Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

D ani subió las escaleras de casa como un rayo. El corazón le palpitaba con tal fuerza que sentía que podría sustituir al motor de un coche en ese momento. Acababa de pasar el día con Vanessa, y le esperaba una noche con ella. Era la primera vez que tenía esa sensación.

A pesar de todo lo fuerte que era física y mentalmente, cuando estaba con ella se sentía débil y expuesto.

La chica había conseguido intimidarlo con su evidentemente superior madurez y experiencia, lo que no hacía sino atraer más a Dani hacia ella.

Era un círculo vicioso del cual no sabía si sería capaz de salir.

Cuando entró por la puerta de su casa apreció que el piso estaba oscuro casi en su totalidad.

Solamente la luz de la cocina, unida al olor de unos filetes recién hechos indicaba que al menos alguien se encontraba allí.

Sus dos padres se encontraban sentados a la mesa, cada uno con un plato delante y una fuente de filetes en el medio.

—Dani, ya pensábamos que no cenabas aquí tampoco —dijo su madre, parando en seco la conversación con su marido en cuanto escuchó entrar a su hijo.

—Sí, perdona por no avisar, mamá. —Dani se acercó y dio un beso a cada uno de sus padres—. Pero ceno y me voy, que he quedado.

—¿Hoy no tienes que estudiar? —Esta vez fue su padre el que habló.

—¿Y tú no tienes que patrullar las peligrosas calles de este pueblo?

—Daniel, no empieces…

—¿Dónde está Toni? —Dani hizo caso omiso a la reprimenda de su madre al reparar de repente en la ausencia de su hermano—. ¿No cena aquí?

—Ha salido a cenar con unos amigos del pueblo. Anda, deja la mochila y ven a cenar con nosotros, que acabamos de empezar —concluyó su madre.

Ya en su habitación, antes de regresar a la cocina, Dani se tomó unos minutos para consultar su móvil.

Había estado tan concentrado en Vanessa que no había tenido tiempo de ver sus mensajes.

Tenía varios de Tommy y algunos de Cris.

En cuanto acabara de cenar los respondería, si es que su corazón no le estallaba antes en el pecho.

Desde luego, no podía dejar que sus padres notaran nada.

—¿Cómo ha ido el trabajo?

—Bien, papá. Hemos estado toda la tarde redactándolo. Tenemos que exponerlo en inglés, así que tendremos que quedar más veces para practicar y eso…

«A ti te gustaría practicar otra cosa, ¿verdad?».

—Tienes que sacar buena nota para universidad, ¿eh, Dani? —Su padre había acabado de cenar y se había abierto una lata de cerveza—. De momento llevas buena media, pero no te confíes.

—Tranquilo, papá. Está controlado.

—Bueno, bueno…

—No vengas muy tarde, ¿vale? Que mañana sí que tenemos que desayunar juntos para despedirnos de Toni, que quiere llegar a tiempo para comer en Madrid.

—Vale, mamá. Estaré en casa antes de que mi carruaje se convierta en calabaza.

—Qué tonto eres, de verdad. —Su madre se rio, a pesar de la escasa calidad del chiste de su hijo.

Su padre esbozó una ligera sonrisa también. Eran esos pocos momentos los que hacían que Dani sintiera cariño al pensar en sus padres, a pesar de las continuas comparaciones con su hermano.

Apenas hubo comido dos filetes y un yogur de postre, Dani se levantó de la mesa. Aún tenía que ducharse y elegir ropa para su cita. Porque en esta ocasión iba a ser algo menos formal que un trabajo para el instituto.

Solo de pensar en volver a verla, un escalofrío recorrió su espina dorsal.

Recordaba la abrumadora sensación de agobio que había sentido durante la tarde, en aquellos momentos en los que no sabía qué contestar a la muchacha.

Intentando decidir si sus siguientes palabras serían lo suficientemente graciosas sin ser demasiado infantiles.

Era estresante no poder bajar la guardia ni un segundo, pero, a su vez, excitante.

Era como un juego que no pensaba perder.

Tras quince minutos debajo del torrente de agua cálida de la ducha, Dani se encontraba seleccionando el atuendo que llevaría esa noche.

El día iba a terminar de la misma forma que había comenzado: eligiendo ropa con una mano y con el corazón en el puño de la otra.

Al ser de noche, tendría que llevar algo un poco más abrigado.

No sabía qué planes tendría la chica, o si iban a estar en un sitio cerrado, por lo que se puso algo que le sirviera para cualquier situación.

«Una camisa siempre va bien. Roja con cuadros negros… ¿No es demasiado típica? No quieras enseñar las cartas demasiado rápido, tienes que ser un poco más sutil. Camisa azul con cinturón marrón claro. Esto ya es otra cosa. Ahora la bomber negra por encima y terminamos».

Había terminado antes de lo esperado. Aún quedaba un rato para que se cumpliera el plazo que le había dado Vanessa. No quería parecer impaciente, así que se tumbó en la cama y sacó el móvil para revisar los mensajes pendientes. Tommy era el que más había enviado. Parecían los más urgentes:

—¿Al final quedaste con Vanessa?

—¿Hola?

—¿Qué estás haciendo para no contestar, pillín?

En ocasiones, Tommy podía llegar a ser un poco pesado cuando no tenía noticias de su amigo durante mucho tiempo.

Dani sabía que lo valoraba mucho y que incluso lo admiraba.

A veces le parecía que quizás demasiado.

Tendría que hablar pronto con él al respecto, pero esa no sería una conversación agradable, por lo que la había ido posponiendo.

—Buenas noches, chaval.

—¿Buenas noches? Me tenías preocupado ya. Casi llamo a tu casa. —Tommy no tardó en contestar, como si hubiera estado consultando su teléfono cada cinco minutos para ver si su amigo había respondido.

—Ya ves. Estaba ocupado.

—Ya lo sé, ya… ¿Y cómo han idos tus…, ejem…, ocupaciones?

—Pues ya casi está hecho el trabajo. La chica trabaja bien.

—«La chica trabaja bien». —Tommy tardó unos segundos en contestar—. No me refería a eso, y lo sabes.

Y Dani lo sabía.

—No ha pasado nada, capullo, si te refieres a eso.

— Wow . ¿Por fin el gran Daniel Carrasco ha fallado? ¿O es que no podías dejar de pensar en Cris?

—Estaba pensando en ti, en realidad.

—Ya.

—¿Y tú qué tal con Sara?

—Pues igual. No he parado de pensar en tu cuerpo todo el día.

—Pues estamos listos. —Dani soltó una carcajada, solo en su habitación—. Bueno, te dejo, que he quedado con ella para dar una vuelta.

—¿¡Qué!? ¡Haber empezado por ahí! Aún tienes una oportunidad.

—Venga, mañana hablamos.

Dani salió de la conversación con su mejor amigo.

Esas risas le habían ayudado a soltar parte del estrés que había generado, tanto por el día que había pasado con Vanessa como por la perspectiva de volver a verla esa noche.

Todavía estaba un poco nervioso, y le quedaban unos mensajes que responder.

Abrió la conversación con Cris. Había un par de mensajes de esa tarde temprano.

—¿Qué haces? Hoy mis padres no están. Tengo que hacer deberes, pero más tarde estaré libre. ¿Te apetece quedar?

No había mucho más. Cris no era de las que se hacía de rogar.

Si querías quedar con ella, bien. Y si no, pues también.

Ella enseguida hacía planes y no esperaba demasiado.

Siempre había sido muy independiente y no soportaba depender de nadie.

Probablemente, al no obtener respuesta, habría quedado con más gente.

En ocasiones ese carácter suyo podía resultar muy conveniente y a veces muy exasperante.

Pero Dani había aprendido a aceptarla tal y como era. Tampoco le quedaba más remedio.

—¡Hola! Perdona que no te haya escrito antes, estaba haciendo un trabajo. —No hubo respuesta. Tras un par de minutos escribió—. Bueno, hablamos mañana.

«Estará cenando, o a saber. Cris no es de las que se enfada porque no le contestes el WhatsApp.

Tiene demasiadas cosas en la cabeza como para preocuparse por estas tonterías.

O quizás esté pintando. Si acabó los deberes y sus amigos andaban también con las tareas, seguro que agarró un lienzo y se puso a pintar algo.

Con suerte aún tenga en la cabeza la escena de los dos del otro día en el garaje…

No, lo dudo. Cris no pintaría algo así. Ni siquiera me ha pintado nunca.

Ella no pinta por pintar, pinta lo que siente.

Quizás pintara la escena difuminando nuestras caras por el hecho de captar la fisionomía humana de dos cuerpos… ».

El sonido de la alerta del móvil interrumpió sus cavilaciones. Cris había contestado.

—No te preocupes. Nadie quería hacer nada hoy, así que estuve tirada en la cama viendo una serie.

«Era la otra posibilidad».

—Qué envidia. Yo he estado haciendo un trabajo toda la tarde. Estoy agotado.

—Como si lo viera. Te habrás pasado la tarde «currando» mientras Tommy te miraba asombrado porque haces su trabajo y el tuyo.

—No ha sido con Tommy. Me ha tocado con la chica nueva de clase.

—Ah. ¿Y qué tal?

—Bueno, bien. Lo hemos acabado casi todo, pero hemos tenido que redactar mucho y buscar palabras todo el rato. Pero creo que ha quedado bien.

—¿Qué vas a hacer ahora? —Cris envió el mensaje apenas Dani envió el suyo. Como si lo hubiera estado escribiendo a la vez que este.

—Pues he quedado con ella para dar una vuelta ahora. Ya sabes, para evadirnos un poco.

—Ah. Pues ale, ale, a evadirte.

—¿Hablamos mañana?

—Sí, claro. Adiós.

«Ha sido un poco brusca, ¿no? ¿Se habrá puesto celosa?

No creo. Cris es tu amiga, no tu novia. Siempre habéis hablado de no implicaros emocionalmente.

Aunque quizás sean celos físicos. Enamoramientos aparte, quizás quiera estar contigo y no le guste que otra chica acapare tu tiempo.

¿Será solo una cuestión territorial? ¿Te das cuenta de que las estás comparando con dos leonas y a ti con un trozo de carne?

Relaciones con chicas. Esa debería ser una asignatura obligatoria en el instituto, y dejarnos en paz con tanta… ».

Un nuevo mensaje llegó al móvil de Dani. Esta vez de alguien inesperado.

—Señor Inclán, ¿en media hora en tu puerta?

—¿Vas a venir a buscarme? Qué amable.