Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 16 #3
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Capítulo 16 #3

—Oh, vamos. ¿En serio quieres que lo diga en alto? Está bien, supongo que te lo has ganado. —Juan Carlos se levantó de la silla. Visto desde abajo, le pareció una persona imponente—. ¿Quieres unirte a la orden?

—Pues no lo sé. Estoy bastante liado últimamente con los deberes de Química. Si mi profesor no nos pusiera tantos…

—Ah, no te preocupes por eso, tendrás tiempo de sobra para acabar lo deberes. Las reuniones suelen ser a medianoche, cuando la luna está en su punto más alto. Es el momento perfecto para sacrificar cabras a nuestro Dios.

Los dos rieron durante un largo rato. Dani agradeció ese momento jocoso que liberó algo de la tensión acumulada durante la conversación.

Lo peor ya había pasado. Por fin había descubierto el misterio que había detrás de todo aquello.

Estaba deseando ver la cara que pondría su hermano cuando supiera que ahora conocía el secreto que llevaba tantos años guardando.

Por fin estaba consiguiendo alcanzarle. Ahora sí estaba llegando a ponerse a su nivel.

—Aun así —empezó a decir Juan Carlos—, no creas que es tan fácil entrar. Todo miembro debe superar tres pruebas antes de entrar, y no es broma. Y, además…

—¿Sí?

—Además, está el asunto del padrino. Para poder tener derecho a hacer las pruebas, necesitas a un miembro de pleno derecho que te apadrine y solicite las pruebas.

Como te podrás imaginar, intentamos mantener en riguroso secreto nuestra existencia, y no podemos permitir que cualquier extraño se introduzca en la orden.

—¿Dónde podré encontrar a un miembro que me apadrine?

Veamos… —Dani se levantó para ponerse a la altura de Juan Carlos.

Se llevó la mano al mentón mientras decía esto, simulando que estaba pensando qué hacer.

Pensó que se la estaba jugando bastante, al sugerir lo que estaba sugiriendo.

Pero llegados a este punto, ya no tenía nada que perder.

—Daniel Carrasco, sería para mí un honor ser tu padrino.

—Gracias, Juan Carlos. —Dani utilizó un tono más serio—. El honor es todo mío —Los dos hicieron una pausa. Después, Dani continuó—. Bueno, ¿y cuáles son las tres pruebas?

—A su debido tiempo, Daniel. Ya te irás enterando. Primero hay que solicitar tu acceso, y, en caso de que nos lo concedan, se te comunicará el lugar y la fecha de cada prueba. Ya lo iremos hablando, no te preocupes.

—¿Hay posibilidad de que no me concedan ni siquiera hacer la prueba?

—Sí, la hay. Tienen que estudiar tu expediente escolar, posibles antecedentes policiales… Pero tranquilo. Teniendo en cuenta que te apadrina el gran maestre de la orden, no creo que tengas problemas.

Dani enmudeció a la vez que abría los ojos de par en par.

Aun sin contar con demasiada información de las actividades y estructura de la orden, sí sabía algo de ese tipo de organizaciones medievales, y suponía que ese título convertía a Juan Carlos en una persona de gran importancia dentro de esta.

No se esperaba que aquel profesor de Química pudiera ser una persona de tan alto cargo.

Allí de pie no parecía demasiado diferente de cualquier otra persona de su edad.

Se preguntó cómo podría estar el gran maestre de una orden tan antigua dando clases en una localidad tan pequeña, pero prefirió guardar esa pregunta para más adelante.

—De todas formas —dijo Juan Carlos, cambiando de tema al ver la expresión que se dibujó en el rostro de Dani ante aquella revelación—, te informo de que ya has superado la primera prueba: descubrir la existencia de la orden y convencer a un miembro de que solicite tu acceso.

—¿En serio?

—Sí. Ya solo te quedan dos.

—Vaya. —Dani esbozó una sonrisa—. A este paso las habré acabado todas antes de cenar.

—No es una prueba tan sencilla. Si lo fuera, todos tus compañeros serían miembros. Además, me consta que te han ayudado un poquito. —Terminó esta frase guiñándole un ojo a su nuevo protegido.

De repente sonó el timbre anunciando que el recreo había terminado.

Dani no había tenido tiempo de disfrutar del rato con sus amigos, pero no le importó en absoluto.

Había invertido muy bien todo ese tiempo.

Sintió la excitación creciendo dentro de él.

Estaba deseando saber cuáles eran las dos pruebas restantes.

No podía esperar para enfrentarse a ellas, superarlas, y poder por fin mirar a su hermano como a un igual.

—Bueno, será mejor que me vaya. Tenéis clase ahora aquí. —Juan Carlos cogió su maletín—. Sobra decir que no puedes contarle nada de esto a nadie. Si lo haces, créeme, nos enteraremos y quedarás totalmente invalidado para hacer las pruebas.

—Tranquilo, no voy a arriesgarme a perder la oportunidad.

—No espero menos de ti.

Juan Carlos se encaminó hacia la puerta, y Dani se dirigió hacia su sitio habitual.

Le encantaría poder contarle a Tommy toda la conversación, y de hecho ya habían estado hablando acerca de ello cuando le llamó para contarle los hallazgos en el libro de química tras la historia de Vanessa.

Sin embargo, lo que acababa de decir era cierto: no pensaba arriesgarse a perder semejante oportunidad.

Tendría que inventarse alguna excusa para él. De repente, se le ocurrió algo.

—Juan Carlos, ¿necesitaré autorización de mis padres? Será una tontería, pero como soy menor… A ellos sí tendría que contárselo en ese caso, ¿no?

—Normalmente no dejamos entrar a menores —dijo el profesor ya desde la puerta, a punto de salir—.

Con tu hermano hicimos una excepción, y contigo haremos lo mismo.

De todas formas, no te preocupes por que te den permiso.

—Juan Carlos sonrió, y pronunció las últimas palabras mientras salía del aula—.

Ellos entraron siendo más jóvenes que tú.