6. Nick
Nick
Pasado
Transcurrieron los días. Papá era asesor de cuentas en una sucursal bancaria de Nueva York, pero gracias al permiso de paternidad, estaba en casa con nosotros. Alguna vez lo veía con el ordenador, manteniendo correspondencia con alguno de sus clientes.
Noah dormía muchísimo, y cuando no dormía, se alimentaba o hacía pis y caca.
Me gustaba que, al volver en bus de la escuela, lo primero que oía era el sonido suave de los pasos de mamá, mezclados con el crujido del suelo de madera.
Mamá casi siempre tenía en brazos a Noah, envuelto en su manta.
Aunque parecía cansada, estaba inmensamente feliz.
Solía quedarse dormida con Noah sobre el pecho y mi cabeza sobre su regazo.
Entonces, papá se acercaba sigiloso, tomaba a Noah con cuidado para llevarlo a la cuna y a mí me despertaba con suaves caricias en el pelo, para que pudiera irme a mi cama.
Entendía que con trece años no me llevara en brazos.
A la semana de volver a casa, las visitas empezaron a llegar. Brooke fue de las primeras en acercarse con sus padres: Thelma y Larry. Entró cargada de regalos: un oso de peluche, libros de tela, una tarta hecha de pañales, chupetes y sonajeros de diferentes colores.
—Ten.
Sonrojada, escondió un papel arrugado en el bolsillo de mi pantalón, antes de salir corriendo. Lo abrí en mi habitación, cuando se fueron. Era una frase escrita con nuestro código. Descifré una a una las letras y cuando tuve todo, sonreí.
2.14. 23.2.19.4.27. 21.2.27.23.1.16.4. 23.1.24.4.27.
Cada vez que alguien venía, la casa se llenaba de envoltorios de colores, baberos bordados con el nombre de Noah y prendas tan pequeñas que parecían hechas para un muñeco.
Camila, una compañera de la escuela, también se acercó con su mamá.
Eran los propietarios de la tienda de ultramarinos del pueblo, y por eso trajeron una cesta con pomada para el culito del bebé, toallitas húmedas, champú suave…
Mi amigo Jess vino con Walter, su abuelo.
Todos se derretían con Noah, y por eso me encantaban las visitas. Excepto cuando aparecía Benny. Me caía bien, pero seguía sacándose mocos con el dedo índice como cuando era un crío, por lo que tenía que vigilarlo como un halcón para que no tocara a mi hermano sin antes lavarse las manos.
Noah creció rápido, y dos años después, mamá dio a luz a Jack.
La felicidad se multiplicó en casa. Todo era genial y a mí me encantaba ser el hermano mayor.
Después de Jack, mamá comenzó a usar métodos anticonceptivos porque los gastos con tres hijos ya eran muy elevados.
Aunque papá tenía un buen sueldo en la sucursal, el dinero se iba rápidamente en la hipoteca, otros gastos de casa, pañales, ropa, comida…
Aun así, sus precauciones fallaron y Madi llegó para hacernos más felices todavía.
Su llegada supuso tener que apretarse de nuevo los cinturones.
Ese mismo año, la madre de mi amigo Jess murió en el parto, mientras daba a luz a su hermana Emma.
La noticia nos afectó a todos en Ashmoor, pero a mi amigo Jess lo destrozó.
Después de eso, papá decidió que era hora de tomar medidas extremas y se hizo una vasectomía.
Pero las cosas tampoco salieron según lo planeado y mamá se quedó embarazada de mellizas.
Nunca podré olvidar las palabras: embarazo múltiple, mellizas prematuras, riesgo de sufrimiento fetal y hemorragia interna intensa.
Porque fueron lo que provocaron a mi madre una isquemia de la médula espinal.
Desde entonces, la idea de tener hijos en un futuro fue nula para mí.
Dar vida no estaba ligado en mi cabeza a un milagro del cuerpo humano, sino a asumir grandes riesgos, a la pérdida y a daños que fueron irreversibles.