Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

—Solo si me cuentas que haces aquí realmente. —Dani cogió el rey blanco y lo colocó en su lado. A continuación, fue rellenando toda la fila de piezas blancas—. No has venido simplemente a vernos.

—Claro que no —dijo Toni mientras imitaba a su hermano con las piezas negras—. Ya te he dicho que quería ir al entierro del Chaleco.

—¿Por qué? ¿Tanto te caló en el instituto?

—Digamos que sí… Se me ocurre una cosa. Por cada pieza que consigas comerme, responderé a una de tus preguntas. Así que elige sabiamente, porque por cada una que te coma yo, tú responderás a las mías.

Las piezas estaban colocadas sobre el tablero.

—Blancas mueven primero, hermanito.

Dani comenzó moviendo el peón del rey dos casillas hacia adelante. Toni hizo lo propio, dejando el tablero como si fuera un espejo y las piezas negras reflejaran la acción de las blancas. Dani sacó el caballo del rey y Toni lo imitó con el de la reina.

—¿Apertura italiana, Dani? No seas tan predecible si quieres sacarme información. —Dani sacó el alfil del rey dejando libre el pasillo del enroque, y Toni sacó el caballo del rey—. Una estrategia demasiado defensiva para alguien a quien le interesa cambiar piezas rápidamente.

—Parece casi como si quisieras confesar, Toni.

—Para nada, hermanito —Dani se enrocó, y Toni tomó el peón del centro de Dani—. Primera pregunta: ¿quién es esa chica nueva del instituto?

Dani se quedó petrificado en el sitio. ¿Sería aquello una estrategia de su hermano para desconcentrarle y que así perdiera la partida? Probablemente lo fuera, pero ¿cómo había acertado en ese detalle?

—¿Cómo sabes que hay una chica nueva en mi instituto? —Dani dijo esto mientras devoraba el peón que acababa de quitarle el centro con uno de sus caballos blancos—. Te he comido una. Responde.

—Técnicamente deberías responder tú primero, pero te lo diré: te has pasado todo el entierro distraído.

Incluso he visto a Tommy hablándote un par de veces y tú estabas absorto en tus pensamientos.

Solo hay dos cosas que puedan tener tan preocupado a un chico de tu edad, y dudo que te preocupe la selectividad.

Además, te he visto mirando varias veces hacia atrás y a ambos lados.

Podías estar buscándome, pero has parado de repente cuando has mirado a cierta dirección a tu derecha detrás de ti.

A + B = C. C de «chica». Y dudo que sea una que lleve mucho tiempo en tu clase o, conociéndote.

, ya te la habrías ligado. Y, aunque no fuera así, no provocaría ese efecto en ti. Ahora dime quién es.

—Maldita sea. —Dani acababa de perder uno de sus alfiles. Si Toni estaba intentando desconcentrarlo, claramente lo había conseguido—. Cómo bien dices, acabo de conocerla. Sé poco de ella. Solamente que se llama Vanessa y que ha leído a Lewis Carroll.

Toni perdió otro de sus peones, lo que permitió a Dani cambiar de tema.

—¿Conocías al Chaleco fuera del instituto?

—Muy hábil, hermanito. Sí que le conocí fuera del instituto. Digamos que tuvimos una relación más allá de la maestro-alumno. Nada romántico, si es lo que te preocupa.

—No estaba pensando en eso. —Dani se ruborizó—. Simplemente intento atar cabos.

—Naturalmente. —Con un golpe seco, la dama de Toni tomó uno de los caballos de Dani—. ¿A qué edad perdiste la virginidad?

—¿¡Y tú cómo sabes eso!? —Dani casi saltó de la silla.

—¿De verdad quieres que te lo explique?

—¡Explícate!

—De acuerdo, pero te costará la siguiente pieza que comas.

Sé del escondite que tienes bajo el segundo cajón de tu escritorio.

Hace poco tuve que venir a hablar con papá de un asunto, mientras tú estabas en el instituto.

Estaba buscando un bolígrafo en tu habitación y descubrí la caja de preservativos pegada debajo. Faltaba la mitad, así que…

—No tienes derecho a registrar mi habitación.

—Vamos, Dani… Fue un accidente. —La primera de las torres de Toni había salido al campo de batalla, y comenzaba a cercar al ejército blanco—.

Y aunque no lo hubiera descubierto, eres un chico atractivo e inteligente en una edad en la que las hormonas están muy revolucionadas. Solo tuve que sumar dos y dos.

—Fue hace un par de meses.

—Te felicito, hermanito.

Dani sacrificó uno de sus peones para tomar un caballo de Toni, y este le recompensó tomando una de sus torres. Luego hubo un intercambio de damas, dejando a Dani con inferioridad de piezas. Estaba contra las cuerdas y apenas había obtenido información.

—¿Había más gente que conociera tu relación con el Chaleco?

—La verdad es que sí, bastantes, de hecho. —Toni soltó una pequeña carcajada. Dani pudo apreciar una pizca de nostalgia en los ojos de su hermano—. Mi turno. ¿Qué sentiste cuando estuviste delante de su casa?

—¿Que qué sentí? —Dani no pudo disimular un fuerte suspiro.

Se reclinó en la silla y cruzó los brazos.

Aún podía recordar la sensación que sintió el día anterior al encontrarse frente a aquella fachada blanca.

Su cuerpo se tensó en el asiento, y pudo notar cómo su pulso se aceleraba—.

Sentí como si esa casa se tragara la felicidad. Como si emanara frío de ella.

—Hum… Interesante…

—¿Qué es interesante?

—Nada, Dani. Cosas mías. —Cogió una de sus torres—.

Me ha encantado esto, pero va siendo hora de terminar.

—Devoró uno de los peones de Dani—. Jaque.

—Dani movió el rey. Toni, habilidoso, tomó el caballo que le quedaba a Dani—.

Jaque. —Dani se quedaba sin opciones. Avanzó un peón para bloquear el ataque de Toni, pero sabía cómo acabaría aquello.

Dos jugadas después, Toni sacó la torre que le quedaba—. Jaque mate, hermanito.

Toni se llevó su taza a la boca y apuró lo que quedaba de café. Luego se levantó de la mesa para meterla en el lavavajillas.

—Ha estado bien, Dani. Tenemos que repetirlo.

—Aún me queda una pregunta, Toni. —Dani no levantó la vista mientras hablaba—. No has contestado en el intercambio de damas.

—Ha habido varias jugadas en las que no hemos hecho preguntas. Estábamos distraídos. Pero te lo concedo. Dispara.

—¿Sabes de qué murió el Chaleco?

Toni se apoyó en el marco de la puerta y cruzó lo brazos. Durante unos segundos pensó en qué responder a su hermano. Finalmente dijo:

—Le encontraron en el sofá de su casa, con una nota de suicidio. Tenía una pistola en la mano. Te ahorraré el resto de los detalles. —Se giró y se dispuso a salir de la cocina—. Ha sido una buena partida. Tenemos que repetir.

Dani se quedó solo en la cocina, contemplando el tablero casi vacío de piezas blancas. Su hermano había vuelto a humillarle. No le bastaba con ser mejor en todo, sino que tenía que restregárselo a la menor oportunidad.

Sin embargo, Dani se alegró de aquella tarde. Al igual que en el ajedrez, había sacrificado una de sus piezas (en este caso, el orgullo) para poder ganar una victoria aún mayor: información acerca de la muerte de su profesor.

Ahora sabía dos cosas: no había sido muerte natural y Toni le conocía más allá del instituto.