Capítulo 17
Los dos dragones viraron y enfilaron hacia Lasgol. Venían a acabar con él.
No se puso nervioso, pese a saber que derribar a dos dragones le resultaría casi imposible.
Miró a derecha e izquierda en busca de algún sitio donde esconderse, pero solo halló unos árboles, y si echaba a correr hacia ellos lo más probable era que los dragones le dieran alcance antes de llegar.
Volvió la vista a los dos dragones, que batían las alas con fuerza y ganaban velocidad mientras descendían directos hacia él.
Decidió intentar algo arriesgado. No le quedaba mucha opción, Camu no podía acudir en su ayuda, pues tenía a otro dragón pegado a la cola.
Aquello le preocupó y mucho. En lugar de echar a correr, Lasgol reforzó su Protección de Boscaje y encajó una flecha de tierra en la cuerda.
Levantó el arco y apuntó. Los dos dragones venían en paralelo, casi tocándose.
Por un momento tuvo la sensación de hallarse en un duelo, enfrentado a dos monstruos a la vez. Estaban ya a seiscientos pasos.
Lasgol sabía que si los dragones llegaban a doscientos cincuenta pasos atacarían con sus alientos elementales. Aquellos eran veteranos, por su tamaño, y lo alcanzarían a esa distancia. Los jóvenes no pasaban de doscientos. Tenía que tirar antes de que eso sucediera.
A cuatrocientos pasos, y corriendo, apuntó al dragón de la izquierda.
Invocó Tiro Certero y Tiro Múltiple y envió una gran cantidad de energía hacia el arco dorado.
Los destellos verdes y el dorado se produjeron con intensidad.
Soltó contra la cabeza del dragón y, sin aguardar el resultado, puso otra flecha de tierra en la cuerda.
Invocó las dos habilidades de nuevo y apuntó al dragón de la derecha. Soltó tras los destellos.
La primera detonación estalló en la cara del dragón izquierdo, sobre su ojo derecho.
La explosión de sustancia cegadora, tierra y humo le alcanzó y le hirió el ojo.
La segunda golpeó al dragón de la derecha en el ojo izquierdo con idéntico efecto.
Lasgol no tenía tiempo para más y corrió hacia los árboles.
Los dos dragones rugieron y lanzaron sus alientos elementales: fuego el de la izquierda, tierra el de la derecha.
Pero, medio cegados y aturdidos, fallaron por completo.
Los dos chorros de fuego y rocas golpearon el suelo y excavaron dos surcos de destrucción mientras los dragones pasaban por encima de la posición desde la que había tirado.
Lasgol llegó a los árboles y se escondió tras uno con la espalda protegida.
Resopló, aliviado. La jugada le había salido bien.
Una cosa sabía con certeza: el arco de un guardabosques tenía más del triple de alcance que el aliento de un dragón y en eso siempre podía confiar.
Sus habilidades funcionaban y él volvía a ser el de antes, al menos en este aspecto.
Con Tiro Certero no erraba. Por desgracia, aún no había hallado la forma de matar a un dragón de un solo ataque, pero era una idea que siempre llevaba en la cabeza y que lo empujaba a querer desarrollar nuevas habilidades.
Los dragones heridos rugían sobre su cabeza mientras intentaban despejar la visión y encontrarlo.
La explosión, amplificada por la magia dorada del arco, debía de haberles causado un daño físico considerable.
Había enviado bastante energía. Quizá no los había cegado, pero al menos tendrían un ojo malherido y eso los entorpecería.
A lo lejos, Camu ascendía y descendía de forma brusca.
Así conseguía que el dragón perseguidor lo rebasara por arriba o por abajo, incapaz de frenar a tiempo y de cambiar de dirección como hacía él.
Ahí radicaba su ventaja en el aire: podía volar como un descomunal colibrí, ascender y descender en vertical.
Los dragones no lograban tal cosa, pues siempre volaban en trayectoria recta, horizontal o en diagonal sin poder sostenerse en el mismo punto. Esa era la especialidad de Camu.
Los dragones rugieron de nuevo mientras buscaban a Lasgol para acabar con él.
Estaban furiosos. Lo hallarían pronto, pues no quedaba otro escondite, y el dragón de fuego lanzaba pasadas bajas con su aliento para iluminar toda el área.
Lasgol debía mantenerse a distancia o lo asaltarían con ataques mentales, y de esos no podía defenderse.
Debía permanecer fuera de su alcance. El problema era que no podía refugiarse entre la vegetación ni salir corriendo.
El dragón de fuego rugió y se lanzó hacia los árboles con su aliento elemental abriendo camino.
Lo iban a forzar a salir. El dragón marrón dio la vuelta para aguardarlo al otro lado. Sin duda eran veteranos y no solo sabían dónde estaba, sino que trataban de bloquearle.
Lasgol retrocedió varios árboles y, desde la espesura, apuntó al dragón rojo que venía directo a incinerar el pequeño robledal.
En ese momento dos flechas de fuego estallaron contra el ala izquierda de la criatura. Las detonaciones prendieron el ala. Como no podía verlos, debían de haber tirado desde larga distancia, a más de seiscientos pasos, y Lasgol intuyó que serían Ingrid y Nilsa, dos arqueras consumadas.
Herido en el ala, la bestia se sacudió para apagar el fuego, desviándose hacia la izquierda.
Su aliento ígneo alcanzó el robledal, aunque no lo golpeó de pleno.
Los árboles frente a Lasgol comenzaron a arder, pero no se movió.
Invocó Tiro Certero y Tiro Múltiple y soltó contra el ala una flecha de fuego.
El dragón giró cuanto pudo y sacudió el ala con fuerza.
Las siete flechas salieron del robledal y, en pleno vuelo, cambiaron el rumbo para perseguir el ala gracias a Tiro Certero.
El dragón giraba en el aire, pero las flechas dieron en el blanco y estallaron en llamas.
El ala ardió con fuerza. El dragón rugió de dolor y perdió altura, al no poder usarla.
Se estrelló contra el suelo no muy lejos.
Rodeado de llamas, Lasgol tuvo que huir por el lado donde aguardaba el dragón marrón, pues el incendio había dañado su Protección de Boscaje y no había otra salida. Tal como sospechaba, el dragón marrón esperaba a que su presa saliera del robledal y se lanzó directo a por él.
Camu volaba con bruscos cambios de dirección arriba y abajo para librarse del dragón azul que lo perseguía. Sabía que no podía volar más rápido que un dragón veterano, al menos no de momento.
El dragón envió su aliento helado, que le rozó la cabeza.
Para esquivarlo se dejó caer a peso y descendió a gran velocidad.
Cerca ya del suelo, aleteó con fuerza y se mantuvo levitando.
Batió las alas con más brío y ascendió en vertical para no estrellarse.
El dragón lo rebasó a toda velocidad e intentó frenar y dar la vuelta.
Por fortuna, aquellas bestias no maniobraban nada bien: no solo se pasó de frenada, sino que, para cuando giró, Camu ya escapaba en dirección contraria.
Jugaban al gato y el ratón y Camu sabía que aquello podía acabar mal.
Por desgracia, no podía atacar a semejante bestia con sus habilidades, pues su protección mágica las anulaba.
Solo podía seguir evadiéndose y buscar una salida.
Había visto de reojo que Lasgol derribaba al dragón rojo y esperaba que pudiera encargarse también del marrón.
El problema era que, para cuando Lasgol acudiera en su ayuda, ya sería demasiado tarde.
Volvió a notar el chorro helado junto al cuerpo y, con una rápida mirada de reojo, descubrió al dragón azul echándosele encima a toda velocidad.
Giró a la izquierda y al instante ascendió en vertical con todo su ímpetu.
El dragón se pasó otra vez de frenada e intentó dirigirle el aliento helado hacia arriba, a punto de partirse el cuello por la velocidad y lo rápido que Camu trepaba.
Por desgracia, no se lo partió. Volvió a girar y rugió. Aquel dragón no pararía hasta matarlo.
Necesitaba a sus compañeros. Miró hacia abajo y distinguió a dos figuras que corrían en su dirección.
Las reconoció enseguida. A Astrid apenas se la veía de noche, pero a Gerd se lo distinguía a una legua por su corpachón y andares.
Se dejó caer en vertical para obligar al dragón azul a descender y ponerlo a tiro de sus compañeros.
La bestia, sin reparar en los dos guardabosques que llegaban a la carrera, se lanzó cegada a acabar con Camu.
Dos flechas salieron de los arcos de Astrid y Gerd y alcanzaron al dragón azul en el ala derecha.
Estallaron dos explosiones y de ellas brotaron rayos que castigaron toda el ala.
Camu dedujo que empleaban sustancia dorada, pues sufrió quemaduras por doquier.
El dragón rugió de furia y dolor, mas no desvió la trayectoria y golpeó a Camu con las garras para derribarlo.
Camu, que no esperaba el golpe, encajó el impacto y empezó a perder altura.
Batía las alas con fuerza para no estrellarse.
El dragón azul logró seguir volando y, lejos de retirarse, fue ahora a por los dos tiradores.
Camu frenó la caída un instante antes de golpear el suelo, gracias a ello el cacharrazo no resultó demasiado grave.
Se irguió sobre sus cuatro patas y observó cómo Astrid y Gerd tiraban de nuevo contra el dragón azul, que se les echaba encima para acabar con ellos con su aliento helado.