Cielos funestos (La senda de los dragones 8) Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

—Rogdon no olvidará esta ayuda. Gracias a todos —dijo Aliana.

—Ya llegan. ¡Atención! —Lasgol alzó el arco hacia el cielo—. Apuntad a las alturas y tirad contra las alas. Hay que conseguir que caigan a tierra.

—En cuanto caiga alguno, yo me encargo de rematarlo —Viggo afiló la mirada.

Según los dragones descendían, el grupo se mantuvo firme en la posición que había adoptado, lo bastante amplia para que un ataque no alcanzara a más de una persona. Lasgol invocó sus habilidades Tiro Múltiple y Tiro Certero y apuntó al primer dragón que llegaba, de color rojo.

—Tiramos según posición —dijo Ingrid—, para que cada par se encargue de un dragón y no tiremos todos sobre el mismo.

—Entendido —Nilsa apuntó.

—De acuerdo —Astrid preparó una flecha.

Los dragones estaban ya a seiscientos pasos de distancia. Todos podían tirar contra ellos.

Volaban recto hacia ellos, descendiendo en diagonal, sin realizar ninguna maniobra para evitar las flechas, como si no temieran en absoluto ser alcanzados.

Lasgol sabía que aquello era un error que les daba ventaja y sintió algo de esperanza.

La prepotencia de los dragones nunca dejaba de sorprenderle.

—Están a tiro. ¡Soltad! —dijo Ingrid.

Lasgol y Astrid tiraron contra el dragón rojo, Nilsa y Gerd lo hicieron contra el marrón a la derecha del rojo, e Ingrid y Viggo contra el dragón azul a la izquierda.

Todos habían untado una gota de sustancia dorada en la punta de las flechas, y todas eran elementales.

Las flechas salieron en busca de sus objetivos y volaron raudas al encuentro de los dragones.

Haradin, Aliana y Komir aún no podían atacar con su magia, pues los dragones estaban demasiado lejos. Ellos, igual que sus enemigos, no podrían atacar antes de los doscientos cincuenta pasos, esa era la ventaja que tenían los guardabosques sobre cualquier ser que usara magia.

Las flechas fueron directas e impactaron contra las alas de los dragones.

Se produjeron detonaciones, explosiones de fuego y rayos.

Usaban flechas de fuego y de aire porque eran las que mayor daño causaban en las alas, ya que podían quemarlas.

Las flechas de agua y de tierra no conseguían el mismo efecto y para aquel tipo de ataque no eran las más adecuadas.

Los dragones, al ser alcanzados, rugieron, pero no variaron su vuelo de ataque y siguieron descendiendo, seguros de que una vez alcanzaran a sus objetivos los destrozarían.

Según se acercaban a gran velocidad, todo el grupo colocó otra flecha en sus arcos.

Ahora les costaba un poco más, porque debían untar una gota en las flechas antes de tirar, algo que habían practicado sin descanso.

Eran guardabosques y los guardabosques siempre se preparaban para combatir de la forma más eficaz.

Los dragones estaban ya a doscientos cincuenta pasos cuando recibieron la segunda descarga de flechas explosivas.

Cada par atacó al mismo dragón y a la misma ala, de forma que maximizaran el daño.

Las flechas explotaron sobre las alas y consiguieron que ardieran, provocando grandes heridas e impidiendo que los dragones siguieran usándolas.

Aun así, los tres lanzaron sus ataques elementales.

Abrieron las fauces y soltaron sus caudales de fuego, tierra y agua helada, pero sus ataques chocaron con la cúpula defensiva de Camu, que evitó males mayores.

Las bestias pasaron sobre ellos y, cuando fueron a remontar para atacar de nuevo, descubrieron que sus alas no respondían.

Comenzaron a realizar vuelos erráticos, intentando controlar la dirección sin éxito.

Todos se apresuraron a colocar otra flecha en las cuerdas, pero ya no tendrían tiempo de tirar contra los cinco dragones siguientes, que llegaban volando a la par.

Aliana, Haradin y Komir usaron su magia y los medallones Ilenios para atacar a la siguiente remesa de dragones.

Aliana utilizó su magia de tierra, amplificada por la potencia del medallón Ilenio y por la magia que Haradin le transmitía para crear frente a ella un centenar de estacas de roca.

Eran proyectiles muy duros y afilados. Los mantuvo suspendidos en el aire, sosteniéndolos con las manos.

Luego observó a los dragones y, con un movimiento rápido de ambas manos, los lanzó contra los cinco a la vez.

Fue como si cien arqueros hubiesen atacado con gruesas flechas de pura roca, de puntas y aristas afiladísimas.

Aquellos proyectiles no solo eran afilados, sino terriblemente resistentes.

Impactaron de frente contra las cinco criaturas y consiguieron penetrar sus defensas mágicas y físicas.

Las estacas se clavaron en los torsos y algunas en la cabeza de las bestias, mientras estas atacaban con sus alientos elementales.

Un instante después de que las estacas de roca impactaran, otros proyectiles de aspecto inofensivo los golpearon.

Komir había creado una gran cantidad de proyectiles similares a jabalinas, pero translúcidos.

Estaban hechos de energía pura de éter. Más de un centenar de ellas golpearon a los cinco y, al igual que los proyectiles de roca de Aliana, los de éter de Komir se introdujeron en sus cuerpos, malhiriéndolos.

Pese a ello, y al estar tan cerca, los dragones lanzaron sus alientos contra sus atacantes y tanto Aliana como Komir y Haradin tuvieron que alimentar con energía sus esferas de defensa física y mágica.

Los dragones pasaron volando sobre ellos y, de los cinco, tres se estrellaron contra el suelo, malheridos por los ataques recibidos.

—Yo me encargo de esos —Viggo salió corriendo como una exhalación.

Ingrid quiso decirle que se quedara en su sitio y aguantara la posición, pero sabía que sería en vano. El asesino no dejaría pasar la oportunidad de matar a aquellos dragones.

Lasgol se volvió hacia Ona.

—Ve a ayudarlo.

Gerd miró a Argi.

—Tú también, ayúdalos.

La pantera y el gran lobo salieron corriendo tras Viggo tan rápido que en un instante apenas eran visibles en la noche. Los dos últimos dragones que seguían en maniobra ofensiva en el aire atacaron con sus alientos elementales a las Panteras.

«Tranquilos. Esfera aguantar. Yo mucho poderoso», envió Camu para calmarles.

—¿Cómo vas de energía? —Lasgol lo observó de reojo.

«Yo mucha energía. Todo bien».

Lasgol se tranquilizó un poco, aunque sabía que mantener una cúpula activa de semejante tamaño y protegiéndolos a todos debía estar consumiendo gran parte de la energía interior de Camu. No podría aguantar tanto como pretendía hacerles creer. Se mostraba demasiado optimista, pero así era él.

—Cuidado, ahora cambiarán de táctica al ver que no les ha ido bien. Son engreídos, pero no estúpidos —dijo Haradin.

—Estaremos esperando —Astrid tensó la cuerda del arco.