Cielos funestos (La senda de los dragones 8) Capítulo 32 #2
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Capítulo 32 #2

El dragón consiguió liberar el cuello y la cabeza a base de tremendos tirones y atacó con su aliento helado a los soldados que lo acosaban por la derecha a la altura de cabeza y cuello.

Varios centenares de ellos murieron congelados al alcanzarles el caudal gélido.

La batalla era desigual entre un monstruo de unas dimensiones y fuerza devastadoras contra miles de rebeldes que intentaban como fuese apresar a la gran bestia pese a su diminuto tamaño en comparación.

Mientras en la cabeza los rebeldes no estaban teniendo fortuna, en las alas las cosas iban mejor.

Tenían las dos atrapadas contra la arena y tiraban con todas sus fuerzas para que el dragón no pudiera moverlas.

Él intentaba levantarse y salir volando, pero cuanto más movía sus poderosas patas delanteras y traseras, más se hundían en la arena.

No podía dar un brinco y salir volando porque no tenía un punto de apoyo firme, la arena se tragaba las patas de la bestia provocando que el dragón rugiera furioso.

Con las alas atrapadas y sus patas sumergidas en la arena estaba en una situación de gran desventaja.

Pareció percatarse de su crítica posición porque comenzó a sacudir la cabeza como poseído enviando su aliento de hielo a derecha e izquierda, intentando alcanzar a los soldados.

—¡Atacamos! ¡Tened cuidado con su aliento helado! —dijo Dafne a sus compañeros—. ¡Escuadra Ardiente, ala izquierda! ¡Escuadra Candente, tomad el ala derecha! ¡Hay que conseguir lisiarlo y que no pueda escapar volando!

—Nos encargamos —dijo Lara, la Felidae pantera negra de la Escuadra Ardiente y echó a correr.

Sus compañeros la siguieron. Cordelius cojeaba, tenía media pierna congelada, pero siguió a su compañera ayudado por Brendan.

—Ese dragón no volverá a volar —aseguró Rogis, el Escarlatum de la Escuadra Candente y echó a correr.

De inmediato lo siguieron los de su escuadra. También parecían recuperados todos, aunque con secuelas de congelación y no se movían muy bien.

—¿Nosotros por dónde atacamos? —preguntó Lily, que estaba impaciente por entrar en acción.

Dafne miró a Taika y éste se pronunció.

—Atacaremos por la cola y subiremos por su espalda hasta llegar al comienzo de su cuello.

Los demás asintieron y Dafne pudo ver en sus miradas que todos sabían que aquello iba a ser realmente difícil, pero ninguno iba a decir nada y se entregarían al máximo.

Corrieron sobre la arena tan rápido como podían, cosa que no era nada sencilla.

Llegaron a la parte posterior de la gran bestia y se encontraron con que los soldados no habían conseguido sostener la cola y el dragón la estaba utilizando para golpear a todos los soldados que se le acercaban por la retaguardia.

Vieron a una decena de rebeldes salir volando por los aires al ser alcanzados por un fuerte golpe de la tremenda cola.

—Atención, cuidado con esa cola, puede causarnos muchos problemas —advirtió Taika.

Los soldados rebeldes se habían apartado para no ser alcanzados por la gran cola que, junto con su cabeza, eran las partes del gran cuerpo de la bestia que no habían podido contener.

Los rebeldes intentaban lanzar cuerdas sobre la cola para apresarla, pero el dragón no dejaba de sacudirse con gran fuerza y soltar tremendos golpes a modo de defensa.

Los rugidos tremendos de rabia les llegaron ensordecedores.

—Yo abriré camino, seguidme —dijo Taika y comenzó a acercarse al dragón. El Felidae se movía con una agilidad tremenda, incluso sobre la arena.

Dafne y Lily lo siguieron con rapidez. Ellas no eran tan ágiles, pero tampoco tan pesadas como Aiden y, sobre todo, Ivo. Ambos se quedaron un poco rezagados al hundirse sus botas en la arena más de lo deseado por el peso de sus cuerpos.

Taika se detuvo un momento. Observó los coletazos tremendos que soltaba el dragón y decidió por dónde comenzar a escalar.

—A mi señal —indicó al resto de la escuadra.

Dafne y Lily ya estaban situadas a su lado y Aiden e Ivo se apresuraron a llegar hasta él. La cola le pasó rozando la cabeza al Tauruk, que tuvo que agacharse para no ser alcanzado.

—Por muy poco —masculló mientras se alzaba y seguía corriendo hasta la posición de sus compañeros.

—Armas a la espalda y agachados todos. Yo os indicaré el momento en el que subimos —dijo Taika.

Cogieron sus lanzas y escudos y se los pusieron a la espalda, pues no podrían escalar a la gran bestia con ellos en las manos.

Llevar el escudo y la lanza a la espalda era algo que habían practicado hasta la saciedad en Drakoros y podían subir una montaña, un edificio en llamas y hasta un dragón con ellos, siempre y cuando tuvieran libres manos y pies.

El Felidae tigre aguardó a que el dragón soltara dos golpes de cola más llevándose por delante a una docena de soldados que intentaban lanzarle cuerdas y dio la señal.

—¡Ahora, subimos!

Con una agilidad sorprendente, corrió y dio un brinco para agarrarse a una de las cuerdas que sujetaban la pata trasera del dragón.

Se agarró con fuerza y comenzó a escalar con rapidez.

Dafne le siguió de inmediato y realizó el mismo movimiento.

Su salto no fue tan largo, ni potente, pero consiguió sujetarse a la misma cuerda que Taika y subir por ella.

Lily fue detrás y subió más rápida que Dafne.

Subieron por la cuerda hasta donde aguardaba Taika.

Tuvieron que agarrarse bien porque el dragón continuaba sacudiéndose para intentar liberar sus alas.

Mientras Ivo y Aiden ascendían, Dafne observó la batalla a su alrededor desde la posición elevada que ofrecía la espalda del dragón.

En el ala izquierda vio a la Escuadra Ardiente en una maniobra similar a la de ellos y en el ala derecha divisó a la Candente también subiendo por las cuerdas que mantenían el ala presa contra la arena.

La batalla era muy extraña. Los miles de soldados rebeldes no estaban realmente luchando contra un enemigo poderoso, sino más bien apresando, cazando al mayor depredador volador que existía.

Toda la fuerza y el número de rebeldes estaba siendo utilizada para mantener sobre la arena al dragón sin que pudiera escapar ni luchar con su garras y fauces.

En la parte frontal no había ningún soldado, solo quedaban los cadáveres de los rebeldes que había conseguido congelar con su aliento.

Continuaba girando cabeza y cuello cuanto podía para intentar alcanzar a los que tenía a derecha e izquierda, esto estaba provocando que los rebeldes que apresaban el cuello y las alas tuvieran que echarse bastante hacia atrás para que no les llegara el aliento elemental.

Dafne tuvo la sensación de que no aguantarían mucho, tarde o temprano el dragón conseguiría liberar la mayor parte de su cuello y esto iba a provocar que pudiera matar a los que sujetaban las alas.

Quizá no a todos, pero sí a bastantes y esto pondría en peligro toda la operación.

Si perdían una de las alas, el monstruo conseguiría desenterrar parte de su cuerpo y entonces estarían en un grave problema.

Se giró hacia Taika y señaló la cabeza del dragón.

—Tenemos que llegar hasta la cabeza antes de que libere el cuello por completo.