Capítulo 39 #2
La Escuadra Ígnea intentaba acercarse por el centro, a su izquierda la Ardiente tenía más fortuna.
La mitad de la escuadra estaba siendo atacada por el caudal y la otra mitad se estaba librando.
Lo mismo ocurría en el otro lado con la Candente donde la mitad de la escuadra sufría el tremendo ataque mientras la otra parte conseguía avanzar sin ser alcanzada.
—¡Atacad! —gritó Brendan llegando hasta el lateral del cuello del dragón con Cordelius y Lara.
En el otro lado, Logar, Valka y Lita también conseguían llegar.
Sin embargo, sus compañeros estaban teniendo muchos problemas.
No solo tenían que avanzar luchando contra la fuerza del caudal, sino que a su vez tenían que enviar energía a reforzar sus defensas porque se estaban debilitando con una rapidez excesiva.
Mantener la concentración para enviar energía a las defensas mientras intentaban llegar hasta el dragón empleando además toda su fuerza física, les estaba resultando realmente complicado.
El dragón, entrecerrando un ojo, se dio cuenta de que tenía atacantes a los lados.
Giró la cabeza y envío su aliento sobre ellos.
Al mover la cabeza hacia los dos lados y enfocar su caudal hacia allí, permitió que Dafne y sus compañeros pudieran avanzar de forma frontal.
Mientras los rayos caían sobre las escuadras Ardiente y Candente, la Ígnea llegó hasta la base del cuello del dragón.
Taika golpeó con fuerza y agilidad y los demás lo siguieron y atacaron. Clavaron sus lanzas golpeando con toda la fuerza de la que eran capaces impulsados no solo por el odio que sentían por los dragones sino por la esperanza de matar a aquella bestia y seguir el camino hacia la libertad.
El dragón rugió de dolor y toda su atención se volvió hacia la Escuadra Ígnea.
Bajó la cabeza y, en lugar de enviarles su aliento de dragón, intentó arrancarles la cabeza de un gran mordisco.
Lily vio que los enormes dientes se cerraban sobre ella y saltó a un lado para evitarlo.
De inmediato, el dragón golpeó con el lateral de su boca a Dafne, que salió despedida.
Taika e Ivo seguían clavando sus lanzas en el cuello con toda la fuerza que podían.
—¡Atención! —dijo Aiden al ver que iba ahora a devorarlos a ellos.
El dragón cerró la boca con una fuerte dentellada que buscaba decapitar a ambos en un solo ataque.
Taika e Ivo se lanzaron no hacia atrás, sino hacia el torso del dragón, de forma que su boca no pudiera alcanzarlos al no poder doblar tanto el cuello hacia abajo.
Pero él consiguió golpearlos con la barbilla.
Los dos cayeron contra las redes que atrapaban al dragón y no se levantaron.
Aiden quedó frente al gran monstruo y por un breve momento los ojos del Drakónido se toparon con la mirada furiosa de la bestia. Aiden sintió que estaba ante uno de sus señores y que enfrentarse a él era un error que le iba a costar la vida. El dragón le mandó un mensaje mental que así lo confirmó.
«¡Muere, traidor, eres una vergüenza para tu raza!».
Aiden tenía claro que era su final, así que invocó su habilidad Furia y avanzó gritando como un poseso para clavar la lanza en el cuello del dragón. Si había de morir, moriría luchando.
Sin embargo, no consiguió llegar hasta el cuello, ya que el dragón le envió un ataque mental tan fuerte que consumió toda su defensa en un instante y entró en su mente.
Se fue al suelo sin poder defenderse y quedó tumbado sufriendo un terrible dolor mental, como si mil rayos hubiesen explotado en el interior de su cabeza.
Dafne intentaba ponerse de pie, pero el golpe que había recibido había sido tremendo y estaba sin aire. Pensó que el dragón iría a rematarla, pero la Escuadra Ardiente y la Candente atacaron con renovado ímpetu al verlos en peligro.
El dragón no tuvo más remedio que hacer frente a los ataques que recibía desde los costados de su cuello.
Envío ataques mentales a la Escuadra Ardiente y dejó a todos en el suelo sin poder atacar.
Luego giró la cabeza hacia la Escuadra Candente y embistió con su aliento de rayos forzando que la mitad cayeran al suelo y la otra mitad tuvieran que salir del caudal lanzándose a los lados.
Dafne vio que el dragón había rechazado todos sus ataques. No estaban consiguiendo acabar con él.
—¡Retirada, nos reagrupamos! —dijo a sus compañeros.
Los que pudieron se retiraron. Levantando las manos hizo una señal hacia los soldados que tenían detrás.
—¡Ayudadles! ¡Sacadlos de ahí!
Los soldados corrieron a cumplir la orden. Dafne vio que no podía contar con la Escuadra Ardiente ni la Candente. Peor que eso, tenía que cubrirlos porque el dragón podría rematarlos.
—¡Tirad todos contra la cabeza! —ordenó a los soldados.
Miles de flechas volaron de nuevo contra la cabeza del dragón, que se vio obligado a cerrar los ojos y a bajarla.
Los soldados estaban cumpliendo con creces.
El dragón sangraba del cuello por multitud de heridas y no estaba pudiendo atacar debido a la ingente cantidad de lanzamientos que estaba recibiendo.
Tampoco podía huir, ni elevarse y escapar.
Dafne vio que era la oportunidad de rematarlo.
—¡Vamos, seguidme los que podáis, tenemos que acabar con esto ahora!
—Estamos contigo —dijo Taika.
—Rematémoslo —dijo Ivo.
Aiden y Lily estaban fuera de combate, al igual que la mayoría de la Escuadra Candente y de la Escuadra Ardiente. Brendan y Logar consiguieron llegar hasta ella ayudados por soldados.
—Estamos contigo, adelante —dijo Brendan.
Dafne hizo una seña a los soldados y al momento la lluvia de proyectiles cesó.
—¡Ahora, rápido, a por él! —dio la orden y salieron corriendo.
El dragón intentó de nuevo liberar sus alas sin percatarse de que la lluvia de flechas había cesado, pero fue en vano. El resto de los brujos de dragón estaban dirigiendo a los que mantenían presas las alas y estaban realizando una labor excelente. Aquel dragón no iba a poder escapar.
Los cinco llegaron hasta su cuello antes de que este siquiera pudiera darse cuenta de que se le acercaban.
Casi de forma simultánea atacaron donde ya había una herida y sangraba.
Las lanzas se clavaron haciendo que las heridas fueran todavía más profundas.
Gran cantidad de sangre comenzó a brotar y caer al suelo. Estaba malherido.
El dragón rugió de dolor e intentó liberar sus patas delanteras para acabar con ellos a zarpazos, pero no lo logró.
Envió su aliento elemental, que los alcanzó solo parcialmente ya que estaban muy cerca del cuello y el caudal cayó a sus espaldas en su mayoría.
Aun así, al recibir el ataque sintieron su fuerza.
Los rayos estaban acabando con sus defensas.
Ivo fue el primero en caer y se quedó en el suelo con convulsiones por las descargas que estaba recibiendo. Logar también cayó y, un momento más tarde, Taika. Estaban recibiendo los rayos de la tormenta e iban a morir. Dafne se dio cuenta y miró a Brendan, que todavía estaba en pie.
—¡Dale con todo tu ser!
Los dos golpearon una última vez con toda la fuerza que les quedaba y clavaron las lanzas.
El dragón soltó un rugido de dolor que evitó que pudiera seguir atacando con su aliento elemental.
Un momento después, la cabeza se le fue hacia un lado, luego hacia el otro, y finalmente cayó hacia adelante entre Dafne y Brendan.
—¡Lo conseguimos! —gritó Dafne levantando las manos en signo de victoria.
Brendan levantó el brazo, pero estaba tan castigado que perdió el sentido y se fue al suelo.
Dafne se quedó sola con la cabeza del dragón frente a ella en el suelo.
Cogió la lanza y la clavó repetidamente entre los ojos como si estuviera sufriendo uno de los ataques de Aiden.
Le hizo un boquete en el cráneo y la punta de la lanza destrozó el cerebro.
Si no había muerto antes, ahora estaba bien muerto.
Los soldados, que habían estado tan concentrados en sujetar al dragón, se dieron cuenta de que ya no se movía ni hacía fuerza. Levantaron la mirada y vieron a Dafne subida a la cabeza del dragón. Fueron soltando cuerdas y redes al darse cuenta de que el dragón había muerto.
Dafne levantó la lanza sobre la cabeza. Toda ella estaba salpicada de sangre oscura de dragón.
—¡Muerte a los dragones! ¡Por la libertad! —gritó a los suyos.
De miles de gargantas por toda la ciudad le llegó la respuesta.
—¡Muerte a los dragones! ¡Por la libertad!