Cielos funestos (La senda de los dragones 8) Capítulo 12
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Capítulo 12

Antes de salir, Lasgol invocó su tabla de habilidades precombate.

Una por una, las habilidades que tanto le habían costado recuperar se produjeron, emitiendo un destello verde que le indicaba que se daban con éxito.

Se sintió muy bien. Notaba que ya le salían como antes.

Apenas había diferencia respecto a cómo las invocaba en su día, antes del incidente con el dragón inmortal.

No podía decir cómo lo sabía, pero algo en su subconsciente, en lo profundo de su mente, le indicaba que no había nada extraño o diferente en ellas.

Suspiró. Teniendo en cuenta a lo que iban a tener que enfrentarse, aquello era una noticia buenísima.

Todo el trabajo que había realizado para recuperar sus habilidades ya daba fruto, tal y como le había dicho Zuriñe, la Dama del glaciar de hielo del Continente Helado.

Le quedaba por validar si su pozo interior era tan grande como un día había sido, eso todavía no lo sabía.

No podía constatarlo de ninguna manera, por mucho que intentara analizarlo.

De todas formas, tenía la sensación de que, si no estaba ya al nivel que había tenido en su día, le faltaba muy poco.

Aquellos pensamientos le dieron fuerza para enfrentarse a lo que fuera que les esperara a continuación.

Una lechuza pasó volando frente a la puerta y Lasgol lo interpretó como una señal de buena suerte.

Suspiró. Iban a necesitar toda la de este y otros mundos.

Observó el exterior con un par de rápidas ojeadas y no captó nada peligroso.

Decidió salir e inspeccionar la zona. Lo hizo agazapado, dio un par de pasos y se detuvo.

La zona estaba despejada. Resopló aliviado, ya que tenía la sensación de que iban a encontrarse con problemas en cuanto salieran del túnel.

Por fortuna, parecía que no era así. Por si acaso, utilizó su habilidad Ojo de Halcón para barrer de derecha a izquierda todo cuanto tenía frente a él e intentar discernir si había algún enemigo esperando y escondido.

No detectó nada, por lo que se tranquilizó un poco, pero no del todo, ya que la penumbra era bastante cerrada.

Avanzó agazapado, con cuidado y en silencio y se agachó detrás de una roca que había unos pasos antes de llegar a un bosque de robles.

Aguardó con todos los sentidos alerta. No le llegó ningún sonido ni pudo discernir nada que pareciera peligroso.

Siguió con cuidado y rastreó el área. Allí no había nadie.

Miró hacia el bosque y, por si acaso, se acercó lentamente con el arco en la mano y una flecha ya en la cuerda.

Llegó hasta los árboles y tuvo una mala sensación, como si algo no estuviera bien.

Pero no provenía ni de la explanada que había cruzado ni del bosque que tenía enfrente.

Desconcertado, utilizó su habilidad Detectar Presencia Animal.

Un destello verde abandonó su cuerpo formando una onda que se expandió en todas direcciones.

Esta le indicó a Lasgol dónde había vida a medida que se expandía.

La sorpresa total le llegó cuando se dio cuenta de que la habilidad señalaba hacia arriba.

Levantó la mirada y se encontró con que un dragón descendía en silencio en medio de la noche, como un gigantesco asesino dispuesto a cazar a la presa que había salido en la oscuridad.

Sin tiempo para pensar, los reflejos y el instinto de supervivencia actuaron.

Se lanzó hacia adelante en el momento en que dos enormes garras intentaban alcanzarlo.

Rodó por el suelo sobre su cabeza y consiguió evadir el ataque de la criatura.

Con toda la rapidez que pudo, se volvió y apuntó con el arco al dragón, que tomaba altura.

Era un dragón negro, por eso no lo había visto.

Era muy grande, por lo que dedujo que debía ser veterano.

Mal asunto. No sabía que existieran dragones negros, ni qué tipo de ataque elemental tendría, pero imaginó que no sería nada bueno.

Utilizó su habilidad Tiro Poderoso y soltó justo cuando se produjo el destello verde, acompañado por el dorado de su arco Ilenio.

La flecha alcanzó al dragón en la parte trasera de la cabeza y provocó que la sacudiera y perdiera altura.

Lasgol sabía que estaba en total desventaja en el suelo, así que buscó la protección del bosque.

Entró a la carrera entre los árboles y se escondió para evitar que el dragón pudiera atacarlo con facilidad.

La bestia alada giró en el aire y se dispuso a localizarlo y acabar con él.

Lasgol decidió utilizar una de las habilidades que había conseguido recordar hacía poco y comenzó a camuflarse con el entorno que lo rodeaba.

Al ser de noche, apenas le costó y en un instante se mimetizó con los árboles y arbustos que tenía a su lado.

El dragón pasó volando por encima de donde estaba, pero no lo encontró, o al menos eso pensó Lasgol al ver que pasaba de largo.

Sin embargo, aunque no había atacado, la criatura giró y se volvió hacia él.

Aquello no le gustó lo más mínimo. Si no lo había visto, ¿cómo sabía hacia dónde dirigirse?

Estaba convencido de que no era por suerte, sino de que aquel dragón negro, de alguna forma, sabía que estaba oculto.

«¿Crees que puedes esconderte de mí, humano?» llegó el mensaje mental del dragón.

Sus instintos eran los correctos. De inmediato supo que estaba en un aprieto, y grande.

Envió energía a reforzar su protección de boscaje.

El problema era que, si el dragón lo había localizado, no tenía defensa contra sus ataques mágicos.

Se mantuvo totalmente inmóvil y en silencio, dejando que su habilidad de camuflaje trabajase.

El dragón llegó hasta su posición, a unos doscientos pasos de altura y descendió, golpeando con sus garras las copas de los árboles alrededor del lugar donde se ocultaba.

Ramas y hojas cayeron sobre Lasgol, pero no se movió para no perder la protección, aunque realmente no sabía si le estaba sirviendo de algo.

El dragón se elevó y, según lo hacía, envió un ataque mental. Lasgol recibió el ataque como si una terrible negrura explotara en mitad de su mente, causándole un aturdimiento y un dolor muy agudos en la cabeza. Su mente quedó llena de oscuridad y sufrimiento.

«Veo, humano, que no has tenido la fortuna de encontrarte con un dragón negro antes.

Es una lástima porque eso te condena a morir demasiado rápido.

Te contaré un secreto: no puedes esconderte de un dragón negro en la oscuridad.

Nosotros vemos la oscuridad como nuestra aliada y discernimos a cualquier criatura en la noche como si fuera a pleno día.

Tu pequeño camuflaje mágico te servirá contra aquellos que ven en la luz, pero no contra nosotros, que vemos en la oscuridad».

En mitad del dolor que sentía en la cabeza y mareado, Lasgol se lanzó al suelo y se arrastró entre los árboles para cambiar de lugar. Apenas podía pensar por el dolor que tenía. La cosa pintaba muy mal.

Mientras se arrastraba intentando escapar, el dragón volvió a pasar sobre los árboles y envió otro ataque.

De nuevo, la mente de Lasgol explotó, llenándose de oscuridad y de un dolor tan intenso que tuvo que detenerse y quedar tendido en el suelo.

Estaba totalmente ciego y su mente ya no funcionaba, una oscuridad agónica la ocupaba por completo.

«¿Qué te ha parecido tu encuentro con un dragón negro, pequeño humano?

Imagino que lo estarás disfrutando. No puedes esconderte de mí y tampoco puedes defenderte.

Vas a morir consumido por la oscuridad, una muerte de terror.

Además, puede que no te hayas dado cuenta, o no hayas sido capaz de discernirlo, pero yo no soy un dragón cualquiera.

Soy Beltz-Txar-Izuga, un dragón milenario, uno como nunca has visto, poderoso y letal», envió la bestia.

Lasgol no podía pensar, con lo cual no podía defenderse. Solo quedaba en él un instinto: el de supervivencia. Y este, pese a que su mente estaba totalmente colapsada por la oscuridad y el dolor, hizo que siguiera arrastrándose por el suelo, que siguiera huyendo.

«¿A dónde crees que vas, pusilánime humano? Veo que no entiendes lo que te digo. Por mucho que intentes escapar y esconderte, no lo vas a lograr. Es de noche y te veo con la claridad del día. No hay escapatoria, vas a morir. Mi oscuridad acabará contigo».

Beltz-Txar-Izuga envió otro ataque mental y Lasgol no pudo hacer nada más que retorcerse de dolor en el suelo.

Ya ni siquiera el instinto de supervivencia podía ayudarle.

El dolor era tan terrible y la oscuridad tan asfixiante que lo único que su cuerpo y mente podían hacer era retorcerse en una agonía terrible y oscura.

El ataque a su mente era peor que a su cuerpo, aquella negrura quería apodarse de ella.

«Es momento de morir, humano. Tu insignificante existencia termina aquí», Beltz-Txar-Izuga dio un giro en el aire para pasar y rematarlo.

Lasgol solo sentía dolor y negrura. Estaba totalmente incapacitado y agonizaba. Ni siquiera pudo pensar que era el fin, que todo terminaba allí. El terrible sufrimiento que padecía lo sobrepasaba.

Pero algo extraño sucedió.

Lasgol no murió. Su agonía terrible se detuvo, el dolor desapareció y la oscuridad dejó de tomar su mente por completo. Su conciencia renació y su mente despertó.

«Yo aquí, tú tranquilo, yo proteger» llegó otro mensaje mental, y Lasgol supo de inmediato quién era y por qué ya no sentía aquel dolor terrible que lo estaba matando.

«¿Qué es lo que sucede aquí?» llegó el mensaje de Beltz-Txar-Izuga, pero sin ningún tipo de carga emotiva ni de ataque.

«Deberías estar muerto. ¿Por qué no lo estás?».