19. Brooke #3
—Si no quieres que mezcle las cosas, no vuelvas a humillarlo.
Eres muy bueno leyendo a los demás —continué, hablándole bajo para que solo me oyera él—.
Pero hoy has usado la psicología como arma.
Y eso no me gusta. No vuelvas a hablarle así.
Nunca vuelvas a usar su vida, su historia ni su situación para sentirte por encima o justificar tu falta de control.
Abrió la boca.
—Ni una palabra —advertí—. Que defienda a Nick no significa que no te quiera. Significa que no tolero la crueldad, ni siquiera si esta viene de ti.
Travis regresó a la barra. Y Jess se sentó en su sitio a la vez que yo.
—Menudo carácter.
No sabía si hablaba de Travis o de mí. Y en realidad me daba igual.
Poco a poco, la cena recuperó cierta normalidad.
Emma y Madi acabaron con la tripa llena y las mejillas manchadas de kétchup.
Nick se levantó a por servilletas y las limpió con una paciencia demasiado tierna.
Cené despacio, notando la presencia de Travis desde la barra.
Aunque no lo mirara directamente, sabía que estaba ahí.
Observando. Nick terminó de limpiar a los monstruitos y Jess pidió otra ronda.
Travis llegó con las consumiciones y con una actitud diferente a la de antes.
—Siento mi comentario, ha estado fuera de lugar.
Nick parpadeó. Jess también. Yo más.
—Está todo bien —respondió Nick, quitándole hierro—. Acepto la disculpa, pero solo porque traes más cerveza.
Levantó la jarra.
—¿Te he dicho que te quiero, nena?
Habló a la cerveza poniendo los ojos bizcos. Idiota. Siempre hacía el idiota. Acaricié las cabecitas de Emma y Madi mientras me levantaba.
—Bueno, chicos. Me toca trabajar.
—Nena, ¿te apetecen tortitas mañana? Todavía tengo un poco de harina.
—¿Con chocolate? —preguntó Madi, que no se le escapaba ni media.
—Y nata —añadió Emma, autoinvitándose.
Nick se inclinó hacia atrás en la silla, meciéndose como si se tratara de un columpio. Muy a mi pesar, rechacé la invitación.
—No puedo, monstruitos. Duermo con Travis y pasaré la mañana con él.
—Vaya, sí que avanza la cosa. —Nick dejó de balancearse.
—¿Te molesta?
—¡No! Es solo que… No esperaba que… Da igual, no importa. Lo haremos otro día.
—Sí. Otro día. —Me giré hacia las niñas antes de dirigirme a la barra—. Portaos bien.
Cogí el delantal y entré a la cocina a buscar a Travis.
—Gracias por disculparte.
Lo abracé ignorando la tensión que sentí en el cuerpo ante el contacto.
Un latigazo momentáneo en el que aguanté la respiración con los músculos rígidos, obligándome a no apartarme.
Él lo notó. Por eso no apretó. No se movió.
Tan solo me sostuvo. dejando claro que yo marcaba las reglas y el ritmo.
Cuando fui capaz, apoyé la cabeza en su pecho y, muy poco a poco, el nudo cedió.
Me besó y le devolví el beso.
—Siento haber dicho eso.
—Nick me importa —murmuré sobre sus labios—. Pero a veces olvidas que tú también.
Me rodeó con los brazos.
—Me cuesta saber en qué lugar estoy cuando él aparece.
Asentí, esforzándome por empatizar con él.
—Estás conmigo. Nick no es una amenaza, tampoco tu enemigo.
Sus ojos bajaron un instante, arrepentidos.
—No volverá a pasar.
Me apoyé de lado en la encimera y señalé el reloj de la pared.
—Solo nos queda una hora para cerrar y soy tuya.
Me puse de puntillas para besarlo antes de irme a atender la barra mientras Travis acababa en la cocina. Dormir en su piso sería mucho mejor que estar sola en mi habitación.
Atendí a los clientes, limpié la barra y le cobré a Jess lo de la cena cuando Nick fue al servicio. Madi y Emma esperaron a su lado.
—La próxima invita la casa.
Jess no hizo ningún comentario. No hacía falta. Los dos sabíamos cómo funcionaba aquello. Nick salió del servicio, se puso a Madi a hombros, igual que acababa de hacer Jess con Emma, y sacó la cartera.
—Ya está pagado.
—En ese caso, gracias por la cena, nena.
—Ha pagado Jess.
Compartieron una mirada significativa, antes de dirigirse a la puerta. Jess levantó la mano a modo de despedida. Nick se dio la vuelta un segundo.
—Descansa, nena.
Sonrió apenas, sin buscar impresionar ni aparentar. Era el tipo de sonrisa que aparecía cuando llevaba demasiadas horas despierto y, pese a eso, seguía pendiente de todo el mundo antes que de sí mismo. Y de mí.
—Tú también, Nick.
Sus ojos se detuvieron apenas un instante a mi boca.
Me humedecí los labios sin pensar y su mandíbula se tensó antes de que su vista volviera a subir.
Lo vi dar media vuelta con Madi sobre los hombros mientras Emma avanzaba pegada a Jess.
Seguí mirando a Nick. Con una mano aseguraba las piernas de Madi incluso cansado.
Antes de salir, se giró hacia mí, mirándome una última vez.
Jess y Nick se fueron, y otros clientes hicieron lo mismo, mientras bajo mis costillas se instaló un extraño cosquilleo. Seguramente fuese ansiedad. Y si no era eso, gases. Porque si no, no tenía ningún sentido que el cuerpo actuase así. Fin.
Me encargué de las cuentas y cuando terminé, le pedí a Travis que apagara las luces por mí. Me lanzó las llaves del bar antes de entrar en el coche e indicarme que subiera con él. Las atrapé al vuelo y me acomodé en el asiento del copiloto.