Capítulo 16
D ani no podía concentrarse, algo extremadamente raro en él.
Había pasado toda la mañana revolviéndose en su asiento, mirando ansioso el reloj del móvil cada cinco minutos.
Deseando que los números avanzaran más deprisa.
Cada milésima de tiempo que tardaba un número en convertirse en el siguiente le parecía una eternidad.
Las horas se le habían hecho eternas, pero por fin el ansiado momento estaba cerca. Pronto terminaría su agonía.
Sin embargo, todavía quedaba una clase antes de eso.
Era el turno de Mike, y estaban dedicando los últimos quince minutos a realizar un simulacro de examen para la selectividad.
En este caso, se trataba de hacer una pequeña redacción en inglés, en la cual aconsejaran a un amigo acerca de a qué lugar viajar por vacaciones en caso de contar con poco dinero.
Era un ejercicio típico. Se trataba de que los alumnos utilizaran la mayor cantidad de vocabulario posible, junto con expresiones y frases hechas aprendidas en clase, a la vez que lo redactaban todo para que no tuviera demasiada extensión.
A Dani siempre le había parecido una doble contradicción: demostrar todo lo que sabían en apenas diez líneas de texto.
Normalmente, habría terminado en cinco minutos y habría empleado el resto del tiempo en repasar vocabulario, verbos irregulares y el resto del temario de inglés.
Sin embargo, ese día se encontraba especialmente inquieto.
Era el momento elegido. Se había pasado semanas acercándose a Juan Carlos.
Seduciéndolo, en cierto modo. Preparando el terreno para lo que se avecinaba.
Por fortuna para él, el resto de las clases de Química habían ido como esperaba.
Dani había aprovechado cualquier oportunidad para destacar en clase.
Siempre que Juan Carlos lanzaba una pregunta, o pedía algún voluntario, él era el primero en ofrecerse.
Era consciente de que tanto servilismo podría ser interpretado erróneamente como una forma de peloteo por parte de sus compañeros, pero no le quedaba otro remedio que arriesgarse.
Intentaba mantener un equilibrio entre destacar en clase y no buscar demasiado la aprobación de su profesor.
Quedaban menos de diez minutos para que terminara la clase de Inglés, y comenzara la de Química.
Después de eso vendrían los veinte minutos habituales de recreo.
Ese sería el momento de pillar por banda a Juan Carlos.
Había ensayado el discurso en casa varias veces.
Tenía previstas varias posibles situaciones, y una salida para cada una de ellas.
El momento había sido cuidadosamente calculado y, aun así, la excitación le impedía terminar el ejercicio de Inglés. Decidió acabar con aquello.
Valiéndose de su capacidad de abstracción, comenzó a centrarse en su respiración, mientras fijaba la mirada en una parte blanca y sin texto de la hoja que tenía delante.
Necesitaba pensar únicamente en el aire que entraba y salía de sus pulmones, y olvidarse de todo lo demás.
Apenas fue un minuto, pero la meditación causó el efecto deseado: su mente había sido liberada de todo pensamiento que no perteneciese a ese momento, y pudo por fin ponerse manos a la obra.
—¡Se acabó el tiempo, chicos! —Mike se levantó de la mesa del profesor una vez agotado el tiempo y se dirigió a sus alumnos—. Id dándome los simulacros que me los lleve para corregirlos.
Fue pasando por las mesas recogiendo las hojas de los chicos.
Algunos se habían esforzado por escribir con una letra lo más pequeña posible, para que así les cupiera mucho más texto y poder introducir más expresiones y vocabulario.
Dani había optado por una estrategia más sencilla.
Su párrafo contenía el vocabulario justo para el tema sobre el que trataba, sin intentar meter más palabras de las que debiera para rellenar.
Su texto transmitía la idea que pretendía de forma clara y concisa.
Teniendo en cuenta los pocos minutos que había tardado en crearlo, le parecía una auténtica obra de arte.
—Bueno, me voy ya —dijo Mike una vez que hubo recogido todos los ejercicios—. Recordad que el próximo día lo vamos a dedicar a hacer un simulacro de un examen completo de selectividad. Venid bien preparados.
Acto seguido abandonó la clase. El nerviosismo volvió a apoderarse poco a poco de Dani. El momento se acercaba y no podía evitar sentirse inquieto. Ni siquiera estaba escuchando a Tommy, que le hablaba a su derecha.
—… y no sé ni cómo lo he hecho, pero creo que al final me ha salido bien —fueron las palabras que pudo captar cuando se volvió a conectar a la conversación con su amigo, sin que este se diera cuenta.
—Creo que a mí me ha salido bien —dijo Dani sin mucho interés—. Era muy sencillo, tío.
—Claro. Para ti siempre es muy sencillo.
—Sí, ya me conoces. —Dani cruzó los brazos sobre la mesa y apoyó la cabeza sobre ellos—. Mis poderes se extienden hasta los confines del universo.
No le apetecía mantener esa conversación.
Sus pensamiento volvían a centrarse en la batalla que tendría que librar en unos momentos.
No tenía tiempo para atender los halagos de su amigo.
Y mucho menos para intentar espabilarle con alguna consigna o algún discurso.
Ahora mismo necesitaba poder oír sus pensamientos, y la voz de Tommy empezaba a ser molesta en su cabeza.
—Yo no sé si podré sacar la selectividad —decía, mientras guardaba el libro de Inglés y buscaba los apuntes de Química en la mochila.
—No digas tonterías, Tomás.
—Lo digo en serio, Dani. Me cuesta mucho estudiar. Estoy demasiado nervioso para concentrarme.
—Pues hazte una tila —dijo Dani bruscamente. Estaba empezando a perder la paciencia.
—¿Te crees que no lo he intentado, Dani? —Tommy miraba con incredulidad a su amigo de postura despreocupada— Tengo… Muchas cosas en la cabeza ahora mismo…
—¿No me digas? —Dani no pudo evitar soltar una carcajada mientras decía aquello—. Pobrecito.
—¡No te rías! Lo digo en serio
—Lo sé. —Dani se incorporó y pasó a una postura más erguida mientras Juan Carlos entraba en clase—. Y eso es lo peor: que lo dices en serio.
El objetivo acababa de entrar en la sala.
Los cinco sentidos de Dani se habían puesto en marcha al unísono.
Su corazón resonaba en consonancia con su excitación.
Sus pupilas se dilataron, y su boca empezaba a salivar.
Si no se tratara de su profesor, y no estuviera a punto de hacer lo que iba a hacer, cualquiera habría dicho que aquello era amor.
—Buenos días, clase. —Juan Carlos se dirigió a sus alumnos después de soltar su maletín—. Hoy vamos a empezar con un tema distinto. Vamos a empezar a estudiar Química Orgánica. La química de la vida. ¿Quién me dice en que se basa esta química?
Nadie levantó la mano. En parte porque muy pocos alumnos conocían la respuesta y, en parte, debido a que la mayoría estaba esperando a que Dani o Vanessa contestaran. El chico no quería llamar demasiado la atención aquel día, pero ¿por qué permanecería en silencio ella?
El silencio se mantuvo unos segundos. Dani no pensaba contestar.
Sabía que al final la chica no podría resistir la tentación y acabaría contestando.
Contaba con ello. El primero que contestara perdería la partida.
Aquello era una especie de batalla mental, aunque en otro nivel, y los dos la habían establecido y aceptado sin hablar entre ellos.
Sin ni siquiera mirarse. Estaba sorprendido del nivel de complicidad al que habían llegado.
Podría ser la persona que mejor lo entendiera del mundo.
Estaban apurando mucho el vaso. Si ninguno contestaba, Juan Carlos acabaría dando la respuesta él mismo y habrían perdido la oportunidad.
Dani podía saborear la excitación del riesgo, y sabía que a Vanessa le sucedía lo mismo.
Era como esperar a que el tren estuviera suficientemente cerca para cruzar la vía y sentir el aire de la máquina rozando su cuerpo. Era, simplemente, indescriptible.
Al final, la chica se rindió y levantó el brazo.
—A ver, Vanessa. —Juan Carlos se volvió hacia ella—. Cuéntanos.
—La química orgánica se basa en compuestos que utilizan el carbono como elemento principal. Normalmente, carbono e hidrógeno, aunque también se pueden añadir más elementos como el nitrógeno o el oxígeno.
—Muy bien, Vanessa. No esperaba menos. —Se giró hacia la pizarra y comenzó a dibujar un esquema.
Puso una C enorme de la cual salían cuatro líneas.
Al final de cada línea, puso una H—. Esta es la fórmula del metano: CH 4 .
Normalmente, la química orgánica se suele dibujar en estas estructuras, además de las fórmulas…
Juan Carlos estuvo hablando durante casi toda la clase.
Aquella no fue una sesión dinámica como de costumbre, sino más bien un monólogo del profesor.
Se notaba que en aquella ocasión traía mucho temario que dar y quería avanzar lo máximo posible, por lo que no podía permitir demasiada participación de sus alumnos.
Se limitó a dar una clase magistral sobre química orgánica, y sus alumnos a copiar sin parar las fórmulas que iban surgiendo en la pizarra.
El nuevo profesor era muy bueno transmitiendo las ideas que tenía en la cabeza.
Sus clases eran muy fáciles de transformar en apuntes, y muy simples de entender.