Cielos funestos (La senda de los dragones 8) Capítulo 26
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Capítulo 26

Las dos bajaron de la gran roca y se acercaron al embajador y su escolta.

—Embajador, es un placer volver a saludarte —dijo Dafne y le hizo un breve saludo con la cabeza.

Respetaba al embajador, con el que había negociado el alquiler de aquella flota y el establecimiento de una alianza con York.

Ambros era muy inteligente y había aprendido el idioma de Kraido.

A Dafne le parecía todo un logro, ya que siendo embajador de profesión se esforzaba por hablar varias lenguas.

—El placer es todo mío —respondió y realizó una reverencia pronunciada.

—¿Has venido a asegurarte de que esta misión se realiza con éxito? —preguntó Dafne.

—Así es. Mi señor me envía para asegurarse de que esta misión se realiza con éxito y también para fortalecer los lazos que nos unen.

—Ya somos aliados, no hacía falta que hicieras todo este camino de nuevo —dijo Lily.

—Mis viajes representando a mi ciudad y los tratos con este nuevo reino rebelde que florece en los desiertos son siempre muy agradables y los disfruto mucho.

Mientras charlaban, Dafne iba mirando de reojo que todo el proceso se fuera produciendo de forma adecuada.

Había varios miles de soldados que debían desembarcar y no era precisamente una tarea sencilla.

Algunos barcos estaban teniendo dificultades para maniobrar en tan concurridas aguas, pero por fortuna parecía que ya lo estaban solucionando.

—No tengo muy claro que los viajes al desierto sean precisamente lo que más te guste, embajador —guiñó un ojo Lily.

Ambros sonrió.

—Puedo aseguraros de que en mi larga experiencia como embajador estas últimas misiones y encuentros los he disfrutado como ninguno.

—Ya, eso se lo dirás a todos los reinos con los que has tratado en el pasado y con los que tratarás en el futuro —replicó Lily con ironía.

—Es mi trabajo asegurarme de que las alianzas y los tratados comerciales que se establezcan entre mi ciudad y otros reinos sean siempre no solo prósperos sino cordiales.

—Se me había olvidado lo bien que hablas, embajador —dijo Dafne—. Pero estoy segura de que aparte de buenas palabras y posibles buenas intenciones estás aquí para algo más.

—Así es —sonrió el embajador y asintió levemente—. Mi señor Urrejaun quiere asegurarse de que el nuevo reino de los rebeldes y York formen una alianza fuerte.

—¿Y qué requiere Urrejaun para que eso sea así? Porque gratis no nos va a salir… —dijo Dafne frunciendo la nariz.

—Por supuesto en todo acuerdo comercial tiene que haber un intercambio de bienes o servicios, y por ello nuestro ilustre regente requiere del apoyo de los rebeldes de Kraido para combatir a los dragones que ataquen la ciudad de York.

—Estamos dispuestos a colaborar con Urrejaun y la ciudad de York en agradecimiento por la flota que nos ha prestado para poder transportar a todos nuestros soldados a esta parte del continente —dijo Dafne.

—Mi señor además os ofrece un regalo de gran valor como muestra de sincera amistad y deseo de colaboración y comercio entre nuestros reinos.

—¿Qué es ese regalo que Urrejaun tiene para nosotros? —preguntó Dafne y de reojo miró a los soldados que estaban detrás del embajador y que portaban el pequeño cofre.

—Mucho oro no es si lo transportan en ese pequeño cofre —razonó Lily enarcando una ceja.

El embajador miró hacia los soldados y les hizo un gesto para que se lo entregaran. Los soldados así lo hicieron y Ambros les mostró el cofre a Dafne y Lily.

—Aquí dentro hay algo mucho más preciado que el oro —dijo con tono de misterio.

—Más preciado que el oro… deben de ser joyas preciosas, diamantes, esmeraldas, ópalos o similar. A mí me encantan todas las joyas, sobre todo porque al llevarlas iluminan mi piel escarlata y me hacen más atractiva todavía —sonrió con coquetería.

El embajador también sonrió.

—Lo que hay en este cofre es más valioso que joyas o piedras preciosas —dijo—. Sobre todo, para vosotros.

—Me tienes muy intrigada, ¿qué es lo que nos traes? —pidió Dafne.

El embajador abrió con cuidado el cofre y dentro pudieron ver una docena de esferas que contenían un líquido dorado. Brillaban con poder contenido.

—Estas esferas contienen magia dorada.

Dafne y Lily se quedaron pasmadas. Tardaron un momento en reaccionar.

—¿Magia dorada de la que puede afectar a dragones? —preguntó Dafne con expresión de gran sorpresa.

—En efecto, esa magia —aseguró el embajador asintiendo varias veces.

—¿Nos estás diciendo que esas esferas contienen magia dorada que podemos utilizar para luchar contra los dragones? —preguntó Lily, que no salía de su asombro.

—Así es. Es el regalo de mi señor Urrejaun a los rebeldes de Kraido. Mi señor es consciente de que los Brujos de Dragón de los rebeldes son luchadores formidables y solo necesitan de un último componente para poder enfrentarse directamente a ellos.

—La magia dorada —dijo Dafne mirando las esferas con gran interés.

—Así es.

—Si esa magia dorada es de verdad la afamada de la que tantos rumores hemos oído, ¿por qué nos la regala? Me parece demasiado generoso —desconfío Lily y enarcó ambas cejas.

—Urrejaun dispone de la capacidad de producirla. Sus soldados pueden usarla contra los dragones. Lo que ahora busca es que sus aliados más próximos y cercanos también dispongan de esta ventaja.

—O sea, nosotros —dedujo Lily.

—Entiendo que lo que quiere es que en caso de que tenga problemas le ayudemos —razonó Dafne.

—Así es. Es un trato de colaboración. Mi señor os da los medios para que podáis luchar contra los dragones a condición de que, si es necesario y os llama, acudáis.

—Eso ya tiene más sentido —dijo Lily, que no pudo aguantarse y cogió una de las esferas entre sus dedos escarlata.

—Debéis tener mucho cuidado con la sustancia que contiene. Es muy volátil y solo debéis utilizar unas pocas gotas cuando vayáis a luchar.

Dafne cogió otra de las esferas, la levantó hacia el sol y la observó con un ojo mientras cerraba el otro.

—Se aplica a las armas, entonces.

—Así es, basta con una gota en el filo de una espada y ésta atravesará las defensas físicas y mágicas del dragón.

—¿Esto ha sido probado o somos nosotros los elegidos para comprobarlo y morir en el intento? —preguntó Lily con tono de desconfianza.

—Ha sido probado y funciona.

—¿Quién lo ha probado?

—Alguien que conocéis y en el que confiáis: Lasgol, el guardabosques norghano.

—Vaya, nuestro amigo Lasgol se mueve mucho —comentó Lily.

—Si Lasgol lo ha usado y funciona no tenemos nada por lo que dudar —dijo Dafne—. Confiamos en él.

—Por eso precisamente lo he mencionado, sabía que os convencería saber que él ya ha comprobado su eficacia.

—Esto es importantísimo —Dafne observaba la esfera entre sus dedos—.

Nos da una oportunidad. Es lo que siempre habíamos estado buscando.

Conocíamos la existencia de armas doradas, pero nosotras no podemos usarlas puesto que nuestra sangre desciende de la de dragón.

Tenemos magia plateada y para usar armas doradas se requiere tener magia dorada.

—Esa es la grandeza y belleza de esta sustancia dorada. Puede ser utilizada por cualquier persona, ya que está estabilizada dentro de la esfera. Solo tenéis que verter un poco en un arma y actuará como un arma dorada. No tan poderosa, pero suficiente.

—Impresionante —dijo Lily observando obnubilada cómo la sustancia viscosa en la esfera brillaba con destellos dorados.

Dafne asintió y luego miró el embajador a los ojos.

—Dile a tu señor que tiene un trato. Usaremos este regalo tan extraordinario con cabeza. Si York nos llama, acudiremos en su ayuda.

—Esto complacerá en gran manera a mi señor Urrejaun —aseguró el embajador.

Tendrás que dejarnos algunos de estos navíos aquí, no disponemos de forma de llegar hasta York —dijo Dafne.

—No hay problema. Dejaremos navíos en esta costa y si os necesitamos os contactaremos vía paloma mensajera, como hasta ahora.

—De acuerdo. Mi intención es, además, usar esos barcos para establecer una ruta de Erenal a Jafarika.

—¿Mercantil? Erenal está en ruinas —se sorprendió el embajador.

—No, mercantil no, para que sigan llegando los soldados de Kraido que se unan a la causa.

Ya tenemos rutas por tierra en la parte superior del continente y en la inferior por los desiertos, pero no disponemos de una que cruce el Mar Central.

Esto nos ayudará mucho. Será bueno para el nuevo reino, lo fortalecerá.

Y cuanto más fuertes seamos, más fuertes son nuestros aliados de York.

El embajador se quedó pensando la propuesta. La valoró y habló tras un momento.

—De acuerdo, así lo haremos. Pero tendrá un coste, Urrejaun exigirá pago por el servicio prestado. Es lo justo.

—No hay problema, pagaremos. Las ciudades noceanas tienen oro y joyas preciosas en abundancia, los dragones no se las llevaron. Liberaremos más ciudades y obtendremos el pago.

El embajador asintió. Parecía satisfecho.

—Os enviaré el pago a realizar.

—Que no sea muy alto, tenemos muchas bocas que alimentar —rebatió Lily.

El embajador sonrió y entregó el cofre a Dafne. Realizó varias reverencias de despedida y se dio la vuelta para regresar con sus soldados al bote y de allí a su navío.

—¡Por fin hemos logrado un avance crítico! ¡Algo que celebrar de verdad! —dijo Dafne muy motivada.

—Hemos conseguido bastantes avances, creo yo, pero sí, tienes razón. Esto nos pone a otro nivel. Ahora podremos luchar contra un dragón y matarlo como Lasgol y sus compañeros —Lily asentía imaginándoselo.

Dafne observó cómo los rebeldes seguían desembarcando y miró al cielo. De momento estaba despejado, pero en cualquier instante podía aparecer un dragón y convertir aquel desembarco en una carnicería, así que se dirigió a la roca donde estaban sus compañeros.

—¿Todo bien? —preguntó Taika.

—Todo va mucho mejor que bien —respondió Dafne.

—Por fin tenemos una oportunidad —dijo Lily apretando el puño.

Taika, Ivo y Aiden las miraron extrañados.

—Terminemos esta tarea y luego os explico. Tengo noticias excelentes que os van a alegrar el corazón —dijo Dafne.