Capítulo 8
Nahia saltó sobre un tronco caído y estuvo a punto de perder el equilibrio por culpa del peso de su armadura de Jinete de Dragón.
Cada vez tenía más claro que era excelente para la batalla, pero nefasta para moverse por el mundo de los Usik.
Por un instante, mientras recuperaba el equilibrio, deseó ir vestida como los guerreros, que parecían volar por árboles y tierra.
Luego lo pensó mejor y, al imaginarse medio desnuda envuelta en cueros, ya no le pareció tan buena idea.
Echó a correr otra vez tan rápido como pudo.
El brujo debería estar aumentando la ventaja que tenía sobre ella, pero por fortuna no era el caso. No sabía qué le pasaba a aquel brujo, pero vio que se detenía. Eso la animó. Debía estar cansado o ser mayor, o ambas cosas. Daba igual, lo iba a alcanzar y a recuperar el medallón.
Llegó hasta donde estaba, parecía aguardarla junto a la base de uno de los descomunales árboles.
Se giró para hacerle frente y gritó algo a pleno pulmón que sonó muy mal.
Gesticulaba mucho y gritaba muy alto. Nahia no entendió el significado de lo que decía, pero sí su intención.
Aquel hombre estaba furioso y quería matarla, eso era evidente.
No quiso correr ningún riesgo, ya que había advertido que aquel brujo tenía poder mágico, así que invocó sus escamas antimagia según se acercaba a él.
El brujo le mostró amenazante lo que parecía una pata de pájaro muy grande que sostenía en la mano derecha mientras en la izquierda sujetaba el medallón Ilenio que había robado a Asti.
Aquello era bastante desconcertante y primitivo.
Nahia no sabía qué iba a hacer con la garra de ave, pero seguro que bueno no era.
El brujo volvió a gritar como poseído. De pronto, de entre los árboles aparecieron una docena de guerreros Usik y algo más al fondo, en un claro, Nahia vislumbró una de las grandes aves.
El brujo se reunía con su grupo de escape.
No se había detenido porque no pudiera escapar de ella, sino porque había llegado al punto de recogida. Lo tenían todo muy bien planeado.
El brujo gritó señalándola y los guerreros Usik se lanzaron al ataque entre gritos ensordecedores.
Nahia vio que se le venían encima armados con cuchillos y hachas cortas.
Al ser una docena y teniéndolos casi encima, decidió que la mejor opción sería utilizar su magia.
Invocó su habilidad y creó dos bolas de fuego, una en cada mano.
Les envió bastante energía, toda la que pudo.
Los guerreros atacaban con la confianza ciega de que tenían que matarla como fuera.
Eran tan salvajes como agresivos. Si la alcanzaban la derribarían e intentarían matarla a hachazos y cuchilladas, pero eso no iba a suceder, no la iban a sorprender.
Los había visto salir de detrás del brujo e iba a acabar con ellos.
Cuando los guerreros estuvieron a diez pasos Nahia envió las dos bolas de fuego lanzándolas contra ellos.
Estaban tan cerca que fue algo instintivo.
En lugar de usar su mente, sus brazos reaccionaron y las bolas salieron hacia adelante e impactaron contra los guerreros, que llegaban a ella a la carrera.
Las explosiones fueron contundentes y las llamas consumieron a diez de los guerreros en un abrir y cerrar de ojos.
Dos de ellos salieron despedidos hacia los costados por la fuerza de las explosiones al estallar contra los cuerpos de sus compañeros y, gracias a ellos, salvaron la vida.
Nahia se sintió mal por matarlos así, ya que después de todo eran guerreros Usik, aunque estuvieran del lado equivocado y apoyaran a los brujos pájaro.
Nahia vio que el brujo no se quedaba a luchar contra ella, sino que se adentraba en el claro en dirección a la gran ave.
Iba a escapar. Tenía que darse prisa. El brujo era escurridizo y conseguiría huir si se despistaba.
No había tenido ningún problema en sacrificar a aquellos guerreros y estaba segura de que sacrificaría a quien hiciera falta para robar el medallón Ilenio.
Comenzó a correr detrás de él mientras los Usik se levantaban algo aturdidos y chamuscados. Nahia los ignoró y corrió a alcanzar al brujo, que ya llegaba a la gran ave que aguardaba para la huida.
Nahia llegó hasta el claro con los dos soldados guerreros a su espalda intentando darle alcance al igual que ella intentaba dar alcance al brujo.
Vio que este se subía al ave, en cuyo cuello había un soldado Usik.
Sin detenerse, invocó su habilidad Rayo de Fuego y lo descargó sobre la cabeza del Usik que iba a guiar al ave.
El guerrero cayó a un lado, carbonizado.
La gran ave, al sentir la descarga, se asustó, dio un brinco y movió las alas con fuerza para echar a volar y escapar de allí.
Nahia no quería dañar a aquel majestuoso animal, pero no tenía opción.
Aquello le iba a pesar mucho, pero no podía dejar que escapara con el brujo.
Envió muy poca energía y lanzó un segundo rayo que alcanzó al ave en la cabeza. Esperaba que sobreviviera.
El ave cayó antes de poder alcanzar la altura necesaria para salir de los bosques y dio un par de giros planeando. Parecía aturdida. Se estrelló en medio del claro. El brujo salió despedido al suelo y rodó sobre sí mismo varias veces.
Nahia no tuvo tiempo para lamentarse. Los dos soldados se le echaron encima por la espalda y la derribaron entre gritos.
La golpearon con sus hachas y cuchillos en cabeza y torso.
Por suerte, la armadura la protegió y el acero no llegó a su carne.
Invocó Garras de Fuego y de dos zarpazos mató al primero de los Usik.
El segundo intentó meterle el cuchillo por la ranura de la armadura en el cuello, pero Nahia le clavó las garras en el costado de la cabeza y murió al instante.
Se puso en pie maldiciendo lo tremendamente agresivos que eran aquellos guerreros. Vio al brujo que se recuperaba del golpe y avanzó hacia él. No iba a escapar.
El brujo atacó. Nahia no supo qué tipo de magia tenía, pero la garra en su mano era de un tamaño imponente y no le hizo ninguna gracia.
De ella surgió un destello verde al tiempo que el brujo movía el brazo de la garra arriba y abajo, como si la golpeara con ella, solo que lo hacía en el aire.
Para sorpresa de Nahia, recibió tres zarpazos en el casco y tuvo que bajar el visor.
Intuyó que su defensa mágica aguantaría, pero era mejor no arriesgar.
El brujo volvió a ejecutar varios ataques con su garra golpeando el aire frente a él.
Aunque estaba a unos veinte pasos de distancia, los ataques alcanzaron el torso de Nahia como si estuviera haciéndolo a un paso.
La forma en la que ejecutó los ataques era, además, muy retorcida.
Giraba la garra tras cada golpe, como escarbando en su carne.
Nahia se dio cuenta de que intentaba arrancarle el corazón.
Aquellos ataques le dieron muy mala sensación.
Por fortuna, su defensa de escamas mágicas los detuvo y no llegaron a alcanzar la armadura y tampoco su corazón.
Lo que estaba claro era que aquel brujo tenía muy malas intenciones.
Nahia se apresuró a reducir la distancia que le quedaba hasta llegar a él para atacar cuerpo a cuerpo.
Ya había intentado usar su magia y la había repelido.
Estaba segura de que si atacaba con magia y usaba más poder lo vencería, pero le pareció más eficaz atravesarlo con espada o daga. Después de todo, no llevaba armadura.
El brujo atacó con toda la rabia y toda la fuerza que pudo.
Gritaba mientras ejecutaba golpes con garra a derecha e izquierda, parecía estar fuera de sí.
Nahia sintió los golpes sobre su cabeza, torso y piernas.
Su defensa mágica aguantaba, pero envió energía interna a reforzarla porque ya se estaba debilitando.
Llegó hasta él y le soltó un tajo preciso a la mano que sujetaba la garra.
La espada golpeó la garra y la extraña arma salió por los aires.
El brujo gritó y sacó un cuchillo que brillaba en verde e intentó clavárselo en el cuello.
Nahia lo bloqueó con su daga con facilidad.
Al golpear acero contra acero pudo ver que el brillo se convertía en algún tipo de veneno ácido que salpicó alrededor.
Nahia, por puro reflejo, echó el cuerpo atrás y la maliciosa toxina mágica no la alcanzó.
Aquello no le gustó nada. Intuía que su protección antimagia o su armadura detendrían aquel veneno, pero prefirió no averiguarlo.
Decidió no prolongar más aquella pelea y envió una estocada rapidísima con su espada directa al corazón.
El brujo recibió la cuchillada, que atravesó su vestimenta de plumas y atravesó su corazón.
Soltó un grito furioso. Luego sus ojos se abrieron desorbitados al darse cuenta de que lo habían matado.
Intentó gritar de nuevo, pero solo logró balbucear una palabra.
Nahia sacó la espada con un potente tirón y el brujo se desplomó en el suelo.
Se agachó y recogió el medallón Ilenio de su mano, pues no lo había soltado en ningún momento.
Se percató de que la mano con la que agarraba el medallón estaba cubierta con un guante para no tocar el objeto de forma directa.
Nahia imaginó que era una medida de protección y miró su mano, que estaba recubierta por un guantelete de acero.
Cogió el medallón con cierta incertidumbre, pero no sucedió nada.
Lanzó una última mirada al ave que había derribado. Vio que tenía los ojos abiertos, aunque no se movía. No estaba muerta, sino muy aturdida. El plumaje de la cabeza estaba achicharrado, pero parecía que iba a sobrevivir. Esto la tranquilizó un poco. Se dio la vuelta y regresó a ayudar a Asti.
Según llegaba vio que su amiga terminaba con los dos últimos guerreros que le habían asaltado con movimientos de espadachín extremadamente precisos y rapidísimos.
Aquella espada Ilenia era sin duda un arma excepcional.
Alrededor de Asti había más de una veintena de guerreros muertos, la mayoría por heridas de espada, solo unos pocos por magia.
—¿Queda alguno más? —preguntó Nahia al llegar junto a Asti.
Asti miró alrededor con ojos entrecerrados barriendo el boscaje y buscando algún guerrero que formara parte de la emboscada. No vio ninguno y negó con la cabeza.
—Creo que hemos sobrevivido al ataque. No veo a nadie más.
—Tengo tu medallón —dijo Nahia y le dio el objeto Ilenio.
—Mil gracias, si lo pierdo sería una catástrofe —dijo Asti muy aliviada.
—Lo que no entiendo es por qué el brujo quería el medallón. Por lo que me has contado no pueden utilizarlo, solo los elegidos por los propios medallones Ilenios pueden.
—Cierto, pero de todas formas intentarán usarlo. Aunque hay algo más, no solo buscan usarlo, lo que quieren es dejarme sin poder. De esa forma les será más fácil matarme y retomar el control.
—Sí, eso tiene sentido. Sin el medallón eres mucho más vulnerable.
—Por eso te agradezco en el alma que lo hayas recuperado —agradeció Asti y se puso el medallón al cuello.
Se produjo un destello dorado y la cadena de la que había sido arrancado volvió a fundirse por el lugar en el que se había roto.
—Es increíble que tengamos estos problemas… como si no tuviéramos suficiente con los dragones —se lamentó Nahia.
—Por lo que dicen los sabios, los problemas nunca vienen solos. Donde hay uno, aparecen más.
—Tus sabios tienen razón.
—Deberías acabar con el líder de los Brujos Pájaro, te ahorrarías muchos problemas para el futuro —recomendó Nahia—. Te ayudaría encantada.
—Sí, eso sería lo más inteligente visto lo visto, pero ahora mismo no es la mejor opción.
Tenemos serios problemas de guerra y no podemos empezar otra interna.
Te aseguro que me gustaría arrancarle la cabeza a ese líder de los brujos que ha intentado matarme hoy.
Un día lo haré, puedes estar segura. De momento tendrá que esperar.
—Eres sabia además de poderosa —sonrió Nahia.
Asti sonrió de vuelta.
—Espero llegar a sabia un día. De momento me toca aprender, y mucho.
Nahia vio una sombra en los cielos.
—Oh, es Eki. Ya regresa.
—Menos mal, pensaba que era otro problema.
—Verás qué disgusto se lleva cuando sepa lo que ha pasado aquí.
—Disgusto no sé, pero sorpresa, seguro.
—Disgusto también.
Nahia observó cómo Eki maniobraba para descender. Según lo hacía pensó en que los peligros salían hasta de debajo de las piedras, o árboles en este caso. Sobrevivir se estaba poniendo cada vez más complicado.