Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

«Venga ya. Acabo de conocer a este tío y ya conoce a Toni.

Si te fueras a veinte mil kilómetros a un pueblo recóndito del polo norte, seguramente habría esquimales que habrían oído hablar de él.

Se parece mucho al Chaleco, aunque este está más delgado.

Seguramente lleve una vida más activa que su hermano.

Sí que parece más joven que él, pero tampoco demasiado. Parecen gemelos».

—Muy bien. Como dice Daniel, CaSO 4 es sulfato de calcio.

—Juan Carlos comenzó a pasear por el aula entre las filas de pupitres—.

Entiendo que «pilotáis» de química inorgánica.

Pero seguro que muchos de vosotros os preguntáis, ¿para qué sirve tanta formulación?

Hacer diez mil ejercicios con todas las combinaciones posibles de la tabla periódica.

Seguro que pensáis que todo eso no os va a servir para mucho cuando salgáis de aquí —Se detuvo enfrente del pupitre de Vanessa mientras repetía estas últimas palabras, y los dos se miraron a los ojos durante un segundo.

Después se giró hacia Dani, al otro extremo—.

Daniel, ¿sabrías decirme dónde puedo encontrar sulfato de calcio por aquí cerca?

—Lo tienes en la mano —contestó Dani con una mueca de satisfacción en la cara.

—No me esperaba menos —dijo el profesor con un tono de satisfacción—.

En efecto, la tiza común que utilizamos en clase está hecha, en su mayoría, de sulfato de calcio.

—Dio la vuelta y comenzó a regresar a la pizarra—.

Me gustaría que en mis clases no os limitaseis a aprender la teoría justa para resolver los ejercicios de selectividad, sino que busquéis la aplicación práctica para lo que estudiamos aquí.

Quiero que os esforcéis y vayáis más allá, como hace Daniel.

—¿Pero vamos a hacer exámenes de selectividad, no? —La pregunta la hizo uno de los chicos de la primera fila.

A Dani siempre le habían parecido unos mediocres que se sentaban en primera fila para aparentar que sabían mucho y para poder hacerle la pelota a los profesores, pensando que con eso tenían media batalla ganada.

—¿Tu nombre es?

—Fernando Martín.

—Fernando, te vas a hartar de exámenes de selectividad, tranquilo.

Pero quiero que no os quedéis ahí. Que hagáis un esfuerzo extra por entender lo que hacemos.

Me refiero a que, cuando estudiemos lo que es el óxido de hidrógeno, lo relacionéis automáticamente con el agua.

Que entendáis por qué, al tener un enlace covalente, es imposible que conduzca la electricidad.

Pero, sobre todo, que cuando lleguéis a ese punto, os preguntéis: «¿Y entonces por qué me electrocutaría si tirara una tostadora a la bañera? ».

Se hizo el silencio en la sala. Algunos no dijeron nada porque estaban intentando procesar la pregunta. Otros porque no conocían del todo la respuesta. Todo el mundo suponía que se esperaba algo de ellos, pero nadie sabía muy bien qué decir. Todos, salvo dos alumnos en la sala.

Una chica de la primera fila por fin recogió guante y se lanzó a preguntar:

—Y entonces, ¿por qué? Siempre nos han dicho que no andemos descalzos en el baño por si hay algo enchufado, pero si el agua no conduce la electricidad…

—¿Y tu nombre es, perdona? —Juan Carlos cogió de nuevo la lista de alumnos.

—Andrea Rodríguez.

—¿Por qué, Andrea? ¿No se te ocurre la respuesta?

La chica negó con la cabeza. Dani se recostó sobre su asiento, haciendo balancear la silla y cruzó los brazos adoptando su postura favorita.

Se ponía así cada vez que se sentía por encima del resto de ocupantes de la sala, y era una sensación a la que se estaba acostumbrando ahora que Toni había vuelto a salir de su vida.

Y tenía que reconocer que le encantaba sentirse así.

Saboreó ese momento. No le importaba demostrar nada a sus compañeros.

Le bastaba con saberlo él. Ser el único que conociera la respuesta, aunque estaba seguro de que Vanessa también la conocía.

Por eso se sentía tan débil y desprotegido cuando estaba con ella.

Casi se sentía desnudo, incapaz de ocultarle nada a la chica. Juan Carlos se volvió hacia él.

—Daniel, no me decepciones.

—El H 2 O puro tiene un enlace covalente —Dani comenzó su explicación.

Era su momento de gloria, y pensaba disfrutar cada segundo de él—.

Esto significa que los dos electrones del oxígeno están ocupados sirviendo de enlace con el único electrón que tiene el hidrógeno.

Si le enchufáramos una corriente, ningún electrón podría desplazarse para producir una descarga.

Sin embargo, el agua que tenemos en nuestras casas no es H 2 O puro.

El agua es un disolvente muy bueno, y suele mezclarse con otras sustancias que arrastra.

Silicios, cobres, el cloro que le echan para matar microbios…

Esto hace que pase a ser una sustancia distinta, con un enlace iónico, y la hace perfecta para conducir la corriente.

Dani se sentía satisfecho con su explicación.

No pudo evitar mirar de reojo a Vanessa al terminar su discurso.

La chica lo estaba mirando y asintió con una expresión de conformidad.

Incluso acompañó el gesto de su cabeza con uno de la mano simulando que se quitaba un sombrero imaginario de la cabeza.

El corazón de Dani se aceleró. Vanessa le acaba de hacer un elogio, aunque fuera con un simple gesto.

Le encantaba esa complicidad que habían desarrollado, pero le encantaba todavía más recibir su aprobación.

El resto de sus compañeros lo miraban asombrados.

Algunos incluso cuchicheaban. Podía sentir la habitual admiración de Tommy a su lado.

Pero todo eso le daba igual. Lo único que le importaba en ese momento era que una chica al otro lado de la clase estaba sonriendo por él.

—Yo no lo habría dicho mejor, Daniel. Por supuesto, el proceso es un poco más complicado y hay más variables involucradas, pero lo has explicado perfectamente.

A eso me refería. No quiero que os quedéis con los cuatro conceptos que veamos aquí.

Quiero que os hagáis preguntas. Quiero que vayáis más allá.

En esta clase vamos a aprender de qué está hecho el mundo, y por qué algunos fenómenos de la naturaleza funcionan como funcionan.

Pero no quiero que aceptéis simplemente lo que yo os diga.

Quiero que dudéis de lo que estudiemos, que contrastéis.

Y si no estáis de acuerdo con algo que os diga, quiero que demostréis que estoy equivocado, que me desafiéis.

En eso consiste la ciencia: en hacernos preguntas, formular hipótesis y tratar de demostrarlas.

—Hizo una pausa y se dirigió a Fernando—.

Pero tranquilo, Fernando, que también haremos exámenes de selectividad.

Toda la clase rompió a reír. Incluso Fernando soltó una carcajada, a pesar de que la expresión de su cara denotaba claramente una inconformidad con las palabras del profesor. ¿Quién podría reprocharle a un alumno de segundo de bachillerato que se preocupara por la selectividad?

—Bueno, quedan diez minutos para el recreo —dijo Juan Carlos consultando su reloj cuando las risas cesaron—.

Deberíamos empezar con las reacciones redox, pero no creo que dé tiempo en este rato.

Lo dejaremos para mañana. Para que veáis que soy un profesor guay, os voy a dejar salir antes. Largaos antes de que me arrepienta.

Los chicos no esperaron una segunda confirmación.

Se fueron levantando uno a uno y abandonaron la clase.

Juan Carlos se sentó en la silla del profesor, extrajo unas carpetas de su maletín y comenzó a sacar unos papeles de una de ellas mientras la clase se iba vaciando.

Solo levantó la vista cuando Dani y Tommy se disponían a salir.

—Daniel, ¿te puedes quedar un momento? Quiero hablar contigo.

—El ojito derecho del profe —susurró Tommy antes de irse.

Juan Carlos volvió a sus papeles y Dani esperó pacientemente delante de la mesa mientras los últimos rezagados salían.

Vanessa fue la última en salir, no sin antes echarle una mirada.

Por fin los dos se quedaron a solas. El profesor invirtió unos segundos más haciendo algunas anotaciones antes de dirigirse a su alumno.

Dani pudo estudiar sus facciones en este tiempo.

Las comparaciones con el Chaleco eran inevitables.

Ahora que lo veía de cerca, eran muchísimo más parecidos.

Debían de ser gemelos. Era curioso, pensó Dani, que los dos hermanos hubieran acabado estudiando Química.

—Se te da muy bien esto. ¿Te gusta mucho la química?

—Me encanta la química.

Dani no pudo evitar un tono de orgullo en esas palabras. No es que Química fuera su asignatura favorita, pero tampoco estaba mintiendo. Era reconfortante el tono adulador de su nuevo profesor en contraposición a la severidad de su predecesor.

—Se ve que lo llevas en la sangre. Conocía a tu hermano cuando estaba en el instituto, alguna vez que vine por aquí. Creo que te dejó el listón muy alto, pero estás a la altura, sin duda. Estoy seguro de que llegarás lejos, igual que él. Tengo aquí algo para ti…

Abrió el maletín una vez más y rebuscó dentro.

Extrajo un libro que parecía bastante viejo, con una tapa dura desgastada por el tiempo.

Las páginas estaban amarillentas por el lomo, y alguna se veía raída, revelando que habían sido leídas innumerables veces.

En la portada no había ningún dibujo, simplemente se podía leer «Química» en letras dorada.

—Sé lo que estás pensando —dijo Juan Carlos mientras le entregaba el libro—. «Un título apasionante». Pero si te gusta la química, creo que lo disfrutarás mucho. Cuando lo acabes, me cuentas qué tal. Ahora vete, que se te va a acabar el recreo antes de empezar.

Dani guardó el libro en su mochila y salió al patio dejando al hombre solo en la clase.

Se sentía eufórico. Casi podía pasar por alto las comparaciones con su hermano.

No veía el momento de llegar a casa y empezar a leer el libro.

Tenía un deseo irrefrenable de conseguir la aprobación de su profesor.

Esas palabras aduladoras que le había dedicado causaron el efecto de una droga liberando dopamina en su cerebro.

Y Dani no podía esperar para su próxima dosis.