Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

Y entonces te dio el famoso libro? —Cris movió el brazo bajo las sábanas para acariciar el torso desnudo de Dani—. Sí que te ha caído bien ese profesor. Me voy a poner celosa.

Los dos adolescentes se encontraban desnudos en la cama de Cris. Ella estaba acurrucada sobre el brazo con el que Dani la rodeaba.

Como tantas veces antes, los padres de Cris estaban de guardia en el hospital, y los chicos habían aprovechado para verse.

Siendo miércoles, lo normal habría sido que Dani se hubiera pasado la tarde estudiando en casa, pero últimamente había estado adelantando trabajo por las noches para no pillarse los dedos con los exámenes, y pudo permitirse sacrificar la tarde para pasarla con Cris.

Fue una decisión difícil, sin embargo. No tanto por no haber invertido ese tiempo en estudiar, sino por no haber podido examinar aún el libro que le había dejado Juan Carlos.

Solamente había podido dejar de pensar en su profesor durante el rato que había durado el sexo con su amiga.

Ahora que habían acabado, sus pensamientos volvían a centrarse en su recién adquirido mentor.

—Tiene pinta de ser bastante interesante. —Dani respondió a las caricias de Cris jugueteando con su pelo.

—Lo que pasa es que te ha encantado que te adule.

—No, lo que pasa es que por fin un profesor se preocupa de que los alumnos entiendan lo que están estudiando en vez de simplemente memorizar datos y vomitarlos en un examen.

—¡Mira cómo le defiende! —Cris soltó una carcajada—. Dani tiene novio —dijo en tono burlón.

—Que te jodan. —Dani rescató el brazo que tenía bajo la chica y se sentó en el borde de la cama.

—Vamos, no te piques, anda. En el fondo sabes que tengo razón. Te encanta que te digan lo bueno que eres. Siempre te encantó, y la gente no suele decírtelo. Y ahora has encontrado alguien que lo hace, y encima es una figura autoritaria. No reacciones como un crío y vuelve a la cama.

La frialdad de Cris volvía a la carga. Dani no pudo sino reconocer que su amiga estaba en lo cierto.

Le molestaba darle la razón, pero le molestaba mucho más sentir que efectivamente se estaba comportando como un niño inmaduro al reaccionar tan desproporcionadamente.

No le gustaba la sensación de dejarse llevar por sus emociones.

Hizo un esfuerzo por dominarse y apartar la ira momentánea que se había encendido dentro de él. Ahora venía la parte humillante.

—Tienes razón. —Volvió a tumbarse junto a la chica—. Lo siento.

—No tiene importancia, pero intenta no volver a ponerte así.

—Es que el tío sabe conectar con los alumnos. Solo eso.

—No tienes que convencerme de nada, Dani.

El móvil de Dani vibró en la mesilla, indicando que había recibido un mensaje.

Normalmente lo habría dejado sin leer varias horas.

Cuando estaba con Cris en la cama no se preocupaba de mirar el móvil.

Toda su atención se centraba en ella y el resto de las cosas podían esperar.

En esta ocasión, la notificación le brindó la excusa perfecta para salir del atolladero en el que se había metido él solito y poder dejar la conversación.

Estiró el brazo para coger el móvil. Acababa de recibir un mensaje de Vanessa: «¿Haces algo esta tarde? ».

Dani bloqueó el teléfono y lo dejó apoyado sobre su pecho mientras meditaba la respuesta.

Estaba jugándosela mucho sacrificando la tarde con Cris.

Tenía planeado dedicar un rato más de estudio al llegar a casa, y si quedaba con Vanessa probablemente tendría que sacrificar parte de la noche también.

Tenía que ser pragmático y mantener la cabeza fría.

Sin embargo, las normas generales no se aplicaban cuando se trataba de Vanessa.

Y aunque la teoría sonaba muy bien en su cabeza, en el fondo sabía que la decisión ya estaba tomada, y no sería la que dictaba la lógica.

Se sentía un poco mal, pero la excitación por volver a verla a solas vencía con creces cualquier sentimiento de culpabilidad.

—Creo que podré sacar un hueco para ti —escribió finalmente—. Déjame que lo hable con mi secretario.

—¿Te pasas luego por mi casa? Estoy atascada con un problema de mates, y me suena que se te dan bastante bien.

—Claro, en un rato estoy allí.

Dani bloqueó el teléfono y volvió a dejarlo en la mesilla. No se había hecho demasiado de rogar, pero era algo habitual con ella.

De repente, se dio cuenta de que estaba quedando para ver a una chica mientras se encontraba desnudo en la cama de otra.

Si bien acababa de saciar sus apetitos adolescentes, el simple hecho de pensar en Vanessa hacía que su cuerpo volviera a encenderse, y no sabía por qué.

Nunca la había besado siquiera. Tampoco esperaba que aquella tarde pasara nada entre los dos.

No entendía de dónde le venían esas ansias por pasar más tiempo con ella, pero era un hecho que no podía negar.

—¿Quién era? —preguntó Cris mirándole con curiosidad—. Te has puesto muy nervioso de repente.

—Era Vanessa. Dice que no entiende un ejercicio de mates. Luego me pasaré por su casa a ver si le echo una mano.

—¿No querrás echarle otra cosa?

—¿Estás celosa? —Dani puso una mirada pícara que acompañó con un tono burlón en la voz—. No es propio de ti.

—No estoy celosa. Pero, vamos, me parecería de muy mal gusto que estando aquí conmigo te fueras para enrollarte con otra chica. —Cris se giró para quedar tumbada boca arriba—. Haz lo que quieras.

—No voy a hacer nada con ella. Solo es un amiga.

—No tienes que darme explicaciones, Dani. Puedes hacer lo que quieras —dijo con indiferencia.

—¿Te has enfadado? —Dani le dio un beso en la mejilla a su amiga—. No tenía pensado irme ahora mismo, de todas formas.

—Pues es mejor que te vayas. —Cris hizo caso omiso al beso—. Acabo de acordarme de que tengo cosas que hacer.

—Como quieras.

Dani salió de la cama y comenzó a vestirse.

Eso era típico de Cris. A pesar de que pudiera estar enfadada, era capaz de ser pragmática y ver el lado positivo de la situación.

En este caso, si se quedaba sola podría hacer cosas que tuviera atrasadas, o podría dedicarse a pintar.

Era una chica capaz de darle la vuelta a cualquier situación y sacarle partido.

Por muy mal que estuvieran las cosas, podía mantener la cabeza fría y sacar provecho.

Esa frialdad resultaba a veces espeluznante.

A pesar de ello, Dani sentía que había cometido un error, pero no alcanzaba a entenderlo del todo. Solamente iba a ver a una amiga para ayudarle con los deberes. Y no es que fuera a dejar lo que estaba haciendo para ir corriendo a su casa, aunque él así lo deseara.

«Además, no le has dicho nada que sugiera que quieres acostarte con ella.

Ni que sientas nada por Vanessa ni nada parecido.

Ya nos hemos asegurado de medir las palabras cuando hablamos de ella con Tommy o Cris.

O con quien sea. No entiendo por qué se pone así.

He renunciado a mi tarde de estudio para estar con ella y…

Bueno, eso tampoco es justo. Tú también has sacado beneficio de venir.

Pero el caso es que no tiene razones para quejarse.

Para otra vez tendrás que tener más cuidado con las cosas que le dejas saber.

Intenta no volver a mencionar siquiera a Vanessa delante de Cris, por lo que pueda pasar».

—Me voy entonces —dijo Dani en cuanto terminó de vestirse. Se encontraba delante de la cama. Cris seguía con la mirada perdida en el techo de su habitación. No se había movido ni un centímetro mientras Dani se vestía—. ¿Seguro que estás bien? No quisiera dejarte enfadada.

—Estoy bien. Vete.

Dani no dijo nada más. Salió de la habitación de Cris cerrando la puerta tras de sí.

Bajó las escaleras que conducían a la planta inferior y salió de la casa.

Podía sentir todavía un poco de culpabilidad en el estómago, amargándole la euforia que le había invadido minutos ante la noticia de volver a estar a solas con Vanessa.

Por suerte para él, la mente racional salió al rescate.

Mientras se encaminaba hacia el piso de Vanessa, Dani intentó centrar sus pensamientos en cosas más positivas.

Un pequeño truco que había aprendido por Internet, muy útil cuando has tenido un mal día o acabas de recibir una noticia desagradable.

Siempre había sido un chico muy pragmático, y se preocupó de aprender cosas como aquella para no dejarse llevar por los ataques de ira o de desesperación propios de un adolescente.

Intentó imaginarse llegando a casa y abriendo el libro de química.

¿Qué habría dentro? ¿Reacciones químicas?

¿Química orgánica? ¿Química cuántica? El título no era demasiado descriptivo, y, sin embargo, invitaba a la imaginación.

Ni siquiera había dibujos en la portada.

Un detalle característico de los libros antiguos.

Una tapa marrón y unas letras a veces eran más que suficiente.

Los detalles justos para poder identificar el tomo en una estantería.

A quién quería engañar, lo que estaba deseando era ver la cara de Juan Carlos al día siguiente cuando le dijera que ya lo había leído. Dani tenía que admitir que Cris tenía razón, por mucho que le doliera.

Pero tampoco pensaba que fuera algo malo.

Pocas veces le era reconocido su trabajo.

Sus padres solo veían a un hermano pequeño incapaz de alcanzar al mayor.

Sus compañeros de clase solo veían a un ser repelente que era capaz de aprobar todas las asignaturas con sobresaliente sin apenas esfuerzo y sin privarse de tener vida social.

El único que siempre estaba ahí para adularle era Tommy, y su entusiasmo rozaba la adoración hasta el punto de atosigarlo.

Juan Carlos, sin embargo, había conseguido el equilibrio perfecto entre el reconocimiento y la motivación.

Dani podía sentirlo. Estaba entusiasmado, y el mal trago con Cris se fue desvaneciendo poco a poco.

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