Capítulo 34
Dafne observaba con alegría y admiración cómo los soldados rebeldes festejaban la victoria sobre el dragón.
Pensaba en lo bien que habían realizado la maniobra para atraparlo.
Era lo que más le había preocupado antes de montar la gran trampa y había salido bien.
Apenas podía creerlo. Aquellos valientes rebeldes que rodeaban el cadáver del gran monstruo alado mientras cantaban y vitoreaban, habían llevado a cabo la táctica preparada casi a la perfección.
Los brujos de dragón que los habían dirigido habían realizado una labor magnífica.
Taika ya lo había anticipado y así se lo había dejado saber.
El dragón no se había percatado de que los rebeldes estaban esperando camuflados detrás de la gran duna cubiertos por las lonas color arena que habían preparado con tanto cuidado.
No solo eso, sino que una vez que los soldados estuvieron bajo las lonas, que aguantaron con sus escudos y lanzas para poder respirar, los brujos de dragón habían esparcido arena sobre ellas para que fueran todavía más difíciles de distinguir desde el aire.
Sin duda la fase de camuflaje la habían ejecutado de forma espléndida y por ello el dragón se había lanzado de cabeza a la trampa.
Pero si esta primera fase ya le había parecido impresionante, la segunda, la de coger al dragón desprevenido con redes y cuerdas, todavía le había resultado más increíble.
Lo habían hecho de forma magistral, sobre todo teniendo en cuenta que más de un millar de soldados habían participado en la fase de entrampamiento.
Y la tercera, la de atrapar al dragón y mantenerlo en el suelo, en la arena, tirando todos los soldados de las cuerdas, la había dejado completamente anonadada.
Una cosa era lo que habían pensado y practicado en el desierto, y otra muy diferente enfrentarse a un dragón de verdad y que la maniobra se ejecutase de forma tan exitosa.
—Si no lo veo no lo creo —dijo a Lily a su lado—. Ha sido algo espectacular.
—Ha sido más que impresionante —respondió su amiga abriendo mucho los ojos.
—Tenía confianza en nuestros soldados y el trabajo de preparación realizado —dijo Taika—. Además, estaba todo muy bien pensado.
—Eso te lo debemos a ti —agradeció Dafne y le dio una palmada en el hombro al Felidae.
—No ha sido solo idea mía, Aibin me ha ayudado muchísimo, sin él no hubiese sido posible. Y el general Abdu Baba también. La fase de camuflaje se la debemos a él y la de entrampamiento a los Desher Tumaini y sus conocimientos.
—Yo solo puedo decir que es un día que todos recordaremos y que el desierto ha presenciado algo que jamás antes había acontecido sobre sus arenas.
Es un gran día para los rebeldes y sus aliados y uno malo para los dragones, lo cual debemos festejar con alegría en nuestros corazones —dijo Ivo abriendo los brazos.
—Yo no festejaría ni me alegraría demasiado —rebatió Aiden con cautela—.
Puede que hayamos sorprendido a un dragón de una forma que nadie esperaba, pero debéis recordar que vendrán más.
Y aunque los sorprendiéramos, dudo que saliese tan bien de nuevo.
Se ha dado la casualidad de que el dragón se ha tragado nuestro camuflaje y que lo hemos cogido por sorpresa con una ejecución de la maniobra casi perfecta, que es algo que dudo mucho que podamos repetir.
—Por supuesto que lo podemos repetir. Si lo hemos hecho una vez, lo haremos una segunda, una tercera y una cuarta.
Y cada vez nos saldrá mejor, cabeza de roca.
Eres tan alarmista que parece que un nubarrón negro nos acompaña allá donde vamos.
Pero como te has portado tan bien, no te voy a regañar.
Eres un héroe, todos te felicitan —dijo señalando a los soldados alrededor—.
Eres un líder de la rebelión, el que mató a un dragón en los desiertos —sonrió Lily, orgullosa de él.
—Bueno… No ha sido para tanto… y no tuve más opción… —Aiden bajó la cabeza como si estuviera avergonzado de su proeza.
—Has seguido tu destino con honor y cumpliendo tu deber.
Estaba escrito en las estrellas. Naciste para este día y tu hazaña será recordada siempre.
Pasará a los anales de la historia no solo de los rebeldes de Kraido, también la de Tremia —dijo Ivo y le puso las manos sobre los hombros—. Eres especial, único, ¡un héroe!
—Así se habla, Ivo, muy bien dicho —dijo Dafne—. Aiden, eres todo un héroe y lo has demostrado hoy con creces.
—Un héroe digno de una hazaña sin precedentes —dijo Taika—. Nos has salvado hoy, siempre te estaremos agradecidos.
—Sigo diciendo que me arrastraron las circunstancias…
—Te arrastró tu corazón que, aunque siempre intentas que parezca de piedra, lo tienes y es radiante —dijo Lily.
—Mejor dejamos los halagos, me arde la cabeza.
—Ya celebraremos tu hazaña como es debido en cuanto podamos —dijo Dafne.
Aiden resopló, pero no dijo nada más y se quedó mirando al dragón muerto.
—Lo importante es que esto ha salido bien y que hemos logrado matar a un dragón —dijo Dafne, que no pudo evitar un tono de victoria y orgullo—. Lo repito, hemos matado a un dragón, es un logro absolutamente increíble.
—Lo es, sí —asintieron los demás.
—Creo que todavía no somos del todo conscientes de la trascendencia de este momento en el tiempo, pero lo seremos.
Hoy los rebeldes han matado por sí mismos a un dragón y eso marca un hito que cambiará para siempre la historia, no solo de este continente, sino también la de la rebelión.
Tendrá muchas repercusiones —dijo Taika.
Unos vigías llegaron corriendo hasta ellos. Eran Desher Tumaini y los acompañaba Aibin.
—Las puertas de la ciudad se abren —avisó.
Todos se giraron hacia la ciudad, pero no podían verla, estaba al otro lado de la gran duna.
—Subamos a ver qué sucede —dijo Dafne.
Todos estaban cansados, pero la victoria les daba fuerza y ánimos. Al llegar arriba observaron cómo un escuadrón de brujos de dragón salía de la ciudad acompañado de soldados de Kraido.
—¿Crees que cumplirán con su palabra? —preguntó Lily a Dafne enarcando una ceja y con tono de que ella no estaba nada segura.
—Tendrán que hacerlo, por las buenas o por las malas —afirmó Dafne arrugando la nariz y observando cómo se acercaba la comitiva con paso firme.
—Necesitamos que colaboren y por las buenas. No podemos permitirnos más derramamiento de sangre, hemos perdido bastantes soldados luchando contra el dragón y necesitamos que atiendan a los heridos —explicó Taika a Dafne en tono suave.
—Si quieren que haya armonía en esta región harán lo correcto —opinó Ivo.
Dafne fue a hacer unas señas a la Escuadra Candente y luego otras a la Ardiente para que se situaran en posición para recibir a la comitiva, que ya llegaba, pero se dio cuenta de que estaban todos heridos.
No podía contar con ellos. Reflexionó al darse cuenta.
Sí, era mejor que fuera por las buenas. Llamó a otras dos escuadras que no habían sufrido heridos y las hizo formar a su lado. Debían mostrar que tenían poder.
La comitiva llegó al pie de la duna y se detuvo.
—Subid y contempladlo bien —invitó Dafne.
Los brujos de dragón y su comitiva subieron y observaron al dragón muerto. Por un largo rato nadie dijo nada. Parecían estar en shock y Dafne y los rebeldes orgullosos a más no poder.
—Habéis matado al dragón azul… Es todo un logro… algo que parece increíble, incluso viendo el cadáver… —dijo el líder de los brujos de dragón y saludó respetuoso inclinándose un poco hacia adelante.
—¿Cómo te llamas? —dijo Dafne.
—Soy Tarken.
—Escúchame bien, Tarken. Estás comprobando lo que ya os dije.
Es cierto, lo veis con vuestros propios ojos.
Hemos sido capaces de matar a un dragón y podemos matar a todos los que vengan.
La rebelión es ya imparable y crece con cada día que pasa.
Ha llegado el momento de que os unáis a ella y nos entreguéis la ciudad.
No la queremos como una conquista, sino como una anexión.
El brujo de dragón miró a sus compañeros y estos asintieron.
—Hay un dragón más en la ciudad de Kabiramadina. ¿Qué ocurrirá cuando ese dragón venga a reclamar esta ciudad?
—Ocurrirá algo similar a lo que ha sucedido con el dragón azul. Lo mataremos y esta vez podréis participar. Estoy segura de que muchos de los que te acompañan y también de los que están en la ciudad darían su brazo derecho por poder hacerlo.
—No digo que no. Los dragones merecen terminar como ese de ahí, muertos a nuestras manos —dijo Tarken.
—Así que, después de todo, sí que estás con la rebelión —dijo Lily con tono irónico.
—No es que no estuviera con la rebelión, es simplemente que no esperaba que fuerais capaces de matar a un dragón. No quería morir, ni que mis hombres murieran en un intento alocado de sublevación.
—La rebelión no es ningún intento alocado y conseguirá acabar con el reino de los dragones —aseguró Dafne—. ¿Os uniréis entonces a la causa y entregaréis la ciudad?
El líder de los brujos de dragón asintió.
—La ciudad es vuestra y sus soldados también.
—Muy bien, no perdamos tiempo. Necesitamos curanderos.
—Tenemos en la ciudad. Atenderemos a los heridos.
—Muy bien. Esa es nuestra prioridad ahora, hay que transportar a todos los heridos y asistirles —dijo Dafne.
—De acuerdo. Nos encargaremos nosotros de esa labor —dijo Tarken.
—Muy bien. Nosotros entraremos en la ciudad y la tomaremos con tranquilidad y sin ningún derramamiento de sangre —dijo Dafne a los brujos de dragón que estaban detrás de ellos, atentos a lo que sucedía.