Coat (La llama de tres puntas 1) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Miguel, el profesor de Inglés, era una persona joven y jovial.

Desde que llegó al instituto, haría ya dos años, para sustituir al anterior profesor, había querido hacerse amigo de sus alumnos.

Durante una de las clases, uno de ellos había sugerido que podrían llamarle Michael, ya que sería un equivalente de su nombre en inglés.

—¡Oh, no! Entonces me llamaríais Mickey como el ratón.

Esa broma les hizo tanta gracia que desde ese momento sus alumnos le habían llamado Mickey, Michael o Mike, a pesar de la negativa del profesor. Y, aunque él no lo reconociera, le gustaba que le llamaran así. Le hacía sentir un profesor guay.

Cuando apareció por el pasillo aquel día, lo primero en lo que Dani se fijó fue en que no venía solo.

Su corazón se heló como nunca antes lo había hecho.

Cada músculo de su cuerpo se tensó. De no haber apretado la mandíbula, probablemente se habría quedado con la boca abierta.

Los ojos se le abrieron de par en par. Extrañamente, su pulso no se aceleró.

Sintió una sensación de parálisis total, pero a la vez de tranquilidad.

Como si un peligro se cerniese sobre él, pero a la vez fuese algo familiar, a lo que se hubiera enfrentado antes.

La chica más preciosa que jamás hubiese visto acompañaba a su profesor.

Aunque aún estaba lejos, pudo distinguir cada detalle de su figura.

El cabello castaño terminaba pasados sus hombros con unas mechas californianas.

Una mochila le colgaba de su hombro derecho.

Camisa roja con cuadros desabrochada hasta el segundo botón seguida de unos vaqueros.

Unas deportivas negras cerraban el conjunto.

Cuando los dos llegaron a la altura de la puerta, el profesor introdujo la llave en la cerradura para abrirles el aula, sin decirles ni una sola palabra a sus alumnos y sin revelar la identidad de la chica.

Uno a uno fueron entrando y ocupando sus respectivos sitios, mirando de reojo a la chica que acompañaba al docente, que fue el último en acceder y dejar sus libros en la mesa del profesor, para luego girarse y dirigirse a la clase.

— Good morning, class!

— Good morning, Mike! —Toda la clase contestó al unísono. Un truco que les salía bastante bien después de varios años de ensayo.

—Chicos, esta es Vanessa —empezó a decir Mike—.

Se incorpora hoy con nosotros. No hace falta que os lo diga, pero echadle una mano para que se ponga al día con el temario.

Ya verás —dijo dirigiéndose a la chica—.

Son todos muy simpáticos y siempre se ayudan entre ellos. Mira, allí atrás hay un sitio libre.

Vanessa recorrió la clase con la mirada, hasta que encontró la silla vacía en la última fila, justo en el extremo opuesto de la habitación al que se encontraban Dani y Tommy. Mientras avanzaba hasta su sitio, Tommy zarandeó ligeramente el brazo de su amigo.

Dani estaba petrificado.

«¿Por qué? Es una chica normal. Te cruzas con ellas cada día en el insti. Ni siquiera te ha mirado ni te ha dicho nada. ¿Qué te tiene tan asustado? Quizás tus 146 puntos de CI no son rival para las hormonas, después de todo. En cualquier caso, reacciona. No dejes que se te note».

—Tío, ¿estás bien? Te has puesto blanco.

Tommy habló tan bajo como pudo, para que el resto de la clase no le oyera. Iba a resultar difícil, ya que todos parecían haberse quedado mudos cuando entró la nueva integrante.

—Sí —empezó a decir a decir Dani, fingiendo indiferencia—. Estaba pensando en el entierro.

—Ya, ya —dijo Tommy, con una mueca pícara—, ¿has visto cómo está la nueva?

—Es guapa, sí… ¿Ya te has olvidado de Sara? —dijo Dani, evitando el tema de su momentánea parálisis tras ver a su nueva compañera.

—¡No digas tonterías! Pero a cuantas más le tire la caña...

—Tienes las mismas posibilidades con una que con otra.

—Bien —dijo Mike, en cuanto Vanessa ocupó su asiento—, ¿cómo estamos esta mañana?

—Esta vez no hubo respuesta—. Hoy no tenemos tiempo de hacer un simulacro de selectividad, porque tenemos que irnos pronto a la iglesia.

En lugar de eso, vamos a comentar un poco un trabajo por parejas que vais a tener que hacer.

No todo va a ser selectividad este curso.

Se giró y comenzó a escribir una lista de nombres en la pizarra. «Beatrix Potter, Jane Austen, Agatha Christie, J. R. R. Tolkien, Bram Stoker…».

—Bueno, aquí tenéis una lista de escritores británicos, pero podéis usar alguno que no esté en ella.

Se trata de que escribáis una redacción sobre alguno de ellos, en parejas.

De unos cuatro folios, por ambas caras, evidentemente.

Habláis un poco de sus obras, sus vidas y algún dato curioso. Y luego tenéis que exponerlo en clase.

—¿En inglés? —preguntó uno de los chicos que hasta ese momento había estado hablando con su compañero de pupitre.

— Of course, mister Rodriguez, of course…

Estamos en clase de Inglés, ¿no? Se trata de que podáis redactar y exponerlo en un inglés más o menos fluido, sin que tengáis que irlo leyendo frase por frase.

Tiene que ser algo natural, dentro de vuestras limitaciones.

Así que ¡venga! En el tiempo que queda de clase, formad parejas e id escogiendo autor. No quiero ninguna pareja de pupitre.

—Ale, chaval, ahí tienes una oportunidad de ponerte con Sara —le susurró Dani a Tommy—. No la desperdicies. Haz que me sienta orgulloso.

Los chicos comenzaron a levantarse de sus asientos, cada uno buscando una pareja con la que ponerse.

Normalmente, cuando te sientas en un sitio el primer día de clase, eliges a un compañero con el que vas a estar y trabajar el resto del año, por lo que suele ser alguien a quien conozcas y con quien tengas cierta relación.

Así que la respuesta natural ante este tipo de ejercicios es buscar a la siguiente persona con quien tengas más afinidad de la clase.

Pronto todos estaban debidamente emparejados menos Dani, que se había rezagado. Empezaba a preocuparse cuando algo llamó su atención. La figura de una adolescente de pelo castaño, sola en su asiento, buscando con la mirada a alguien que no tuviera pareja para hacer el trabajo.

«¿Pero es una adolescente? Ahora que la veo de cerca parece algo mayor. ¿Dieciocho? ¿Diecinueve tal vez? Bueno, eso seguiría siendo adolescente. ¿Qué haría en un instituto? ¿Repetidora?».

El corazón de Dani iba a mil por hora. Pudo sentir la inyección de testosterona y adrenalina casi a partes iguales.

Ese subidón iba a ser difícil de contrarrestar.

Hubiera preferido mil veces hacer el trabajo él solo en aquel momento.

Aquel era un instante que deseaba alcanzar y evitar con la misma intensidad.

Estaba a punto de arrancar la tirita de golpe.

Vanessa se levantó de su asiento, al ver que él era la única persona que quedaba sin pareja. Durante los cuatro segundos que tardó en recorrer los pocos metros que los separaban, el corazón de Dani casi le explota en el pecho.

«Vamos, Daniel, puedes con esto. Solo es una chica como cualquier otra. Las ves a diario. Ayer tuviste a una desnuda encima de ti. ¿Qué es lo que te asusta tanto?».

—Perdona, ¿estás solo? —dijo la chica en cuanto se encontró a apenas un metro de él—. No tengo con quién ponerme.

—Sí, sí… Me han dejado solo. —Dani soltó una tímida carcajada, tratando de relajar la situación—. Nos podemos poner juntos si quieres.

—Ah, genial. ¿Tu nombre era…?

—Eh… Daniel. Dani.

«Genial, qué elocuente. ¿Quién te escribe los diálogos?».

— Bueno, ven a mi despacho. —Dani se sentó en su sitio, ofreciéndole el asiento de Tommy a su recién adquirida compañera—. ¿De cuál quieres hacerlo? Los libros de Tolkien están en película por lo menos.

Vista de cerca, Vanessa parecía claramente mayor que él.

Debía de tener al menos diecinueve años.

Sus ojos eran de un color castaño claro, más claro que el de su pelo, parecido al Amaretto embotellado que tenía su padre.

Dani pensó que podría pasarse horas recorriendo los iris de la muchacha sin cansarse.

Su corazón seguía latiendo con fuerza. A este paso, tendría agujetas en el corazón.

A Vanessa no pareció afectarle el chiste de Dani.

—No sé, tío, Tolkien está muy visto. —Vanessa echó un vistazo rápido a la pizarra—. ¿Qué tal Lewis Carroll?

—¿El de Alice in Wonderland ? —Dani arqueó una ceja—. ¿Le has leído?

—¿Con quién te crees que estás hablando? —preguntó Vanessa con indignación—. ¿Y tú?

—Eh… No, yo aún no. Pero lo tengo pendiente.

—Sí, seguro que sí.

—¡Es verdad! —dijo Dani, exagerando el tono de ofensa—. Te lo prometo.

—Te creo, te creo… Seguro que le tienes en tu mesilla de noche, al lado de Bodas de sangre , ¿verdad?

—La verdad es que nunca he sido muy de Lorca. Prefiero a Valle Inclán. Luces de Bohemia he debido leerlo unas veinte veces. Nunca me canso de ese.

—No está mal, chaval. —Vanesa se había cruzado de brazos y se recostó en la silla—. Nada mal. Una pena que no podamos escribir sobre la generación del veintisiete.

—Valle Inclán es de la del noventa y ocho, pero buen intento. —Dani no se esforzó en ocultar su satisfacción ante la estocada verbal.

«Ahí va un doble “crochet” de izquierda. ¿Te está poniendo a prueba? Claramente lo está haciendo. Si te descuidas por un segundo, quedarás fatal. No puedes bajar la guardia. Pero lo cierto que es que te gusta… Esta chica te gusta…».

Miguel interrumpió la clase

—Bien, chicos, es hora de irnos a la iglesia. No hace falta que cojáis nada, porque luego volveremos al instituto. Podéis dejar las mochilas y los libros aquí. Id saliendo y esperadnos en la puerta para que salgamos todas las clases juntas.

Vanessa se levantó de la silla.

—Apúntate mi número, y pégame un toque este finde si quieres.

—¿Para qué? —El corazón de Dani dio un vuelco repentino.

Vanessa enarcó una ceja

—¿Para hacer el trabajo?

—Ah, sí, sí, claro —Dani sacó el móvil y comenzó a teclear los números que Vanessa le fue dictando.

—“Vanessa insti” —dijo la chica, al ver el nombre que Dani estaba poniendo en su agenda de contactos—. Muy original.

—¿Con qué nombre me vas a guardar tú?

Vanessa giró la pantalla de su móvil para que Dani pudiera ver el nombre del contacto. En la parte superior del teléfono podía leerse “Dani Inclán”.

—Oh, ¿te recuerdo a él por la barba y la cara de loco?

—Más bien porque estás hecho un esperpento.

Y, sin decir palabra, se alejó hacia la puerta para unirse al resto de alumnos que salían de clase.

Dani se la quedó mirando desde su sitio, todavía atónito ante la respuesta que le había dado, a la par que exhausto por la batalla verbal que acababa de mantener.

Ciertamente iba a tener que estar en guardia con esa chica.

Aunque, la verdad era que había disfrutado de esos minutos de estimulación mental.

Se había visto forzado a recurrir a sus conocimientos de literatura.

Un campo que no dominaba demasiado bien al encontrarse haciendo un bachillerato científico.

«Aun así te has defendido bien. Sí, señor. Es una chica interesante, muy interesante».

—¿Vamos, Dani? —preguntó Tommy, que acababa de acercarse y se encontraba junto a él.

—Sí, vámonos. ¿Qué tal con Sara? —Dani había conseguido tranquilizarse y volvía a ser dueño de sí mismo.

—Bien. Ya hemos elegido autor y todo. Oscar Wilde.

—No me refería a eso, y lo sabes.

—Hemos quedado para este fin de semana. —Tommy se ruborizó—. A ver qué pasa.

—Bien, Tommy, bien. Mi chico vuela del nido. Estoy tan orgulloso…

Los dos amigos salieron del aula juntos, riendo.

Dani, ya más tranquilo, aún seguía con parte de la excitación provocada por la batalla. La verdad era que, a pesar del esfuerzo, los nervios y la revolución hormonal que había sufrido, había disfrutado mucho. Y no podía esperar para repetirlo.