Cielos funestos (La senda de los dragones 8) Capítulo 16
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Capítulo 16

Lasgol permaneció un instante tumbado, hasta que el dolor se estabilizó. Eso era buena señal. Si la lesión fuera grave podría desmayarse. Necesitaba ponerse en pie y seguir con la misión: debía sacar de la ciudad a los miles de civiles.

Camu lo observó con ojos llenos de preocupación.

«Tú muy pálido».

«Es el dolor, pero ya estoy mejor».

Lasgol respiró despacio y dejó que el aire le llenara los pulmones.

«¿Cómo ayudarte?», Camu inclinó la cabeza hacia él.

«Dame un momento, que respire».

Cerró los ojos.

Camu se quedó a su lado, sin apartar su mirada de él.

Lasgol necesitaba curación o no podría seguir ayudando, eso lo sabía.

Ya no dolía tanto, pero dolía y no podía usar la pierna.

Sin curación, no saldría de aquel atolladero.

Miró alrededor, pero todo lo que vio, aparte de Camu, fue noche oscura.

Al pensar en la oscuridad, algo extraño le ocurrió.

Su mente pareció emitir un destello de luz blanca, como si todavía luchara contra los efectos del ataque del dragón negro.

Le pareció singular, porque ya no había oscuridad dentro de él, exceptuando la que no le dejaba ver su pasado.

Otro destello recorrió su interior y una idea lo llenó todo: Curación de Guardabosques.

Lasgol frunció el ceño.

«Camu…».

«Sí, decir».

Camu se acercó un paso.

Lasgol bajó la vista y trató de ordenar sus pensamientos.

«¿Recuerdas que te haya hablado alguna vez de una habilidad mía llamada Curación de Guardabosques?».

«No recordar».

Camu negó con su cabeza.

«Pues me acaba de saltar a la mente. Creo que es por el ataque del dragón negro a mi cabeza. Es como si mi mente luchara todavía contra la oscuridad».

Camu ladeó la cabeza.

«Pero no más oscuridad. ¿O sí?».

«Pues no… eso es lo extraño…».

Lasgol apoyó la nuca en el suelo y contempló el cielo nocturno mientras intentaba razonar aquello.

«Mucho raro, sí».

Camu puso expresión de desconcierto.

«Es como si fuera un recuerdo del pasado que ha aflorado mientras mi mente luchaba contra la oscuridad que la invadía».

«Tú mucho extraño. Yo mucho guapo».

Camu sonrió. Lasgol rio, pero el dolor le borró la sonrisa en un instante.

«Muy cierto. Me pregunto si esa habilidad es de antes de que el dragón inmortal me robara la memoria o de después».

«No ser de antes. Yo saber».

Lasgol miró a su compañero.

«Cierto, si fuera de antes la conocerías. Ahora que lo pienso… tampoco está en los cuadernos de Egil que he utilizado para ir recordando habilidades».

«Entonces ser después».

«Sí, debe ser una de las habilidades que he desarrollado por necesidad, pero la había olvidado por completo.

Recuerdo que puedo curar heridas leves, he ayudado a otros en mis aventuras con los Portadores después de salir de Norghana…

Lo que no sabía es que le había dado nombre…

O igual no lo he hecho hasta ahora… Tampoco sé por qué no la recordaba si es posterior al incidente…

¿Puede ser que los efectos secundarios dañinos me están borrando ciertas memorias nuevas? ».

«Tu cabeza estar un poco loquilla. No ser grave. No preocupar».

Camu movió la cabeza a un lado y luego al otro.

Lasgol estaba muy desconcertado y agradecía las palabras de Camu, que le levantaron el ánimo.

«Sí, eso lo puedes asegurar».

«Tú probar habilidad. Ver qué pasar» recomendó Camu.

«Tienes razón. Mejor probarla y ver si realmente funciona o si he perdido totalmente la cabeza con tanto ataque mental de los dragones».

Lasgol inspiró hondo y se relajó cuanto pudo, aunque el dolor se lo impedía del todo.

Invocó la habilidad y se produjo un destello verde que le recorrió el cuerpo.

Era buena señal. Se medio incorporó y pasó las dos manos despacio por toda la pierna, del tobillo a la cintura pasando por la cadera. No sabía dónde tenía la herida.

Cerró los ojos y en su mente comenzaron a aparecer múltiples puntos morados a lo largo de toda la pierna y hasta la cadera.

Ya sabía lo que tenía, eran golpes muy fuertes, pero ninguno era grave.

Tampoco parecía que se hubiera roto la pierna o la rodilla.

Eso lo tranquilizó. Empezó a enviar energía hacia los golpes mientras movía sus manos situándolas sobre cada punto.

La energía que él enviaba la veía con un color verde mezclado con blanco.

Tardó un buen rato y consumió mucha de su energía, pero logró hacer desaparecer todos los golpes.

«Creo que ya está».

«¿Tú curado?».

«No lo sé. Veamos».

Intentó ponerse en pie. Lo hizo con esfuerzo, apoyándose en el arco. Sonrió. No solo estaba de pie, sino que la pierna no le dolía.

Camu lo estudió de arriba abajo.

«Tú mucho bien ahora».

«Yo no diría tanto, pero sí, la pierna parece estar bien».

«Yo mucho contento por ti».

Lasgol sonrió.

«Gracias, Camu».

«Cabeza loquilla, pero cuerpo bien».

Lasgol se frotó la sien.

«Una cosa, ahora que lo pienso. ¿Has conseguido volar y utilizar tu cúpula antimagia al mismo tiempo?».

«No estar seguro», Camu levantó la cabeza, pensativo.

«Yo creer que igual sí».

«Tiene que haber sido eso. Si no, no entiendo cómo el dragón negro no nos ha alcanzado con su aliento de oscuridad».

«Poder probar»

Camu batió las alas plateadas con impaciencia y se elevó un palmo del suelo.

«¿Cómo vamos a probarlo?».

Lasgol lo miró con escepticismo.

«Tú atacarme con magia».

«Eso no es muy buena idea».

«Yo creer que sí ser muy buena idea», Camu asintió, muy convencido de sí mismo.

«Puedo hacerte daño. No, no me gusta».

«Tú no poder, yo tener piel muy dura. Escamas duras de lo mejor», sacó pecho orgulloso de sí mismo.

En ese momento, Lasgol recordó que tenía una habilidad que sí podía usar contra Camu sin hacerle mucho daño.

«De acuerdo. Vamos a probarlo».

Se giró hacia su amigo.

Lasgol invocó su habilidad Lanzar Tierra Sucia. Se agachó y con la mano lanzó suciedad hacia la cabeza de Camu para cegarlo. La tierra ascendió directa hacia el rostro mientras Camu aleteaba como un colibrí de grandes dimensiones.

Sin embargo, no llegó a alcanzarle y se deshizo al encontrarse con la barrera antimagia de Camu.

«Parece que sí lo has conseguido, Camu».

Lasgol sonrió con alivio.

«Yo decir. Yo mucho poderoso. Drakoniano Superior». Camu se irguió orgulloso y volvió a hinchar el pecho.

Lasgol sonrió.

«Sí, eso eres. Estoy muy orgulloso de ti».

«Yo también estar mucho orgulloso de mí».

Lasgol sonrió. Comprobó que podía dar un par de pasos y echó un último vistazo al cielo.

«Regresemos y ayudemos con la evacuación de los civiles».

«Sí, ellos necesitar».

Camu detuvo su habilidad y los dos caminaron juntos.

«¿Dónde están Ona y Argi?» preguntó Lasgol.

«Ir a ayudar a Gerd cuando yo venir a ayudar tú».

«Eso me deja más tranquilo».

Lasgol asintió en silencio y ambos continuaron avanzando. En nada estarían sacando a los civiles de la ciudad por su ruta.

No muy lejos, Ingrid y Nilsa apremiaban a los ciudadanos que salían por su puerta.

—La línea de ciudadanos que huye es interminable —dijo Nilsa con el ceño fruncido ante la larga columna de refugiados.

—Sí, lo sé. Yo también estoy muy preocupada. Esto no parece que vaya a terminar nunca. Son miles y avanzan demasiado despacio —contestó Ingrid y lanzó una mirada inquieta hacia el horizonte.

—Tiene que darnos tiempo. No sé cómo, pero no podemos dejar que los dragones aniquilen a todas estas pobres personas —Nilsa ayudó a levantarse a una señora que se había caído por las prisas.

—Eso es precisamente lo que más me preocupa —dijo Ingrid mientras agitaba el brazo para apremiar a los ciudadanos que cruzaban la puerta.

En otra de las salidas, Viggo merodeaba por los alrededores de la ruta de huida para asegurarse de que nadie cayera en una emboscada más adelante.

Avanzó un buen trecho, dio por bueno su reconocimiento y decidió regresar para dejar que el espada real y los soldados se encargaran de sacar de allí a la cabeza de la procesión de ciudadanos.

De pronto, un rugido terrorífico cortó la noche. Todos supieron qué era y de dónde procedía.

Lasgol miró al cielo e identificó a cinco dragones que se acercaban volando a gran velocidad. Miró a los civiles que salían del túnel y se acongojó.

—Se nos acabó el tiempo —murmuró, y apretó la mandíbula.

Camu le envió un sentimiento de inquietud.

«Problemas. Gente peligro».

«Tenemos que protegerlos».

«Nosotros llamar atención. Ellos venir a atacar».

«Así no atacarán a las personas que huyen, buena idea».

—¿Cómo llamamos su atención? —preguntó Lasgol, con la vista clavada en los dragones.

«Yo saber. Tú ver».

Camu invocó su habilidad mágica Vuelo de Drakoniano y su cuerpo destelló varias veces con intensos brillos de argento, visibles en toda la noche. Un instante después, sus enormes y preciosas alas aparecieron en sus costados, resplandecientes.

—¡Corred por vuestras vidas! —gritó Lasgol a los civiles y señaló hacia el norte.

Asustados por los rugidos cada vez más cercanos, todos huyeron tan rápido como pudieron.

Camu echó a volar y batió con fuerza sus alas plateadas para llamar la atención de los cinco dragones.

Lasgol comprendió que aquello era una avanzadilla que había llegado hasta Rilentor y, al descubrir la ciudad vacía, había seguido hacia el norte en busca de los rogdanos. Los rugidos se sucedían uno tras otro y sembraban el terror entre las pobres gentes que escapaban a la carrera.

Lasgol imaginó que los demás grupos estarían viviendo la misma situación.

No veía más dragones en el cielo, pero estaba seguro de que aquellos cinco causaban el caos entre todas las columnas de refugiados.

Colocó una flecha de fuego en el arco y observó a Camu.

La inteligente criatura describía amplios círculos, apartada de la ruta de soldados y civiles que huían a la carrera para atraer a los dragones.

Funcionó y los cinco fueron directos hacia él.

Camu parecía una estrella fugaz en medio de la noche, captando toda la atención del firmamento.

Lasgol no tuvo que decirle a su amigo que volara raso.

Camu ya lo hacía y obligaba a los dragones a descender para alcanzarlo, lo que los ponía al alcance del arco.

Entre ambos comenzaba a existir de nuevo aquella compenetración que habían tenido en el pasado.

Se entendían sin palabras ni mensajes mentales, bastaba con la situación para saber qué debía hacer cada uno y como apoyarse el uno al otro.

Los dragones descendieron desde más de dos mil pasos de altura hasta apenas doscientos. Camu volaba rozando el suelo como una enorme luciérnaga plateada perseguida por aves rapaces.

Lasgol se preparó e invocó Tiro Múltiple, Tiro Poderoso y Tiro Certero. Después canalizó una gran cantidad de energía hacia el arco dorado. Los cinco dragones cayeron sobre Camu uno tras otro, rugiendo durante el ataque. Camu pasó cerca de la posición de Lasgol.

Tras él apareció el primer dragón, uno blanco.

Lasgol apuntó al ala izquierda y soltó la cuerda.

Tres destellos verdes recorrieron su cuerpo.

Después surgió uno dorado mucho más intenso.

Siete flechas surcaron el aire impactando de lleno en el ala izquierda.

La flecha de fuego actuó como núcleo del ataque y provocó siete explosiones devastadoras.

Las defensas del dragón cedieron por el efecto de la magia del arco y el ala ardió como si la hubieran empapado en aceite.

El dragón blanco rugió de dolor. Sorprendido por un ataque que ni siquiera había visto llegar, perdió el control del vuelo y se estrelló contra el suelo.

El impacto sacudió la tierra. No volvió a levantarse.

Lasgol no sabía si había muerto, pero tenía claro que no podría volar con el ala en aquel estado.

Las llamas seguían devorándola. La combinación de la flecha de fuego, el arco dorado y el creciente poder de Lasgol había creado un ataque capaz de derribar a un dragón en pleno vuelo.

No tuvo tiempo de admirar el resultado. El segundo, uno marrón, ya se lanzaba sobre Camu.

Lasgol colocó otra flecha en la cuerda e invocó de nuevo las tres habilidades.

Canalizó energía hacia el arco una vez más y apuntó.

En ese instante, Camu giró bruscamente hacia la derecha para esquivar el aliento de tierra del dragón.

Gracias a Tiro Certero, Lasgol no fallaría pese a que girara en el aire.

El dragón estaba a punto de alcanzar a Camu cuando Lasgol tiró.

Las siete flechas impactaron en el ala derecha.

La explosión iluminó la noche. El dragón intentó mantener el vuelo, pero el ala dejó de responderle.

Trató de tomar suelo como pudo, pero no fue bien, golpeó suelo con violencia y abrió un enorme surco con el vientre antes de detenerse.

Los tres dragones restantes comprendieron lo que estaba ocurriendo.

Dos cambiaron de rumbo para atacar a Lasgol y el tercero siguió persiguiendo a Camu.

Alguien más presenció el ataque. Viggo vio al dragón estrellarse no demasiado lejos de donde estaba y no dudó en ir a rematarlo.

Corrió como una pantera negra que hubiera localizado a su presa.

Encontró el enorme surco abierto en la tierra y avanzó por él, decidido a terminar con el dragón antes de que pudiera recuperarse.

Mientras lo hacía, sacó la esfera de sustancia dorada que llevaba en el cinturón de guardabosques y sujetó ambos cuchillos con una mano.

Con la otra abrió la esfera y dejó caer una gota sobre cada filo.

Saltó por encima de unas rocas, manteniendo el equilibrio en el aire, y cerró la esfera.

Antes de poner los pies en la tierra, volvió a guardarla en el cinturón.

Al tocar el suelo, se impulsó hacia delante y aceleró todavía más. Ya veía al dragón. El ala seguía ardiendo. Con un movimiento preciso, lanzó uno de los cuchillos de una mano a la otra como un malabarista. Después empuñó ambos con fuerza y escaló por la espalda de la criatura.

El dragón advirtió su presencia e intentó golpearle con la cola. Viggo se agachó y el latigazo pasó rozándole la cabeza. Siguió avanzando por la cresta sonriendo.

—Ya te tengo, lagartijo con alas —murmuró mientras corría hacia el cuello—. Ha llegado el momento de que te mate.

El dragón se sacudió con fuerza, pero debía de tener alguna pata rota, porque apenas consiguió moverse. Viggo alcanzó el comienzo del cuello por la espalda y se lanzó hacia delante. Hundió ambos cuchillos en un punto neurálgico para cortar los nervios y dejar inmovilizada a la bestia.

De un salto cambió de posición y volvió a clavar las hojas un poco más abajo. Atacó una tercera vez. Después, cortó cuanto pudo y abrió profundas heridas para destruir cualquier conexión nerviosa que quedara intacta.

Cuando comprobó que el dragón ni siquiera rugía, supo que ya estaba paralizado. Subió por el cuello y alcanzó la cabeza. Sin pestañear, clavó ambos cuchillos en el cráneo hasta la empuñadura.

Por si acaso, repitió el golpe dos veces más.

—Trabajo terminado —dijo con una sonrisa en los labios.

Y salió corriendo para ayudar a Lasgol.