Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

No pudo acabar la frase. Un tercer sonido ajeno a los dos chicos volvió a romper la quietud de la noche.

Esta vez el origen y la dirección eran bastante claros: la puerta principal se había abierto, a espaldas de los dos chicos.

Ninguno de los dos se movió. Si intentaban salir del lugar, podían toparse con quien fuera que acabara de abrir la puerta.

Si se metían en el patio, estarían en una ratonera. A menos que…

—Tenemos que meternos en la casa —sentenció Dani.

—No digas tonterías. La puerta del patio estará cerrada.

La puerta se cerró, y unos pasos comenzaron a acercarse.

La silueta de un hombre apareció al otro extremo del pasillo.

Estaba lejos para verle la cara, pero parecía un hombre adulto.

De espalda ancha y brazos fuertes. Dani solo tuvo tiempo de verlo un segundo antes de Vanessa volviera a tirar de él hacia atrás, volviendo al punto de partida.

Los dos chicos corrieron hacia la puerta del patio.

Dani extendió el brazo, agarró el pomo de la puerta y giró.

Y el milagro ocurrió.

La puerta se abrió sin el menor esfuerzo.

Los dos chicos penetraron en la casa. Dentro estaba oscuro, no había ninguna luz encendida y a ninguno de los dos les pareció oportuno cambiar eso.

La puerta del patio parecía conectar directamente con una sala de estar.

A tientas, se fueron abriendo paso por la habitación.

Aunque no podían ver demasiado, la luz de la luna reveló la silueta de un sofá, un par de sillones y varias estanterías de libros.

Aun con toda la tensión generada por el momento, Dani pensó que solo faltaba una pequeña chimenea para que fuera el típico salón de estar de un castillo de película infantil.

Los chicos salieron de la habitación por la otra puerta que esta tenía, y que conectaba con un pasillo hasta el recibidor, donde se encontraban unas escaleras que subían y otras que bajaban.

—Tú sube, yo me esconderé abajo —dijo Vanessa tras empezar a bajar los escalones.

—¿Por qué vamos a separarnos?

—¡Corre!

Desde allí pudieron oír cómo la puerta por la que habían entrado a la casa se cerraba violentamente. Acto seguido se escuchó el chasquido de un pestillo bloqueando la puerta, haciendo imposible que nadie entrara o saliera por ese acceso. Dani no se lo pensó y subió por las escaleras.

El suelo del piso superior estaba cubierto por una moqueta, lo que amortiguaría convenientemente el sonido de sus pisadas. Aun así, trató de hacer el menor ruido posible extremando la precaución en cada uno de sus pasos.

El piso superior estaba compuesto por varias habitaciones y un baño.

Dani se metió en la más alejada. Había un par de armarios y una cama con un edredón que llegaba hasta el suelo.

Dani se metió debajo. La tela hacía imposible que pudieran verle desde lejos, pero también le ofrecía una huida difícil en caso de ser descubierto.

De repente, fue consciente de que su respiración estaba demasiado agitada.

Si quien fuera se acercaba a la puerta, le oiría enseguida.

Trató de hacer respiraciones más profundas, expirando lentamente e inspirando con la misma velocidad. Poco a poco, el ritmo de su respiración fue bajando, justo a tiempo para escuchar cómo crujía el primer peldaño de la escalera.

«Por supuesto, con el silencio que había en la casa, ha debido oírte subir a ti, pero también cómo bajaba Vanessa.

Al menos uno de los dos podrá escapar. Si sale Vanessa, llamará a la policía, y este es un pueblo pequeño.

Llegarán enseguida. A menos que lleve un arma.

Ya puedes correr. Si entra en esta habitación tendrás que intentar salir por el otro lado de la cama y correr como puedas».

Los pasos continuaron ascendiendo. Quien fuera había subido media escalera.

El hombre debía pesar considerablemente más que Dani, ya que las escaleras crujían más intensamente que cuando había subido el chaval.

Los pasos del piso superior debían de oírse mejor que los del inferior, seguramente, y el hombre habría pensado que los muchachos se habían escondido arriba.

Dani empezó a aceptar que tendría que enfrentarse a él, y puso a su cerebro a trabajar al cien por cien de su capacidad.

«No es así como lo había planeado, pero por fin vamos a descubrir si tantas flexiones sirven para algo.

Es más grande que tú, no puedes atacarle cuerpo a cuerpo, te matará.

Solo puedes escapar. Será mejor que te vayas colocando al otro lado de la cama.

Es poco probable que intente mirar por ahí, mirará por el lado más cercano a la puerta.

En ese momento que esté agachado tienes que aprovechar para escapar.

Lo mejor será pasar por encima de la cama y, si puedes, pisarle al salir. Luego escalera abajo…».

Los pensamientos de Dani se interrumpieron.

El hombre había llegado al piso de arriba.

El primero de los pasos en la moqueta había sonado, cuando de pronto la puerta principal se abrió, y se oyeron unos pasos salir apresuradamente de la casa.

El desconocido dio la vuelta y bajó las escaleras a toda velocidad.

Acto seguido, la puerta se cerró con un golpe seco y fuerte.

Dani no se movió del sitio. Tensó los músculos y agudizó el oído, atento a cualquier posible sonido que rompiera la calma del lugar.

Sintió la presión de la sangre entrando y saliendo de su corazón.

Su cuerpo estaba alterado, pero no era por miedo, sino por excitación.

Por alguna razón, se encontraba más cómodo en aquella situación que horas antes paseando con Vanessa.

«Intenta pensar en otra cosa. Aún no estás fuera de peligro. Incluso en momentos como este no puedes evitar analizar cada una de las cosas que suceden a tu alrededor. ¿O será que no puedes dejar de pensar en Vanessa?».

La calma solo duró unos minutos. De repente un estruendo irrumpió en el silencio de la noche.

El sonido de una motocicleta encendiéndose.

El derrape de una rueda, y acto seguido el tubo de escape alejándose del lugar.

Dani no se movió inmediatamente, sino que esperó unos minutos más por si acaso el hombre decidía volver, o por si la moto no era la misma que se habían encontrado los dos en el patio.

Lentamente salió de su escondite. Sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y podía ver mejor la vivienda.

Bajó por las escaleras hasta el recibidor.

Durante un segundo estuvo tentado de salir por la puerta principal y acabar con aquella pesadilla, pero lo pensó mejor.

Si salía por allí se arriesgaba a que lo viera algún vecino, y no quería eso.

Decidió que sería más inteligente salir por donde habían entrado.

La oscuridad del túnel le permitiría comprobar que no había intrusos en la calle antes de salir.

Llegó hasta la puerta trasera y quitó el pestillo.

Echó un último vistazo a la sala antes de irse.

Entonces la vio.

Algo que no había visto la primera vez que llegaron, probablemente debido urgencia de huir de su atacante.

En uno de los dos sillones había una gran mancha oscura que cubría toda la parte superior.

Como si un líquido se hubiera derramado allí.

La marcha se extendía hacia abajo formando pequeños ríos que terminaban en el suelo.

Los ojos de Dani se abrieron de par en par.

Se encontraba en el lugar en el que se había suicidado el Chaleco.

Dio un paso para acercarse al sillón, pero no pudo avanzar más.

La puerta se abrió detrás de él y dos manos lo agarraron por los hombros, tirando de él hacia atrás con fuerza.

Al llegar a la puerta perdió el equilibrio y cayó de espaldas en el patio.

Tardó unos segundos en reaccionar. Seguía en shock , pero después de la experiencia de hacía unos minutos, tenía los nervios a flor de piel, así que enseguida se recompuso y se levantó dispuesto a enfrentarse a su atacante. Aunque no fue necesario.

Antonio Carrasco se encontraba delante de él con cara de pocos amigos.

Dani se quedó paralizado. No sabía qué hacer ni qué decir.

Por una parte, le invadió una sensación de tranquilidad al ver a su hermano.

Casi estuvo a punto de darle un abrazo, pero el profundo rencor que aún le profesaba se lo impidió.

Por la otra, no podía dejar de pensar que le habían pillado en medio de lo que podía considerarse un acto delictivo. Por fortuna, Toni dio el primer paso.

—¿Qué cojones estás haciendo, Dani?