Clan Dougall (Highlanders de las Islas 3) CAPÍTULO IV
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CAPÍTULO IV

D ougall acudió a la cena, volvió a vivir la misma escena de la noche anterior, los pretendientes de Anne la adulaban, rodeaban y halagaban, y ella, a pesar de tanta atención, los evadía con vagas promesas.

La reunión de los clanes más cercanos a los MacLean acabaría en unos días y las familias que acudieron al castillo de Dunollie regresarían a sus hogares con acuerdos para vender su lana a uno u otro, su ganado se cruzaría con el de otro clan y la cosecha se vendería en el mercado de alguno de sus amigos.

Dougall conocía aquellas reuniones, mantenían la bondad en unas tierras que en invierno se helaban y en verano carecían de sol, su padre las había permitido y alentado, por lo que no entendía que los MacLean los traicionaran, solo tenían que acudir a Ian Somerled y él podría ayudarlos, su clan era rico y próspero.

Aquellos tratos se alternaban con competiciones amistosas de arco y lucha de espadas, y era de las pocas veces en que los clanes se juntaban.

Miró al padre de Anne, quizá demasiado entusiasmado con la bebida. Era demasiado orgulloso para pedir ayuda, pero robar no era la solución. Si los demás clanes que había en el castillo sabían de su vergüenza, no tardarían en abandonarlo.

—Me han dicho mis guardias que habéis disfrutado del paseo a caballo.

El padre de Anne, a su lado frente a la chimenea, le tendió una jarra de cerveza, no tardarían en retirarse.

—Las tierras MacLean son hermosas, he disfrutado, en efecto.

—¿Qué buscabais en el bosque?

Así que Fergus MacLean no iba a andarse con rodeos, Dougall solo necesitaba ir a escondidas a las montañas y tendría pruebas de que los Matheson se escondían en esas tierras.

—Solo paseé con vuestra hija, es una mujer interesante.

—Es testaruda y habla sin pensar, y es mi mayor orgullo. No se la entregaría a nadie que ella no quiera como esposo. Dougall, ¿ya habéis desistido de cortejarla al conocerla mejor?

Dougall frunció el ceño, Fergus MacLean desconfiaba de él, pero no podía demostrar que no estuviera interesado en ella, y más cuando los guardias habían visto que Anne y él casi se besan, su obligación era contárselo a su laird .

—Al contrario, he renovado mis ganas de desposarme con ella.

Lo dejó allí con la mirada confusa, Fergus MacLean tendría mucho en lo que pensar y hacer para conseguir que Dougall se fuera de sus tierras.

Por supuesto, la chica se negaría, pero para entonces, ya tendría a los Matheson y se marcharía de aquel castillo lejos de esa mujer que lo tentaba y lo distraía de su misión sin mirar atrás.