Capítulo 1 #2
El pájaro siguió en su descenso. Nahia se atrevió a mirar hacia arriba y se percató de que la gran ave había penetrado en el bosque por un punto en concreto entre dos gigantescos árboles y descendía perpendicular a ellos.
Otra cosa que notó fue que las ramas más gruesas se habían cortado.
En la copa estaban todas las ramas de ambos árboles, pero no así al descender unas varas.
Aquello lo habían hecho los Usik. Desde los cielos no parecía haber entrada, pero si se miraba desde el suelo se apreciaba una vía de acceso despejada.
El ave llaneó de pronto con una la maniobra tan brusca que a Nahia se le subió el estómago a la boca.
Revivió uno de los peligrosos picados de Eki que le ponían los pelos de punta.
Según el dragón plateado, ya controlaba bien aquella maniobra, pero Nahia no estaba del todo segura.
El ave volaba ahora a los pies de los árboles de más de cuarenta varas de altura.
Esto tampoco la tranquilizó demasiado, a la velocidad que iban si chocaban con un tronco o una raíz elevada, se harían añicos.
Miró de reojo a Asti. La Usik de aspecto frágil parecía estar disfrutando de aquel vuelo.
Había una ligera sonrisa en su boca y aunque se sujetaba a las cuerdas que había en la espalda del pájaro para ese fin, no lo hacía con tanta fuerza.
Empezaba a ver que la fragilidad de especto de Asti era solo eso.
La forma en la que había luchado usando su magia y la manera en la que volaba a espaldas del gran pájaro dejaban claro que era de espíritu fuerte.
De súbito, comenzaron a perder velocidad y, tras realizar otro brusco cambio de dirección, ascendieron en vertical.
Nahia pudo ver que de nuevo ascendían entre dos gigantescos árboles, paralelos a sus descomunales troncos.
También descubrió que las ramas habían sido cortadas para facilitar el paso.
Empezaba a entender lo que allí sucedía.
—Habéis despejado vías entre los árboles para que pasen vuestras grandes aves… —comentó llena de admiración.
Asti la miró y sonrió.
—Así es. Lo hicimos cuando llegaron los dragones. Así nuestras aves pueden volar por el interior del bosque en lugar de tener que hacerlo por encima.
—Para que los dragones no puedan veros y atacar.
—Los dragones no pueden volar aquí abajo.
—Y así fue como nos sorprendiste a Eki y a mí.
—Así fue, sí.
—Sois una etnia fascinante. Me maravilláis.
—La necesidad enseña mucho.
El gran ave volvió a cambiar de dirección y esta vez ascendió en diagonal, más despacio, pasando entre grandes ramas. Nahia pudo ver una plataforma de los Usik a gran altura rodeando el enorme tronco de uno de los árboles. Se dirigían allí.
—Ya estamos —anunció Asti.
—Si no fuera porque el tiempo apremia, te pediría que siguiéramos volando en medio del bosque siguiendo vuestras vías despejadas. Es de lo más emocionante.
—Un día lo haremos, cuando los tiempos sean mejores para todos.
—Te tomo la palabra —Nahia estaba disfrutando de aquel vuelo ahora que entendía cómo era posible y sus temores habían desaparecido.
Llegaron a la atalaya y el gran pájaro se posó en ella con tranquilidad. Emitió un pitido como anunciando que habían llegado. A Nahia le pareció de lo más curioso.
Media docena de guerreros Usik armados con arcos cortos fueron a recibirlos. Desmontaron y Asti habló en su idioma cantarín. Los guerreros asintieron con respeto.
—Vamos, está cerca —dijo a Nahia y le indicó una larga pasarela que llevaba a otro árbol.
—De acuerdo.
A Nahia aquellas pasarelas de madera y cuerda no le daban ninguna seguridad. Andar sobre ellas vistiendo armadura pesada de Jinete de Dragón no era una buena idea, de eso estaba segura, pero no quería dejar la armadura atrás por lo que pudiera pasar.
Cruzar la pasarela le pareció una aventura de lo más peligrosa.
Estaban a más de treinta varas de altura y, como la pasarela era larga, se balanceaba bajo su peso cuando avanzaban.
Esto la ponía muy nerviosa. Se ayudaba de las cuerdas que tenía a cada lado, pero sentía que aquel era el puente más largo e inseguro del mundo.
Consiguieron cruzar sin que nadie cayera al vacío.
Por los Usik no temía, ya que parecían andar sobre ramas y pasarelas como si ni pisaran sobre ellas o no pesaran nada.
Los guerreros las llevaron a otra plataforma.
Nahia miró atrás y vio que del este y del oeste llegaban otros dos grande pájaros.
Debían ser los primeros sabios. Asti le indicó con un gesto que continuaran.
Tras cruzar varias pasarelas y plataformas, llegaron a una muy grande circular entre tres descomunales árboles.
Sobre ella había un edificio de madera. Nahia lo observó un instante.
Era circular con otros cuatro edificios más pequeños, también circulares, adosados al principal.
—El Gran Templo Sagrado —anunció Asti.
—¿Templo? ¿Tenéis religión?
Asti suspiró y su expresión se ensombreció.
—Teníamos. Ahora está prohibida.
—Recuerdo que me mencionaste algo de unos brujos…
—Los Brujos Pájaro, los sacerdotes. Tomaron el poder hace tiempo y gobernaron las tribus Usik. Pero eran hombres malos, corruptos, solo buscaban poder. Sacrificaban humanos a sus dioses alados.
—Eso es horroroso. Me contaste que… te enfrentaste a ellos y liberaste a los Usik. ¿No?
Asti resopló. Luego asintió.
—Cuando regresé a estos bosques con el medallón me enfrenté a ellos con la ayuda de los que no querían seguir bajo su dominio.
—Y los vencisteis.
—No del todo. Para evitar una guerra civil y derramar mucha sangre Usik, tuve que pactar con ellos.
—¿Qué pactaste?
—Que los que quisieran unirse a mí de entre los brujos lo hicieran y los que no… respetaría sus vidas.
—¿Se te unieron muchos?
—Al principio no, pero con el paso del tiempo unos cuantos han pasado a estar a mi lado.
—¿Y el resto? ¿Los que no se te unieron?
—Siguen en algunos poblados y tienen seguidores entre las tribus. Hay una zona, la norte, en la que mantienen el poder. Por suerte es una zona pequeña y su influencia ha ido decayendo.
—Entiendo. Entonces será mejor que cubras tus espaldas porque no creo que estén muy contentos de que les arrebataras el poder, y cuando llegan tiempos difíciles los enemigos afloran.
—No lo están, me odian. Y lo hago —Asti señaló a los guerreros que los escoltaban.
—Oh, pensaba que la presencia de esos era por mí.
—También, pero siempre llevo escolta. Ya han intentado asesinarme antes.
—Vaya…
—No te equivocas, los Brujos Pájaro buscan mi muerte y retomar el control de las tribus. Se apoyan en sus seguidores entre los Usik y en estos tiempos complicados son más peligrosos.
—Parece que la lucha de poder sucede en todos los lugares, sea el reino o mundo que sea.
—Así es. Los poderosos abusan de los débiles. Siempre ha sido así y siempre lo será. Al menos hasta que un día los poderosos sean buenos.
Nahia hizo un gesto que indicaba que lo dudaba.
—Habrá que verlo.
—Espero que un día lo veamos. En la reunión habrá un líder de los Brujos Pájaro, estoy obligada a invitarlo para evitar problemas mayores. Tendrá voz en la reunión ya que es una de gran importancia. No le gustará que estés presente.
—Si quieres que no esté aguardaré fuera. Es una reunión de los Usik y yo soy extranjera, lo entiendo.
—No, quiero que estés. Si tienen preguntas, que te las hagan a ti. Siempre es más creíble de la boca de la persona que si alguien lo cuenta.
—Oh, de acuerdo.
—Entremos —dijo Asti y se dirigió a la entrada del edificio principal.
Nahia oteó los cielos entre las hojas de los árboles. No divisó ningún dragón.
No podía quitarse de encima la sensación de que iban a llegar en un instante y arrasarlo todo. Esperó equivocarse.