padrino, Juan Carlos —respondió Toni—. Todos dentro de la orden tenemos uno. Y no, no voy a decirte el mío. Antes de que me lo preguntes.

—No iba a preguntártelo.

«Pero sí que ibas a hacerlo. Maldita sea, Dani, la has armado buena.

¿Tanto te habría costado tragarte un poco tu orgullo y preguntar a tu familia?

Seguramente te habrían explicado todo esto y te habrían aconsejado.

Aunque probablemente te habrían aconsejado no ingresar en la orden.

Quizás estén exagerando. Al fin y al cabo, ellos han sido miembros mucho tiempo.

Si Toni entró cuando estaba en clase con el Chaleco, entonces lleva más de diez años dentro, y no le ha pasado nada.

Se lo están tomando demasiado en serio, y quieren asustarte.

Pero ya no hay marcha atrás, como ha señalado Toni.

A lo mejor esto nos une más que nunca, y por fin te tratan igual que a Toni.

Tienes que ser fuerte y aguantar el chaparrón».

—Vaya con la Raíz. —Su madre soltó un bufido ante la nueva información—. No pudo conseguirte a ti en el instituto y ahora se quiere llevar a mi otro hijo.

—No me entero de nada. —Dani estaba confuso—. ¿Conseguirte? ¿Juan Carlos quiso ser tu padrino?

—Quiso, lo intentó y no se lo tomó muy bien cuando elegí a Silvestre. —Toni esbozó una sonrisa nostálgica—. Pero de eso hace mucho. Estará contento de haberse llevado al otro Carrasco después de tanto tiempo.

—Ah, sí, hablando de eso. —Empezó a decir su padre—. Ya que está al corriente de todo el tema de la orden, sería buena idea contárselo todo.

—Tranquilo, chaval, para eso he venido —contestó Toni—. A partir de aquí ya me encargo yo de darle la charla de bienvenida.

—Oye, ¡que soy tu padre! —respondió José Luis indignado.

—Y eres un padre maravilloso, pero deja que me encargue yo. De hermano a hermano.

Otra vez volvía a aparecer el tono adulador de Toni.

En un momento había conseguido ser el centro de atención, dirigir la conversación hacia donde quería, meterse con su padre, evitar que se enfadara con un elogio y hacerse con el control de la situación.

Todo ello con apenas un par de frases. Realmente debía ser un miembro valioso, no solo para el CNI, sino también para la orden.

Dani se preguntó si habría sido siempre así, o si lo habría aprendido a causa de haber entrado en la organización.

—Ven conmigo, Dani —dijo su hermano volviéndose hacia la puerta—. Vamos a dar un paseo.

Dani no se sintió con fuerzas para negarse.

Aunque se encontraba más relajado que al comienzo de la conversación, aún pensaba que había causado demasiados problemas como para oponerse a algo que iba acabar haciendo.

La bronca de su madre había sido un duro golpe para él, que esperaba elogios y alabanzas por haber conseguido entrar en la misma organización que el resto de su familia.

Tenía que intentar minimizar el daño. Debía mostrarse profesional ante su familia, y obedecer en la medida de lo posible, sin parecer demasiado sumiso.

Había un momento para el orgullo y otro para la inteligencia.

El tiempo de hacer el imbécil ya había pasado.

Acompañó a su hermano por la puerta del piso dejando a sus padres en el salón.

Seguramente tendrían una conversación acerca de su futuro mientras ellos estaban fuera.

Los dos hermanos bajaron en silencio las escaleras hasta la calle.

Dani supuso que Toni no querría hablar hasta llegar abajo, y no intentó forzar una conversación.

En cierto modo, le apetecía alargar aquella situación todo lo posible.

No sabía qué actitud iba a tomar Toni con él, aunque se esperaba una discusión del calibre de la última que tuvieron en el garaje.

—Bueno, estarás contento —dijo finalmente Toni, cuando se hubieron alejado unos metros del portal de su casa—. En contra de lo que te dije, has seguido siendo un inconsciente, has actuado por tu cuenta, te has metido en la boca del lobo y ahora estás en un lío del que no puedes salir. Te felicito.

—No es nada con lo que no hayas lidiado ya tú.

—¿Y crees que eres como yo?

Dani no supo qué responder. Por supuesto que no era como él, pero tampoco le apetecía reconocerlo. Se había humillado demasiado hacía un momento, y no quería hacerlo más. Sin embargo, ahora no podía dar marcha atrás. Era muy consciente de que tendría que estar a la altura del desafío.

—Creo que tendré que hacerlo lo mejor posible —dijo finalmente—. Y creo que seré capaz de hacer lo que sea que me pidan.

—Pues espero que tengas razón, hermanito. Bueno, tengo que comentarte un par de cosas, ahora que vas a entrar en este mundillo. Pero, antes de eso, tengo que hacerte una pregunta: ¿te acuerdas de cuando papá te llevo a casa del Chaleco?

—Sí, claro. Me quedé en el coche esperándole. No sé qué estaría haciendo papá. Habló con un par de agentes y volvió. —Dani hizo una pausa y frunció el ceño contrariado—. ¿Pero cómo sabes que me llevó?

—¿Y tuviste alguna sensación extraña cuando estuviste allí? —Toni elevó el tono para cortar a su hermano—. ¿Un escalofrío, una sensación cálida y acogedora…? ¿Algún cambio repentino de tu estado anímico?

—Ahora que lo dices…

Dani fue incapaz de pronunciar ni una sola palabra más.

La imagen de la casa del Chaleco aquel día vino a su mente de repente.

La sensación de frío recorrió su espalda de nuevo, tan claramente como el día que estuvo contemplando la fachada desde el interior del coche de su padre.

Podía sentir cómo el aire se helaba dentro de sus pulmones.

De no haber estado su hermano a su lado para devolverle a la realidad, su mente habría estado vagando horas por el recuerdo.

—¿… ahora que lo digo…? —dijo finalmente Toni, sacando a Dani de su ensoñación.