Capítulo 28
La Escuadra Ígnea estaba de preparativos en Jafarika para comenzar la gran campaña de liberación.
Lo bueno de la situación era que estaban tan ocupados con las mil y una cosas que tenían que hacer que no tenían tiempo para inquietarse por la gravedad de lo que iban a intentar.
No solo los rebeldes estaban ocupadísimos, también los Desher Tumaini que les daban apoyo.
Dafne se dio cuenta de que Aibin se acercaba acompañado de un noceano vestido con ropajes militares. Esto no solo la sorprendió a ella, sino también al resto de sus compañeros.
—Parece que Aibin ha hecho un nuevo amigo —comentó Lily.
—Yo no diría que son amigos. Los noceanos y los Desher Tumaini son enemigos desde tiempos inmemorables —dijo Taika.
—En tiempos de necesidad, como este, los enemigos pueden llegar a encontrar una amistad de interés si es que tienen ambos a su vez el mismo enemigo contra el que luchar —dijo Ivo con su habitual tono filosófico.
—Los enemigos serán siempre enemigos por mucho que en acciones puntuales se alíen, así que mejor estamos atentos —avisó Aiden.
Taika asintió dando por bueno el comentario del Drakónido. Dafne también estaba de acuerdo con aquella apreciación.
—¿Nos traes nueva compañía? —preguntó Dafne a Aibin cuando llegó hasta ellos.
Aibin saludó con respeto bajando la cabeza y el militar noceano que iba con él realizó una pequeña reverencia.
—Este es Abdu Baba, un general del ejército noceano muy renombrado por su experiencia militar y logros en el campo de batalla —presentó Aibin.
—General —saludó con respeto Dafne bajando la cabeza.
El oficial era veterano, cercano a los sesenta años.
Su tez era oscura como la de los de su raza, y su pelo y barba eran muy blancos.
Ambos los llevaba cortos y bien recortados.
Sus ojos eran azules, casi grises, y resaltaban mucho en su rostro.
Dafne captó inteligencia y experiencia en ellos.
Vestía de azul y negro con ropajes militares noceanos y a su cintura llevaba un amplio cinturón o faja de tela de donde colgaban una cimitarra y un cuchillo curvo.
Dafne y el general se miraron un momento, analizándose.
Las relaciones con los militares noceanos eran tensas y más desde que habían liberado las ciudades del norte.
Los militares noceanos, al verse libres, querían ahora recuperar sus ciudades para su imperio y por supuesto echar de ellas a los rebeldes de Kraido.
Dafne y lo rebeldes estaban intentando llegar a acuerdos pacíficos para que noceanos y rebeldes pudieran coexistir en las ciudades, pero estaba resultando algo más complicado de lo inicialmente estimado.
Los civiles no ponían problemas, pero los militares sí.
—El general me ha comentado una estrategia que podría ayudarnos en nuestra campaña en el desierto —explicó Aibin.
—¿Estrategia para la campaña del desierto? Soy todo oídos —dijo Dafne.
El general explicó algo en noceano que no pudieron entender.
Aibin tradujo.
—Dice que el mayor problema que representa un ejército en medio de los desiertos es que se ve a leguas de distancia. Esto es todavía mucho más grave cuando se intenta avanzar por el desierto sin ser visto por los dragones que surcan sus cielos.
—Sí, ese es un gran problema para nosotros —comentó Dafne dándole la razón.
El militar dio una larga explicación en su idioma.
—Dice que tiene una táctica que ellos han utilizado mucho en el pasado y es muy exitosa. Requiere de algo de trabajo, pero no ve problema viendo que disponemos de mucha mano de obra entre civiles y soldados.
—Ahora sí que me tiene intrigada. ¿Qué o cuál es esa estrategia?
El general explicó algo más, su tono cambió y a Dafne le dio la impresión de que era algo más seco.
—Quiere ofrecernos sus servicios de estratega, pero pide algo a cambio.
—¿Cómo que pide algo a cambio? Si no nos ayuda le cortamos la cabeza —dijo Lily enfadada.
Aiden le sujetó el brazo para calmarla.
—¿Qué propone? —preguntó Dafne.
—Nos ayudará en la campaña de liberación de los dragones aportando sus conocimientos y experiencia a cambio de una negociación de términos de ocupación.
—Cuando dice ocupación, ¿se refiere a nosotros ocupando las ciudades noceanas?
—Así es.
—Las ciudades las hemos liberado nosotros y son ahora nuestras —dijo Lily.
—El general lo entiende. Sabe que los rebeldes de Kraido son ahora los poseedores de las ciudades, pero alega que estas han sido durante cientos de años del gran Imperio Noceano y por lo tanto requiere de un tratado de colaboración y respeto hacia su pueblo.
—Los hemos tratado fantásticamente bien y podíamos no haberlo hecho —amenazó Lily señalando al general con el dedo índice.
—Y él agradece a los rebeldes el ejemplar comportamiento que han tenido con los noceanos y quiere asegurarse de que, en el futuro, cuando los dragones ya no surquen los cielos, esta actuación continúe y no pasen a ser esclavos vencidos de los rebeldes de Kraido.
—Dile que si quisiéramos que fueran esclavos ya lo habríamos hecho —dijo Dafne.
—El general lo entiende, pero necesita seguridad para el futuro. También requiere una negociación con el emperador cuando el reino de los rebeldes se haga fuerte.
—Su emperador está en el oeste, y el oeste está ocupado por los dragones. Ni siquiera se sabe si sigue con vida.
El general pareció alterarse mucho ante esta implicación.
—Él está seguro de que el emperador vive y está ofreciendo tanta resistencia como puede a los dragones.
—Las noticias que nosotros tenemos es que el oeste ha caído y está en manos de los dragones. Su emperador probablemente esté muerto por mucho que él quiera que no sea así.
Abdu Baba volvió a alterarse muchísimo, esta vez más que antes, y comenzó a vociferar. Tardó un momento en calmarse.
—El general insiste en que el emperador está con vida y en que los noceanos volverán a ser el gran imperio que un día fueron. Los dragones caerán y el imperio noceano volverá a renacer.
—Todos deseamos que los dragones caigan, en eso estamos de acuerdo.
En ese sentido podemos colaborar —dijo Dafne—.
En cuanto a que el imperio vuelva a ser lo que era, lo dudo mucho, pero puedes asegurarle al general que los noceanos que estén en las ciudades del nuevo reino de los rebeldes de Kraido serán tratados todos, siempre, con respeto y como ciudadanos, nunca como esclavos.
—¿Ciudadanos del mismo nivel que los de Kraido? —preguntó el general.
—Como ciudadano, sí; como militares, no —dijo Dafne—. Los militares serán regidos por los rebeldes de Kraido, por nosotros —dijo señalando a sus compañeros—. Estoy segura de que el general lo entiende.
Abdu Baba asintió.
—Lo entiende y ofrece además la ayuda de los soldados noceanos al ejército rebelde de Kraido.
Dafne se quedó pensativa y miró de reojo a sus compañeros. Taika le hizo una seña afirmativa con la cabeza, Lily refunfuñaba, Ivo hizo un gesto que Dafne interpretó como que era lo mejor que podían hacer, Aiden seguía sospechando de los noceanos y negó con la cabeza.
—Dile al general que tiene un trato. Contaremos con él y sus soldados, pero el ejército queda bajo mi mando.
Aibin se lo explicó al general, que dio un paso al frente y realizó una gran reverencia ante Dafne.
—Dice que él y sus soldados están a vuestra disposición.
—Muy bien. Habrá una reunión esta noche con todos los brujos, el general y sus oficiales pueden atender. Quiero saber qué tácticas noceanas podemos utilizar para liberar las ciudades que quedan en el este de los desiertos.
El general asintió, se dio la vuelta y marchó con paso marcial.
—¿Qué opinas? Vosotros sois los que mejor conocéis a los noceanos —preguntó Dafne a Aibin cuando el militar ya no podía escucharlos.
—Mi opinión es la de mi pueblo. Los Desher Tumaini tenemos un sentir extremadamente negativo de los noceanos. Son un pueblo belicoso, conquistador y bastante sanguinario. Nosotros llevamos toda nuestra existencia luchando contra ellos. Como comprenderás, no puedo darte una buena opinión.
—Si es así, ¿por qué nos lo has traído?
—Porque sé que son muy buenos en lo militar.
Llevan un milenio luchando por todo el desierto y conquistando las etnias que inicialmente lo poblaban.
Solo unas pocas nos hemos salvado. Creo que la experiencia del general y sus tácticas militares, cosa que nosotros no tenemos, serán de gran ayuda en los desiertos y en la lucha contra los dragones.
Dafne se quedó pensativa.
—Te honra que reconozcas las virtudes de tus enemigos —felicitó Ivo y le puso la mano en el hombro.
—No solo te honra, sino que es muy inteligente —dijo Taika.
—Parece que los noceanos nos van a dar disgustos a la larga —razonó Lily negando con la cabeza.
—Es natural que quieran recuperar su libertad del mismo modo que nosotros queremos recuperar la nuestra —respondió Taika—.
Si no se han pronunciado antes es porque estaban bajo nuestro dominio.
Al constatar que los dragones ya no están de nuestro lado ven la oportunidad de volver a regirse por sí mismos.
Por eso este general quiere colaborar con nosotros, para ver qué opciones tienen de recuperar sus antiguas ciudades.
—Se volverán contra nosotros —advirtió Aiden—. Podemos usarlos ahora, pero mejor que los vigilemos en todo momento.
Dafne suspiró y dejó salir un resoplido.
—Sí, tenéis razón. Pero ahora mismo necesitamos de toda la ayuda que podamos obtener, así que trabajaremos con ellos. Eso sí, mantendremos los ojos bien abiertos.
El resto de sus compañeros asintieron y observaron al general regresar con su grupo de oficiales.
La reunión con todos los escuadrones tuvo lugar al anochecer.
Se establecieron varias estrategias y procedimientos de gran importancia para el nuevo reino de los rebeldes que se estaba formando día tras día.
Dafne dejó claro que los soldados noceanos que se unieran a ellos en la lucha contra los dragones serían tratados como iguales, pero estableció que cada regimiento noceano sirviese a una escuadra de brujos de dragón de los rebeldes. El general Abdu Baba no se opuso.
Decidido esto, Dafne lo nombró como consejero suyo, al igual que lo era Aibin, y le permitió tener una escolta de oficiales que lo custodiaran. Lo hizo también para que mantuviera algo de su antiguo estatus militar.
El general quedó satisfecho y les explicó cuáles eran las tácticas que debían emplear en el desierto y las labores que debían comenzar de inmediato.
Dafne quedó muy sorprendida con las tácticas planteadas y tuvo que consultar con Taika y Aibin para asegurarse de que fuera posible que funcionaran.
Los dos le dijeron que en teoría podía ser así, pero en la práctica tendrían que comprobarlo porque eran arriesgadas.
Dafne decidió darle el visto bueno al general y al día siguiente comenzaron con los preparativos.
Miles de soldados y civiles se pusieron manos a la obra. Había mucho que hacer, pero disponían de muchas manos para trabajar. Era uno de los puntos fuertes de aquella alianza. No tardarían demasiado en tenerlo todo preparado.