Capítulo 27
La reunión de los líderes rebeldes de Kraido tenía lugar en el edifico militar central de Jafarika, la ciudad más grande al noreste de los desiertos, cercana a las Montañas de Sangre de los Desher Tumaini.
Dafne la había convocado para evaluar la situación y determinar qué hacer a continuación.
En la estancia, decorada al estilo noceano con sedas y cojines mullidos, estaba el Escuadrón Rojo al completo.
Dafne abrió la reunión dirigiéndose a sus compañeros de escuadrón a modo de líder.
—Hoy tenemos decisiones importantes que tomar —anunció.
—Te escuchamos —dijeron.
Dafne asintió y respiró hondo. Le tocaba liderar a la rebelión y la responsabilidad era enorme.
Hacía ya algún tiempo que sus compañeros, no ya de escuadra sino de escuadrón, le habían cedido el honor debido a las circunstancias.
Si Nahia estuviera allí, sería ella la líder y presidiría aquella reunión, pero ahora el privilegio y la responsabilidad eran de Dafne.
Se lo había ganado a base de liderar a los suyos en momentos difíciles.
Nadie le discutía el liderato, ni en la Escuadra Ígnea, ni tampoco en la Ardiente o la Candente.
Era un honor y una maldición que Dafne no quería, pero que no tenía más remedio que aceptar y llevar adelante con pundonor.
—Lo primero que me gustaría hacer es asegurarme de que todos los nuevos miembros de la rebelión han llegado a las tres ciudades que controlamos sin incidentes graves.
Logar, el Felidae león que lideraba la Escuadra Candente, se puso en pie y habló por ellos.
—Hemos llevado a un tercio de los soldados que desembarcaron a la ciudad de Zarasha.
—Es la que vuestra escuadra tiene como responsabilidad gobernar, tal y como lo organizamos. ¿Ha ido todo bien? —quiso saber Dafne.
—Todo ha ido bien. Ahora mismo los refugiados están siendo atendidos y estamos organizando dormitorios para todos.
La mayoría de los soldados estaban en buenas condiciones y solo un pequeño porcentaje ha necesitado de curación.
Las reservas de comida y agua de momento aguantan, pero si llegan más refugiados no tendremos suficiente.
En cuanto a espacio también estamos ya al límite.
—Entiendo —Dafne se quedó pensativa—. Aseguraos de que se integran bien en la ciudad con el resto de los soldados y sobre todo con los nativos noceanos. Debemos evitar fricciones. Eso es muy importante.
—Las fricciones entre nuestros soldados y los noceanos son pocas y de momento no representan un problema. Los noceanos nos ven como los nuevos señores de la ciudad y no generan incidentes —explicó Logar.
—Debemos tener en cuenta que esa ciudad es en realidad suya. Deben entender que lo que nosotros estamos haciendo es liberarlos de los dragones y su opresión. No estamos con los dragones, es importante que entiendan esta diferencia.
Logar hizo un gesto con la cabeza de que no era tan sencillo.
—Yo creo que poco a poco van entendiendo que las cosas están cambiando, pero de momento nos siguen tratando como un ejército invasor. Nos tienen respeto y sobre todo miedo.
—Eso es totalmente comprensible dadas las circunstancias. Además, ahora con la llegada de nuevos soldados de Kraido todavía tendrán más inquietudes. Debemos intentar tranquilizarlos y asegurarles que a ellos no les va a suceder nada malo de nuestra mano.
—Así lo haremos.
—Muy bien, ¿qué novedades hay en la ciudad de Shamala, Escuadra Ardiente? —Dafne miró a Brendan, el humano rubio líder de la escuadra.
—De momento la situación en nuestra ciudad es similar a la que ha contado Logar.
Llevamos a un tercio de los recién llegados allí y los hemos alimentado, curado y proporcionado dormitorio.
No ha habido demasiado problema con los noceanos, aunque recelan, como es natural.
La ciudad está también al límite de espacio y reservas.
—Ya veo... Nos falta la Escuadra Ígnea. Ivo, ¿cómo están las cosas aquí, en Jafarika?
—En nuestro caso hemos tenido algunas dificultades, ya que decidimos trasladar a los enfermos y heridos más graves aquí, al ser la ciudad más grande y contar con más medios y curanderos.
No hemos podido salvarlos a todos, me temo.
Han muerto varias decenas, cerca de un centenar.
El viaje en barco y el traslado final cruzando el desierto ha sido demasiado para ellos.
La oscura noche sin final nos los ha arrebatado y se los ha llevado a su mundo sin retorno.
—Eso son malas noticias —Dafne arrugó la nariz.
Ivo suspiró y aguardó un instante antes de continuar.
—Me entristece sobremanera que después de haber luchado por medio Tremia, estos valientes que estaban a punto de lograr la libertad no hayan podido disfrutarla.
Dieron el paso y decidieron desertar y unirse a la causa, pero no lograron sobrevivir al viaje.
La vida es muchas veces una diosa cruel.
Debemos recordarlo y dar gracias por cada día que vivimos y disfrutamos.
—Muy bien dicho —se emocionó Lily.
Dafne asintió varias veces.
—Entiendo lo que me transmites. Es una lástima que no hayan podido vivir un poco más y saborear la libertad que tanto ansiaban.
—Hicieron lo correcto y lucharon por sus ideales. Han muerto buscando el sueño de la libertad. Les honra —dijo Logar.
El resto de los componentes del escuadrón asintieron y murmuraron palabras de elogio hacia los caídos.
—Nos ha tocado situarnos en esta zona de Tremia —prosiguió Dafne—.
El desierto es implacable, debemos adaptarnos a vivir aquí y convertir estas ciudades en nuestro hogar lejos de Kraido.
Solo así sobreviviremos, al menos de momento.
Las tierras más verdes en la parte superior del continente están bajo dominio de los dragones y no son una opción para nosotros.
—En cuanto a espacio y alimentos, ¿cómo estamos? —preguntó Dafne a Ivo.
—Al límite también, no cabe un alma más en Jafarika. Sí en espíritu, pues este es un lugar de acogida para todos los rebeldes, un referente, pero físicamente no cabemos más, me temo.
Dafne resopló.
—El mensaje se ha extendido y los nuestros lo han oído. Han venido a nuestro encuentro. Son grandes noticias, pero se nos presentan retos importantes. Tendremos que ampliar un poco las ciudades.
—No solo eso, debemos expandirnos —intervino Taika.
Dafne, que ya lo había hablado con el Felidae, le cedió la palabra.
—Explícalo, Taika, por favor.
—Necesitamos expandirnos para crear un reino fuerte que nos ayude a negociar con los otros reinos que todavía sobreviven en Tremia, como el reino de York que tiene esa expectativa de nosotros.
Si no cumplimos podríamos vernos en una situación de desventaja.
Además, está claro que tenemos el problema de la sobrepoblación en las tres ciudades que mantenemos.
Las ciudades están llenas, sobre todo con esta última llegada masiva de soldados.
El problema es que llegarán más. Hemos estado recibiendo soldados que han desertado con la ayuda de la ruta de escape que han creado Aibin y sus Desher Tumaini.
Ahora con la llegada de todos los refugiados del este nos vemos cerca del colapso.
—A eso tenemos que añadir que vamos a crear una nueva ruta marítima desde el reino de Erenal a Jafarika. Todos los soldados que estén en los reinos de Rogdon, en territorio Usik o Masig, así como los reinos centrales de Zangria y Erenal podrán llegar hasta nosotros —explicó Dafne.
—Esa nueva ruta marítima, ¿cómo la vamos a crear? —preguntó Logar.
—He llegado a un acuerdo con York. Nos presta una pequeña flota que podemos utilizar para traer a los nuestros hasta aquí.
—Espero que sean barcos tripulados porque nosotros no tenemos mucha idea de navegación —dijo Brendan.
—Nos dejan los barcos y la tripulación —dijo Lily—. Pero hay una condición —la Escarlatum puso cara de que no podía ser de otra forma.
—Como todo en la vida, nada se regala —intervino Ivo.
—Y mucho menos lo harán los de York, que ya sabéis cómo son. Nacen para comerciar. Esos serían capaces de vender sus pensamientos si les fuera posible —dijo Lily enarcando una ceja.
—Es decir, vamos a recibir todavía a más de los nuestros —razonó Logar.
—Esa es la esperanza que tengo. Vendrán más, no solo desde el desierto sino a través de la nueva ruta marítima —expresó Dafne.
—Su existencia será pronto conocida —dijo Taika—. Se propagará como el mensaje.
—En ese caso no vamos a ser capaces de albergarlos —negó con la cabeza Brendan.
Dafne suspiró.
—Esto nos lleva a tener que discutir algo que todos sabemos que va a ser requerido. Hay que liberar a las cuatro ciudades que quedan en el este del desierto de aquí al mar del sur.
Los componentes de las tres escuadras murmuraron y comentaron entre ellos lo que aquello supondría.
—Hay rumores de que varios dragones controlan esas ciudades, si vamos a liberarlas tendremos que luchar contra ellos —dijo Brendan.
—Lo cual nos va a dificultar muchísimo las cosas —Logar fruncía la frente.
—Quizá no tanto como pensáis —dijo Lily con una sonrisa traviesa.
Los que ya la conocían se volvieron hacia ella.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que tenemos un arma nueva y muy poderosa para usar contra los dragones, una que llevamos tiempo esperando —sonrió Lily y les mostró una esfera con sustancia dorada.
—¿Qué es eso? —preguntó Logar.
—Eso es un regalo de Urrejaun, señor de York. Es magia dorada y afecta a los dragones. Parece ser que York es capaz de producirla y mantenerla estable dentro de estos contenedores esféricos —explicó Dafne.
—¿Podemos verla? —preguntaron varios a la vez.
—Por supuesto.
Dafne le hizo un gesto con la cabeza a Lily para que pasara la esfera a los de la Escuadra Candente y luego les dio otra esfera a los de la Escuadra Ardiente.
Por un largo rato todos observaron y examinaron las esferas y su contenido.
Dafne ya se lo había mostrado a los de su escuadra, que se mantuvieron observando las reacciones de sus compañeros.
—Nada de abrirlas. Hay que tener mucho cuidado, su contenido es valiosísimo —advirtió Lily.
—Pensaba que sería un arma dorada —dijo Logar—, una de las que tanto hemos oído hablar.
—Esto es algo mejor que un arma dorada, al menos para nosotros, ya que no podemos usarlas al tener sangre de dragón. Esta sustancia dorada se puede untar en nuestras armas y con ellas podemos atravesar las defensas mágicas y físicas de un dragón —explicó Dafne.
—¿Quieres decir que podremos atravesar con nuestras lanzas y espadas las escamas de un dragón? —preguntó Brendan, escéptico.
—Podremos hacer más que eso, podremos cortarles la cabeza —afirmó Dafne.
Aiden, que no decía nada y solo observaba, hizo una mueca de que lo dudaba.
—Eso es increíble —dijo Logar.
—Más que increíble, es absolutamente maravilloso. Por fin podremos tener una oportunidad cuando nos enfrentemos a un dragón —dijo Lily.
—Hay un pequeño inconveniente. No disponemos de mucha cantidad, solo de una docena de esferas, que es cuanto nos ha proporcionado. Por lo tanto, debemos usarlas con muchísimo cuidado y solo en ocasiones en las que sea absolutamente necesario —explicó Dafne con tono muy serio.
—Eso lo entendemos —dijo Logar.
—¿Quién va a tener acceso a estas esferas? —preguntó Brendan.
—Todos nosotros tendremos acceso, pero limitado.
—¿Vas repartir las esferas entre nosotros? ¿Entre todo el escuadrón? —preguntó Logar.
—Eso es lo que pretendo hacer. Cuatro esferas para cada escuadra. Los miembros de cada una tendrán que compartir las esferas que les tocan. Por ello es todavía más importante que seamos extremadamente cuidadosos a la hora de usar una gota de sustancia dorada.
—Te honra que lo dividas entre todos nosotros —dijo Brendan y bajó la cabeza ante Dafne a modo de señal de respeto.
—¿Qué clase de líder sería sí me aprovechara de algo así?
—Creo que muy pocos líderes actuarían de forma tan honesta —dijo Logar.
—Vosotros me habéis dado la confianza para que sea vuestra líder y es algo que me tomo muy en serio. Yo nunca os traicionaría o me aprovecharía a vuestras espaldas.
—Yo no estoy tan segura de que fuese tan honesta como tú —dijo Lily sonriendo.
—Ahora que tenemos una forma de defendernos de los dragones ha llegado el momento de ampliar el reino de los rebeldes de Kraido en Tremia.
Liberaremos las cuatro ciudades del sureste de los desiertos hasta llegar al mar del sur y redistribuiremos los soldados que vayan llegando.
Si nos encontramos con algún dragón en esas cuatro ciudades tendremos que encargarnos de él —dijo Dafne y les mostró una de las esferas con la sustancia dorada—. ¿Estáis conmigo?
—Estamos contigo —dijo Logar.
—¡Por la rebelión! —dijo Brendan.
—¡Por la libertad! —gritaron todos.
La reunión terminó y las tres escuadras se quedaron examinando las esferas doradas y comentando cómo podrían usarlas.
Múltiples ideas surgieron y comenzaron a valorarlas.
Mientras todos hablaban, Dafne se quedó pensativa.
Sabía que liberar las cuatro ciudades sería peligroso.
Sin embargo, no veía otra opción para asegurar la supervivencia de los rebeldes.
—¿Preocupada? —preguntó Taika con su voz de terciopelo.
—Un poco sí —reconoció Dafne.
—Has tomado una decisión consecuente.
—La apruebas.
Taika asintió.
—Creo que es la mejor opción, la única.
—¿Y el riesgo? No quiero que los soldados que han llegado hasta aquí mueran liberando esas ciudades. Lo han pasado muy mal para conseguir llegar a un lugar protegido.
—Vendrán más y necesitarán también protección. Es por esa razón que tenemos que hacer esto.
—Solo espero que no nos encontremos con ningún dragón.
—Si lo hacemos pondremos a prueba esta magia dorada.
—La magia funcionará, de eso no tengo duda. Lo que me preocupa es que nosotros, tú o cualquiera de los compañeros del escuadrón, muera enfrentándose a un dragón.
—Creo que todos nosotros moriríamos contentos luchando contra un dragón, con la posibilidad de poder matarlo. Estate tranquila por eso.
Las palabras de Taika tranquilizaron a Dafne. Hablar con él siempre le proporcionaba calma y lo agradecía. Volvían tiempos revueltos, de lucha y conquista. Iba a necesitar mucha calma para liderarlos.