23. Brooke #2
Suspiró como si estuviera haciendo mucho trabajo de contención.
—Vale a que la lavadora no la llevas en la moto.
—Gracias.
Corrí a la salida.
—Agente Crowley. —Hizo que me detuviera en el pasillo.
—¿Sí?
—No tienes la moto —me recordó—. Has venido conmigo.
—Mierda.
Cogió las llaves y las hizo girar alrededor del dedo índice.
—Te llevo. Todavía podemos encontrar alguna tienda de electrodomésticos abierta.
—¿Y qué pasa con lo de Vicky?
—Luego me encargo. ¿Conforme, agente?
Me besó.
—Muy conforme.
Travis condujo hasta una tienda de electrodomésticos.
Elegí un modelo sencillo que fuera fácil de entender a la hora de usar, de bajo consumo, que no hiciera mucho ruido y con garantía ampliada.
Pagué con gusto. Como no era muy grande abatimos los asientos, metimos el electrodoméstico en el maletero y seguimos hasta la casa de Nick.
—No está la furgoneta, espero que haya alguien.
Travis esperó en el coche mientras yo llamaba al timbre.
Estaba a punto de irme cuando su madre gritó «¡voy!
». La mujer tardó en abrir por la silla de ruedas.
Llevaba a las mellizas encima. Lúpulo y Cebada me recibieron moviendo el rabito.
Aunque Nick y su padre hacían lo posible por acompañarla, ambos trabajaban y no siempre podían estar en casa.
—Brooke —saludó amablemente—. Nickolas no está.
—¿Sigue repartiendo?
—Sí. No descansa ni para comer. ¿Quieres pasar?
—Pues sí. ¡Travis! —grité, antes de coger en brazos a los monstruitos, para darle a su mamá un momento de paz—. ¿Puedes con la lavadora? Nick sigue trabajando.
Bajó del coche.
—Puedo —contestó.
—¿La lavadora? —preguntó Donna.
—Sí. Lavadora nueva. ¡Te va a encantar!
Alcé a Juliet y Claire, que soltaron una risita idéntica sincronizada. Donna se movió con la silla para dejar paso a Travis. Y me fijé en que Cebada tenía un lacito rosa en la cabeza. A Lúpulo le habían puesto una pajarita y calcetines.
Parpadeé.
—Qué estilosos.
Donna sonrió de la misma manera en que lo hacía Nick; cansada.
—Han sido Juliet y Claire.
—No me sorprende. Travis —lo llamé cuando terminó de arrastrar la lavadora por el pasillo—. Ella es Donna, la madre de Nick. Y ellas —alcé los brazos y besé sus mofletes redonditos—, Juliet y Claire.
Travis saludó con educación, fijándose con discreción en la silla de ruedas, en el frío que hacía en la casa y en su mala conservación. Las goteras del tejado hacían que la humedad se filtrara desde las paredes.
—Encantado. ¿Dónde está la lavadora vieja? —preguntó.
—En la cocina. Esa puerta de ahí.
Dejé a las mellizas en el suelo, que enseguida corretearon tras Lúpulo y Cebada. Me senté con ellas, sobre la alfombra del salón, hasta que Travis terminó con la instalación.
—Ya está —dijo—. Si la carga vibra demasiado, se puede ajustar. Pero no debería dar problemas.
Donna asintió.
—Muchas gracias.
Donna le invitó a sentarse.
Me observaron jugar con las niñas y con los cerdos durante un rato. Cuando las levanté del suelo como si no pesaran nada, ambas chillaron divertidas, pataleando con suavidad al aire mientras les hacía cosquillas en la tripa. Giré haciendo el helicóptero antes de dejarlas en el suelo.
—Hasta otro día, monstruitos. —Me agaché para besar a Donna en la mejilla—. ¿Necesitas algo antes de que nos vayamos?
—No. Con la lavadora ya habéis hecho bastante, muchas gracias.
—Nos llevamos la vieja a un punto limpio —ofreció Travis.
Juliet se aferró a mi pierna.
—No te vayas.
Le revolví el pelo.
—Nos vemos otro día, ¿vale?
—¿Otro día? —repitió Claire, con los ojos radiantes.
—Claro.
Eso pareció complacerlas.
Juliet me soltó. Travis puso la lavadora vieja en el maletero y cuando Donna cerró la puerta, se acercó.
—Viven al día. —Entendió por fin a qué se enfrentaba Nick.
—Sí.
—Mañana hablaré con un par de contactos, si te parece bien. Puede que entre todos podamos aliviarles ligeramente la carga.
—¿Qué contactos?
Esbozó una sonrisa mientras subía al coche.
—El SEDS tiene convenios con servicios sociales, fundaciones privadas y programas de apoyo a familias vulnerables.
—A familias vulnerables a raíz de un conflicto gubernamental —especifiqué—. No económico.
—¿Olvidas para qué sirven los testigos no eliminados?
Pensé en eso. En las veces que se habían dado casos en los que en lugar de eliminar al testigo, el SEDS sacaba provecho mediante chantajes.
—No todos acaban en el listado de bajas —concluyó—. Y ahí es donde se piden los favores. Hay técnicos municipales, políticos, funcionarios…
—Personas que en algún momento colaboraron con el Estado —terminé por él.
—Exacto. Conozco a un perito externo que me debe varios favores. Puede revisar la estructura de la casa y solicitar las obras para su rehabilitación.
—¿Y Macklean? Últimamente siempre lo tenemos soplando en la nuca.
—Macklean controla Operaciones, no informes de vivienda. Está tan cegado con el cargo que su cabeza no le da para nada más.
Pensé en Nick, en sus padres, en sus hermanos. En la humedad de las paredes y en el frío que hacía siempre en esa casa. Me puse de puntillas y le di un beso en los labios, antes de que se marchara.
—Gracias.