Capítulo 7 #2
Nahia vio que el guerrero que lo había robado corría hacia una figura que se mantenía algo apartada entre los árboles.
Era un Brujo Pájaro. Nahia supo que si el medallón llegaba a ese brujo huiría con él, así que no lo pensó dos veces e invocó su habilidad rayo de fuego y descargó sobre el guerrero que huía a todo correr.
El rayo le alcanzó en la cabeza y forzó que cayera al suelo, muerto.
El brujo avanzó hacia el caído para recoger el medallón del suelo junto a su mano.
Nahia no podía permitir aquello. Señaló con su espada al brujo y calculó que estaba todavía a menos de doscientos pasos.
Podía alcanzarle. Se dispuso a acabar con él cuando tres guerreros Usik se le lanzaron encima y la derribaron.
Desde el suelo pudo ver cómo una docena de guerreros tiraban con flechas contra Asti intentando perforar la defensa física que de momento aguantaba, pero Nahia no estaba segura de cuánto lo haría al no tener su amiga el medallón.
La brava Usik, frágil de apariencia, pero no así de espíritu, atacó a tres de los Usik que tenía alrededor usando magia.
Los envió volando, golpeándolos con fuertes ondas de energía.
Los Usik salieron despedidos de espaldas y chocaron contra los árboles para caer al suelo sin sentido.
Nahia se revolvió mientras seis guerreros intentaban sujetarla contra el suelo.
Tenía dos en cada pierna, otros dos en cada mano y dos más sobre el torso.
La tenían atrapada, pero ella no iba a dejar que aquellos traidores pudieran vencerla.
Invocó su habilidad Aliento de Dragón y alcanzó con las llamas a los que tenía sobre el torso.
Sus cabezas se consumieron por el fuego y murieron entre gritos de pavor.
Nahia se giró hacia la izquierda y envió más energía a alimentar su aliento de dragón.
Alcanzó a los dos que le estaban sujetando la mano derecha.
Luego giró la cabeza hacia el otro lado e hizo lo mismo con los dos que le agarraban la mano izquierda.
Todos ardieron y se apartaron envueltos en llamas que los consumirían hasta matarlos.
Se incorporó rápidamente de medio cuerpo.
Con las manos liberadas invocó Garras de Fuego y atacó con ellas a los que le sujetaban los pies.
Las garras atravesaron sus carnes y huesos y los asaltantes murieron en un abrir y cerrar de ojos.
Se levantó del suelo y miró alrededor. Todos los Usik que la habían atacado estaban muertos.
Se giró rápidamente hacia Asti y vio que seguía defendiéndose con ataques de energía.
No eran tan poderosos como los elementales, pero al menos mantenía a todos los enemigos que aún quedaban en el área alejados.
Nahia echó a correr hacia el brujo, que ya había cogido el medallón y se escapaba entre los árboles.
Corría tan rápido como podía, pero la armadura pesaba demasiado en aquel entorno selvático.
Necesitaba llegar a doscientos pasos para usar sus ataques contra el brujo, que corría como si le persiguieran pájaros asesinos de fuego.
De pronto, otra veintena de Usik aparecieron frente a Asti.
—¡Panda de traidores! —exclamó y se detuvo.
Los Usik avanzaban hacia Asti empuñando hachas y cuchillos. Se lanzaron a atacar. Nahia no supo qué hacer, si ir a ayudar o perseguir al brujo.
—¡Recupera el medallón! ¡Yo me encargo de estos guerreros! —gritó Asti con total confianza.
Nahia dudó, eran veinte guerreros, pero viendo la seguridad con la que Asti le había dicho que fuera tras el brujo, decidió hacerlo. Mientras corría miró de reojo para ver qué sucedía con la líder de los Usik.
Asti desenvainó su espada Ilenia, que destelló en dorado.
El brillo recorrió todo su cuerpo. Según los primeros tres guerreros se abalanzaban sobre ella, la espada dio tres tajos fulgurantes mientras Asti se movía con una maestría excepcional.
Los tres cayeron al suelo muertos con los cuellos cortados.
El siguiente grupo de cuatro guerreros lanzaron cuchillos y hachas intentando alcanzarla antes de llegar a ella.
La espada se movió con una rapidez fulgurante y desvío las hachas y cuchillos que iban dirigidos a la cabeza y torso de Asti. Ni un solo arma la alcanzó.
Guiada por la espada Ilenia, Asti se desplazó hacia delante con gran agilidad y equilibrio y con tres estocadas rapidísimas que ni vieron atravesó los corazones de los tres guerreros a un lado.
Luego rodó por el suelo con una gran destreza mientras varias flechas pasaban por encima de su cuerpo y acabó con los otros tres en el otro lado con certeros tajos que les abrieron cuello y estómago.
Finalmente avanzó con gran rapidez y se precipitó sobre los arqueros.
La espada Ilenia destelló en oro y las armas de los Usik cayeron al suelo rotas.
Los guerreros sacaron entonces cuchillos y se lanzaron a clavárselos en el corazón, pero de nuevo la espada lo impidió.
Cada ataque de los Usik era repelido por la espada Ilenia cortando los brazos que la atacaban.
Los guerreros cayeron al suelo muertos o con miembros amputados.
Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos.
Nahia, que ya tenía al brujo a ciento cincuenta pasos, dejó de observar de reojo lo que le sucedía a Asti, segura de que no iba a tener ningún problema para encargarse de sus atacantes, y le lanzó un rayo de fuego para acabar con él.
Para sorpresa de Nahia, el rayo le alcanzó, pero no consiguió matarlo.
Se dio cuenta de que aquel brujo tenía algún tipo de magia.
Siguió corriendo con dificultad, saltó por encima de varios troncos y atravesó arbustos para acercarse a cien pasos de él.
No podía permitir que escapara con el medallón Ilenio.