30
De vuelta en la casa Flint, le enseño al agente toda la casa y descubro la magnitud de los destrozos que han causado Jethro Flint y su hermano. La puerta principal, que era preciosa, de madera vieja y maciza, la han abierto a hachazos. No creo que haya forma de salvarla.
Hay tantas cosas rotas en la cocina que apenas consigo contenerme y, cuando pasamos junto a la cama vacía de Big Boy, me echo a llorar.
—Lo siento. —Me seco las lágrimas con la manga, humillada por venirme abajo delante del agente, que ya parecía incómodo de estar a solas conmigo.
—No pasa nada. Intente mantener la calma —dice mientras anota cosas en su pequeña libreta.
En el salón han barrido marcos de fotos de las estanterías y han arrancado otros de las paredes. Hay cristales por todas partes. Han destrozado el televisor con algo punzante. Han rajado los sofás con un cuchillo. Literalmente, no ha quedado nada intacto.
Arriba está igual de mal. Han volcado los colchones, faltan los portátiles y mi móvil ha desaparecido.
Gracias a Dios que tengo las fotos en la nube, porque si no estaría destrozada.
¿Qué estoy diciendo? Estoy destrozada. Han vandalizado y profanado nuestro hogar.
Este lugar, que esta misma mañana era un refugio, ha quedado arruinado.
Y no se trata solo de las cosas. Se trata de los lazos que se han cortado entre todos nosotros.
Unos lazos que apenas empezaban a soldarse.
Me dejo caer en la silla de mi habitación y recorro con la mirada el desastre de mi ropa interior esparcida por el suelo.
Ni siquiera tengo fuerzas para sonrojarme cuando pillo al agente mirándome las bragas y los sujetadores.
Esto va mucho más allá de la vergüenza infantil.
Va tan lejos que me entran unas ganas absurdas de reír.
Mi vida se ha convertido en una montaña rusa de altibajos. Ha pasado de ser predecible a estar llena de emoción, drama y devastación. Todo se me ha ido de las manos, incluidas mis emociones.
—¿Sabe de algo más? —pregunta el agente.
—No, que yo sepa, eso es todo. Valdrá la pena que hable luego con Cash sobre el papeleo y por si falta algún objeto de valor escondido. Yo no sé gran cosa de la casa. Llevo poco tiempo aquí.
—¿Trabaja aquí?
—Sí, soy la encargada de la casa. —Y mientras lo digo, se me parte el corazón. Me había convertido en mucho más, pero he roto demasiada confianza para volver a serlo algún día.
—Bueno, será mejor que me vaya. Ya me pondré en contacto con usted.
Asiento y espero a que salga de la habitación antes de seguirlo escaleras abajo. Cuando se ha ido y el ruido del coche se ha apagado en la distancia, me quedo de pie en la cocina y miro a mi alrededor.
Todo lo que hice aquí ha quedado deshecho.
El hogar que ayudé a levantar de nuevo está hecho añicos.
Una parte de mí quiere quedarse y arreglarlo.
Quiero dejar este sitio como estaba para que, cuando Cash, Cary, Colt, Sawyer y Scott vuelvan, tengan menos motivos para enfadarse.
Podría quedarme e intentar compensar todo lo que ha pasado, pero, si lo hago, tendré que enfrentarme a su rabia.
Tendré que ver sus caras de decepción y oír las palabras que me romperán el corazón.
Tendré que aguantar que me echen, y no puedo.
Tengo que marcharme antes de que vuelvan.
No tardaré mucho en recoger mis cosas. Apenas tengo pertenencias y, de todos modos, están tiradas por el suelo.
Si me doy prisa, me habré ido antes de que vuelva ninguno.
Puedo cruzar los campos hasta el granero y pasar allí la noche.
En cuanto salga el sol, buscaré un autobús que me lleve a una vida nueva, una vida distinta.
Sé que no tendrá la misma calidez ni el mismo cariño que llenaban mi vida en la casa Flint.
Sé que no tendré a cinco hombres que cuiden de mí, ni a cinco hombres que me quieran.
Sé que no formaré parte de un negocio que me habría dado la oportunidad de aprender y de crecer como persona.
Voy a dejar atrás muchas cosas, pero es lo que tengo que hacer.
Ya he sufrido demasiado este año. Todavía tengo el corazón en carne viva por la pérdida de mi padre y de la granja. No puede soportar más.
Subo las escaleras tan rápido como me llevan los pies. Tan rápido, de hecho, que tropiezo en los últimos escalones y me rompo una uña contra la pared al intentar frenar la caída.
—Joder. —Me chupo el dedo mientras voy hacia mi habitación.
Mi maleta pequeña está en el suelo, apoyada en la cómoda.
La abro y meto dentro las pocas cosas que tengo, incluido todo el dinero que Cash me ha pagado desde que llegué.
Al menos esta vez huiré con algo a mi nombre.
Suficiente para comprar un billete de autobús y pagar unas cuantas noches de motel mientras encuentro otro sitio donde trabajar, otro lugar donde dormir.
Tardo exactamente veinte minutos en borrar cualquier rastro de que he pasado por la casa Flint.
Abajo cojo los sándwiches que preparé para comer y que nadie ha tocado.
Hoy han pasado demasiadas tragedias para que a nadie le importe comer, pero puede que mañana tenga hambre y necesite algo con lo que aguantar.
El aire de fuera de la casa está impregnado de olor a quemado: mi antigua granja y los sueños que me había permitido tener.
Pobre ingenua.
Una vida tan buena como la que tenía aquí no entra en mi historia.
Las mujeres como Connie, que saben lo que quieren, que son lo bastante guapas y lo bastante divertidas, consiguen su final feliz.
A las mujeres como yo, con tierra bajo las uñas y agujeros en las rodilleras de los vaqueros, nos toca fregar suelos e ir de un sitio a otro.
Emprendo el camino hacia el granero, que siempre fue mi lugar feliz.
No tardo mucho en llegar a la valla que todavía separa las tierras de los Cooper del rancho Hard Valley. Desde aquí veo a Cash hablando con los bomberos, que ya han apagado las llamas y están recogiendo. Lo que queda de la casa —un cascarón ennegrecido— reluce de agua y todavía humea.
Incluso desde aquí veo a Cash frotándose la cara con las manos.
Tiene los hombros hundidos, aplastado por el peso de todo.
Sé que mi mano en su nuca lo habría calmado.
Sé que abrazarlo con fuerza le habría quitado parte de la tensión, aunque solo fuera un rato.
Sé que, si lo besara, se perdería en el suave intercambio de sensaciones y se olvidaría de todo esto. Pero solo sería temporal.
Detrás de él, Colt está apoyado en la camioneta. Niega con la cabeza, como si aún no se hubiera recuperado de lo ocurrido. Su sonrisa característica ha desaparecido de su rostro atractivo. Igual que su hermano, está agotado.
Entonces suena el teléfono.
Se le ilumina la cara con una sonrisa y llama a Cash. Mientras cambian unas palabras, sé que Scott, Cary y Sawyer deben de haber encontrado a Big Boy. Nada más podría darles tanta alegría en un momento tan horrible. Incluso en medio de mi desdicha, no puedo evitar sonreír.
En realidad, los objetos y las posesiones no importan. Lo que importa es lo que amamos de verdad, con todo el corazón, y sé que, para los Bradford, Big Boy es precisamente eso.
Poco a poco, la explanada que hay delante de Cooper’s Cottage se va quedando vacía y el polvo se levanta tras los vehículos que se alejan.
Paso por encima de la valla a duras penas, cargando con la maleta.
No tardo mucho en atravesar el campo. Hubo un tiempo en que venía corriendo hasta aquí, y las hierbas altas me hacían cosquillas en los dedos extendidos.
Buscaba grillos y otros bichos de aspecto curioso, los tenía un rato presos en tarros de cristal vacíos y después los soltaba en algún sitio donde me parecía que estarían a salvo.
Ahora camino con pasos cansados, a desgana.
Cuanto más me acerco a lo que fue mi casa, ahora calcinada, más cerca me siento de romperme.
La puerta del granero está abierta. Aquí no se ha hecho nada desde que me fui. Cash tenía planes en la cabeza, y yo también. Ideas que me burbujeaban dentro con una ilusión que me daba vértigo. Ahora también ellas han quedado reducidas a cenizas.
Todavía no ha anochecido, pero no tengo nada que hacer salvo pelearme con mis demonios y enfrentarme a mis miedos.
Vuelvo al mismo sitio donde dormí la noche siguiente a la subasta y me acurruco bajo la misma manta fina.
Cierro los ojos e intento alejar todos los recuerdos que me clavan un dolor sordo en el pecho.
Las lágrimas me resbalan por las mejillas, pero no hago ni un ruido.
Dejaré salir el dolor en silencio y, por la mañana, lo enterraré todo de nuevo para que no pueda volver a tocarme el corazón.