Capítulo 25
Noa
Durante los seis días siguientes a la final, la foto del beso aparece en todas partes, pero afortunadamente nadie pone nombre a Jordan. En el vestuario lo sabe todo el mundo, claro. Iris se ha encargado de que no quede ninguna duda, aunque ya todo el mundo lo sabía.
—Buah, Inglesa, el año que viene quiero otra igual —me dice en la comida de fin de temporada, enseñándome la foto en su teléfono—. Pero avísame antes, que en esta salgo ahí detrás con una cara horrible. Mira, todo el pelo pegado a la frente.
Tras el fin de la temporada, disfrutamos de unos días sin horarios. No tengo que levantarme para entrenar ni acostarme pensando en el siguiente partido. Jordan sigue trabajando, pero las mañanas que tiene libres se queda conmigo en la cama hasta que a alguna le entra hambre. Casi siempre a mí.
Por primera vez desde que llegué a Seattle, tengo tiempo para no hacer nada y no me siento culpable por ello.
Lo único que me preocupa es la propia Jordan. Comprueba el teléfono demasiado a menudo, como si esperase algún mensaje que no acaba de llegar. Cuando le pregunto, siempre me dice que no es nada y empiezo a estar harta de escuchar la misma respuesta.
La gala de la liga es una semana después de la final.
Me dan el MVP de la liga e Iris finge enfadarse, pero todas sabemos que se alegra por mí. Ella ha vuelto a ganar el trofeo de máxima goleadora, y ya van unos cuantos años seguidos.
En el escenario, agradezco el premio a mis compañeras, a Hades y a la doctora Osei. Después busco a Jordan con la mirada.
—Y a la mujer que me ha hecho feliz desde que llegué a esta ciudad —añado con una sonrisa boba.
Ella se ruboriza un poco y baja la mirada. No menciono su nombre, pero tampoco creo que haga falta.
***
Por la mañana me despierta el teléfono.
Hay mensajes de Callum, de Iris, de gente con la que no hablo desde hace meses. Abro primero el de mi hermano. Solo ha escrito “Llámame” y adjunta una noticia.
Mi foto con Jordan preside el artículo. Debajo aparecen su nombre, su antiguo puesto en las Emeralds y algo sobre una investigación de la Junta Estatal de Psicología por una posible relación inapropiada con una jugadora.
Una investigación que lleva varios meses abierta y de la que yo no sabía nada.
Lo leo varias veces antes de sentarme en la cama, porque todavía no me lo creo.
Jordan está despierta a mi lado, con el teléfono entre las manos y por la cara que pone, sé que ya lo ha visto.
—¿Qué es esto, joder? —pregunto, aunque me sale más como un gruñido.
Deja el móvil sobre la mesilla.
—Hay una investigación abierta.
—Ya, bueno, eso ya lo he leído. ¿Desde hace meses?
Tarda en contestar y noto cómo me empieza a faltar el aire.
—La primera carta llegó justo antes de la boda de Mireya.
—¿Y no me has dicho nada?
—Pensaba que se resolvería con la documentación que aportó el club. Luego empezaron a pedir más cosas y…
—¿La reunión del día de la semifinal era sobre esto?
Asiente en silencio.
—Ya había declarado unos días antes. Ese día fui a entregar unos documentos y aclarar algunas cosas —responde.
—Me dijiste que era un asunto administrativo de las Emeralds.
—Lo sé.
—No, Jordan. Me mentiste. Te pregunté y me mentiste.
Se frota las manos sobre las rodillas.
—No quería preocuparte antes de los playoffs.
La respuesta me enfada todavía más.
—Pues ahora estoy preocupada y además me siento una jodida idiota, porque no has confiado en mí para algo tan importante.
De pronto, me viene a la mente el beso en el campo delante de las cámaras de la televisión nacional.
—Joder, el beso en la final —suspiro, llevándome una mano a la boca.
—Ya.
—Podrías haberme avisado.
—Quería besarte. Y no me arrepiento de eso para nada.
—¿Se sabe quién presentó la denuncia?
Jordan me mira raro y siento una punzada de dolor.
—Joder, ¿crees que… crees que fue mi padre quien lo hizo? —pregunto con miedo, aunque casi prefiero no conocer la respuesta.
—No lo sé, Noa —suspira—. Fue una denuncia anónima, y prefiero no pensarlo, la verdad. Solo quiero que esto se acabe. Como sea, pero que se acabe, porque ya no puedo más —confiesa.
—Mierda, Jordan, somos una pareja, para lo bueno y para lo malo. No puedes pasar sola por algo que puede cargarse para siempre tu carrera y no decirme nada —digo mientras la abrazo.
Ese día lo pasamos evitando llamadas. El club nos ha pedido que no respondamos a la prensa y Callum me pregunta si quiero que vuelva desde Inglaterra prácticamente cada hora.
Apenas hablamos entre nosotras. Por la noche, cuando nos ponemos el pijama, se queda en la puerta del dormitorio.
—Si lo prefieres, puedo dormir en el sofá —dice tan bajito que apenas la escucho.
—No quiero que duermas en el sofá.
—¿Sigues enfadada?
—Sigo muy enfadada —le aseguro—. Puedo entender que no me lo quisieses decir hasta la final, pero han pasado seis días.
—Estabas muy contenta, no quería estropearlo.
—Preferiría que hubieses confiado en mí y haber estado preocupada contigo. No tienes que cuidar a todo el mundo todo el tiempo. Soy tu pareja —le recuerdo.
***
Al día siguiente vamos al complejo para reunirnos con Tessa y Drummond. No hay entrenamiento, pero casi todas las compañeras han pasado a recoger sus cosas antes de las vacaciones.
Iris me espera junto al vestuario.
—¿Cómo está la bruja?
—Mal. Aunque si le preguntas, te dirá que lo tiene todo controlado.
—Ya, eso se le da de maravilla —gruñe—. Dale un abrazo de mi parte. Uno fuerte, ¿eh?
Drummond nos recibe con el teléfono boca abajo sobre la mesa.
—Vamos a publicar un comunicado de prensa. Confirmaremos las fechas de la salida de Jordan y lo que consta en nuestros registros. Nada de entrevistas sobre esto.
No promete que vaya a arreglarlo.
A continuación, Tessa me acompaña a su despacho y me pide que firme una autorización para facilitar documentación a la junta. Se sienta conmigo y me explica qué incluye: los registros de Valeria, el informe de la crisis en el vestuario y las fechas en las que Jordan se apartó del programa.
—Léelo con calma, por favor. Todo se tratará de una manera confidencial, como es lógico, pero ahí hay información personal tuya un poco… delicada —dice, haciendo una pausa antes de la última palabra.
—Si puede ayudar a Jordan, por mí adelante, como si sale en los periódicos que he tenido un ataque de ansiedad en las duchas.
—No va a salir en ningún periódico —me asegura.
Al salir me tiemblan un poco las manos. Me siento en un banco hasta que puedo sacar el teléfono sin que se me caiga. Por suerte, Iris y Zoe salen conmigo, porque en la puerta hay periodistas y uno se acerca en cuanto me ve.
—Noa, ¿qué tienes que decir sobre el escándalo con la psicóloga?
Iris se mete entre nosotros.
—Buah, escándalo, dice el tipo este. Qué manera tan fea de llamarlo, ¿eh?
Zoe le toca el codo para que se calle, pero ya no hay manera de frenarla.
—Jordan ha cuidado de este equipo durante seis años.
A mí me ha ayudado mucho, y eso sí puedo contarlo cuando quiera porque es cosa mía.
Es la mejor psicóloga deportiva que hemos tenido y dejó el cargo antes de que hubiese nada entre ella y Noa.
Así que llamarlo escándalo es una exageración.
Esa mujer dejó su trabajo en las Emeralds por amor.
Ojalá todos los escándalos fuesen así. Bueno, eso, pues ahora ya sabes la verdad —concluye mientras el periodista se la queda mirando con cara de susto.
—Drummond te va a llamar —le advierto.
—Ya. Por eso voy a tener el teléfono apagado todo el día —responde mientras me acompaña al coche.