Capítulo 34 #2
Antes de que cayera la noche la ciudad ya era parte del nuevo reino de los rebeldes de Kraido.
El Escuadrón Rojo descansaba en la fortaleza central, mientras los soldados rebeldes lo hacían distribuidos por toda la ciudad.
En las murallas dejaron vigías por si aparecía el dragón que quedaba al sur.
Esperaban y deseaban que no fuera así. Ya habían tenido bastante por una jornada.
Los rebeldes habían conseguido una gran victoria aquel día y descansarían saboreando una libertad que estaba un poquito más cerca.
Ya no parecía que fuera inalcanzable y esto les daba un optimismo y una moral como nunca habían tenido.
Todos eran conscientes de que todavía quedaba mucho que luchar, sufrir y morir.
Sabían que era más que probable que muchos no llegasen a ver el día en el que los rebeldes lograran su ansiada libertad, pero, aun así, la certeza de que el día llegaría comenzaba a cimentarse en sus corazones.
Tardaron unas cuantas jornadas en recuperarse de la batalla y sanar heridas.
Dafne no se sentía del todo bien. En el momento de la victoria no había sido consciente del coste en vidas.
Estaba contenta porque habían logrado vencer al dragón y liberar la ciudad, pero le preocupaban las muertes que habían sufrido.
Estaba meditando sobre ello junto al lar de la gran sala de estar del edificio militar principal de la ciudad.
Lily y Aiden hablaban en una esquina junto a unos butacones mientras Ivo examinaba algunos tomos que había encontrado en la biblioteca del edificio.
Taika se acercó con su andar ágil, como si supiera que necesitaba hablar con alguien.
—¿Todo bien? —dijo con su voz sedosa.
—Sí… bueno, algo preocupada…
Taika se sentó junto a ella en el sillón contiguo y observó el fuego.
—Si puedo ayudar, sabes que puedes contar conmigo —se ofreció con tono amable.
—¿Puedes encargarte tú de liderar nuestra causa aquí? —preguntó Dafne en su estilo directo.
Taika suspiró.
—Sabes que liderar no es mi fuerte.
—Tampoco es el mío, tú eres mucho más frío y sereno que yo. Eres mejor para tomar decisiones difíciles, yo me dejo llevar por mi mal carácter.
Taika negó con la cabeza.
—No tienes mal carácter, tienes carácter duro, el que se necesita para liderar.
—Tú eres más inteligente que yo y entiendes más de temas militares.
—Pero mi personalidad no es la adecuada para liderar. Sí para ayudar a una líder, que es lo que siempre intento hacer, lo que estoy haciendo ahora.
—Y te lo agradezco en el alma. Tu ayuda y tus consejos son impagables para mí. Por eso me gustaría que cambiáramos los roles. Tú lideras y yo te aconsejo.
Taika sonrió con dulzura.
—Tal y como estamos ahora es como deberíamos estar.
Dafne negó con la cabeza. Miró a Lily, que reía mientras Aiden ponía cara de horror.
—¿Y Lily? Ella podría liderar.
—Poder, quizá, pero no creo que quiera, ni que lo hiciese tan bien como tú —razonó Taika.
—¿Por qué lo dices?
—Lily puede ser fuerte y decidida, pero su corazón está más en otras cosas.
—Sí, eso lo veo —Dafne observó un momento a la Escarlatum, que le ponía ojitos a Aiden mientras éste ponía los suyos en blanco—. Me refiero a que lo haría bien si le pasara el mando.
—No digo que no, pero su carácter es un tanto frívolo, no especialmente indicado para liderar un ejército.
—Y Aiden no puede ser…
—No, pero no porque no confiemos en él, que debemos hacerlo, pues siempre nos ha demostrado que es leal a nosotros, quizá no tanto a la causa. En su caso tenemos un problema con sus ataques. Podría ocurrir uno en un momento crítico de una batalla y condenarnos.
—Ya… confío en él, y más después de cómo lo ha demostrado matando al dragón, pero sus ataques son un riesgo demasiado alto para nosotros.
—Además, no está por empujar la rebelión, es más partidario de no hacerla más grande de lo que ya es. Y eso no nos interesa. Debemos seguir ampliando el alcance y la repercusión de la causa hasta que todos en Tremia y también en Kraido nos sigan.
—¿Qué me dices de Ivo? Él sabe usar la cabeza —Dafne lo miró y Taika siguió su mirada.
El Tauruk pasaba páginas de un libro con expresión de que se lo estaba pasando muy bien.
—Ivo tiene alma de filósofo, busca paz y armonía. No es el indicado para liderar una guerra, de eso estoy seguro.
Dafne resopló, angustiada.
—Esto debía liderarlo Nahia. Ella lo haría a la perfección con su carácter de llama explosiva y visión inquebrantable.
—Cierto —convino Taika—. Pero ella no está aquí y no puede hacerlo. Debemos ser nosotros.
—No es justo.
—La vida no es justa. Nunca lo ha sido y nunca lo será. Debemos afrontar lo que nos venga lo mejor que podamos. Nahia está haciendo lo mismo por su lado y estoy seguro de que tendrá muchas dificultades.
—Sí, seguro que también está metida en algún lío gordo.
—Con lo que volvemos a ti —dijo Taika con una nueva sonrisa.
—Es que han muerto tantos de los nuestros… y van a morir muchos más antes de que liberemos todas las ciudades que pretendemos anexionar.
—Eso es lo que te preocupa, entonces… Lo entiendo. Es natural que te afecte, pues son tus órdenes y ellos las siguen.
—Los llevo a la muerte —Dafne bajó la cabeza apesadumbrada.
—Es el coste de la guerra. Todos lo saben, no hay guerra sin muertos. Es inevitable. Tú haces cuanto puedes por minimizar el impacto en vidas, eso lo sé y los soldados también.
—No sé si puedo llevar sobre mis hombros la responsabilidad de miles de muertes…
—Es una gran responsabilidad, sin duda, pero te aseguro que está sobre los hombros correctos —Taika la miró a los ojos—.
Compartiré esa responsabilidad contigo, no será solo tuya.
Toda decisión que vayas a tomar, consúltala conmigo.
Si la apruebo, la carga de la responsabilidad y la culpa será mía también.
Las muertes de los nuestros recaerán sobre los hombros de los dos.
Dafne asintió y lo pensó un momento mirando al fuego. Luego volvió la cabeza y se encontró con los ojos fieros pero amables del Felidae tigre.
—Gracias, Taika. Significa mucho para mí.
—Cuenta conmigo siempre. Estaré a tu lado y te ayudaré —prometió él.
Dafne soltó un gran resoplido de alivio. De alguna forma, el peso que sentía sobre sus hombros y alma era ahora un poco menor. Esperaba que fuera disminuyendo. Tuvo que dar gracias al universo por los excelentes compañeros que tenía. Sí, debía reconocer que en eso era muy afortunada.
Pasaron unos días más y, cuando ya todas las tropas estuvieron recuperadas y en condiciones de seguir camino, Dafne reunió a sus escuadrones.
—Hemos dado un paso importante, uno enorme. Esta gran ciudad está ahora liberada y bajo nuestro control, pero debemos continuar camino. Todavía tenemos que liberar Almadinat, Albahrwalm y la gran Kabiramadina, en la punta sur de los desiertos. Debemos ponernos en marcha.
—¿Quién gobernará la ciudad? —preguntó Tarken, que la había controlado hasta el momento.
—Lo haréis vosotros, como hasta ahora, pero con un gran cambio. Ahora estáis bajo nuestras órdenes —dijo Dafne señalando a su Escuadrón Rojo ya recuperado—. La de los rebeldes de Kraido, no bajo las órdenes de los dragones.
—¿No vas a poner a uno de tus escuadrones de confianza en nuestro lugar? —se extrañó Tarken.
Dafne negó con la cabeza.
—No sería óptimo. Vosotros conocéis la ciudad, las etnias que la habitan, las dificultades que ofrecen y cómo gestionar mejor esta ciudad en concreto. Seguiréis a cargo. Además, si no podemos confiar en nuestros brujos de dragón, ¿en quién vamos a confiar?
Tarken asintió.
—Tienes razón. Gracias, no fallaremos a la causa.
—Eso espero. Manteneos firmes. Sabéis que la rebelión avanza y es cada día más fuerte. Cuando lleguen los malos tiempos, recordadlo.
—Lo haremos —aseguró Tarken.
—El resto, partiremos al anochecer. Recogemos y nos ponemos en marcha. Aseguraos de que tenemos víveres suficientes. El camino será largo y tortuoso.
Las tropas de los rebeldes de Kraido se pusieron en marcha con la caída del sol. Una gran columna que avanzaba cruzando los desiertos en dirección sur, ocultándose de los dragones y con el espíritu animado por su última conquista.
Lo que todos temían en silencio era lo que la siguiente ciudad les depararía. Esperaban que no fuera un nuevo dragón con el que tener que combatir.