Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

«Quizás sea mejor tomar un descanso y quedar solo como amigos, no sea que la cosa vaya a más…

Bueno, hablamos de Cris. Semejante témpano de hielo es imposible que se enamore, y menos de alguien que no entiende su arte.

¿Y si sucediera algo con Vanessa? ¿Te tirarías a dos chicas a la vez?

Es bastante improbable que ocurra nada con Vanessa.

Está demasiado por encima de ti. La situación con Cris es bastante conveniente.

Para los dos. Y si tiene alguna queja, ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos.

Disfruta del momento. Carpe diem . El año que viene cada uno se irá por su lado y estas cavilaciones te parecerán absurdas.

Cómo se nota que eres un hombre de ciencias. Eres muy pragmático, “chaval”».

No pudo evitar que ese «chaval» sonara con la voz de Vanessa en su cabeza.

Empezaba a ser una muletilla muy característica en ella.

Al menos cuando hablaba con él. Le daba un toque extra de madurez, y a Dani le gustaba.

Y era extraño. Lo normal hubiera sido que le desquiciara que otra persona le mirara por encima del hombro como lo hacía ella.

Terminó el desayuno y se fue derecho a la habitación.

Tenía mucho trabajo que hacer esa mañana si quería ver a sus dos amigos antes de que cayera el sol.

Al día siguiente había clase y le apetecía llegar descansado por una vez, aprovechando que no había ningún examen a la vista.

Siendo domingo, debería haber hecho algo de ejercicio.

Los fines de semana solía entrenar aprovechando el tiempo libre.

Había pasado una media hora cuando escuchó la voz de su hermano a su espalda.

—Me voy ya, hermanito.

—Que te diviertas. —Dani no se giró para contestar. Estaba agradecido de no haber tenido que mirar a Toni a los ojos aquella mañana, y no le apetecía hacerlo ahora.

—Confío en que recordarás nuestra conversación de anoche, y no volverás a meterte en líos. Hay cosas en este mundo para las que no estás preparado.

—Sí, claro.

—Te estaré vigilando, Dani.

No dijo nada más. Dani escuchó los pasos de su hermano alejarse por el pasillo, la despedida con sus padres y finalmente la puerta cerrándose y sacando a Toni de su vida.

No pudo evitar soltar un suspiro de alivio antes de continuar con sus ecuaciones.

Dedicó un segundo a meditar el porqué de su última puñalada verbal antes de retomar su trabajo, sin obtener demasiado resultado.

Y tampoco le importaba. Su hermano volvía a ser una sombra amenazante sobre su vida, pero no tendría que volver a verlo en un tiempo. No podía estar más feliz.

****

Había llegado la tarde y Dani tenía todas sus tareas previstas para el fin de semana terminadas.

Iba camino de encontrarse con Tommy. Tenía ganas de desahogarse con su amigo, pero no habría quedado de no haberse asegurado de terminarlo todo.

A pesar de lo que pensara su hermano, era muy estricto con los estudios.

Llegó al parque donde solía quedar con su amigo para charlar y se sentó en un banco.

El lugar estaba desierto. Un domingo por la tarde no era de esperar demasiada gente por las calles.

Eran las seis en punto, y él había acudido a la cita con una puntualidad británica.

No esperaba que Tommy hiciera lo mismo, y lo prefería así.

Podía dedicar unos segundos a dejar volar sus pensamientos.

La tranquilidad del momento invitaba a la meditación.

Recostado en el banco, repasó los acontecimientos del día anterior.

Empezando por la jornada en casa de Vanessa, pasando por la aventura en casa del Chaleco y terminando con la paliza que le había dado su hermano.

En retrospectiva, había sido un fin de semana «movidito», condensado en un solo día.

Dani agradeció esos minutos de soledad, lejos de cualquier situación estresante.

Las hormonas juveniles lo animaban a querer experimentar nuevas emociones, pero había tenido suficientes por lo menos hasta las Navidades.

Vio acercarse a Tommy a lo lejos, y comenzó a poner su cerebro a trabajar.

Tendría que seleccionar qué partes contarle a Tommy, y cómo contarlas.

No quería que se llevara ideas equivocadas.

De una cosa estaba seguro: no iba a contarle su pelea con Toni.

No era algo que le apeteciera que supiera nadie. Eso quedaría entre él y su hermano.

—Hola, pringado. —Dani saludó a Tommy cuando este se encontraba a apenas tres metros de él.

—Yo también te quiero, majo. ¿Qué tal?

—No tengo una respuesta clara para esa pregunta ahora mismo.

—¿Y eso? ¿Te ha dejado muy tocado la visita de tu hermano? —Tommy cambió la expresión e preocupación a una expresión pícara— ¿O es que llevas todo el día suspirando por volver a ver a Vanessa?

—Menudo día tuve ayer. Siéntate, que te vas a reír.

Durante la siguiente media hora, Dani le estuvo contando a su amigo todas las aventuras que había tenido el día anterior. Procuró ser minucioso en los detalles, para que Tommy no tuviera dudas de su versión de los hechos.

El rostro de Tommy mostró una expresión de pánico cuando llegó a la parte de la casa del Chaleco. Tuvo que hacer una pausa cuando la boca de llevaba diez minutos abierta por miedo a que acabara desencajándosele la mandíbula si seguía abriéndose.

—A ver, a ver. ¿Pero no llegaste a verle la cara?

—Estaba demasiado oscuro. Pero debía ser bastante corpulento. Los escalones sonaban mucho cuando subía. Quizás estaba gordo, o era muy musculoso.

—¿Y no tuviste miedo?

—¿De qué me habría servido tener miedo? Necesitaba todos mis sentidos a tope en ese momento. El miedo solo me habría retrasado. Necesitaba una combinación de adrenalina y testosterona para poder salir de ese atolladero.

—Y… ¿eso no es miedo?

—Pues no. El miedo es causado por la glándula pituitaria. Da las órdenes necesarias para que acaben segregándose la adrenalina y el cortisol, pero no la testosterona. Habría actuado rápido, pero sin cabeza.

—Ya veo…

—No entiendes una mierda, ¿verdad?

—No soy como tú. No tengo tu cerebro. —Tommy bajó la vista ofendido—. Pero supongo que no se puede decidir cuándo tener miedo y cuándo no.

—Tú no puedes —dijo Dani con autosuficiencia, poniendo énfasis en el «tú»—. En fin, continúo.

Dani siguió relatando su historia hasta el punto en el que su hermano le llevó a casa. Después empalmó el resto de la noche con el momento en el que se metió en la cama cansado tras un día lleno de emociones.

—¿Qué hacía tu hermano allí?

—Esa es una buena pregunta. No tengo ni idea, peo estoy seguro de que no fue una casualidad. Estaba allí por alguna razón, pero no veo una forma lógica de sonsacárselo.

«Y tampoco te atreves a intentarlo».

—¿Y eso que sentías antes de entrar en la casa?

—¿Qué pasa con eso? —Dani arqueó una ceja.

—¿Se te pasó luego?

—No es como un mareo. Es una sensación por dentro. Como si algo no estuviera bien. Fue muy extraño.

—A lo mejor tienes poderes premonitorios.

—Sí. Esta mañana no podía quitarme de la cabeza el número 9 y el número 1 909 315. Quizás sean los números de la lotería. Estaré atento por si acaso.

—Dani, tío… —Tommy empobreció su rostro, haciendo caso omiso de su chiste—, no vuelvas a hacer algo así. Por favor.

—¿Por qué? —Dani miró a Tommy contrariado—. No planeo volver a allanar casas ajenas, tranquilo.

—Ya, pero… Menudo susto me has dado.

—Y eso que te estás enterando después. —Intentó quitarle hierro al asunto para que Tommy se relajara—. Imagínate que te llamo en el momento para contártelo.

—Pues te habría oído el hombre de la moto.

Por fin unas risas brotaron de la boca de Tommy. Dani le acompañó. Le reconfortaba ver que el chico borraba la expresión de terror de su rostro y la cambiaba por una de júbilo. Se sentía bastante aliviado después de haber soltado lo que llevaba dentro.

Quizás se sentiría mejor si culminara el relato con todos los hechos del día.

Estuvo tentado de hacerlo, pero recordó en qué posición le colocaría eso.

Le encantaba mantener esa superioridad moral, aunque fuera ante su mejor amigo.

Le quería mucho, pero pretendía seguir manteniendo la sartén por el mango.

Nunca se sabía cuándo podría amotinársele.

Era una ironía la dualidad que le planteaba Tommy.

Por un lado, su actitud pasiva le permitía ser él quien llevara siempre la voz cantante en todas las cosas que hacían.

Por otro lado, en ocasiones le resultaba irritante que no tomara decisiones y se dejara siempre convencer para todo.

Una estrategia muy cómoda para Tommy, pero que comenzaba a aburrir a Dani.

Le hubiera gustado que tuviera un poco más de iniciativa.

En cualquier caso, no pensaba darle la imagen de debilidad que daría si le contaba cómo su hermano lo había tumbado con dos puñetazos la noche anterior. Le gustaba demasiado ver la expresión de admiración en sus ojos.

—Al menos te lo pasaste bien con Vanessa. —Tommy rompió el hielo después del silencio tras las risas.

—Bueno, no estuvo mal. La verdad es que es una chica muy madura. Se pueden tener buenas conversaciones con ella. A veces hasta me costaba seguirle el ritmo.

—Mira por dónde. ¿Habrá llegado una rival digna del gran Daniel Carrasco?

—Vamos, vamos, Tommy. Eso no existe. Es como los Reyes Magos: son los padres.

—¿Le has hablado a Cris de Vanessa?

—Apenas, para comentarle lo del trabajo —comentó Dani, arqueando una ceja—. ¿Por qué lo preguntas?

—Hombre, lleváis un tiempo… «haciéndolo».

—¿Y? Solo es una amiga. No tengo que contarle todos los detalles de mi vida.

—Supongo que no. Pero al menos este…

—Bueno, bueno. —Dani cambió a un tono conciliador—. Creo que luego voy a quedar con ella. Si surge en la conversación se lo contaré. Pero Cris no es mi novia, no tengo quedarle explicaciones de nada. Y tampoco he hecho nada con Vanessa. No hay mucho que contar.

—Mírale. Vas a terminar bien la semana y todo. El sábado irrumpes en la casa de un muerto y el domingo quedas con Cris. ¿No debería ser el héroe el que se quedara con la chica?

—¿Y quién es el héroe en este caso? ¿El tío de la moto?

—Supongo que no. ¿Qué estaría haciendo allí? Qué coincidencia que hubiera tanta gente en una casa ajena, ¿no?

—Sí que es curioso, sí… Bueno, tengo que irme. He quedado con Cris, y se me está haciendo tarde. Mañana hay clase.

—¿Cómo puedes estar tan tranquilo después de lo que me has contado?

—¿Estar nervioso me servirá de algo? Hay que ser pragmáticos. Por cierto —dijo Dani mientras se levantaba del banco—. Ni una palabra de esto a nadie. ¿Entendido? No sé de qué hablaré con Cris, pero no le voy a contar nada de esto. Solo lo sabréis tú, y Vanessa que estuvo allí.

—Tranquilo, soy una tumba —dijo esto y se levantó. Después de un segundo con aire dubitativo, abrazó a Dani con fuerza y le susurró al oído—. En serio, no vuelvas a darme estos sustos.

Dani no sabía qué hacer. Tommy nunca lo había abrazado. Sí que se había asustado. Se preguntó qué haría el año siguiente cuando no pudiera verle con tanta frecuencia. Tendría que acostumbrarse a vivir sin él. Extendió los brazos y dio unas palmadas en la espalda de Tommy para luego separarse de él.

—Me voy, chaval. Mañana donde siempre a la hora de siempre. ¡Descansa!

—Ale, ale. A pasarlo bien.

Dani se alejó en dirección a casa de Cris.

Se sentía mucho mejor después de la conversación con su amigo, pero no le apetecía repetir el mismo discurso con la chica.

Simplemente le apetecía abandonarse en sus brazos y olvidarse de todo.

Sabía que era una actitud muy egoísta por su parte, pero en ese momento le daba igual.

Tenía la sensación de que algo se le estaba viniendo encima, y pensó que se merecía disfrutar un poco antes de que le alcanzara la tormenta.