Cinco cosas que veo (Seattle Emerals 5) Capítulo 24
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Capítulo 24

Jordan

Las cuatro y veinte de la madrugada.

Llevo desde antes de las cuatro ordenando papeles en la mesa de la cocina. Copias de mi declaración metidas en una carpeta que, de tanto abrirla, tiene las esquinas blandas. Tantos cafés que es imposible dormir.

No enciendo la luz grande, solo las luces de la encimera; si Noa se despierta, pensará que solo he venido a beber agua.

La junta abrió una investigación preliminar. Al principio me agarré bastante a esa palabra: preliminar. Ahora solo significa que todavía no han decidido qué hacer conmigo y con mi carrera.

La primera declaración vino cuatro días antes de la semifinal. Contesté a todo lo que me preguntaron, sin mentiras, aunque tampoco dije más de lo que me pedían.

La reunión del día del partido fue un trámite. Confirmación de fechas y entrega de nuevos documentos. La definitiva será tras la final de los playoffs. Aceptaron posponerla.

Noa me preguntó al volver de las semifinales, sentada en el sofá del salón.

Le dije que solo era un asunto administrativo del club, que había todavía papeleo pendiente. No fue técnicamente una mentira. Tampoco era verdad y me costó mantenerle la mirada mientras lo decía.

Me parece que no me creyó, pero no puedo preocuparla antes del partido más importante de la temporada.

Al regresar al dormitorio, Noa se mueve para dejarme sitio sin llegar a despertarse del todo. Me tumbo a su lado y me pasa un brazo por la cintura.

Pasado mañana juega la final, así que me quedo quieta hasta que vuelve a respirar despacio.

***

El día de la final, llego al estadio con tiempo de sobra y aun así encuentro las gradas casi llenas.

Callum se ha puesto una bufanda de las Emeralds y una camiseta con el número de su hermana en la espalda.

Mireya comprueba los números de los asientos y nos hace avanzar por la fila.

Al jugar cerca de Seattle las gradas se tiñen de verde.

—Aquí.

Me siento entre los dos. He pasado buena parte del viaje deseando que empezara el partido; ahora que falta tan poco, tengo el estómago en la garganta.

Cuando las jugadoras salen del túnel de vestuarios, todo el mundo se pone en pie.

Noa mira hacia donde estamos y levanta la mano para saludar, y yo no me doy cuenta de que clavo las uñas en la palma de mi mano hasta que veo la marca poco más tarde.

El primer gol llega en el minuto veinte. Una falta en el borde del área, un despeje que no sale y el balón dentro.

Cero a uno.

—Queda muchísimo, todos tranquilos —nos asegura Mireya, pero por el modo en que su pierna derecha salta sin parar, ella no lo tiene tan claro.

Callum se inclina hacia delante, con los codos sobre las rodillas. Yo no quito los ojos de Noa, que se recoge el pelo, habla con una compañera y regresa a su posición.

Zoe empata poco después, de córner. Un cabezazo seco a pase de Jade. Levanta el puño hacia el banquillo y echa a correr para celebrar frente a la grada antes de que las demás consigan alcanzarla.

Mireya grita junto a mi oído y Callum me agarra de los hombros y me zarandea como si el gol lo hubiese metido yo.

En el banquillo, Hades se ha puesto en pie y grita instrucciones a Iris.

Llegamos al descanso empatadas. Callum va a buscar agua y nos cuenta su teoría de que en estos momentos deberíamos ir ganando tres a cero.

—O perdiendo —rebate Mireya—. Porque su delantera se resbaló cuando estaba sola ante la portera.

—Eso no nos ayuda —gruñe Callum, bebiendo un gran trago de agua.

La segunda parte me cuesta más verla sentada.

En el minuto setenta y uno, Noa recibe por la izquierda. Amaga con avanzar, se detiene y obliga a la defensa a salir hacia ella.

—Ahí, ahí, esa es la jugada —chilla Callum, agarrándome tan fuerte del brazo que estoy segura de que mañana tendré la marca de sus dedos.

Noa corta hacia dentro y cruza el balón. Iris llega por el centro, mete un regate seco y chuta con fuerza, enviando el balón por la escuadra, donde la portera no puede llegar.

Callum me suelta para levantar los dos brazos.

—¡Esa es mi hermana! —grita.

Quedan casi veinte minutos y paso más tiempo mirando el reloj del marcador que a las jugadoras.

Cuando llega el pitido final, Callum se pone de pie y me levanta del suelo en un largo abrazo.

—Ganaron, joder, ganaron —repite sin cesar.

Abajo, Noa está abrazada a Iris. Zoe corre hacia ellas y las tres desaparecen entre las demás.

Tardamos en poder bajar al campo. Primero el trofeo, las fotografías, las jugadoras que no consiguen colocarse como les piden. Callum aplaude cada vez que alguien levanta la copa.

Cuando por fin nos dejan pasar, Mireya se funde en un largo abrazo con Hades y Noa grita mi nombre.

Viene corriendo hacia mí y me besa.

—Se acabó la temporada —me dice al oído—. Ni un día más.

La abrazo. Quiero grabar este momento para siempre, pero Iris se cuelga del cuello de las dos y está a punto de tirarnos al suelo.

—¡Quinta liga en seis años, bruja, quinta liga! —chilla junto a mi oído.

***

En el hotel, mi habitación está dos plantas por encima de la suya y Noa me acompaña en el ascensor con nuestros dedos entrelazados.

Ya se ha despedido de Tina y ha avisado a Hades de que no dormirá en su habitación. No ha sido la única: durante la cena, varias jugadoras han reorganizado sus planes para pasar la noche con sus parejas o sus familias. Iris y alguna más se han ido de fiesta para celebrarlo.

—Tengo que bajar mañana a recoger la bolsa —dice.

—¿Necesitas algo ahora?

—Lo importante lo llevo —dice, enseñándome la medalla antes de besarme.

—Tendrás que quitártela, que me vas a dejar marca.

—Me la he ganado. Se queda puesta. Será lo único que llevaré puesto en cuanto lleguemos a la habitación —me advierte con un guiño de ojo que me deja las rodillas temblando.

A las tres de la mañana decide que tiene hambre a pesar de que ya habíamos cenado, así que pedimos una pizza y nos la comemos sentadas en el suelo, desnudas, con la espalda pegada al colchón.

Noa me cuenta algo que dijo Iris en el vestuario y se ríe antes de llegar al final, así que tengo que pedirle que repita la última parte.

Después me roba un trozo de pizza.

La carpeta está en mi maleta. Se lo iba a contar esta noche.

Noa apoya la cabeza en mi hombro.

—Me alegro de que hayas venido —susurra mientras desliza la punta de los dedos por mis pechos.

La beso.

Ya habrá tiempo para hablar de la carpeta.