Capítulo 37 #2
Dafne y Taika daban órdenes a los soldados que huían de las flechas enemigas.
En aquel momento reinaba el caos en la zona en la que estaban, ya que todos los que huían y los que habían salido a protegerlos se les vinieron encima.
Ivo y el resto del Escuadrón Rojo intentaban organizar la retirada tras la línea defensiva.
Las flechas seguían cayendo, pero delante de ellos, sin poder alcanzarlos ya.
Todos los que huían se habían puesto a salvo, cruzando la línea defensiva.
Por fortuna, los ataques de los brujos de dragón y arqueros noceanos sobre los tiradores impidieron que aquello terminara en una masacre.
Ya solo quedaba un loco que seguía atacando a los tiradores de la ciudad: Aiden. Lily lo protegía lo mejor que podía, pero sintió que lo iba a perder. Sus compañeros se darían cuenta en breve y vendrían a ayudarla, pero temía que fuese demasiado tarde.
Tomó una determinación. Sin soltar los escudos y mientras las flechas los golpeaban, Lily usó su habilidad Encantar sobre Aiden.
No sabía si podría hacerlo estando como estaba, pero tenía que intentarlo.
No tuvo problema para identificar el aura mental de Aiden.
Estaba completamente roja, pero de un rojo negruzco y brillante a la vez, era la ira.
Temió que Aiden hubiera levantado sus defensas mágicas, pero no lo había hecho.
Lily resopló. Podría penetrar en su mente y con un poco de suerte dominarla.
Si hubiera estado su defensa activa habría tenido que derribarla y no tenían tiempo para eso.
De todas formas, en el estado en el que estaba era casi imposible que pudiera pensar, mucho menos controlar sus defensas mágicas.
Accedió a la mente de Aiden y comenzó a luchar contra aquella ira furibunda roja y brillante.
Enviando energía a su habilidad comenzó a tornar aquel rojo de rabia descontrolada en violeta, el de su poder de encantamiento.
Utilizó el poder de su mente para ir dominando la de Aiden.
El violeta fue cubriendo el rojo hasta que desapareció. Ya lo tenía.
—¡Aiden, retírate tras la línea defensiva! ¡Corre! —ordenó con voz y mente.
Aiden, sin variar la expresión, bajó el arco, se dio la vuelta y salió corriendo.
Varias flechas le dieron en la espalda, pero su armadura aguantó. Lily, que estaba bajo una lluvia de flechas, salió corriendo tras él reforzando su defensa de escamas. Una docena de flechas la alcanzaron, pero no traspasaron su protección. Corrió como una gacela tras Aiden.
Llegaron a la línea y el Drakónido la cruzó y siguió corriendo.
—¡Será cabeza de roca! —exclamó Lily, que no podía creerlo.
Corrió tras él y le ordenó detenerse. Consiguió hacerlo antes de que se fuera corriendo hasta quién sabe dónde en las profundidades del desierto.
—Quieto ahí —dijo tanto de voz como de comando mental.
Aiden no se movió lo más mínimo. Lilly se dobló debido a la carrera, que la había dejado sin aliento. Levantó la vista y se quedó mirando a Aiden con un sentimiento entre enorme felicidad y alegría socarrona.
—Tengo que hacerle más veces esto porque es una delicia verlo obedecer y que no pueda abrir la boca —murmuró para sí misma.
Ivo estaba cerca. Terminó de dar órdenes y enviar a los noceanos recién llegados con sus compañeros y observó a Lily. De alguna forma intuyó lo que Lily estaba haciendo.
—¿No le habrás encantado…?
—¿Yo? Nunca se me ocurriría… —replicó ella con una sonrisa pícara, ya recuperada.
Ivo puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza.
—Ya verás cuando se entere. Le va a dar otro ataque.
Lily se encogió de hombros.
—¿Qué quieres que haga si le dan ataques y no escucha a nada ni a nadie? Era eso o dejarle morir.
—Si a mí me parece estupendo —dijo Ivo levantando los brazos—. Lo que digo es que a él no le va a parecer nada bien.
—Pues tendrá que aguantarse. Es lo que hay. Y si le vuelve a dar otro ataque de estos, lo vuelvo a encantar.
Dafne observaba el final de la retirada. De la ciudad no salió nadie a perseguirlos. Eso la tranquilizó.
—Hay que ocuparse de todos los heridos —ordenó.
—Nos ocupamos —dijo Logar.
—Brendan, ayudadles —dijo Dafne.
—Al momento.
—General Abdu Buba, encárgate de los soldados noceanos.
—Me encargo —dijo y dio órdenes a sus oficiales.
Aibin se acercó hasta Dafne.
—Será mejor que mantengas la posición del ejército alrededor de la ciudad —aconsejó.
Dafne lo miró.
—¿No sería mejor retirarnos?
—Los fanáticos son bastante traicioneros, como ya has comprobado. Podrían salir y atacarnos por la espalda según marchamos. Mejor quitarles esa idea de la cabeza mostrando fuerza.
Dafne miró a Taika, que estaba atento, y asintió con la cabeza.
—De acuerdo así lo haremos.
El ejército de rebeldes mantuvo la ciudad rodeada hasta el anochecer. Llegaba el momento de decidir qué hacer.
—Las bajas no han sido demasiadas —informó Taika a Dafne.
—Y hemos liberado a los soldados de Kraido y noceanos de los fanáticos —se alegró Ivo.
—Por fortuna la traición no ha sido suficientemente dañina —dijo Abdu Baba.
—No lo ha sido porque lo teníamos previsto —dijo Dafne—. Muchas gracias a todos por el apoyo que me habéis dado en esta liberación táctica de la ciudad.
Saludó con la cabeza con respeto a los brujos de dragón de su escuadrón que se habían reunido tras ella, a Aibin y finalmente al general noceano.
—No hay por qué darlas —dijo Abdu Baba y devolvió el saludo también con respeto.
—De parte de todos los soldados de Kraido que han sido liberados y la mía propia, quiero daros la más sincera enhorabuena y las gracias —dijo Foles.
—Era lo que teníamos que hacer —dijo Dafne.
—Y lo hemos hecho gustosos —añadió Lily y miró a Aiden.
El Drakónido ya estaba fuera del encantamiento y recuperado. Miraba a Lily muy enfadado. Era consciente de lo que había pasado y no estaba nada contento.
—¿Y ahora qué? —preguntó Dafne—. Hay que retirarse o tomar la ciudad —dijo como ofreciendo una invitación al resto a que opinaran.
—Creo que no merece la pena tomar la ciudad. No solo por el coste de vidas que supondría, sino porque mantenerla no va a ser una labor fácil y teniendo las otras ciudades del desierto, esta en concreto tampoco es un punto tan importante —opinó Taika.
—Estoy de acuerdo —dijo Aibin —. No veo viable que podáis mantener a los fanáticos controlados en esta ciudad.
—Si se me permite opinar… ya sé que acabo de unirme a la rebelión —pidió Foles.
—Por supuesto que puedes opinar, aquí todos pueden —dijo Dafne.
—Nuestra experiencia en esta ciudad ha sido un martirio. Solo matando a los líderes y a muchos de sus lugartenientes se la puede tomar y controlarla. Si se decide hacerlo, habría que pasar a gran cantidad de fanáticos por la daga.
—¿Eso lo dices por odio o porque realmente lo crees así? —preguntó Ivo.
—Lo digo porque así lo creo. Por supuesto que odio a esos fanáticos, pero no es que quiera matarlos a todos, es que no veo otra salida para controlar la ciudad.
Dafne se quedó pensando en la situación y se pronunció una vez lo tuvo claro.
—No vamos a tomar la ciudad porque, como bien dice Foles, no vamos a poder mantener el control y no voy a pasar a los fanáticos por la daga.
Eso sería algo que los dragones harían y nosotros nunca nos comportaremos como ellos, sea quien sea el enemigo al que nos enfrentemos.
Por muy despiadado y traicionero que sea, trataremos a todos con respeto y dignidad y no cometeremos actos barbáricos.
Que quede bien claro y que lo sepan todos.
Esta rebelión es honorable, aunque nos veamos obligados a luchar y matar, aunque tengamos las manos manchadas de sangre siempre actuaremos de manera justa.
Ese es el camino honorable para alcanzar la libertad y es el que seguiremos.
—¡Muy bien dicho! —exclamó Lily y levantó el brazo en signo de victoria.
—Nos retiraremos en unas horas y seguiremos camino. Que todos se organicen —ordenó Dafne.
El ejército rebelde abandonó la ciudad en dirección sur. Una nueva conquista les esperaba y sería una muy complicada porque iban a la gran ciudad de Kabiramadina. Y allí sí que habría un dragón.