Capítulo 30
Dafne dio la orden al amanecer y los ocho mil soldados rebeldes se dirigieron a tomar la ciudad. Las alarmas sonaron en cuanto los divisaron desde lo alto de las murallas. Las puertas de la ciudad se cerraron y todos los soldados corrieron a las almenas.
—Esto no es un buen presagio, precisamente… —masculló Dafne.
—Parece que saben que somos nosotros —comentó Lily, que avanzaba a la cabeza con Dafne y el Escuadrón Rojo.
—No deberían, podríamos ser refuerzos de Kraido —dijo Aiden.
—Para mí que no han recibido refuerzos de Kraido en bastante tiempo y por eso piensan que somos el enemigo —razonó Dafne.
—Por eso y porque los dragones ya habrán hecho saber a todas las ciudades del desierto que hay rebeldes y que estén preparados —razonó Taika.
Llegaron hasta la puerta de la ciudad y se situaron a unos seiscientos pasos, encarándolas con los soldados en formación compacta.
—Dejemos que vean quiénes somos y cuántos —dijo Taika a Dafne.
—De acuerdo, aguardaremos.
Por un largo rato el ejército rebelde esperó frente a la gran ciudad amurallada mientras los ocupantes observaban desde las murallas.
Aibin y los guerreros de los Desher Tumaini se quedaron algo más retrasados, no intervendrían en la batalla a menos que fuera necesario.
Su misión era guiar al ejército, del combate se encargarían los brujos de dragón y los soldados rebeldes.
—No parece que tengan la intención de rendir la ciudad —dijo Aiden a Dafne.
—No entiendo por qué no lo hacen, la mayoría de sus soldados son de Kraido. Deberían unirse a nosotros —opinó Lily.
—Intenta convencerlos. Quizá necesiten algo de persuasión —sugirió Taika a Dafne.
La Fatum arrugó la nariz. Luego asintió.
—Escuchadme, hermanos de Kraido. Soy Dafne, bruja de dragón y una de las líderes de la rebelión.
Sé que tenéis orden de los dragones de no entregar la ciudad, pero estáis cometiendo un gran error.
Ha comenzado la rebelión, uníos a nosotros, entregad la ciudad y juntos navegaremos por los mares de la libertad.
Ha llegado el día de levantarse contra los dragones, de rebelarse, de luchar por la libertad, de conseguirla.
Estamos aquí, hermanos, para ayudaros, no para combatiros.
Uníos a nosotros —comunicó con toda la fuerza de sus pulmones.
—Muy motivador e inspirador —dijo Lily en un susurro a Dafne.
—Esperemos que tenga efecto.
Aguardaron otro largo rato esperando que los soldados rindieran la ciudad.
No había necesidad de derramamiento de sangre, no cuando el ejército invasor era el mismo que el defensor.
Por desgracia, y pese a que Dafne intentó que depusieran las armas y abrieran las puertas, una vez más, no tuvo suerte.
Los defensores de la ciudad tiraron con sus arcos contra el ejército de los rebeldes como muestra de que no pensaban rendirse. Las flechas no alcanzaron a nadie, puesto que la distancia a la que se encontraban era mayor de la que los tiradores podían alcanzar con sus arcos cortos.
—Vamos, no nos obliguéis a luchar —dijo Dafne—. Somos todos hermanos, somos todos de Kraido. Uníos a nosotros, abandonad a los dragones. Abandonad la esclavitud, luchad por la libertad, no contra vuestros hermanos —insistió Dafne con todo su ímpetu.
Por desgracia para los rebeldes, los soldados defensores no cambiaron de actitud. No se rindieron y no entregaron la ciudad, dejando a Dafne con una sola opción. Se volvió hacia sus compañeros y hacia el resto de los brujos de dragón que estaban tras ellos.
—Hay que tomar la ciudad, no nos dejan más alternativa. Ya sabéis lo que debéis hacer. Lo hemos preparado y estudiado en detalle. Confío en vosotros y sé que hoy liberaremos esta ciudad y la convertiremos en parte de lo que será un día el reino de los rebeldes de Kraido.
—Cuenta con nosotros —dijo Logar.
—Estamos contigo —dijo Brendan.
—¡Por la libertad! —gritaron las otras escuadras.
—¡Por los rebeldes y por la libertad! —gritaron varios soldados.
Un momento después los ocho mil soldados rebeldes gritaban todos a una por la libertad y la muerte a los dragones. Aquellas exclamaciones se escucharon como si las dunas hicieran eco.
Los soldados defensores no cambiaron su actitud y volvieron a tirar con sus arcos como respuesta.
—Vamos a tomarla —dijo Dafne con pesar.
—Da la orden —dijo Taika—. Estamos todos contigo.
—¡Preparaos! ¡Atacamos ahora! —ordenó Dafne.
Como si fueran un ejército acostumbrado a luchar de continuo, los ocho mil soldados se dividieron en cuatro grupos liderados cada uno por un escuadrón de brujos de dragón.
Corrieron a desplegarse cada uno a lo largo de una de las murallas que rodeaban la ciudad, a seiscientos pasos.
Dos mil hombres encaraban cada una de las cuatro murallas.
Dafne comprobó que estaban en posición y fue a dar la orden de asalto cuando se escuchó un crujido.
—Espera… —dijo Taika.
Dafne no dio la orden.
Las puertas de la ciudad se abrieron para sorpresa de todos y del interior surgieron medio centenar de soldados de Kraido liderados por un escuadrón azul de brujos de dragón. Tenían alguna baja. Avanzaron despacio hasta situarse a una decena de pasos frente a Dafne.
—Espero que vengáis a rendir la ciudad —dijo Dafne.
—Eso es algo que no podemos hacer —dijo el brujo que parecía ser el líder. Era un Kapro grande, con una cicatriz en medio de la cara.
—No queremos luchar contra nuestros hermanos. Ya veo que habéis luchado y también perdido compañeros. Os damos la opción de rendiros y entregar la ciudad de forma pacífica —ofreció Dafne.
—Hemos recibido orden de los dragones de no entregar la ciudad a los rebeldes bajo ningún concepto.
—Por eso mismo estamos aquí, para que dejéis de seguir las órdenes de los dragones. Ha llegado el momento de unirse a la rebelión y hacerles frente.
—Si nos unimos a vosotros moriremos todos.
—Podemos protegeros de ellos —intervino Taika.
El líder de los brujos de dragón mira a sus compañeros y todos negaron con la cabeza.
—Eso no lo podéis hacer. Nada puede derrotar a los dragones, por muchas tropas que tengáis. Los matarán a todos. No podéis hacer nada al respecto.
—Las cosas han cambiado. No solo nos hemos levantado contra ellos, sino que ahora podemos luchar y matarlos.
—Eso no podemos creerlo. No ha sucedido nunca y no sucederá.
—Puedes no creernos, pero has oído los rumores. Han llegado hasta aquí. Entréganos la ciudad.
—No podéis tenerla. Si la entregamos los dragones nos matarán a todos. Hay dos dragones veteranos a cargo de esta región y controlan las cuatro ciudades del sur de los desiertos. Pronto uno de los dos vendrá y si encuentra que hemos entregado la ciudad a los rebeldes, nos aniquilará.
—Sé que no me crees, pero insisto en que podemos defenderos. Tenemos la forma de matar dragones, tenemos magia dorada que podemos utilizar contra ellos.
El Kapro asintió.
—He oído los rumores, sí. Todos los hemos oído —confesó mirando a sus compañeros brujos de dragón—, pero no son más que eso, rumores.
En esta zona nadie ha matado nunca a un dragón y hasta que no lo veamos con nuestros propios ojos no vamos a entregar la ciudad y arriesgarnos a que nos maten a nosotros.
—Deberías entregarnos la ciudad simple y sencillamente porque es lo correcto y unirte a la rebelión —dijo Lily enfadada.
—¿Dices que ese dragón llegará en breve? —preguntó Dafne.
—No debería tardar. Pasa cada semana y esta no lo ha hecho todavía.
Dafne lo meditó un momento y se giró hacia sus compañeros.
—Tengo una idea. Creo que podría funcionar y conseguiríamos matar dos pájaros con la misma flecha. Será arriesgado, eso sí.
—Creo que sé lo que vas a proponer —dijo Taika—. Es arriesgado, pero podríamos conseguirlo y evitar derramamiento de sangre.
—Adelante, proponlo —dijo Lily, que ya intuía también lo que Dafne estaba pensando.
—Si es lo que creo que es, opino que es una muy mala idea —advirtió Aiden.
Dafne hizo caso omiso de la advertencia del Drakónido y se volvió hacia los brujos de dragón de la ciudad.
—Este es nuestro trato. Si vencemos al dragón veterano que vendrá a la ciudad, nos la entregaréis sin ninguna confrontación y os uniréis a la rebelión.
—Has perdido la cabeza si crees que vamos a aceptar semejante trato —dijo el líder de los brujos de dragón.
—No tenéis muchas más opciones. Si no aceptáis este trato tomaremos la ciudad y os mataremos nosotros en lugar del dragón. No vais a poder defenderla de una fuerza tan numerosa y bien entrenada como la nuestra. Os estoy ofreciendo una salida en la que no tenéis que morir.
El brujo se volvió hacia sus compañeros y discutieron entre ellos. Al final se dio la vuelta y miró a Dafne a los ojos.
—Tienes un trato si conseguís matar al dragón veterano. Entregaremos la ciudad y nos uniremos a vosotros.
Dafne asintió, satisfecha.
—Muy bien. Cumple con tu palabra cuando ocurra.
—Descuida, cumpliremos.
Los brujos de dragón de la ciudad volvieron al interior a resguardarse mientras el Escuadrón Rojo se preparaba para la batalla que pronto sucedería.
—Hay que preparar un plan que sea bueno para cuando ese dragón llegue —comentó Dafne.
—Vamos, tenemos mucho que pensar y tratar —dijo Taika.