Capítulo 44 #2
—Y existe otro problema —intervino Aiden—. No hay ninguna garantía de que los dragones nos permitan completar el viaje. En cuanto descubran que York ha sido abandonada, empezarán a buscarnos.
—Precisamente por eso debemos marcharnos de inmediato —replicó Urrejaun.
—Si nos encontramos con pequeños grupos de dragones durante la travesía, nuestros magos y soldados podrán encargarse de ellos utilizando magia dorada —aseguró Dameros—. Pero si la horda completa nos alcanza, no habrá nada que hacer.
Taika frunció el ceño.
—Hay otro problema.
Todos se volvieron hacia él.
—¿Cuál? —preguntó Dafne.
—Si la amenaza es tan grave como parece, no solo tendremos que evacuar York. También habrá que trasladar las ciudades del centro de los desiertos. Y todas ellas acabarán buscando refugio en esas mismas cordilleras.
Dafne negó lentamente con la cabeza.
—Será una operación gigantesca.
Urrejaun asintió con expresión sombría.
—Lo sé. Y, aun así, tendremos que hacerlo porque la alternativa es morir.
Dafne permaneció unos segundos en silencio.
Urrejaun, Magures y Dameros no dijeron nada, pero la tensión era evidente en sus rostros. Sabían que el destino de York, de miles de personas, dependía de aquella respuesta.
Finalmente, Dafne se volvió hacia sus compañeros dando la espalda a Urrejaun y los demás.
—Necesito escuchar vuestra opinión.
Ivo fue el primero en hablar.
—Si no los ayudamos están condenados. Debemos hacerlo, es lo que nosotros esperaríamos de cualquier aliado si estuviéramos en su lugar. El universo ayuda a aquellos que ayudan a los demás y se vuelve contra los que abandonan a los necesitados a su suerte.
Dafne asintió lentamente.
—Lo entiendo, el problema sigue siendo el mismo: quizá no haya espacio para todos. Y no solo eso. El viaje podría convertirse en una catástrofe para nosotros también.
—Si los dragones nos encuentran estaremos muertos igualmente —señaló Aiden.
Lily cruzó los brazos.
—Yo tampoco lo veo tan claro. Si aceptamos ayudarles podríamos estar condenándonos junto a ellos.
Ivo negó con la cabeza.
—Pensadlo al revés. Imaginad que fuéramos nosotros quienes estuviéramos pidiendo refugio. Imaginad que los Desher Tumaini nos hubieran cerrado las puertas cuando llegamos a las Montañas de la Sangre. Ahora estaríamos todos muertos.
Las palabras dejaron pensativa a la líder rebelde. Dafne soltó un largo suspiro.
—Ivo tiene razón. Puede que esto nos complique enormemente las cosas, pero no podemos darles la espalda, no después de todo lo que hicieron por nosotros —su mirada se dirigió brevemente hacia Dameros—.
Nos dieron magia dorada cuando más la necesitábamos y gracias a ello conseguimos liberar a todas las ciudades del este de los desiertos.
Ahora no podemos negarles ayuda cuando son ellos quienes la necesitan.
Además, Ivo tiene razón, haz el bien o malas cosas te sucederán.
Volvió la vista hacia Taika.
—¿Qué opinas?
El Felidae permaneció unos instantes en silencio antes de responder.
—Creo que será extremadamente difícil. Tendremos que movernos deprisa y trabajar más de lo que jamás lo hemos hecho, pero coincido con Ivo. No podemos abandonarlos a su suerte.
Dafne asintió. La decisión estaba tomada. Se volvió hacia Urrejaun.
—Os ayudaremos.
Durante unos segundos nadie dijo nada. El alivio de los de York fue inmediato y visible. Urrejaun cerró los ojos y exhaló lentamente, como si acabaran de quitarle un edificio de encima.
—No sabéis lo que significa eso para nosotros. Os recompensaremos. Tengo muchísimo oro.
—No lo hacemos por oro —respondió Dafne.
—Aunque la sustancia dorada de Dameros vale mucho más que cualquier tesoro —añadió Taika.
Una leve sonrisa apareció en el rostro del mago.
—Entonces tendréis ambas cosas. Oro y sustancia dorada. Todo cuanto podamos aportar para asegurar nuestra supervivencia —ofreció Urrejaun.
—Perfecto —dijo Dafne—. En ese caso no perdamos más tiempo. Evacuemos la ciudad y preparemos el regreso a los desiertos.
Urrejaun asintió.
—Ya está todo listo. Los barcos que habéis visto en la bahía están cargados de personas, provisiones y suministros. York está prácticamente evacuada. Solo esperábamos vuestra llegada para levar anclas.
Dafne arqueó una ceja.
—Veo que confiabas bastante en el resultado de esta reunión.
Urrejaun dejó escapar una breve sonrisa cansada.
—Estaba dispuesto a suplicar lo que fuera necesario, pero también confiaba en vuestro honor.
La expresión de Dafne volvió a endurecerse.
—Entonces recuerda esto cuando lleguemos a los desiertos: no puede haber conflictos entre tu gente y la nuestra. Entre tú y yo.
El gobernante asintió de inmediato.
—No los habrá. Acataremos las normas de los rebeldes de Kraido mientras permanezcamos bajo vuestra protección.
La reunión llegó entonces a su fin.
La decisión estaba tomada. York sería abandonada. Miles de personas tendrían que dejar sus hogares y emprender el camino hacia las montañas del desierto, muy al sur, donde esperaban encontrar un refugio capaz de resistir a los dragones.
Ahora solo quedaba una carrera desesperada.
Llegar a las montañas antes que los dragones.