Cielo del desierto (MC Royal Bastards nº 4) Capítulo
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Capítulo

Veinticinco

JD

Estaba borracho. Vibrando como un cable de alta tensión caído al suelo. Me temblaba la mano al buscar su nombre en los contactos.

Evie.

El teléfono sonó dos veces antes de que contestara. —¿JD?

—No cuelgues —dije rápidamente, apoyándome en la barra en la penumbra del club—. Por favor.

Se hizo un silencio. —Tienes diez segundos después de lo de hoy.

—Solo necesitaba decirlo —murmuré, frotándome la mandíbula—. Eres increíble, Evie. Sexy a morir. Inteligente. Tienes una voz capaz de derretir el acero... pero mi corazón... mi corazón ya llevaba grabado el nombre de otra antes de conocerte.

Silencio.

—Lo siento —añadí.

—Ya me lo imaginaba —dijo en voz baja—. Siempre tenías la mirada en otro sitio cuando estabas conmigo.

Cerré los ojos. —Si nos hubiéramos conocido antes... si las cosas hubieran sido diferentes... quizá habríamos tenido algo de verdad.

—Quizá —susurró—. Pero yo también tengo mi propio fantasma, JD. Uno que nunca terminé de enterrar.

Se me encogió el pecho.

—Le dije a Regan que quería que Skye lo pagara. Que a lo mejor fingía, le hacía creer que había pasado página... darle celos —confesé—. Quería venganza. Puede que aún la quiera.

Evie soltó una risa suave. —Suena a algo típico de Regan.

—Dijo que te dejara pasarte por el club... conocer a algunos de los hermanos. Que a lo mejor te enamorabas de uno de ellos.

Una pausa.

—Puede que lo haga —dijo, con voz juguetona pero suave—. Puede que me pase a echar un vistazo.

—No te culparía —murmuré—. Joder, hasta te animaría.

—Gracias, JD.

—Cuida ese corazón, Evie.

—Tú también —dijo—. No te ahogues en tus fantasmas.

La línea se cortó. Solo habíamos quedado un puñado de veces. No me había acostado con ella, aunque estaba a punto de hacerlo cuando Skye apareció de la nada.

¿Cómo lo hacen las ex? Seis años después, por fin había conocido a alguien que me hacía sentir algo, y bam... ahí estaba la original.

Sacudí la cabeza. Era un desastre. Necesitaba poner la cabeza en orden y sentarme con Skye como dos adultos. Le mandé un mensaje a Regan.

Tienes permiso para soltar a la prisionera. Pero no puede salir del recinto.

*Yo frotándome las manos. Estoy deseando hincarle las garras a la tía que te hizo ghosting.*

¡A lo mejor esa es mi venganza... ¡TÚ! JAJAJA

Edge estaba tomando un café con hielo cuando entré tambaleándome.

—Le he mandado un mensaje a Regan para que se encargue de ella.

Y-yo no puedo... no hasta que me aclare.

Siempre fantaseé con un encuentro casual...

¿qué le diría? ¿Qué haría? Y aun así nada me preparó para esto.

Me destrozó, Edge. Podría haber tenido lo que quisiera y a quien quisiera, pero mi estúpido corazón la quería a ella. —Sacudí la cabeza y salí.