Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 8 #2
30%

Capítulo 8 #2

Tal como había supuesto Dani, la cocina era pequeña en comparación con la de su casa.

Vanessa debía ser definitivamente hija única, o no habría espacio en el piso.

La nevera era considerablemente más pequeña que la suya, pero estaba bien equipada.

La chica comenzó a sacar varios recipientes de gran tamaño cerrados herméticamente para conservar mejor la comida.

—Pues tenemos ensaladilla rusa, espaguetis carbonara, albóndigas y una paella casi entera. ¿Qué te apetece?

—¡Vaya! —Los ojos de Dani se abrieron de par en par al ver la ingente cantidad de comida que la chica había sacado del refrigerador—. ¿Tus padres te han dejado comida para un mes entero?

—A mis padres les gusta dejar preparada la comida de toda la semana. Así no tienen que preocuparse de hacer más, y tienen más tiempo para ellos.

—Suena lógico. Pues… Creo que los espaguetis para mí.

—Me has leído la mente chico. —Vanessa metió el táper en el microondas—. Lo calentaré entero, que estás en edad de crecer.

—¿Tan joven me ves?

—Eres un chiquillo a mis ojos. —Vanessa le revolvió el pelo como si de un niño de cinco años se tratase—. Hasta podría ser tu madre.

—¿Y no vas a dejar que me levante del sitio hasta que acabe?

—Por supuesto. —La chica cruzó los brazos por delante del torso y se reclinó sobre el mueble en el que descansaba el microondas—. Sé un niño bueno y acábatelo todo.

Dani estuvo tentado de preguntarle su edad, pero no le pareció apropiado.

Había oído que algunas chicas eran sensibles con ese tema, y si, como sospechaba, la chica era mayor que él, podía tomarlo como una señal de inmadurez, y por nada del mundo quería dar esa impresión.

Tenía que dominarse y mostrar su carácter más adulto.

«Seguramente solo te saque un año o dos. No es tan mayor como para que sea demasiado raro. Peores cosas se han visto. Pero ¿y si eres poca cosa para ella? Te estás comiendo demasiado el tarro. Eres un tío de sobresaliente, guapo y simpático. No tienes nada que temer».

Y, aun así, Dani no se atrevía a dar el primer paso.

Esa chica le imponía demasiado respeto. Con Cris fue mucho más sencillo, la situación fluyó por sí sola.

Pero, claro, Cris y él habían sido amigos durante un tiempo, se tenían confianza.

Y lo que era más importante, los dos tenían la cantidad suficiente de hormonas por milímetro cúbico de sangre como para que no hubiera que forzar demasiado la situación.

Una ligera caricia casual había bastado para encender la chispa entre los dos.

De repente, se dio cuenta de que llevaban los dos un rato en silencio, mientras esperaban a que el microondas terminara de hacer su trabajo.

Ese descubrimiento hizo que se pusiera nervioso.

Estaba delante de la chica que le traía de cabeza, y no sabía qué decir.

Por suerte, ella estaba consultando su móvil, así que no se sintió demasiado incómodo.

No obstante, decidió romper la tranquila escena.

—¿Dónde están tus padres?

—Ah, están fuera todo el fin de semana. —Vanessa bloqueó el móvil y lo guardó en el bolsillo del chándal—. No aparecerán de repente, tranquilo.

—No estaba preocupado por eso. —Dani hizo una ligera mueca, aunque sí que estaba algo nervioso—. Era solo por curiosidad.

—Ajá.

—¿De escapada romántica? —se interesó Dani.

—No, trabajo en realidad. Mis padres viajan mucho por trabajo, y, por desgracia, casi siempre me toca viajar con ellos.

Por eso no he podido centrarme en los estudios, con tanto viaje es complicado seguir un programa de estudios.

Creo que finalmente podremos quedarnos aquí, aunque ellos viajen de vez en cuando, y podré terminar el bachillerato. Por fin.

«Eso explica la diferencia de edad. Sabía que no podía ser repetidora, esta chica es demasiado inteligente como para haber repetido curso».

Finalmente, la campanilla de microondas sonó, anunciando que la comida había terminado de calentarse.

Los dos adolescentes pusieron la mesa apartando el portátil y los apuntes, y se dispusieron a comer.

Tal y como Vanessa le había ordenado, Dani se acabó su plato obedientemente e incluso repitió.

Ciertamente estaba en edad de crecer, o por lo menos de consumir una cantidad considerable de calorías.

Después de la comida, llegó el turno de seguir con el trabajo.

El dichoso autor estaba dando mucho juego.

Tenían que hacerlo de tal forma que fuera sencillo de presentar en inglés al resto de sus compañeros.

Por fortuna, de los autores británicos, Lewis Carroll contaba con alguna que otra anécdota graciosa, sobre todo en su infancia, lo que les permitió darle un toque de humor a la presentación.

Para cuando hubieron acabado, el reloj del móvil de Dani pasaba de las siete de la tarde.

—Uf, qué tarde es. —Dani miró por la ventana del salón—. Casi se ha hecho de noche.

—Pobrecito Dani Inclán. —Vanessa se acercó a él para mirar también por la ventana—. Vas a tener que volver solo bajo la oscuridad a casa.

—Sí, tía. Imagínate que me violan por el camino. No son calles seguras para que ande un jovencito solo por ahí.

—Vaya cara tienes, chaval —Vanessa consultó la hora en su móvil—. Dame un minuto que me cambie y te acompaño, anda.

—No… No hace falta —Dani palideció por un segundo. ¿Realmente pensaba que tenía miedo de volver solo a casa? ¿Sería verdad que le veía como un niño indefenso? ¿Sus esfuerzos por parecer maduro estaban siendo en vano?

—Tranquilo, me apetece andar un poco, que llevamos todo el día metidos en casa. Espera a que me ponga algo más presentable y nos vamos.

La chica salió del salón en dirección a su habitación.

«Te habría encantado que te invitase a entrar, ¿verdad? Ha sido más que suficiente ver su casa y pasar el día con ella para una primera toma de contacto. No quieras volar antes que caminar, gañán».

Mientras esperaba a Vanessa se sentó en uno de los dos sofás color crema del salón.

Ninguna sala de estar que se precie carecería de un par de sofás y/o butacas reglamentarios orientados hacia un mueble con una televisión.

Incluso un piso de las modestas dimensiones de aquel cumplía esa norma no escrita.

El tiempo pasó y Dani comenzó a impacientarse.

Ya hasta se estaba planteando comenzar a hacer algunas flexiones cuando la chica salió de la habitación.

Había cambiado su outfit relajado por unos vaqueros y una sudadera azul un poco más ajustada, que permitía adivinar las curvas que componían el busto de la joven.

—Te advierto que he venido en bici —comentó Dani en cuanto la chica apareció.

—Ah, ningún problema —dijo Vanessa con un gesto de despreocupación—. Tengo la mía abajo.

El edificio contaba con un pequeño cuarto para guardar las bicicletas en la primera planta. La de Vanessa era de similar tamaño a la de Dani, de un tono negro gastado. Se podían apreciar algunas muescas en la pintura que denotaban el abundante uso que se le había dado.

—Déjame que vaya yo delante. —Vanessa se subió a la bici una vez estuvieron en la calle, mientras Dani desenganchaba la cadena de la rueda de la suya y la metía en su mochila—. A ver si sé llegar.

Dani no puso inconveniente y los dos emprendieron la marcha.

En un pueblecito como aquel, podían ir perfectamente por la acera sin causar problemas a los peatones.

Claro que, a esas horas de un sábado, no había mucha gente por la calle a la que importunar.

El sol hacía rato que había caído, pero había suficientes farolas como para iluminar el camino que debían seguir.

Dani y Tommy habían recorrido el pueblo en bicicleta, incluso a horas más altas que esa, así que estaba ya más que acostumbrado.

La llegada a la casa de Vanessa había sido cuesta abajo, por lo que ahora le tocaba hacer la vuelta en la inclinación contraria.

La diferencia de esfuerzo era patente, pero el chico lo disimuló bastante bien.

Vanessa tenía una fuerza increíble en las piernas y conseguía subir sin ninguna dificultad, así que Dani no iba a quedarse atrás.

Por fortuna, otra de las ventajas de residir en una pequeña población es que las dos viviendas no estaban demasiado separadas, y en menos de veinte minutos ambos se encontraban frente al portal de la casa de Dani.

—Bueno, pues hemos llegado. —Dani se bajó de la bici a cierta distancia de la chica, y caminó los metros que les separaban para que esta no pudiera apreciar el jadeo causado por el pedaleo—. Gracias por acompañarme

—Un placer, chaval. Ahora ya sé dónde vives. —Vanessa guiñó un ojo—. Te tengo fichado.

—Sí… No he debido dejarte venir. Error de novato. En fin… Supongo que nos veremos el…

—¿Qué vas a hacer ahora? —Vanessa no dejó terminar la frase a Dani.

—Pues… Supongo que cenar.

—Después de cenar, idiota.

—Ah, pues hoy no tenía planes.

—¿Te apetece dar una vuelta? Yo no conozco a mucha gente aquí, y me podrías enseñar el pueblo.

—Sí, claro. —Dani se apresuró a contestar—. ¿Te aviso en cuanto acabe de cenar?

—De acuerdo, chaval. Pero dame un par de horas, que tenga tiempo para darme una ducha. —Vanessa se montó en la bici—. Nos vemos luego.

Y se fue. Dani se quedó plantado viendo cómo se alejaba de él, hasta que finalmente desapareció. La simple imagen de la chica en la ducha había vuelto a causarle un sonrojo. Pensó que tendría que trabajar en controlarse mejor en el futuro próximo.

Durante el camino había pensado en despedirse dándole un beso en la mejilla.

Por alguna razón, no había podido quitarse de la cabeza que quería conocer la sensación de rozar sus labios con la piel de la muchacha.

Se sentía algo decepcionado porque se había ido sin darle oportunidad a hacerlo, pero, por otro lado, le invadía la abrumadora emoción de saber que volvería a verla esa noche.