Capítulo 32 #3
—Lo veo, vamos, apresurémonos.
Taika continuó con su ascenso hasta llegar a la cresta de la espalda del dragón.
La gran bestia se sacudía con tanta fuerza que Taika tuvo que sujetarse a ella con dos manos para no irse al suelo.
Dafne y Lily consiguieron llegar hasta él con serias dificultades para sujetarse y no caer.
Ivo soltó un gruñido y quedó colgando de una de las redes de la parte posterior con una mano, y con la otra junto a su cuerpo.
Hubo más sacudidas. Ivo se balanceaba de un lado a otro golpeando el cuerpo del dragón con el suyo.
Si perdía la mano de agarre se iría al suelo.
Aiden detuvo su avance y, acercándose con cuidado, le ofreció su mano para ayudarlo a subir.
—Voy, un momento. Este dragón tiene muy mal humor —dijo Ivo mientras intentaba coger la mano de Aiden.
—Será mejor que sigamos adelante, estamos perdiendo amarres —dijo Taika.
—Adelante, sigue, vamos contigo —dijo Dafne.
Continuaron avanzando por la espalda del gran monstruo haciendo equilibrios para no caerse, ya que cada sacudida y rugido del dragón provocaban que estuvieran a punto de hacerlo. Llegaron a la mitad de su espalda y pudieron ver a izquierda y derecha a sus compañeros de escuadrón sobre las alas.
—¡Que no pueda volver a volar! —dijo Dafne.
En el ala izquierda, Brendan se sujetaba con una mano a una de las redes mientras con la otra señalaba a sus compañeros dónde situarse para atacar. Cordelius fue hasta donde le indicaba y se agarró a la red metiendo su pie en ella para quedar atrapado y de esta forma no caer.
—Sujetaos todos como lo ha hecho él —dijo Brendan al resto de sus compañeros cuando estuvieron situados.
Los componentes de la Escuadra Ardiente así lo hicieron y se sujetaron lo mejor que pudieron mientras el dragón no solo sacudía todo su cuerpo con enorme fuerza, sino en especial las alas que necesitaba liberar como fuera.
Si Dafne y sus compañeros estaban teniendo problemas sobre la columna del dragón, la Escuadra Ardiente y la Escuadra Candente todavía tenían más porque las alas conseguían moverse lo suficiente para desequilibrarlos y tirarlos.
Abajo, en el suelo, alrededor del dragón y sobre todo alrededor de las dos alas, los rebeldes se esforzaban en mantener a la bestia atrapada.
Los otros brujos de dragón dirigían las operaciones abajo dando órdenes a los soldados y asegurándose de que se llevaban a cabo.
Taika, Dafne y Lily continuaron avanzando por la cresta y ya tenían el comienzo del cuello cerca.
Lily miró hacia atrás y vio que Ivo y Aiden los seguían no muy lejos.
En el ala derecha la Escuadra Candente estaba tomando posiciones, al igual que lo habían hecho sus compañeros de la Ardiente, y se disponían a atacar.
Se estaban sujetando como podían para poder empuñar sus armas sin perder el equilibrio e irse al suelo.
Las sacudidas del dragón eran tan tremendas que parecía que estaban sufriendo un terremoto de grandes dimensiones bajo sus pies.
Taika estaba ya casi en el cuello cuando perdió el equilibrio al mover el dragón el cuello con fuerza, tuvo que agarrarse con las dos manos a una cuerda que colgaba hacia el lado derecho.
Dafne y Lily se habían tirado contra el cuerpo de la bestia y se habían agarrado a una red.
Se sujetaron mientras sus cuerpos se sacudían como si los estuviera golpeando una tormenta terrible.
Brendan dio la orden a sus compañeros y compartiendo esferas de sustancia dorada dejaron que unas gotas cayeran sobre los filos de sus dagas.
—Todos a una —dijo Brendan—. ¡Ahora, ahora, ahora, con fuerza! —repitió.
Con cada orden los componentes de su escuadra asestaron cuchilladas a los tendones y músculos que movían las alas.
Las dagas atravesaron las escamas del dragón como si fueran de barro, penetrando hasta la empuñadura.
Al sentir que lo estaban hiriendo el dragón rugió con tremenda rabia e intentó girar la cabeza para embestir con su aliento a los atacantes, pero el cuello no tenía espacio suficiente.
La Escuadra Ardiente golpeó y golpeó y golpeó sin descanso con sus dagas hiriendo a la bestia, cortando ligamentos, tendones, músculos e incluso hueso.
La sustancia dorada parecía poder atravesar cualquier parte del cuerpo del dragón.
En el ala derecha la Escuadra Candente se disponía a realizar la misma operación.
Lo habían planificado con mucho cuidado y todos sabían lo que debían hacer en ese momento.
Ya estaban sujetos a las cuerdas y redes sobre el ala cuando Logar dio la orden.
La escuadra mojó los filos de sus dagas con la magia dorada y a una orden del Felidae león comenzaron a golpear, clavando las dagas con todas sus fuerzas en el ala derecha repetidamente.
El dragón volvió a rugir, esta vez de dolor, y giró la cabeza hacia el lado derecha intentando atacar a quien le estaba hiriendo, pero de nuevo no pudo girar lo suficiente.